Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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Insectos marinos

 

  Halobates sp.

Scatella thermarum vive en géiseres de Islandia a 48º C, Psilopa petrolei vive en pozos de petróleo y Ephydra hyans en un lago con una concentración de sal próxima a la del mar Muerto. No nos sorprende mucho descubrir que todos estos animales son insectos. Estamos acostumbrados a verlos por todas partes y pensamos que alguna de sus millones de especies se habrá adaptado incluso al medio ambiente más exigente.

 

Por eso es tan enigmático que no haya insectos en el mar. Ésta es una de esas clásicas preguntas que surgen al estudiar la evolución de los organismos y que no se pueden contestar, quizá porque no tenemos los datos (los avatares históricos concretos) encima de la mesa, o quizá porque algún detalle significativo de su biología se nos ha escapado, o quizá porque no tenemos bastante imaginación. Otra pregunta de este tipo es: ¿qué tienen en común ammonites, rudistas (bivalvos formadores de arrecifes), plesiosaurios y dinosaurios? Nosotros no lo sabemos, pero el agente que causó la extinción de todos ellos hace 65 millones de años descubrió su secreta unidad.

 

Muchos insectos se han adaptado bien a las aguas dulces, a pesar de provenir del medio terrestre. El sistema respiratorio de los insectos es eficaz en la atmósfera y los insectos acuáticos han tenido que desarrollar ingeniosas transformaciones. Allí han entrado en competencia con muchos crustáceos, pero cada uno ha ocupado su lugar. En cambio, en el mar los crustáceos reinan absolutamente y prácticamente ningún insecto ha osado asomarse a sus dominios.

 

Quizá es debido a que los crustáceos contaban con 200 millones de años de ventaja de evolución marina y habían acaparado todos los nichos. Las aguas dulces tardaron en ser colonizadas por los animales marinos, debido al reajuste del equilibrio de sales que se imponía en sus cuerpos. Las aguas dulces fueron ambientes donde la competencia era menor, surgían muchos microambientes de características diversas y los insectos pudieron combatir con los crustáceos. Además, constantemente estaban formándose nuevos cuerpos de agua y muchos de ellos se encontraban libres de competidores. La extraordinaria flexibilidad y capacidad de adaptación de los insectos hizo el resto.

 

Puede parecer que los insectos huyen de la sal, pero muchos viven en aguas salobres. Seguramente ésta es una limitación importante, pero algunas larvas de dípteros se han adaptado a vivir en ambientes, como las charcas de evaporación del litoral, en los que aguantan concentraciones de sal hasta tres veces superiores a la del mar. El método de excreción de los insectos (producción de ácido úrico) es típico de animales terrestres, que no pueden permitirse la pérdida de agua que supone eliminar directamente amoniaco o urea.

 

Quizá el mar es un ambiente muy violento para los frágiles insectos, cubiertos sólo por una ligera cutícula quitinosa. Los crustáceos, que tienen su exoesqueleto recubierto de sales de calcio, pueden ser más robustos y resistentes. Pero las formas planctónicas de los crustáceos tienen muchas veces una cubierta delgada y hay ambientes marinos relativamente plácidos, como las bahías protegidas por barreras de coral.

 

En cualquier caso, parece que tiene más mérito el dominio de los insectos en la tierra firme que el de los crustáceos en el mar. Los insectos primitivos seguramente sólo podían prosperar en ambientes relativamente húmedos y fue un gran reto superar la terrible desecación del medio terrestre y llevar el diminuto mar de sus cuerpos hasta los desiertos más rigurosos. En tierra firme las condiciones (temperatura, humedad) pueden ser muy variables. Además, mientras que los crustáceos presentan una diversidad extraordinaria de estructuras corporales (seguramente ni siquiera descienden de un antecesor común), los insectos se han mantenido insólitamente fieles a sus señas de identidad y todos poseen el mismo esquema corporal básico.

 

Los pocos y elogiables insectos marinos no han conseguido más que rondar las puertas del mar. Algunos viven enterrados en la arena de las playas y pueden aguantar algunos ratos de inundación. Otros viven en manglares y lagunas litorales. Algunos corretean entre las algas de la zona de salpicaduras. Pontomyia es una mosca que vive en las lagunas intermareales, come algas y puede patinar sobre sus dos patas funcionales sobre la superficie del agua.

 

En océano abierto sólo se aventura Halobates, un hemíptero de la familia de los zapateros. Pueden verse sus grandes aglomeraciones muy lejos de las costas, pero estos animales no penetran nunca en el agua, ni siquiera para cazar. Andan sobre su superficie, sin quebrar la película de agua, cuya tensión superficial impide que se hundan (para facilitar esto sus patas no acaban en una uña, sino en una almohadilla de pelos que repelen el agua). Después de esto, ¿se puede llamar marinos a estos insectos?

 

 

Nota: una página muy interesante sobre este tema es marineinsects (en inglés). Una lista de los insectos marinos (más los ácaros de la familia halacaridae) se puede encontrar en marineinsects2  (también en inglés).

 

 

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