Holitas a todos, este es
un breve descanso que quiero hacer de la Ruu Miko, no que la esté olvidando, al
contrario. Sólo que a veces es saludable dejar descansar nuestra concentración
para poder ser más productivos.
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Notas
Los
personajes de Slayers pertenecen a su creador. En esta historia, como es de mi
preferencia, los personajes de Slayers pertenecen a un alteruniverso de mi
imaginación. En este el grupo pertenece a una colonia de hadas que tiene tratos
con cierta bruja. Espero que sea de su agrado. Por cierto es un
"oneshot".
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La menuda figura se revolvía de lado a lado en
la extraña casucha. Pegando gritos y alaridos a diestra y
siniestra.
"¿MALDITO GATO DONDE TE METISTE?" Gritó fuera de si halándose
los desmelenados cabellos.
Su rostro era el de una jovencita, pero sus
ojos dorados reflejaban la verdadera extensión de su vida. Los cabellos blancos,
revueltos, como medusas. Estaba envuelta en ropas blancas, tan etéreas como sus
cabellos y cientos de collares y pulseras la adornaban. Unos filosos caninos se
asomaban sobre sus labios cada vez que sonreia desquiciadamente.
"Si no
apareces en este preciso instánte te juro que voy a convertirte en rata." Dijo
riéndo como una demente.
Al sonido de la última amenaza, dicho gato
emergió de entre los gabinetes donde la bruja guardaba los calderos y emitió un
aterrorizado maullido que atrajo la atención de la mujer. El pequeño animal era
completamente negro y con su pelaje muy lustroso, como debía ser el gato de
cualquier bruja que se respetara. El neko tenía una peculiaridad, sus ojos eran
de un hermoso color púrpura.
La mujer de inmediato lo agarró por el
pellejo del lomo y lo puso sobre la mesa. Seguidamente puso un papel frente al
gato y sacó unas tijeras, procediendo a cortar los negrísimos
bigotes.
"Listo." Sonrió la bruja. "Ahora no te atrevas a moverte de
ahí." Le ordenó mostrando los colmillos, a lo que el gato respondió con un
ahogado maullido. Tomó los bigotes que le acababa de cortar sobre el papel y los
dejó caer dentro de un pequeño caldero que ardía sobre el fuego en la chimenea
mientras recitaba un hechizo en una lengua extraña. La pócima dentro del
caldero, que era de un espantoso color naranja se volvió transparente y la bruja
emitió un chillido de alegría. Con un cucharón sacó un poco de la pócima y la
vertió en un tazón. Esperó a que se enfriara y lo puso frente al
gato.
"Ahora bébelo." Le ordenó. El gato dejó escapar varios ruidos de
completo disgusto, pero cuando escuchó que la bruja comenzaba a recitar el
hechizo de conversión de ratas, obedeció de inmediato. No bien hubo terminado
comenzó a sentir la cabeza liviana y un desagradable escalofrío por todo el
cuerpo desde las orejas hasta el rabo. Se dejó caer patas arriba sobre la
mesa.
La bruja lo observaba sonriendo aún como una loca. No habían pasado
ni unos minutos cuando el gato comenzó a crecer y a crecer y a cambiar de forma.
Cuando dejó de cambiar, sobre la mesa se encontraba un joven de cabellos
púrpuras. La bruja se acercó y lo tocó en el hombro sin obtener respuesta.
Volvió a intentarlo con el mismo resultado. Una venita apareció latiendo en su
frente y un ojo comenzó a temblarle.
"¡¡¡¡¡¡¡Zeros MALDITO GATO PEREZOSO
DESPIERTA!!!!!!" El joven se levantó de un salto de la mesa, observando a todas
partes hasta que divisó a la bruja.
"Miauu... ejem... gggrrr...
ajemmm..." Tosió un poco y se aclaró la garganta. "¿Si mi señora?" Dijo tratando
de no volver a maullar.
"Ya era hora, tengo que irme, por qué me haces
pasar tanto trabajo, sabes que de todas formas te tienes que quedar a cargo de
la casa." Rugió la bruja y el gato... perdón, el joven se tapó los
oidos.
"Sshhhhh, no tan fuerte, puedo escucharte perfectamente,
ggggrrr..."
"Muy bien, entonces, dime si recuerdas todas las
instrucciones." El joven puso cara de concentración, volteando a ver el techo de
la casucha.
"No hablar con extraños... no tomar dulces de extraños... no
morder a extraños... no traer ratas muertas a la casa... ¡Itai!" Se sobó la
cabeza donde le había pegado la bruja.
"Baka, las hadas. Cuáles son las
instrucciones acerca de las hadas."
"Ahhh.... las hadas, no comerme las
hadas... y..." Se rascó la cabeza como si pensara.
"¿¿¿¿¿Y????" Inquirió
la mujer.
"Y no jugar con ellas, no hacerles daño." Sonrió orgulloso de
haber recordado.
"Muy bien, no lo olvides y por cierto... nada de
hechizos. El último hechizo que utilizaste todavía anda suelto por el bosque."
Le advirtió seriamente.
"Hai, no hechizos, ppprrrrr..." Comenzó a
ronronear mientras la bruja le acariciaba la cabeza como recompensa por haber
recordado.
"Es hora de irme, regreso en tres días, ¿recuerdas cuánto son
tres días?" Le preguntó nuevamente.
"Ummhh... Miau, miau... ejemmm...
uno, dos y tres." Dijo levantando tres dedos.
"Perfecto." Volvió a
acariciarle la cabeza. "No te metas en problemas, sólo son tres días." Y tomó
una escoba de forma extraña y se encaramó en ella. La escoba comenzó a flotar de
inmediato y al poco rato la bruja salía por la ventana.
