¡Hola! Hemos llegado al capítulo 4. Me gustaría agradecerte mucho por haberme seguido la huella a través de los capítulos anteriores, y decirte que me alegra que te esté gustando mi historia; pero esto todavía no se acaba, lo mejor está por comenzar. Así que...
Adelante.
Digimon no me pertenece, le pertenece a Akiyoshi Hongo. (por si lo habías olvidado n_n)
>>La jaula de cristal<<
Por Lince
Capítulo 4: Furia
-Yamaki, presenta tu informe. –ordenó la imagen de Murakami desde una pantalla frente a Yamaki.
-Hemos perdido al blanco, señor.
-¿Pero qué tonterías dices?
-No tenemos registro de ondas psicoquinéticas en el área desde hace semanas, y se nos prohibió el uso del ICARO, señor. Resulta imposible para nosotros detectar al espécimen si este no muestra señales de actividad.
-… No importa. Es solo cuestión de tiempo para que caiga en nuestras redes.
-¿A qué se refiere señor?
-Hace unas horas despertó nuestra chica... Por eso suspendimos al ICARO temporalmente. Estamos cansados de tus pobres progresos, Yamaki... Ella saldrá de inmediato.
-¡Imposible! –jadeó este. –DPN98 tiene el mejor sistema de rastreo y es capaz de encontrar cualquier objetivo en algunas horas, pero creí que tenía fallas, señor.
-Ya han sido reparadas, Yamaki. Sabes bien lo persuasivos que podemos ser.
-Lo sé señor. –murmuró el hombre de lentes mientras sujetaba su encendedor plateado con fuerza.
-Je, nuestro pequeño dolor de cabeza se encontrará por fin con la horma de su zapato. –susurró la imagen de la pantalla antes de desaparecer.
***
-¡Ja! ¡Gane! ¡Soy el mejor! –gritó Ryo levantándose de un salto y haciendo su baile de la victoria frente a una ceñuda Rika que desparramaba sus cartas en el suelo.
Habían pasado ya tres semanas desde que Ryo y Rika habían hecho las paces, y desde entonces se habían visto a diario para jugar a las cartas, charlar, pasear por ahí, y ver una que otra película en el cine. El pobre par era continuamente molestado e interrogado por sus amigos porque siempre se les veía juntos a pesar de que entre ellos todavía no existiera una relación más formal, y resultaba inútil explicar que sólo eran “amigos” ya que tenía que admitirse que Ryo y la pelirroja, hacían de cierta forma, linda pareja. Todos suponían que el chico Akiyama no se había atrevido a dar el siguiente paso con Rika porque le tenía miedo; sin embargo, para sorpresa de todos, hacía semanas que Rika no usaba sus poderes, ni perdía el control de los mismos. De hecho, se le veía muy feliz y tranquila junto a Ryo y resultaba muy raro verla molesta últimamente, algo que sorprendía a sus amigos y ya no digamos a su familia. Era simplemente… raro.
“No puedo creer que te saliera esa carta device en el último momento” se quejó Rika.
-Si… supongo que soy un tipo afortunado. –contestó Ryo guiñando un ojo y ayudándola a quitar las cartas del tablero. –¿Va otra partida? –preguntó arqueando las cejas.
“Va” respondió Rika sonriente.
La pareja se encontraba barajando su propio monte de tarjetas cuando escucharon la voz de su amiga Juri quién se aproximaba hacia ellos. Takato caminaba a su lado.
-¡Hola Tortolos! ¿Qué hacen? –preguntó Juri esbozando una sonrisa.
Rika y Ryo jadearon y volvieron a desparramar las cartas que habían estado acomodando, ambos tenían la cara roja, y Ryo solo soltaba una risa nerviosa mientras que la pelirroja recogía una y otra vez sus cartas (que parecían no querer sostenérsele en las manos) Takato y Juri se sonrieron. Sus amigos siempre reaccionaban torpemente cuando se insinuaban esas cosas sobre ellos.
-¡Oigan no es para tanto! –sonrió Takato. –Es broma.
-Si. –Añadió Juri. Sabemos lo “romántico” que es jugar a las cartas de Digimon todos los días. –Se burló Juri mientras abrazaba a Takato y decía en voz alta: “Oh, Takato. Me encanta cuando usas tu carta de Gallantmon.”
Takato sujetó a Juri de los hombros y la miró con actitud de galán.
-Oh, Juri. Tu carta de LadyDevimon me pone a temblar. –pronunció Takato tratando de aguantar las ganas de reir. -¡Ah, mira! ¡Una carta device! –gritó el chico, haciendo el ademán de sujetar en su mano una carta invisible.
