ENTREVISTA DÍAZ CREELMAN
El periodista norteamericano James Creelman entrevistó a Porfirio Díaz el 3 de marzo de 1908. Díaz expuso las razones de su permanencia en la presidencia, los avances de su gobierno y el deseo de abandonar el poder en las siguientes elecciones, cosa que no hizo.
Es una equivocación suponer que el futuro de la democracia en México haya peligrado por la permanencia en funciones, de un presidente durante un largo periodo de tiempo -dijo con calma. Puedo decir con toda sinceridad que el ejercicio del poder no ha corrompido mis ideales políticos y creo que la democracia es el único principio de gobierno justo y verdadero, aunque en la práctica sólo sea posible para los pueblos suficientemente desarrollados.

RAZONES DE SU PERMANENCIA EN LA PRESIDENCIA
Puedo abandonar la presidencia de México sin el menor temor -agregó-; pero no dejaré de servir a mi país mientras viva.
Aquí, en México, hemos tenido condiciones muy diferentes. Yo recibí el gobierno de las manos de un ejército victorioso en tiempo en que el pueblo estaba dividido y poco preparado para el ejercicio de los extremos principios del gobierno democrático. Haber arrojado sobre las mesas desde luego toda la responsabilidad del gobierno, habría producido condiciones que hubieran quizás desacreditado la causa de las instituciones libres.
Aunque en un principio obtuve el poder del ejército, tan pronto como fue posible se efectuó una elección y entonces mi autoridad me vino del pueblo. He tratado de dejar la presidencia varias veces; pero se ha ejercido presión sobre mí para no hacerlo y he permanecido en el gobierno por el bien de la Nación que me ha entregado su confianza. El hecho de que el precio de los valores mexicanos bajara once puntos cuando estuve enfermo en Cuernavaca, indica la clase de prueba que me persuadió a vencer mi inclinación personal para retirarme a la vida privada.

LOS AVANCES DE SU GOBIERNO
Hemos conservado la forma republicana y democrática de gobierno. Hemos preservado la teoría conservándola intacta. Sin embargo, hemos adoptado una política patriarcal en la actual administración de los negocios de la Nación, guiando y restringiendo las tendencias populares, con una fe completa en que una paz forzada permitiría la educación y a la industria y al comercio desarrollar elementos de estabilidad y unidad en el pueblo que es por naturaleza inteligente y sensible.
Comúnmente se asegura que las verdaderas instituciones democráticas son imposibles en un país que no tiene clase media.
Es verdad repuso. México tiene ahora una clase media; pero no la tenía antes. La clase media es el elemento activo de la sociedad aquí y en todas partes.
Los ricos se preocupan demasiado en sus riquezas y sus dignidades para poder ser útiles al avance del bienestar general. Sus hijos no se esfuerzan mucho en mejorar su educación o su carácter.
Por otra parte, la clase menesterosa es, por regla general, demasiado ignorante para desarrollar poder.
La democracia dependerá, para su desarrollo, de los esfuerzos de la clase media activa, trabajadora, amante del adelanto, la cual proviene en su mayor parte de la clase menesterosa y en menor escala de la rica; es la clase media la que se ocupa de la política y promueve el adelanto general.

En otros tiempos no teníamos clase media en México porque la inteligencia y energías del pueblo estaban completamente absorbidas en la política y en la guerra. La tiranía y el desgobierno de España habían desorganizado a la sociedad. Las actividades productoras de la Nación fueron abandonadas por luchas sucesivas; había una general confusión; ni la vida ni la propiedad estaba a salvo, y, en semejantes condiciones no podúa aparecer una clase media.
El futuro de México está asegurado. Los principios democráticos temo que no se hayan enraizado aún en nuestro pueblo; pero la Nación se ha desarrollado y llama a la libertad. La dificultad consiste en que el pueblo no se preocupa suficientemente acerca de los asuntos públicos relativos a una democracia. El mexicano por regla general piensa mucho en sus derechos y está siempre listo para reclamarlos; pero no piensa lo mismo en los derechos de los demás. Reclama sus privilegios; pero no se preocupa en sus deberes. La capacidad para restringir sus pasiones es la base del gobierno democrático y esa capacidad es posible sólo en aquellos que reconocen el derecho de los demás. Los indígenas, forman más de la mitad de nuestra población, se ocupan poco de la política. Están acostumbrados a dejarse guiar por los que ejercen la autoridad en ves de pensar en sí mismos. Es ésta una tendencia que heredaron de los españoles; quienes, les enseñaron a no mezclarse en los negocios públicos, confiando su resolución al gobierno.

-¿Y pensáis que la vasta población indígena de México es capaz de un alto grado de desarrollo?
-Así lo creo. Los indígenas son dóciles y agradecidos todos ellos, con excepción de los yanquis y una parte de los mayas. Conservan tradiciones propias de su antigua civilización y esa razón nos ha dado abogados, ingenieros, médicos, oficiales del ejército y otros profesionales.
Convencerme más y más de que la democracia es el único principio de gobierno, justo y verdadero; aunque en la práctica es sólo posible para los pueblos ya desarrollados.
-¿Y qué consideráis de más fuerza para la paz, el ejército o la escuela?
-La faz del soldado se ruborizó ligeramente.
-¿Habláis del tiempo actual?
-Si.

La escuela. No puede haber en esto duda. Yo deseo ver la educación impartida por el gobierno nacional a través de toda al República y espero lograrlo antes de morir. Es importante que todos los ciudadanos de una República reciban idéntica educación para que sus métodos e ideales puedan armonizarse y se intensifique así la unidad nacional.