Zeros comenzó a
repetir las ordenes de la bruja pero luego de un rato comenzó a aburrirse. Buscó
en la alacena y encontró varios frascos llenos de galletas. Tomó uno y se sirvió
un vaso de leche, luego se sentó a la mesa y comenzó a comer
tranquilamente.
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Mientras tanto, en lo más profundo del
bosque, en un claro lleno de hermosas flores multicolores, podían divisarse unos
puntos de luz revoloteando en la atmosfera y una especie de sonido como el sonar
de campanillas se escuchaba junto con el canto de las aves.
"¡Gourry!"
Una pequeñisima hada rodeada de luz rojiza, revoloteó intranquila, sus cabellos
eran rojos igual que su vestido. Cada vez que emitía algún sonido, se escuchaba
el tintinear de unas campanillas. Al poco rato otra lucecilla se acercó, esta
vez de color azul muy fuerte.
"¿Me llamabas Lina?" Contestó el hada, que
tenía larguisimos cabellos rubios como el oro y estaba vestido completamente de
azul.
"¡BAKA, CLARO QUE TE ESTOY LLAMANDO!" Le gritó la pequeña criatura
y al hacerlo sus delicadas antenitas de mariposa quedaban tiesas para luego
enroscarse levemente. "¿Dónde rayos están los demás?"
"Anou... Lina, ¿por
qué deben estar aquí?" Contestó Gourry permitiendo que sus antenitas cayeran a
ambos lados de la cabeza.
"Baka." Dijo golpeándolo tan fuerte que casi
perdió el equilibrio. "Vamos a ir a la casa de la bruja Metallium, ¿cuántas
veces te lo tengo que decir?"
"Ohh..." El rubio se rascó la cabeza. "¿Y a
qué vamos hoy?" Dijo totalmente perdido.
"Aaaarggghhhh.... ¡Vamos a
intercambiar hechizos!" La peliroja estaba a punto de propinarle otro golpe al
rubio cuando se percató que varias luces se acercaban. "Lina-san, Gourry-san."
Una lucecilla de color azul pálido se acercó como una
centella.
"¡Amelia!" Gritó el rubio. Al momento también se acercaron seis
luces más. La primera de ellas de color amatista era una delicada hada de negros
y largos cabellos, vestida con ropa del mismo color. No bien había llegado se
colgó del brazo de Gourry.
"¡Sylfiel!" Saludó el rubio. Seguidamente
llegaron dos luces color verde muy claro, una color lavanda muy suave, una
dorada y una azul verdosa. Todas las hadas vestían del mismo color que la luz
que las rodeaba.
Una de las hadas de color acuamarino tenía cabellos
rizados recogidos en dos semi colitas y el resto del cabello suelto, su atuendo
tenía dos colores de verde acua. El otro punto de luz tenía cabellos acuamarinos
muy largos y lacios y sus ojos de un color dorado muy hermoso, vestía ropa de
varón. La lucecilla de color lavanda también era un chico, con cabellos de un
lavanda muy claro, ojos azules muy almendrados. La luz de color dorado
pertenecía a una rubia de cabellos tan largos como Gourry, ojos azules muy
grandes y figura esbeltísima. Finalmente la última lucecita tenía cabellos
ondulados de un azul verdoso obscuro y su piel era más obscura que el resto, con
unos ojos verdes muy expresivos.
"¡Martina, Val, Zelgadis, Filia,
Zangulus!" El saludo era tan efusivo que el hada de color rojo simplemente se
aguantaba la cabeza temiendo que le fuera a estallar.
"¡Ya era tiempo de
que aparecieran!" Les gritó enojada el hada roja. "Vamos a llegar tarde a la
cita." Se puso las manos a las caderas mientras sus alitas se agitaban
furiosas.
"Pues no perdamos más tiempo." Sugirió Zelgadis en el mismo
tono.
"Claro Zel, vamos." Comentó jubilosa Amelia.
Y sin más se
dirigieron a casa de la bruja.
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La casa de la bruja se
encontraba en lo alto de un retorcido árbol de frondosas ramas que ocultaban
practicamente la vivienda. Zeros se había acurrucado sobre la cama de la bruja y
dormía profundamente, ronroneando sin preocupación.
Las hadas llegaron al
pie del árbol y comenzaron a ascender en espiral alrededor del tronco.
Finalmente alcanzaron la casa y se escurrieron por una de las ventanas que
estaba abierta.
"¡¡¡Metallium!!!" Gritó la peliroja. No recibió
respuesta. Volvió a llamar y nada. Las demás criaturas comenzaron a explorar la
casa en busca de la bruja. Sylfiel seguía colgada de Gourry. Zelgadis y Amelia
revolotearon hasta donde estaba el pequeño caldero. Filia y Val se escurrieron
hacia la cocina y Martina y Zangulus se quedaron discutiendo en el alfeizal de
la ventana.
Lina por su parte se adentró en el dormitorio de la bruja,
percatándose de una figura bajo las sábanas. De inmediato se acercó y levantó
parcialmente las sábanas. Grande fue su sorpresa al descubrir al joven dormido y
ronroneando placenteramente.
Ya lo había visto anteriormente y sabía que
era una amenaza. Simplemente no entendía por qué cada vez que la bruja se iba de
viaje tenía que convertir al gato en humano, especialmente ese gato que le había
hecho pasar tantos sustos cuando estaba de visita en la casa de la bruja. Una
idea le cruzó por la mente y una sonrisa traviesa adornó sus labios. Se dejó
caer sobre la almohada y caminó hasta quedar frente a la oreja de
Zeros.
"Ejem..." Tomó aire. "ZEEEEEROSSSSSSSS" El joven se levantó de un
salto, llevándose con él las sábanas y las almohadas. Miró asustado a todas
partes y al no ver nada se sintió sumamente confundido. Dejó caer las almohadas
y la sábana. Ya estaba a punto de volverse a echar en la cama cuando su agudo
sentido del oido percibió un furioso tintinear.