-¡Uy! ¡Bésame! –gritó Juri de forma teatral mientras hacia la pantomima de agarrar la carta y lanzarla por los aires para después plantar un beso en los labios del chico Matsuki.
Rika se sonrió. Takato y Juri habían sido siempre muy amigos desde pequeños, habían estudiado juntos desde el jardín de niños y siempre fueron muy unidos. Todo el mundo sabía que a Matsuki le gustaba Katou, y viceversa; pero no había sido hasta hacía 15 días que los dos formalizaron su relación. Un hecho que no tomó a nadie por sorpresa, pero que fue celebrado con gran emotividad.
-¡Hey, ustedes! –gritó Henry, quién iba llegando. ¡Qué espectáculo! ¿Comprobando cuánto tiempo pueden dejar de respirar?
Takato y Juri se separaron, esta última chocando su reloj.
-Mmmm... hasta ahora, como 2 minutos y medio, vamos mejorando.
Todos soltaron una carcajada y Juri y Takato comenzaron a hacer reverencias y a lanzar besos hacia su pequeño público que se reía con ganas.
-¡Jajaja! –se sonrió Ryo. -¿Y a este par qué le pasa?
“Están locos” contestó Rika soltando una risita.
-Lo que pasa es que ustedes son una bola de simples. –respondió Juri ayudando a Rika a recoger sus cartas y guardarlas en su bolsa. –Bueno, ya que estamos todos, podemos ir al templo ¿no? –preguntó Katou encogiéndose de hombros. –Sí saben qué día es hoy, ¿verdad?
Takato y Henry guardaron silencio y Rika bajó la mirada. Ryo pudo sentir que de repente el ambiente se ponía algo tenso y se cuestionaba el porqué. Pero antes de que Akiyama pudiera preguntar nada, Rika se puso de pie y asintió con la cabeza mientras le sonreía con tristeza a Juri.
Katou rodeó a su amiga con un brazo y caminaron juntas, adelantándose. Los chicos, que se quedaron un poco rezagados, iban siguiéndoles los pasos. Recorrían las calles en silencio y con lentitud. Ryo, quién parecía haber adivinado lo que sucedía, se acercó a Takato y le preguntó al oído:
-¿Se trata de su amigo?
-Asi es. –Afirmó Takato. –Hoy hace un año que murió. –Explicó Matsuki en voz baja. –Rezaremos por él.
Ryo se mordió el labio y meneó la cabeza.
-Oye, ¿Y cómo fue? –preguntó con cautela. –¿Qué fue lo que pasó?... ¿Me lo podrías decir?
Takato dudó un instante, miró a Ryo y suspiró.
-Retrospectiva-
-¡Vamos, Rika! ¡Hazlo!, te lo pido como un favor insignificante. –Suplicaba un chico alto y flacucho de cabello castaño y ojos azules.
“Ya te dije que no, Hirokazu.” Replicó Rika mientras intercambiaba cartas con Takato. “Siempre que lo hago, después se me sale de control. Ya no molestes.”
-¡Sólo una vez! –pidió el chico.
-Rika mejor hazlo. –sugirió Juri, que se encontraba sentada junto a Takato y mirando las cartas nuevas del chico. –Si no lo haces va a seguir así todo el día.
“No me importa. Que se canse de balbucear. No lo voy a hacer.”
-Sería lo mejor. –comentó Henry. –Mi papá cree que es mejor que no hagas nada por una temporada para que ya no te ocurra...
“Ya lo sé.” Lo cortó Rika.
-Oh, qué aburridos... –murmuró Hirokazu metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón y pateando una piedra pequeña. De pronto arqueó una ceja y se giró para mirar a Rika nuevamente. –Creo... que no puedes.
Todos voltearon a verlo. ¿Acaso intentaba provocar a Rika?, la pelirroja meneó la cabeza.
“Si puedo, zoquete. ¿Quieres comprobarlo, o le pedimos permiso a tu mami?” se defendió Rika, levantándose y frotándose las manos.
-Hazlo. –concluyó el chico, cruzándose de brazos.
Los demás, que ya estaban acostumbrados a que continuamente Rika y Hirokazu se estuvieran peleando, no prestaron mucha atención; después de todo así se llevaban ellos dos. Sin embargo, Takato trataba de calmar la situación.
-¡Hey! ¡Ya bájenle! –decía él. –Esto no es un juego. Alguien se puede lastimar.
Hirokazu se sonrió y apuntó detrás suyo.
-Al basurero. –pronunció, señalando un enorme bote de basura del parque.
