Carpincho
Apacible y sedentario, semejante a un enorme cuis de pelaje pardo-rojizo, fácilmente domesticable, el carpincho que pesa unos 50 kg- es el mayor de los roedores vivientes.
Si bien uno de sus parientes extinguidos, el gigantesco Protohydrochoerus, tenía hábitos corredores, el carpincho es lento y torpe en la tierra y, como no regula bien la temperatura corporal, puede sufrir un shock térmico después de correr unos centenares de metros. Es en cambio un hábil nadador -se sabe de carpinchos que han cruzado el ancho río Orinoco-, y suele permanecer varias horas por día en el agua, de cuya cercanía procura no apartarse ya que depende de ella no sólo para bañarse y beber, sino como refugio y hasta en relación con el cortejo y la cópula.

Un signo particular de su adaptación al medio acuático lo constituye el pliegue que cierra el conducto auditivo cuando el animal se sumerge. Las patas están tan adaptadas a la natación como a la marcha: son muy cortas, sobretodo las anteriores -lo que lo obliga a caminar como inclinado hacia adelante- y poseen en sus extremidades una gruesa membrana interdigital que favorece el desplazamiento en el agua. La disposición alta del hocico le permite nadar asomando únicamente la nariz, aunque también es capaz de mantenerse sumergido de tres a cuatro minutos.

Cómo se alimenta

Esta singular adaptación del carpincho o "puerco de agua", según lo bautizó Linneo, llevó a algunos estudiosos de¡ siglo pasado, como Humboldt y Buffon, a incluir peces en su dieta. Pero el carpincho es casi exclusivamente herbívoro. Y si bien puede alimentarse de plantas acuáticas, prefiere las gramíneas ribereñas, seleccionando los pastos diminutos y tiernos. También suele roer la corteza de los árboles, para lo cual está provisto de poderosos incisivos que -como en todos los roedores- crecen continuamente, varios milímetros por semana, para compensar la abrasión a que se ven sometidos. Los animales jóvenes son capaces de destruir cultivos de maíz y de caña de azúcar. Mantenidas en cautividad, las crías pequeñas se alimentan con leche de vaca, pan, raíces, etc.

El pelaje

Aunque no hay suficiente información al respecto, se supone que el animal renueva su pelaje de tanto, en tanto, ya que éste, se ve permanentemente afectado y desgastado por los restos de arcilla que le quedan adheridos después de los frecuentes baños por el contacto con los matorrales en los que se refugia. De cualquier manera, el pelaje va variando con la edad,
llegando a ser más denso y más completo a partir de la edad juvenil. En el recién nacido, los pelos que cubren el dorso y los flancos son cortos y rígidos, oscuros en los extremos y con una banda pardo clara en el centro, mientras los que cubren la zona ventral son de un solo color: pardo claro. El pelaje del adulto está compuesto por pelos largos y aplanados, pardos y rojizos; el pelo original sólo persiste en la parte superior del hocico y, a veces, en la frente. En ocasiones, el pelaje dorsal es muy ralo y deja ver la epidermis marrón oscura, en oposición a la del vientre, que es clara.

El marco natural

Dentro de la vasta área de distribución del carpincho -que abarca Panamá, Colombia, noreste de Perú, parte de Bolivia, Venezuela, Brasil, Uruguay, Paraguay y noreste y este de Argentina-, sus hábitats más característicos son las sabanas, las selvas húmedas y de galería, las selvas de hojas caducas y las cuencas de ríos y pantanos. Siempre se trata de zonas cercanas al agua y provistas de vegetación capaz de proporcionarle alimento y también refugio, ya que esta especie no construye albergues ni excava túneles sino que aprovecha los refugios naturales, incluso en el período de la reproducción.
Refiriéndose a los carpinchos de Venezuela -hasta ahora los mejor estudiados-, Ojasti caracteriza así los diferentes hábitats que los albergan:
-selvas en galería, donde la vegetación cerrada brinda excelente refugio, pero con la desventaja de la escasez de hierbas, lo que obliga al animal a salir a la sabana próxima e incluso a emigrar a ella en épocas de lluvia. 
-orillas de lagunas permanentes en medio de un bosque, hábitat que tampoco es óptimo ya que el principal alimento disponible es sólo vegetación acuática;
-arroyos anegados y esteros con vegetación acuática, que sirven de refugio pero únicamente proporcionan alimentación de emergencia;
-esteros rodeados de sabanas, muy frecuentados por los carpinchos aunque carecen de abrigo natural, salvo algunos grupos dispersos de árboles;
-matorrales espinosos a orillas de aguadas, que además de permitir la cómoda obtención de alimento ofrecen muy buen refugio.