"¿Campanas?" Observó la
sábana y descubrió un pequeño bulto moviéndose. De inmediato sus instintos
felinos tomaron control de la situación. Con ambas manos atrapó el perímetro
alrededor del bulto. Sin poder evitarlo los ojos le brillaron y se relambió
goloso. Poco a poco fue quitando la sábana y cuando ya casi liberaba a la
criatura, metió bruscamente la mano y atrapó lo que pensaba era un ratón. Lo
aseguró apretando el puño y lo sacó de abajo de las sábanas. Se sentó sobre la
cama contento y comenzó a ronronear.
Lentamente abrió su mano, y cual no
sería su sorpresa al descubrir que no era un ratón, sino un hada, y no cualquier
hada, nooo, precisamente el hada roja. Aparentemente la había apretado en el
proceso de atraparla porque el hada estaba inconsciente sobre su
mano.
"¡¡Maté un hada!!" Dijo horrorizado. "¡¡¡Zelas me va a convertir en
rata!!!" Con mucho cuidado trató de levantar el hada, para su traquilidad, el
hada se estremeció y al cabo de un rato se sentó sobre la gigantesca mano que la
sujetaba. Se sujetó la cabeza y cuando finalmente se sintió más fuerte comenzó a
revisarse.
"Uff... ¿alas?" Movió las alas. "Perfectas, ¿antenas?" Movió
las antenas con dificultad, levantó los brazos y las enderezó, volvió a
moverlas. "Mejor, ¿cabello?" Sacó un pequeño espejo y se observó. "Todo está en
su lugar, ahora... ¿QUE BESTIA FUE LA QUE ME ATROPELLO?" Se fijó frente a ella,
los ojos de Zeros estaban muy cerca, tan cerca que el hada pegó un grito y una
pequeña bola de energía se estrelló contra la nariz del
joven.
"¡Aaaahhhhchhhhú!" El joven estornudó y el hada salió volando
disparada.
"¡Maldito gato traicionero, eres una amenaza para las hadas!"
Le sacó la lengua. Zeros hizo lo mismo.
"¿Dónde está la bruja Metallium?"
Le preguntó enojada.
"Pues... no sé dónde está, pero sé que regresará en
tres días." Y levantó tres dedos. "¿Por qué no nos esperó?" Le gritó.
"No
lo sé." El joven se encogió de hombros.
"Eres un gato tonto, no sirves
para nada, no sé por qué a la bruja se le ocurre dejarte a cargo."
A raíz
de ese comentario Zeros sintió que los cabellos del cuello se le erizaban. Se
levantó y se paró frente al hada.
"Para tú información, no soy cualquier
gato, tengo un pedigre muy extenso y no soy tonto, sino ya hubiera olvidado las
órdenes de Zelas y te hubiera comido." Al decir lo último sonrió mostrando un
colmillo. La pequeña hada se puso nerviosa.
"Bien... entonces
regresaremos dentro de tres días." El hada salió apresuradamente del cuarto y
Zeros la siguió.
Fue entonces que Zeros se percató que el lugar estaba
repleto de luces, estaba fascinado, comenzó a perseguirlas hasta que recordó que
la bruja le había ordenado no jugar con las hadas.
"¡Hey, Lina, ven a ver
esto!" Le gritó Amelia al hada roja. Estaba con Zelgadis y ambos estaban parados
en el borde del pequeño caldero que ya se había enfriado. Lina se acercó al
borde y se inclinó levemente, manteniendo el balance con sus alas.
"¿Qué
podrá ser?" Se preguntó. De repente Zeros, que se había acercado a donde estaban
las tres hadas habló.
"Es una pócima." Dijo sin pensarlo dos
veces.
"¡¡¡¡¡¡¡Aaaahhhhh!!!!!!" Y Lina perdió el balance cayendo dentro
del caldero. Amelia, Zel y Zeros se asomaron al caldero. Cuando el hada salió a
flote, Zeros extendió la mano y la sacó. La pequeña tosió un poco y finalmente
se dejó caer boca arriba en la mano de Zeros.
"Oh, oh." Zeros recordó
para qué era la pócima, por lo que se apresuró al dormitorio de la bruja seguido
por las curiosas hadas. De inmediato colocó la pequeña figura sobre la cama. Al
cabo de unos minutos el cuerpo del hada comenzó a crecer y a crecer. Las
antenitas desaparecieron al igual que las tornasoladas alitas.
Todas las
demás hadas observaron horrorizadas la transformación del hada roja. Ahora era
del tamaño de un ser humano y sus cabellos se esparcían sobre la cama como
sedosos hilos de grana. Zeros la observó con curiosidad.
"¿Dónde estoy?"
Dijo Lina mareada. Al ver a Zeros se asustó nuevamente. "¡¡MALDITO GATO
TRAICIONERO!!" Zeros tuvo que taparse los oídos con fuerza y el resto de las
hadas se alejó de la furiosa peliroja. De repente Lina se percató que todo se
veia mucho más pequeño. Y al observar alrededor del cuarto pudo distinguir las
pequeñas lucecitas tintineando. "¿Chicos?, ¿qué sucedió?" Preguntó
confundida.
"Caiste dentro de la pócima." Murmuró Zeros algo temeroso de
la reacción del hada ahora humana.
"¿NANI?" Chilló
nuevamente.
"Lina, podrías dejar de gritar, podemos escucharte
perfectamente ahora." Dijo Zeros algo dolorido y tapándose los oídos. Lina
parpadeó varias veces sin entender.