“¿Para eso haces tanto escándalo?” dijo Rika apretando su puño. “Bueno, al basurero entonces.”
Rika respiró profundo cuando cerró los ojos y luego los abrió de nuevo, dejando ver que brillaban intensamente. Una ráfaga de viento la rodeaba y ondeaba su cabello de forma misteriosa. Levantó sus manos y apuntó con las puntas de los dedos hacia el basurero, mientras entornaba los ojos tratando de enfocar todos sus pensamientos hacia su blanco.
Elévate
El contenedor de basura comenzó a flotar en el aire como si de pronto hubiera perdido la fuerza de gravedad y se elevó unos 3 metros por sobre sus cabezas. La pelirroja sonrió al ver la cara de asombro de Hirokazu y los demás. Se concentró para hacer que el basurero regresara al piso; más no pudo conseguirlo. Un zumbido extraño comenzó a perforarle los tímpanos, y la cabeza le daba vueltas; jadeó y se sujetó el pecho cuando sintió que algo le oprimía el corazón. El basurero comenzó a aplastarse en el aire como si fuera de aluminio y se estrelló en el suelo estruendosamente. Rika cayó de rodillas sujetándose las sienes y respirando aceleradamente. Sus amigos se acercaron preocupados.
-¡Rika!, ¿estás bien? –gritaron los chicos, tratando de acercarse.
Rika ahogó un grito y encajó las uñas en el suelo. Algo sucedía en su cerebro que la lastimaba; sacudió su cabeza y apartó a sus amigos con un movimiento de su brazo, enviándolos a una distancia prudente de ella misma. Sus amigos se quedaron atónitos al ver que un remolino comenzaba a rodear a la pelirroja y que esta parecía ya incapaz de controlarse, levantó su mano y un fulgor de color azul iluminó sus dedos cuando de la punta de estos salió un halo de luz que salió disparado hacia el frente.
-¡No puede ser! –jadeó Takato, mirando la luz intensa que se dirigía hacia ellos.
Todo ocurrió muy rápidamente. Lo único que pudieron ver fue como la luz impactaba en el pecho de Hirokazu, y como este era empujado varios metros hacia atrás para caer de espaldas al suelo con la boca y los ojos abiertos, como si ese fulgor le hubiera arrancado la vida del cuerpo.
-¡¡KAZU!! –gritó Takato al ver que el chico ya no volvía a levantarse.
Rika jadeaba de rodillas, y respiraba aceleradamente con los ojos bien abiertos y llenos de lágrimas.
Acababa de matar a su amigo.
-Fin de la retrospectiva-
***
-¿Estás lista? –preguntó Murakami a una joven que se encontraba frente a él.
-Lo estoy. –respondió la chica, sin mostrar expresión alguna en su pálido rostro.
-¿Cuál es tu misión? –cuestionó el hombre.
-Rastrear al blanco identificado como el “último infante”, cuyo código es HIK-099 y cuyo paradero se presume en la zona oeste de Shinjuku. La misión consiste en descifrar su ubicación y traerle de vuelta a las instalaciones a la mayor brevedad posible. Se me ha autorizado el uso de cualquier método y he de regresar con el objetivo, ya sea vivo o muerto.
-Excelente. –sonrió el hombre. –Ahora, recuerda que a pesar de que tienes las mismas características de 098, 099 es el “ser perfecto” Ten en mente eso. –murmuró en tono serio dándole la espalda a la chica y hablando por sobre su hombro. -¡Ah! Por cierto. He de informarte que a partir de estos momentos cuentas con 48 horas de inmunidad hacia ICARO. Aprovéchalas bien.
La joven dibujó una sonrisa en sus labios y entornó sus ojos color de hielo.
-Perfecto... –susurró.
***
Ya estaba anocheciendo cuando Rika y los demás caminaban hacia el parque después de su visita al templo en donde oraron por el espíritu de su amigo fallecido. Había resultado un evento triste y silencioso. Rika había permanecido cabizbaja y amilanada todo ese tiempo, hasta que Ryo apoyó su mano en su hombro y la abrazó; tras lo cuál, la pelirroja solo sollozó y le devolvió el abrazo al joven Akiyama mientras pequeñas lágrimas mojaban su camisa. Ahora caminaban por el parque Chuo con el fin de volver a sus hogares. Hasta que se detuvieron en seco.
Se detuvieron cuando llegaron a unos metros de su sitio de reunión en el parque. Una chica alta, de tez pálida, cabello liso y dorado, y ojos claros como hielo, se encontraba sentada en el techo del pequeño refugio de piedra que usaban para jugar cartas. Vestía por completo de negro y jugueteaba con un crucifijo que le colgaba del cuello.