Una especie apacible


Por la mañana descansa. Lo hace preferentemente a la sombra, sobre el vientre, con la cabeza levantada del suelo o apoyada en las patas delanteras. Así lo describe Darwin cuando, en 1832, visita Maldonado (Uruguay):
"Durante el día están tendidos entre las plantas acuáticas o van tranquilamente a pacer la hierba de la llanura. Vistos desde cierta distancia su paso y su color les hace parecerse a los cerdos; pero cuando están sentados, vigilando con atención todo lo que pasa, vuelven a adquirir el aspecto de sus congéneres los cavias y los conejos. La gran longitud de su maxilar les da una apariencia cómica cuando se les ve de frente o de perfil".
Hacia el mediodía, cuando aumenta el calor, se sumerge en el agua hasta regular la temperatura de¡ cuerpo y combatir, de paso, los parásitos externos.
A mitad de la tarde y hasta las primeras horas de la noche se dedica a comer, paciendo con la boca a ras del suelo. Mastica lenta y concienzudamente, moviendo las mandíbulas de atrás hacia adelante.
Si bien en ambientes tranquilos se lo puede ver activo durante el día, es un animal de hábitos crepusculares y nocturnos y en zonas en que es muy perseguido sólo se aventura de noche.
Algunos individuos son más mansos que otros, pero, en general, es posible mantenerlos en cautividad o semidomesticidad. En ciertas zonas de Venezuela, por ejemplo, no es raro observarlos de noche en los patios de las casas.

Un hábitat compartido

El carpincho puede compartir un cuerpo de agua con vacas y caballos sin prestarles mayor atención.
En ocasiones se lo ve también junto a yacarés -aunque éstos llegan a atacar a las crías en el agua-, y hasta permite que algunas aves se posen sobre él y le registren el pelaje o lo utilicen como mirador para atrapar insectos.
Los enemigos naturales del carpincho son el yaguareté, el ocelote y los cánidos, pero en la actualidad, y dada la virtual desaparición de los grandes felinos, los principales depredadores son los perros y, fundamentalmente, el hombre.
Cuando el carpincho es sorprendido lanza un grito -"una especie de gruñido sordo"... parecido al "primer ladrido ronco de un perro grande", según Darwin- y huye alborotadamente, escondiéndose en los pastizales altos, los matorrales o la vegetación acuática, o zambulléndose en el agua.
Sí advierte de lejos la presencia de¡ hombre -y en condiciones en que está muy acosado es capaz de descubrirlo a través de un kilómetro de distancia - escapa lo más sigilosamente posible. Las hembras huyen primero, junto con los más jóvenes, mientras los machos vigilan, lanzando voces de alarma o castañeteando los dientes, y resistiendo tenazmente si son acorralados. Parece ser que, por esta razón, los machos son capturados mucho más fácilmente que las hembras.
Temen mucho a los perros y escapan rápidamente frente a uno solo que les ladre.
Cuando se ven rodeados se defienden a mordiscones, pero, en general, en forma individual y poco eficiente. 
Los que más sufren la depredación son los animales jóvenes, que pueden ser abatidos por un solo perro.

El cortejo acuático 

El carpincho, cuyo ciclo vital alcanza alrededor de diez años, ya está preparado para la procreación entre el año y medio y los dos de vida. A primera vista es difícil distinguir el sexo, puesto que los genitales externos de machos y hembras están encerrados por el pliegue anal. 
Según algunos autores, el macho sería de mayor tamaño que la hembra; sin embargo, Ojasti registra un peso promedio mayor en las hembras que en los machos. 
Al macho se lo suele reconocer por una protuberancia sobre el hocico, llamativa en algunos ejemplares y muy poco desarrollada en otros. Se trata de una glándula -el morrillo- que crece a partir de un cierto peso del animal (entre 35 y 40 kg) y que está aparentemente relacionada con la marcación territorial. Entre los machos adultos tiene más de dos centímetros de altura, carece de pelo y está cubierta de una piel negra y brillante.
Otros signos de diferenciación son los incisivos, significativamente más anchos en los machos que en las hembras, y el color de¡ pelaje que cubre nalgas y bajo vientre, más oscuro en el macho.
La dependencia del carpincho con el medio acuático incluye el momento del cortejo y la cópula.
Cuando el macho comienza a perseguir a la hembra, olfateándole y tocándole la región genital, ella, sin alterar el paso y como indiferente, guía a su compañero hasta un cuerpo de agua, donde ambos se bañan. La hembra se zambulle varias veces, desapareciendo de la superficie y alejándose del macho, que vuelve a buscarla. Finalmente, y en aguas de poca profundidad (menos de cincuenta centímetros), el macho cubre a la hembra, que puede sumergir la cabeza y elevar la cola mientras lanza breves chillidos.
La cópula es breve, apenas unos pocos segundos. Luego ambos nadan y la repiten unas quince veces seguidas y hasta tres en un minuto.
No es raro que varias parejas copulen a la vez y en un mismo cuerpo de agua, produciéndose, de tanto en tanto, intercambios de compañero. Ocasionalmente, una hembra puede interferir los cortejos de una pareja, o un macho disputarle la hembra a otro.

