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Anguilas subterráneas
Ichthyophis glutinosus (cecilia de Sri Lanka)
Hay animales
viscosos que tienen los ojos enterrados bajo los huesos del cráneo, que usan
parte de sus ojos para oler y que alimentan a las crías de su interior, por
medio de una “leche” que segregan los oviductos de la hembra. Muchas veces su
piel es venenosa. No tienen miembros ni cinturas y remueven el suelo de las
selvas tropicales ondulando su cuerpo y empujando con su cráneo macizo y muy
osificado. La propia piel está adherida a los huesos del cráneo.
Son
depredadores. Esperan a sus presas (lombrices, termitas, pequeñas serpientes
ciegas, lagartijas) y las enganchan con sus dientes agudos y curvados hacia
atrás. Son alargados, no tienen cola o la tienen muy corta, su piel es lisa y
está lubricada por glándulas mucosas para deslizarse por sus recónditos
túneles. La capa externa está endurecida por una capa de queratina, para que el
incesante trabajo de cavar no la desgarre. Su cuerpo está dividido en anillos y
por ello a veces parecen lombrices. Sólo algunas veces presentan escamas que
recuerdan a las de los peces en algunas zonas.
Son las
cecilias, que poseen su propio orden dentro de los anfibios, pero sólo unas
pocas especies son acuáticas y presentan metamorfosis. Los adultos respiran por
pulmones (algunas larvas tienen tres pares de branquias plumosas). Como en las
serpientes, para poder tener un cuerpo alargado, un pulmón ha desaparecido y,
como en las serpientes, existe una zona de intercambio gaseoso en la tráquea.
La fecundación es interna y el macho fabrica un pene evaginando la pared de la
cloaca.
Algunas
especies ponen huevos y los entierran. Uno de los progenitores los vigila. Pero
muchas otras especies paren crías vivas, que se alimentan en los oviductos de
la hembra de una emulsión grasa que segregan las células de revestimiento y
nacen como adultos en miniatura.
Algunos son
casi ciegos y otros lo son completamente. Los ojos son pequeños, están hundidos
frecuentemente bajo la piel (e incluso bajo el hueso). Su función parece ser
casi exclusivamente detectar la luz. Parece que oyen muy poco, pero algunas
especies emiten a veces enigmáticos sonidos chasqueantes. Las larvas de las
especies acuáticas poseen una línea lateral para detectar las corrientes, pero
en los adultos desaparece (incluso en los acuáticos).
El sentido
mejor desarrollado es el olfato. Para ello poseen un tentáculo móvil encima de
las narinas, que es usado para explorar el entorno. Los músculos que lo retraen
son los que servían originalmente para mover los ojos. El tentáculo está
lubricado por las glándulas de Harder, que segregan un fluido dentro de las
cuencas oculares de todos los vertebrados terrestres. Es curioso que las
cecilias huelan con una especie de mano, en tanto que otro animal cavador, el
topo de nariz estrellada, Condylura cristata, usa unas expansiones
carnosas de su nariz para tocar (posee una de las “manos” más sensibles del
reino animal).
Sus colores
son apagados y fantasmales: grises, rosados, azules. Pocas veces son vistas en
la superficie, aunque pueden deslizarse entre la hojarasca cuando llueve.
Entonces pueden ser presa de serpientes y aves.
Las cecilias, como las serpientes cavadoras, las anfisbenas o los lagartos sin patas, han adoptado una forma anguiliforme, adecuada para moverse en un entorno tridimensional oponiendo escasa resistencia al avance y permitiendo al animal la capacidad de sortear obstáculos. La cabeza es pequeña y compacta para penetrar como una cuña.
La tierra húmeda es un pequeño océano oscuro, denso y plástico. Es evocador hacer comparaciones entre el funcionamiento de un ecosistema acuático y el del suelo. La tierra es un fluido pesado, en el que los intercambios de materia son más lentos. La sedimentación es desesperante y el intercambio vertical y la aireación son realizados sobre todo por los propios seres vivos.
El suelo, como el agua, tiene gran capacidad para amortiguar las variaciones de temperatura. La detección de presas y depredadores ocurre a distancias muy cortas. El sonido se transmite bien, pero a los olores les cuesta difundirse en la tierra compacta. El oxígeno es un recurso vital y hay animales planctónicos y pelágicos del suelo y también bentónicos, pegados al lecho de roca, e incluso quizá abisales.
Para saber más: ápodos
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