-¿Quién eres? –gritó Takato.
La joven se sonrió y saltó desde donde se encontraba para caer frente a Takato y mirarlo fijamente con sus ojos fríos e inexpresivos.
-Mi nombre es Alice –contestó la chica sonriendo con ternura. –Y he venido por ti. –susurró señalando a Rika.
***
-¡No puede ser! ¡No puede ser! –gritaba Yamaki mientras golpeaba la pared con su puño. -¡Maldito!
Reika miraba a Yamaki desconcertada.
-¡Jefe, tranquilícese! ¿Qué sucede?
-Han soltado a una rastreadora. –murmuró. –Pero no es cualquiera... Es una DOLPHIN.
-¿Una DOLPHIN? –preguntó Reika.
-Los DOLPHIN fueron de los últimos “hijos” del proyecto. Son el resultado más cercano que existe al “verdadero ICARO”. Pueden encontrar a cualquiera de sus hermanos de inmediato basándose en la identificación de un factor común que existe en la codificación de su DNA, localizan lo que sea.
-Pero si eran tan efectivos ¿porqué no los utilizaron antes?
-Ese fue siempre el problema del proyecto. Los hijos de ICARO eran destructivos por naturaleza. No se les podía controlar sin el sistema que los paralizaba... Murieron muchos de esa forma antes de llegar al último infante.. –explicó Yamaki al quitarse las gafas. –Y ahora, Murakami ha liberado a esta rastreadora sin ningún tipo de freno...
-¿Qué va a suceder ahora? –inquirió Reika.
-Es muy probable que en este momento esa DOLPHIN esté enfrentando a ICARO, y si esos bastardos son tan miserables como me lo supongo...
***
-Mmm... tu no eres 99. –murmuró la joven mirando a Rika con fijeza.
Rika arqueó una ceja y frunció el entrecejo. No tenía idea de lo que la chica le decía.
-Sin embargo, no puedo equivocarme... –susurró la rubia mientras sus ojos escaneaban la cara de la pelirroja. –Te pareces a él.
Rika dio un paso hacia atrás sin quitarle a la chica la vista de encima. ¿A qué se refería?
-ICARO... –murmuró entre dientes. –Por fin...
¿ICARO? Pensó Rika ¿De qué diablos habla?
La rubia arqueó las cejas y frunció el ceño.
-No me digas que no sabes lo que eres. –pronunció esta sonriendo maliciosamente. –¿Acaso creías que eras la única?
¿La única? La única qué.
La pelirroja jadeó cuando sintió que sus pies se despegaban del piso, y una fuerza extraña la levantaba a 4 metros del suelo y la enviaba a estrellarse contra el refugio de piedra, destrozando una de las paredes de la pequeña vivienda.
-¡Rika! –gritaron sus amigos mientras corrían a ayudar a su amiga. Sin embargo; se detuvieron a medio camino y se quedaron petrificados al ver que ella salía lentamente de entre los escombros y se erguía, sin tener muestras de rasguño alguno y con una mirada iluminada y atemorizante.
-¡No, no puede ser!... –balbuceó Takato.
-¡Rika! ¡No!... –gimió Juri.
-¿Qué diablos está pasando?... –se preguntó Ryo.
-¡Maldición! –murmuró Henry. –Debo ir por mi padre. –se prestó a decir mientras se alejaba corriendo.
Alice levantó su mano y la dirigió hacia Henry, con el claro objetivo de detenerlo; sin embargo la chica recibió un fuerte impacto que la mandó a varios metros de distancia de donde se encontraba.
-¡Qué rayos! –Gritó al darse cuenta de que se encontraba en el aire, inclinó su cuerpo y ejecutó una pirueta para posicionarse de nuevo sobre tierra firme. Miró a su alrededor. Rika se encontraba frente a ella y la miraba con rabia.
Mátala...Mátala... Mátala... Eran las únicas palabras que resonaban en la mente de Rika en esos momentos.
-Asi me gusta. –sonrió Alice tronando sus dedos, a la vez que sus ojos se iluminaban de la misma forma que los de Rika. –Vamos a jugar.
Alice y Rika embistieron la una contra la otra.
Continuará...
El capitulo 4 ha llegado a su fin, pero esto apenas arranca. Dudas, cometarios, lo que quieras, no olvides enviármelas por e-mail o por medio de un review. Por cierto, quiero agradecerte a ti, quien has leído este fic desde sus inicios y has enviado tus reviews con palabras de aliento. ¡Muchas gracias! n_n No sabes las ganas que me dan de continuar con reviews así.
¡Nos leemos en el capítulo 5!