La convivencia en la manada

Tras una gestación relativamente prolongada -según distintos autores el promedio varía entre 122 y 153 días-, las crías (de una a siete) nacen en un estado de desarrollo avanzado, y a los pocos días están en condiciones de seguir a la madre.
La hembra, que posee cinco o seis pares de pezones ventrolaterales poco salientes, amamanta a los hijos hasta los cuatro meses. Lo hace de pie y con las crías acostadas a cada lado. No parece haber, posteriormente, entrenamiento ni cuidados especiales para con los hijos.
Las familias constituidas se mantienen, ya que los jóvenes acompañan a los padres tanto en el reposo como en la actividad.
Otros grupos familiares están compuestos por un macho y varias hembras, con o sin crías.
De hábitos gregarios, el carpincho vive en manadas sedentarias y de tamaño variable según las estaciones. Integradas por individuos de ambos sexos y distintas edades, las manadas están originadas probablemente en una sola familia y responden a la necesidad impuesta por la dependencia de¡ animal con el cuerpo de agua que debe compartir. Parecen constituir sociedades relativamente cerradas, con organización jerárquica e intolerancia por parte de los machos hacia los ejemplares de su mismo sexo pertenecientes a otras manadas o solitarios.
El número de individuos de cada manada es variable: en el Parque Nacional de El Palmar (Entre Ríos) y en la laguna La Brava (provincia de Buenos Aires) se han observado grupos de doce a treinta integrantes. Ojasti consigna que la media del tamaño de las manadas en Apure (Venezuela) varía entre seis y dieciséis individuos. En época de sequía es posible observar -debido a la reducción del hábitat apto para la especie- agrupamientos de manadas que superan treinta miembros.
La distancia entre individuos varía entre cincuenta centímetros -cuando están en reposo- hasta cien metros, mientras pastorean, momento en que se registra la mayor dispersión. Durante los desplazamientos de las manadas, que se realizan en fila india, también se conservan las distancias. En éstos casos el pisoteo continuo va formando una zanja que, al profundizarse, llega a actuar como cauce de drenaje.
Dentro del área de acción del carpincho Azcárate reconoció tres tipos de lugares: uno de reposo, otro para bañarse y uno de pastoreo. Animales de una misma manada suelen superponer sus áreas, pero cuando individuos de una manada invaden el área de otra pueden producirse encuentros agresivos entre los machos, las hembras o los jóvenes. 
En general, las actitudes antagónicas tienen que ver con las relaciones jerárquicas y con las rivalidades sexuales momentáneas. Hay parejas, por ejemplo, que no toleran la presencia de ejemplares jóvenes en las proximidades y llegan a atacarlos con su poderosos incisivos.
La comunicacióm entre individuos se establece a través de diversas señales: gritos, aullidos, saltos, erizamiento del pelo, etc.

Importancia ecológica y económica

Tanto por su carne, importante alternativa en el consumo de proteínas, como por su cuero, utilizado en marroquinería y tapicería y muy cotizado en Europa, el carpincho puede considerarse como un significativo recurso natural, lo que ha motivado una explotación irracional que afectó sensiblemente las poblaciones naturales, que se han visto muy mermadas en algunas zonas de Entre Ríos y Corrientes y en Uruguay.
Abundante en las sabanas de Venezuela y Colombia, así como en el este de Paraguay, el pantanal del Matto Groso, la región boliviana del Beni y la cuenca amazónica, el carpincho se encuentra protegido en la Argentina en los parques nacionales El Palmar, lberá e lguazú y en la reserva natural Formosa.
En Venezuela y Colombia el interés fundamental reside en la carne, blanca y por lo general sabrosa, aunque ocasionalmente puede estar afectada por un cierto sabor a almizcle. Curiosamente, este tipo de carne es todavía muy poco consumida en Argentina y Uruguay, donde, en cambio, el carpincho ha sido perseguido -hasta casi llegar a su extinción en algunas zonas- por el valor comercial de su cuero, con el que se fabrican guantes, zapatos, cinturones, abrigos y artesanías.
Visto que no se lo puede considerar como un competidor serio del ganado por el forraje -lo es sólo en grandes manadas y en la estación seca- y que carece de enemigos naturales significativos, parecería lógico suponer que un manejo racional de sus poblaciones por parte del hombre puede transformar al carpincho en un recurso natural importante, que proporcione en forma rentable y continua carne para la alimentación humana en áreas poco propicias para la ganadería y productos primarios para marroquinería. A este respecto es interesante consignar el desarrollo que en Venezuela y Brasil tuvieron, en los últimos años, algunos proyectos de investigación tendientes a su explotación racional, tanto en estado salvaje como en cautividad o semidomesticidad.

Fauna argentina
Centro Editor de América Latina

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