"Es obvio que ahora eres humana
Lina." Dijo Zelgadis acercándose a su rostro y con una mano en la barbilla como
si meditara.
"¿Ahora cómo se supone que regresaremos con ella?" Comentó
Martina. "Es demasiado grande, seguramente destruiría todas las casas de la
colonia de hadas." Dijo horrorizada y aferrandose del brazo de
Zangulus.
Todos asintieron. Lina seguía atónita.
"Lo mejor será
que te quedes aquí en casa de la bruja hasta que ella regrese y entonces te
devuelva a tu forma normal." Sugirió Filia acercándose a Zel. Todos volvieron a
asentir.
"¡¡Noooo!!, no pueden dejarme aquí con ese gato traicionero."
Gritó Lina y todos se taparon los oídos. "Gomen." Dijo avergonzada por haber
gritado nuevamente. No podía evitarlo, estaba acostumbrada a gritar, así como
todas las hadas para poder comunicarse.
"Lina-san, no tienes por qué
temerle a Zeros, ahora eres tan grande como él, no te puede hacer daño." Comentó
Amelia. Lina sonrió; era cierto, Zeros ya no podía hacerle daño pues ambos eran
del mismo tamaño.
"Y no sólo soy igual de grande, sino que soy más
inteligente, hermosa y genial." Añadió con una sonrisa. Todos los demás sudaron
y se compadecieron de Zeros.
"¿Cuánto tiempo se va a quedar aquí?"
Preguntó Zeros temeroso.
"Hasta que regrese la bruja obviamente."
Contestó Lina, Zeros comenzó a contar sus dedos.
"¡Es demasiado tiempo!"
Chilló. Esta vez fue el turno de Lina de taparse los oidos.
"No hay otra
opción, no puedo regresar a mi casa, no puedo regresar a la colonia, la
destruiría y ¿dónde pasaría la noche?" Dijo Lina preocupada. "Me quedaré aquí y
te haré compañía, ¿qué te parece?" Sonrió, sería fácil convencer al gato,
después de todo era un gato.
"Si me dejas quedar hasta que regrese la
bruja, prometo rascarte la panza todo el tiempo que quieras." Zeros negó con la
cabeza. "Ummhh... además de rascarte la panza te rascaré la cabeza." Zeros
volvió a negar. "Pues... te prepararé un poco de chocolate caliente." A esta
sugerencia Zeros cambió de actitud. El chocolate que preparaban las hadas era
delicioso, una vez había logrado husmear dentro de la taza de chocolate de la
bruja. Eso le había costado varias costillas rotas pero sentía que todo había
valido la pena porque el chocolate era delicioso.
Cuando Lina vio los
ojos golosos de Zeros supo que había ganado. "Muy bien, entonces todo está
arreglado." Las demás hadas se apresuraron a partir, no querían pasar más tiempo
en la casa de la bruja y menos estar presentes cuando regresara y encontrara su
casa destruida a causa de un gato y un hada convertidos en
humanos.
"Chicos... antes de que se vayan, ¿podrían traerme un poco de
polvo de chocolate?" Les dijo Lina antes de que desaparecieran.
Gourry y
Sylfiel se ofrecieron a traer el polvo de chocolate y todos se despidieron de
Lina. Cuando finalmente se fueron Lina observó a Zeros, estaba en una esquina,
con los ojos felinos muy abiertos y Lina sintió curiosidad.
"¿Qué te
sucede Zeros?" Le preguntó después de un rato.
"Mmmmiiaa... ejem... es
que cuando Zelas regrese me va a convertir en rata." Lina sintió que la voz de
Zeros temblaba.
"¿Por qué te va a convertir en rata?" Le dijo preocupada
y sin entender.
"Porque jugué con las hadas." Fue la simple respuesta
mientras se dejaba caer al suelo un poco tembloroso.
Lina comprendió que
Zeros estaba aterrorizado. Se levantó de la cama con suavidad y se arrodilló al
lado del neko.
"No lo hará, fue un accidente." Dijo mientras le
acariciaba la cabeza. Zeros comenzó a ronronear de inmediato cerrando los ojos.
Lina dejó escapar una risita y continuó acariciando la sedosa
melena.
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Habían pasado todo el día haciéndose cuentos el
uno al otro, Gourry y Sylfiel le habían llevado el polvo de chocolate a Lina y
ella había preparado una deliciosa taza para Zeros. Aún la estaba saboreando
mientras el hada le seguía haciendo historias acerca de las aventuras que solía
tener en el bosque. Zeros estaba fascinado, de vez en cuando Lina se reia y le
acariciaba la cabeza, deleitándolo.
Ya la noche iba cerniéndose sobre el
bosque y Zeros encendió algunas luces como le había enseñado la bruja y como
Lina tenía hambre se puso a cocinar, cosa que también le había enseñado la
bruja. Cenaron tranquilamente y después de reposar un poco, Zeros sintió que el
sueño se apoderaba de su cuerpo.
Bostezando alborotosamente le indicó a
Lina que se iba a dormir. Lina se quedó pensativa un rato.
"¿Zeros?" Dijo
asomándose al dormitorio de la bruja donde vio que Zeros ya estaba acurrucado en
el mismo centro de la cama.
"¿Nani?" Le dijo somnoliento.
"¿Dónde
voy a dormir yo?" Dijo Lina cruzando los brazos. Zeros se volteó a mirarla y
luego de unos momentos durante los cuales parecía que se había quedado dormido,
se echó un poco hacia el borde de la cama y soltó una de las
almohadas.
Lina lo observó curiosa.
"¿Nani?" Dijo Lina
sorprendida. "¿¿Quieres que duerma contigo??"
Zeros se volteó con
expresión asombrada. "Yo siempre duermo en la cama de la bruja." Fue su inocente
respuesta.
"Si pero es cuando eres gato."
