Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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La mascota del diablo

 

 Fossa de Madagascar (Cryptoprocta ferox)

Los indígenas de Madagascar dicen que el olor del fossa mata a las aves de corral, que los bebés están en peligro si estos animales merodean por las cercanías y que si encuentran a alguien durmiendo le lamen la cara, sumiéndole en un estado de trance, y le sacan las tripas. Indudablemente este animal tiene algo de diabólico o siniestro en su aspecto. Ya de por sí un gato es enigmático, cuánto más este extraño carnívoro que no se sabe muy bien si es un perro o un gato y al que sus profundos ojos oscuros dotan de una expresión feroz.

 

Las sugerencias de vinculación del fossa con poderes oscuros se refuerzan por otros hechos: sus hábitos nocturnos, su cuerpo musculoso y su prodigiosa agilidad (trepa a los árboles, ayudándose de su larguísima cola para mantener el equilibrio, y es capaz de matar a los lémures), su gran ferocidad (es un depredador valiente y obstinado que incluso ataca a los cerdos), el olor fétido que desprenden sus glándulas anales (que usan para defenderse o para marcar sus territorios) y, sobre todo, el enorme desconocimiento que tenemos de él (apenas si se le ha conseguido siquiera fotografiar en la naturaleza).

 

Pero no debemos mirar a los fossas con aprensión. Criados en cautividad son muy mansos y juguetones, y desde luego un animal del tamaño de un gato grande no puede ser una bestia abominable. A pesar de ello, son los mayores depredadores terrestres de Madagascar y ocupan el nicho que en otros continentes ocupan los felinos. Viven en los bosques y sabanas boscosas de la isla y corren peligro de desaparecer, porque estos hábitats están desapareciendo en la isla a gran velocidad.

 

Su origen es un misterio. Están encuadrados en la misma familia que mangostas y ginetas (viverridae), pero pertenecen a un antiguo linaje. Se supone que son los descendientes directos de los antepasados que dieron lugar tanto a vivérridos como a felinos. Presentan algunos rasgos de felino, como sus afiladas garras retráctiles, pero andan apoyándose sobre las plantas de las patas, como los osos.

 

Probablemente, si se introdujeran felinos procedentes de algún continente en Madagascar, los fossas se extinguirían. Ellos no han estado sometidos a la dura competencia que se ha producido en los continentes.

 

 

 

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