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Los insólitos caballitos de mar
Caballito de mar (Hippocampus sp.)
Los
caballitos de mar pertenecen a la misma categoría zoológica que los cisnes, las
gacelas o las mariposas: el phylum compuesto por los animales gráciles y
delicados. Es ese tipo de animal inofensivo, adecuado para fascinar a niños muy
pequeños. Aunque también podrían pertenecer al phylum de los animales estrambóticos,
hechos con retazos de otros (al igual que Macrauchenia, el mamífero
sudamericano extinguido con aspecto de camello, trompa de elefante o al menos
de tapir y patas de rinoceronte). En efecto, en el caballito de mar hay monos,
camaleones, canguros, caballos y hasta peces.
Los
caballitos de mar son animales arborícolas. Esta afirmación puede parecer un
poco inapropiada para un animal acuático, pero es básicamente cierta. Viven en
los bosques sumergidos de algas y en las praderas de plantas marinas. Esto
explica varios de sus caracteres más extraños: su postura vertical, para
confundirse entre los tallos y moverse más eficazmente en la maraña vegetal; su
cola prensil semejante a la de monos y camaleones; su gran agudeza visual; la
capacidad de mover sus dos ojos de forma independiente, como los camaleones,
para calcular bien las distancias...
Con los
camaleones comparten también una gran capacidad de camuflaje: muchos adoptan
coloraciones y diseños crípticos, para pasar desapercibidos en su entorno
vegetal (aunque otros, sobre todo especies tropicales, presentan vistosas
coloraciones). Unos parientes muy próximos, los dragones de mar foliáceos y algáceos
(género Phyllopteryx) desarrollan fantásticos apéndices corporales que
imitan a la perfección las frondes de las algas.
El modo de
alimentación de los caballitos de mar (y de los otros miembros de la familia syngnatidae,
a la que pertenecen) es también muy peculiar entre los peces. Las mandíbulas se
han transformado en un tubo hueco, apto para absorber pequeños crustáceos y
otros animales nadadores diminutos. En cierto modo, su táctica de caza es
opuesta a la de los camaleones: en vez de lanzar su lengua lo que hacen es
aspirar el agua para atraer a las presas hacia su interior.
Este modo de
captura requiere mucha precisión y los caballitos de mar han renunciado al modo
de locomoción de la mayoría de los peces. En vez de impulsarse fundamentalmente
con la aleta caudal (que han perdido) se mueven mediante suaves ondulaciones de
su aleta dorsal alargada y provista de bastantes radios y también de las
pectorales. Cada radio está conectado a haces de músculos individuales y puede moverse
independientemente, ligeramente desfasado con respecto a los que le rodean. Las
aletas pueden oscilar hasta 70 veces por segundo.
La reproducción
de los caballitos de mar es fascinante. En el cortejo tienen un papel muy
significativo los sonidos que son capaces de producir. El macho y la hembra danzan
y enroscan sus colas. El apareamiento es un poco atípico, porque los papeles
sexuales se invierten: la hembra introduce los huevos en una bolsa marsupial
del macho con su ovopositor. Éste los fecunda y los alberga en su interior. La
bolsa se enriquece en vasos sanguíneos que van a nutrir a los embriones. Nacen peces
con aspecto de adultos en miniatura, proporcionando a su padre no pocos
trabajos en el alumbramiento.
¿Por qué los
caballitos de mar han adoptado este modo de reproducción tan peculiar? No he
podido encontrar mucha información sobre el tema (a ver si me ayudáis). Mis
sospechas son que no se conoce demasiado bien. Aunque de todas formas, se
pueden aventurar algunas consideraciones.
La mayoría de
los alevines de peces sufren una intensa depredación (en los ecosistemas acuáticos
las cadenas tróficas tienen más eslabones que en tierra y abundan los seres
carnívoros). Muchos peces optan por producir cantidades ingentes de
descendientes para asegurar que al menos algunos sobrevivan hasta la edad de
reproducirse. Sólo un número reducido de peces optan por proporcionar cuidados
a sus crías (construir y vigilar un nido o incubar los huevos en la boca u
otras cavidades, o gestarlos en su interior).
En los peces
que proporcionan cuidados a sus crías, en muchas ocasiones son los machos los
que los realizan. Este fenómeno se observa también en algunas aves cuyos
polluelos bastante desarrollados no necesitan una dedicación de los dos
progenitores. En bastantes especies de zancudas, el macho se dedica a cuidar
los huevos y la hembra a recuperar rápidamente las energías gastadas en la
puesta y a aparearse de nuevo.
Esto tiene un
valor adaptativo en hábitats en los que hay una intensa depredación sobre los
polluelos o donde el suministro de alimentos es pobre. Es ventajoso que los
machos saquen adelante a las crías (no es una tarea excesivamente pesada para
ellos) mientras la hembra reúne reservas para una nueva puesta que incremente
las posibilidades de reproducción.
Quizá la
elevada mortalidad de los alevines y el modo de alimentación de los caballitos
de mar (basado en presas muy pequeñas, por lo que precisa mucho tiempo), han
propiciado que las hembras dejen a los machos el cuidado de las crías y se
concentren en alimentarse para poder aparearse de nuevo.
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