"¿Y?" La miraba sin
comprender.
Lina se llevó las manos a la cabeza, era imposible tratar de
razonar con un gato. Siempre terminaban haciendo lo que les venía en gana.
Suspiró profundamente.
"Está bien, pero te advierto una cosa, si me tocas
mueres." Le dijo con muchisima seriedad.
"Trato hecho." Dijo Zeros y
volvió a voltearse de su lado. Antes de que Lina siquiera se acercara a la cama
Zeros ya dormía profundamente. Lina volvió a suspirar derrotada. Se metió bajo
las sábanas que le había ofrecido Zeros y tomó la almohada, quedando
profundamente dormida al poco rato.
*******
Lina fue la primera en
despertar a la mañana siguiente. Se estremeció suavemente, se sentía tan cómoda.
Aunque la noche había sido una bastante fría, ella se sentía calientita bajo las
sábanas. Aspiró lentamente mientras se estiraba y sintió algo suave estremecerse
bajo ella. Abrió los ojos muy asustada y cuando levantó la cabeza se percató que
estaba practicamente sobre el pecho de Zeros. Este último aún dormía
pesadamente.
Lina se sentía tan cómoda que no quería levantarse, pero por
otro lado, esa comodidad se debía a que estaba usando a Zeros de almohada.
Después de mucho debatir, decidió levantarse, tratando de no molestarlo. Cuando
finalmente estuvo fuera de la cama, suspiró aliviada.
Realmente sentía
ganas de darse un baño, como solía hacer todas las mañanas en el riachuelo. Pero
ahora y con ese tamaño seguramente no cabría ni en el riachuelo. Dio varias
vueltas por la casa hasta que se le ocurrió una idea, preguntarle a Zeros.
Regresó al dormitorio donde dormía profundamente el susodicho.
"¿Zeros?"
Lo llamó y no obtuvo respuesta. Se acercó un poco más. "¿Zeros?" Un leve
movimiento pero nada más.
"¡¡¡¡ZEROS!!!!" Gritó descontroladamente. De
inmediato Zeros estaba completamente despierto y alerta.
"¡Miauuuu!" Se
tapó la boca con ambas manos y luego de aclararse la garganta miró enojado a
Lina. "¿Qué sucede?"
"Quiero darme un baño."
"¿Ahora?" Le preguntó
incrédulo.
"Sí, ahora."
"Pues... adelante, bañate." Y sin más se
echó a dormir nuevamente.
"¡Zeros!" Volvió a chillar.
"¡¿Qué?!" Le
dijo exasperado.
"Necesito que me digas donde puedo ir a bañarme." Le
dijo cruzando los brazos.
"Anou, Lina, puedes bañarte en cualquier
parte."
"¿Nani?"
"Claro, no es tan difícil, mira." Y diciéndo esto
comenzó a lamerse la mano.
"¡Zeros!, eso es un baño para gatos, no soy un
gato, ¡tú tampoco eres un gato!"
"Ups... te refieres a un baño... ¿con
agua?"
"Ajá." Asintió.
"¿Agua, agua de verdad, agua fría?" Le dijo
atónito.
"Claro baka, ¿con qué más podrías darte un baño?" "¿No me harás
ir al lago verdad?" Zeros volvió a taparse la boca cuado vio la sonrisa de
Lina.
"Vamos."
"No, Lina, no me puedes obligar a ir, no, no, noo."
Dijo mientras se sujetaba fuertemente de uno de los postes de la cabecera de la
cama.
"Zeros, ¿hace cuánto tiempo no te das un baño con agua?" Xellos
sintió que los cabellos del cuello se le erizaban.
"La última vez fue
hace un año, porque Zelas me obligó y casi me rompe el cuello. Estuve enfermo
una semana." Dijo con un estremecimiento al recordar el suceso.
"¿Eras
humano o gato?"
"Gato."
"Eso lo explica. Pero ahora como humano no
debes temerle al agua, no te pasará nada."
"Es fría, no voy a
ir."
"Vas a venir conmigo así sea lo último que haga." Y Lina lo arrancó
del poste de la cama, donde dejó un par de marcas de garra en la
madera.
*******
"Lina, es demasiado temprano, por qué no
desayunamos primero y cuando el sol caliente el agua entonces vamos al lago."
Decía Zeros mientras Lina utilizaba todas sus fuerzas para arrastrarlo por el
sendero.
"No... la mejor hora para darse un baño es por la mañana y luego
por la tarde, no hay que esperar al sol, el agua fría es buena para la salud."
Le respondió Lina.
"Es porque tú eres un hada, por eso te gusta el agua
fría, pero yo soy un gato, ¡un gato! Por favor Lina, no me hagas esto." Le
suplicaba entre gemidos y otros diversos sonidos que nada tenían que ver con su
forma actual.
Después de mucho caminar llegaron al lago. Zeros se aferró
al tronco de un árbol que quedaba cerca de la vereda y ya Lina no pudo
arrastrarlo más. Suspiró enojada, pero finalmente decidió continuar sin él.
Tampoco se preocupó de que Zeros la viera desnuda, en su interior seguía siendo
un hada y era costumbre de las hadas no sentir verguenza ante sus compañeros. Se
zambulló en el agua casi congelada.
"Ummhh...." Sonrió al sacar la cabeza
del agua y nadar un poco más adentro. Zeros continuaba aferrado al árbol, ni
siquiera quería mirar hacia el lago. Se debatía entre regresar a la casa o
esperar a Lina.
"Zeros, el agua está deliciosa."
"El agua sólo es
deliciosa cuando es para beber." Le gritó desde el árbol.
"Eres un gato
miedoso." Lo molestó. "No seas tan cobarde, no pareces el gato de una
bruja."
"Yo no elegí ser el gato de una bruja, no tengo por qué ser un
gato valiente y menos para entrar en el agua. Así que no gracias."
"Si no
entras al agua no te haré chocolate en la tarde."
"¿Nani?" Dijo Zeros
mirando por primera vez hacia el lago.
"Sé que escuchaste perfectamente."
Sonrió Lina.
"Ohh.. Lina, Linita... no seas mala conmigo, por favor."
Gimió tristemente. "No puedes quitarme el chocolate." Pusos sus ojos enormes y
tristes.
"Esa mirada no funcionará conmigo, ven y entra al agua, te estoy
esperando."
Zeros respiró profundamente. *Chocolate... o no chocolate...*
Era lo único que se repetía en su mente una y otra vez.
"¡Rayos!"
Lentamente se fue soltando del árbol. Lina lo observó y contuvo la respiración
mientras Zeros se acercaba a la orilla. Se agachó y tocó el agua con la punta de
los dedos, retirándola de inmediato.
"¡¡¡Está congelada!!!!"
Chilló.
"Es sólo al principio, ya después se sentirá mejor." Le
instó.
Comenzó a quitarse la camisa y luego los pantalones, quedando
simplemente en ropa interior. Por suerte la bruja había pensado siquiera en
adquirir todas las piezas de ropa para las raras veces que convertía a Zeros en
humano. Se adelantó hasta la orilla y metió un pie en el agua. Todo el cuerpo se
le estremeció. *Chocolate... chocolate... chocolate...* Trató de darse
ánimos.
Metió el otro pie dentro del agua y cerró los ojos casi entrando
en pánico. Lina se fue acercándo y prontamente tomó una de sus
manos.
"Vamos Zeros, no tengas miedo." Le dijo dulcemente. Zeros tragó
fuertemente y asintió, dejando que Lina lo guiara hacia la parte más profunda
del lago que no era más de cuatro o cinco pies. Cuando estuvo completamente
sumergido hasta los hombros, se permitió abrir los ojos.
"Está muy fría."
Comentó.
"Hai, pero pronto se te quitará. Sumerge la cabeza, así." Y Lina
se sumergió, emergiendo unos segundos después. "Sólo tienes que cerrar los ojos,
aguantar la respiración, bajar y subir. Es fácil."
Zeros no sabía qué
hacer, hasta el momento el agua no le había hecho nada. Observó al hada y la vio
tan sonriente que pensó que debería darle una oportunidad a esa nueva
experiencia. Cerró los ojos y apretó fuertemente las manos de Lina como si
tuviera miedo de perderse. Finalmente se sumergió y casi de inmediato volvió a
salir.
Respiraba profundamente, el frío lo obligaba, Lina lo recibió con
una sonrisa. "¿Ves como no está mal?"
"Hai." Dijo con la voz tiritándole.
Lina se echó a reir.
"Creo que para ser un gato eres muy valiente."
Comentó entre risas el hada.
"Arigato." Y le devolvió una media
sonrisa.
Estuvieron unos minutos más en el agua y finalmente decidieron
volver a la casa. Por el sendero de regreso Zeros sentía como si el agua se
hubiera llevado gran parte de sus preocupaciones. Ahora sólo quería desayunar y
echarse a dormir, si es que el hada se lo permitía.
Nuevamente le tocaría
hacer la comida como le había enseñado la bruja. A Zeros no le preocupaba mucho,
le agradaba la tarea, le permitía usar su imaginación. Por otra parte, Lina no
sabía hacer nada, ni siquiera sabía utilizar los cubiertos. Para él fue muy
divertido mostrarle cómo utilizarlos.
Pasadas las primeras horas de
agitación ya ambos estaban desayunados y Zeros trataba de dormitar sobre la mesa
de la cocina.
"¿Trabajo para dormir?" Le preguntó Lina cuando vio que se
revolvía para lado y lado.
"Creo que la mesa no es tan cómoda para dormir
como cuando soy un felino." Musitó compugnido. Lina se acercó y comenzó a
acariciarle la espalda. De inmediato se relajó y comenzó a ronronear.
A
Lina esa reacción le encantaba, por eso no perdía oportunidad de hacerle
caricias cual si fuera un enorme gato.
"¿Mejor?"
"Mmmrrrrrrr...
mejorrr..." Y continuó ronroneando hasta que al poco rato el ronroneo se
convirtió en uno consistente y regular. Zeros estaba profundamente dormido. Lina
lo observó. Sus líneas faciales tenían cierta gracia gatuna, al igual que sus
ojos. Retiró algunos mechones de cabello de su rostro... eran tan sedosos. Zeros
era muy apacible en su dormir, contrario a Lina. Y ella se deleitó escuchándolo
ronronear mientras dormía.
El día pasó sin mayores eventos, con sus
respectivas comidas y repetidas siestas hasta que finalmente llegó la hora de
dormir. Zeros nuevamente había llegado a la cama antes que ella, pero esta vez
le había dejado un espacio. Más contenta de lo que imaginaba, Lina se metió bajo
las sábanas y tomó la almohada que estaba libre.
Deseaba escucharlo
ronronear una vez más, por lo que deslizó la mano bajo las sábanas y comenzó a
hacerle caricias en el abdomen. El efecto fue inmediato, Zeros comenzó a
ronronear plácidamente. Se veia tan relajado y contento, tan libre de
preocupaciones, pero así son los gatos. Lina se acercó un poco para observarlo
mejor. Sus ojos cerrados en total abandono y sus labios perfectamente rosados
mientras en el interior de su pecho resonsaba aquel ronroneo tan
sensual.
Lina, siendo lo que era, un hada, no pudo resistir la tentación
y se inclinó sobre el rostro de Zeros plantándole un cálido beso.
El
ronroneo terminó de inmediato y Zeros abrió los ojos desmesuradamente sólo para
ver a Lina muy de cerca. No se movió y cuando Lina terminó el beso, simplemente
parpadeó confundido tratando de registrar lo que acababa de
suceder.
"¿Por qué hiciste eso?" Le preguntó aturdido.
"Es sólo un
beso de buenas noches." Le contestó Lina sin dejar de acariciar su abdomen, cosa
que casi lo hacía olvidar lo que acababa de suceder.
"Oh..."
"Que
descanses." Le susurró Lina, recostandose sobre su pecho. Cosa que lo dejó medio
pasmado, pero al ver que Lina se quedaba tranquila se fue calmando y poco a
poco, las caricias le provocaron volver a ronronear felizmente, olvidando el
suceso. Ahora Lina escuchaba complacida, el ronronear de Zeros directamente
desde su pecho.
*******
Al día siguiente, la rutina del día
anterior se repitió nuevamente. Pero esta vez Lina se mantuvo mucho más cerca de
Zeros.
"Lina... ¿cómo se siente ser un hada?" Preguntó Zeros curioso
mientras descansaba
"Se siente muy bien, no sientes miedo de caer porque
puedes volar. De noche no sientes miedo de la obscuridad porque tú eres tu
propia luz. Además puedes hacer que las flores abran, que la hierba crezca.
Puedes sentir cómo te hablan los árboles y canta la brisa." Lina parecía perdida
en su narración.
"¿Qué se siente ser un gato?" Le preguntó
curiosa.
"Pues... depende qué tipo de gato seas. Te puedo decir cómo se
siente ser el gato de una bruja." Lina se echó hacia adelante para prestarle
mayor atención.
"Zelas sólo me acaricia cuando hago lo que me pide, el
resto del tiempo me grita y siempre ando corto de bigotes. ¿Sabías que los
bigotes son muy necesarios para los gatos? Nos ayudan a no tropezar tanto.
Siempre que me corta los bigotes termino metiendo la nariz en la leche. No es
agradable."
"Pero no te pega Zelas ¿verdad?"
"No, no me pega, pero
tampoco me trata más que como un simple gato. Aunque cuando soy humano me trata
con un poco más de paciencia." Puntualizó. Aparentemente no era un tema que le
atrajera hablar. Lina decidió cambiar el tema.
"Mañana cuando Zelas
llegue será el último día en que estaremos juntos. Al menos como humanos." Dijo
sin poder evitar un tono de tristeza.
"¿Vendrás a visitarme?" Se apresuró
a decirle Zeros.
"Sólo si prometes portarte bien."
"Prometo
portarme bien si prometes rascarme la panza." Le dijo Zeros con una
sonrisa.
"Trato hecho." Y Lina le devolvió la sonrisa.
El resto
del día pasó como el anterior y nuevamente llegó la noche. Y como las noches
anteriores, Zeros llegó primero a la cama y nuevamente le dejó un espacio a
Lina. El hada se metió bajo las sábanas igual que las demás noches y esta vez se
acurrucó de inmediato sobre el pecho de
Zeros.
"¿Lina?"
"¿Ummhh?"
"¿Me vas a dar un beso de buenas
noches?" Lina se volteó para mirarlo.
"¿No te molesta que te de un beso
de buenas noches?" Le dijo Lina con algo de curiosidad.
"Iie." Dijo
contento.
"Entonces supongo que no hay problema en que te dé un beso de
buenas noches." Lina se levantó suavemente y se movió hacia adelante. Esta vez
Zeros tenía los ojos abiertos y estaba preparado para recibir el beso de buenas
noches.
Cuando Lina rozó sus labios con los suyos, un pequeño gemido de
placer le hizo entreabrir la boca, momento que Lina aprovechó para probar más
profundamente el sabor de chocolate y galletas que aún conservaba. El instinto
hizo que Zeros llevara una de sus manos a la nuca del hada mientras que con la
otra la abrazaba suavemente por la cintura.
Cuando el beso terminó, el
rostro de Lina estaba pintado de un hermoso rubor y Zeros la observaba
curioso.
"¿Sucede algo?" Le preguntó sin comprender. Lina suspiró
profundamente, perdiéndose en el perfume de la piel de Zeros.
"Nada de
qué preocuparse... absolutamente nada." Y su voz se volvió un susurro mientras
volvía a inclinar sus labios sobre los de él.
*******
A la mañana
siguiente despertaron con el tintineante sonido de camapanillas. Cuando Lina
abrió los ojos se topó de frente con Zelgadis, quien la observaba
curioso.
"Lina, ¿por qué estás usando a Zeros como almohada?" Le dijo
pensativo. Un profundo rubor subió al rostro del hada.
"No es nada que te
importe." Le dijo enojada pero con la voz muy baja por tratar de no despertar a
Zeros.
"Lina-san, ¿no se supone que ya estén listos para recibir a Zelas?
La bruja debe estar por llegar.
"¡Zelas!" La había olvidado por completo.
"Salgan de la habitación, ¡ahora!" Al escuchar el tono enojado del hada roja,
todas las lucecitas se apresuraron a salir. Cuando la última salió, Lina se
levantó y cerró la puerta. De inmediato se puso su vestido rojo y regresó a
donde dormía Zeros plácidamente.
"Zeros, ya es hora de levantarse." No
obtuvo respuesta. "¿Zeros?" Se recordó lo perezoso que podía ser en las mañanas.
Se inclinó sobre la figura dormida y le plantó un beso. Al cabo de un rato Zeros
comenzó a reaccionar.
"Buenos días, Lina-chan." Dijo entre
sonrisas.
"Zeros, Zelas ya está aquí." El efecto fue inmediato, Zeros
estaba completamente despierto y vestido. Lina se echó a reir de buena
gana.
"Eres incorregible y adorable." Le dijo mientras le pellizcaba un
cachete. "Eso no fue gracioso Lina." Le dijo haciendo un puchero.
"Ohh,
vamos, los demás chicos ya están aquí, Zelas debe estar por llegar, no querras
que te encuentre dormido en su propia cama." Le dijo con una
sonrisa.
"No... Dijiste que los demás están aquí, ¿te refieres a las
hadas?"
"Hai."
"Oh.."
"Vamos..." Y lo tomó de la mano. Lina
se sentó a la mesa mientras Zeros preparaba el desayuno y todas las demás hadas
se sentaron sobre la mesa, observando con curiosidad lo que Zeros hacía.
Finalmente todos se sentaron a desayunar.
No había pasado mucho cuando se
escuchó a lo lejos la risa demente de la bruja. Zeros sintió que el pánico se
apoderaba de su persona y trató de esconderse abajo de la mesa. La bruja entró
por la ventana abierta y de inmediato se bajó de la escoba.
"Uuffff, la
próxima vez tomaré la ruta directa y no la panorámica." Sus ojos se posaron
sobre Lina.
"¿Quién eres?, ¿y dónde está Zeros? Maldito gato, el dije que
cuidara la casa." Gritó furiosa. Zeros tembló bajo la mesa.
"Buenos días
Zelas, no esperaba que me hubieras olvidado tan pronto. Soy el hada roja." Zelas
por un momento pareció morir de la confusión.
"La última vez que te vi no
eras más alta que mi dedo meñique." Dijo entre jadeos.
"Es que sufrí un
pequeño accidente... con la pócima que está en el caldero." Le dijo Lina con
tranquilidad.
"¿Un accidente?, por qué me parece que ese condenado gato
está metido en todo este enredo." Musitó enojada.
"No, no... Zeros no
tuvo la culpa, realmente fui muy descuidada. Sólo tenía la esperanza de que
hubiera alguna forma de revertir el proceso.
"Ahh... claro, claro. Dime
exactamente lo que ocurrió."
"Pues literalmente caí dentro del caldero y
trague un poco del líquido."
"¿¿¿Caíste adentro????" Chilló
"Sí,
¿qué? ¿Es algo malo?" Dijo preocupada ante el chillido de la bruja.
"Es
sólo que... alteraste la fórmula, aunque claro está ahora sirve para regresarte
a tu estado normal. Sólo que..."
"¿Sólo que?"
"Nada... nada...
¿Deseas regresar ahora mismo a ser hada?"
"Hai." Dijo Lina de
inmediato.
"Bien." La bruja tomó una cuchara y fue al caldero, sacando un
poco de la pócima y dándosela a beber a Lina. De repente sintió que la cabeza le
daba vueltas y que todo se iba haciendo enorme. Cuando despertó, sus antenitas
estaban en su lugar al igual que sus alas.
"Zeros... es tu turno de
regresar a la normalidad." Le advirtió la bruja llenando otra cuchara. "Así que
sal de donde te encuentres."
Lentamente Zeros salió de abajo de la mesa,
tenía sus ojos como platillos. Zelas lo llamó con un sólo dedo y Zeros obedeció,
poniéndose de pie y abriéndo su boca para que la bruja le diera la pócima. La
bruja metió la cuchara en su boca y casi enseguida sintió que la cabeza le daba
vueltas y todo se iba agrandando.
Zeros se encogió y se encogió, y
continuó encogiéndose hasta que estuvo del tamaño de las hadas. Cuando despertó
y para su asombro, lo primero que vio fue a Lina, al fondo podía escuchar a la
bruja gritar incoherencias.
"¿Qué sucedió?" Le preguntó a
Lina.
"Tal parece que cuando cai en la pócima dejé caer un poco de polvo
de hadas. En verdad lo siento. Zelas dice que hasta que no consiga algunos
bigotes de gato no podrá hacer una nueva pócima para convertirte en
gato.
Zeros se levantó del suelo y grande fue su sorpresa al sentir una
brisa leve a sus espaldas, al voltearse vio cuatro pequeñas alitas
tornasoladas.
"Soy... ¿¿un hada??" Lina asintió. Zeros no lo podía creer,
incluso tenía dos coquetas antenitas que sobresalían de entre sus sedosos
cabellos.
"Creo que será mejor que vengas con nosotros, no es seguro que
te quedes con Zelas cuando eres tan pequeño, podrías tener un accidente." Le
dijo Lina con una sonrisa traviesa. Zeros asintió y mientras la bruja continuaba
pegando gritos de enojo, las diez hadas se escurrieron por la ventana en
dirección al bosque.
******* Epílogo.
Zeros ya llevaba varias
semanas en compañía de las hadas y el efecto de la pócima no había disminuido,
seguía siendo un hada. Se sentía muy feliz, Lina siempre lo acompañaba y nunca
lo dejaba solo. Claro que seguía prefiriendo beber leche a néctar de las flores
y los baños de agua fría no le atraían tanto. Pero estar al lado del hada roja
era más que suficiente para él.
Todas las demás hadas decían que no
existía uno más hermoso que Zeros, que emitía una luz púrpura y cuyos ojos
seguían siendo los de un gato. Y a eso se le sumaba la gracia con la que se
movía, gracia felina.
Lina por su parte, había dejado de ser tan gruñona
con sus demás compañeros, especialmente con Gourry, quien agradecía sobremanera
que la pequeña hada ya no lo golpeara tanto.
*******
Sin embargo,
en otra parte del bosque... sobre un árbol de tronco retorcido y densas ramas,
en el interior de la casa de cierta bruja, nuevos gritos podían escucharse
mientras un par de ojos grises muy asustados observaban desde el interior de la
alacena.