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La sociedad de los leones
Panthera leo
Los leones y
los tigres pueden comer hombres y, debido a ello, “lógicamente”, los hombres
sienten una especial fascinación por ellos. Quizá también han sido uno de los
principales estímulos en la evolución de su ingenio.
Los tigres son mucho más temibles como devoradores de hombres. Las razones de
este distinto comportamiento son complejas, pero una parte de la respuesta
puede residir en que los tigres son solitarios y los leones forman sociedades
(un hecho insólito entre los grandes felinos).
Para un tigre (o un leopardo), la caza es un aprendizaje individual y algunos
de ellos pueden haber descubierto lo fáciles que son las presas humanas. Los
leones, en cambio, cazan siguiendo pautas de comportamiento aprendidas
socialmente y, por lo tanto, más difíciles de modificar.
Hordas y harenes
Los leones se unen en asociaciones formadas por unos cuantos machos y un grupo
de hembras, que cooperan para cazar, para ahuyentar a los intrusos y, en el
caso de las hembras, hasta para amamantar a los cachorros. La explotación, sin
embargo, también está muy presente en el seno de los grupos y se manifiesta
sobre todo en la subordinación de las hembras y los cachorros a los machos. La
caza es realizada básicamente por las hembras y los mejores bocados son para
los machos.
Un análisis
más fino de la estructura social de los leones desde un punto de vista
sociobiológico realizado en los últimos años revela alianzas y explotaciones a
otros niveles. Los leones son capaces de reconocer de forma muy precisa el
grado de parentesco que poseen con otros individuos y ajustar en consecuencia
sus conductas para beneficiar al máximo a sus propios genes.
Los machos se asocian en hordas que buscan conquistar grupos de hembras. Cuanto
mayor sea la horda, más posibilidades tendrá de ahuyentar a los machos
poseedores de un grupo de hembras o de vencer a un grupo de hembras que les
plantan cara para defender a sus cachorros (los machos invasores matarán a
todos los cachorros al tomar posesión de un grupo de hembras).
Pero se observa que las hordas de machos o bien son pequeñas o bien están
formadas sólo por individuos estrechamente emparentados. En el seno de un grupo
grande, los machos más poderosos son los que se reproducen, y a los restantes
sólo les queda cooperar en la crianza de los cachorros.
Esto no interesa a machos que no tienen parentesco con los que se reproducen,
porque sus genes no están siendo propagados; aunque sí puede interesar a machos
emparentados, que pueden contentarse con proteger a sus sobrinos y resobrinos,
que llevarán algo de su propia carga genética. Las sociedades de machos están
en el fondo basadas en el egoísmo.
Así pues, aún
no lo conocíamos todo acerca de los leones del Ngorongoro y el Serengeti (a
pesar de los documentales). Recientemente se ha descubierto que la jerarquía y
las peleas entre machos no son los únicos factores que determinan cuáles se
aparean, ya que las hembras, tímidamente, son capaces de realizar una selección
sexual. Ellas los prefieren con una melena larga y cuanto más oscura mejor. La
melena larga y oscura en los machos parece ser así un producto de las
elecciones de las hembras, aunque al parecer, también está relacionada con un
mayor vigor corporal.
Grupos de hembras
La situación en las sociedades de hembras no es muy distinta. Las hembras de un
grupo pueden matar a cualquier hembra transgresora de su territorio y la
cooperación en la caza sólo se produce cuando las presas son difíciles. Si una
leona intenta cazar una presa relativamente fácil, las demás no se molestan en
ayudarla y esperan que la presa sea abatida para reclamar su parte. Es
ventajoso no invertir esfuerzo para las hembras que pueden aprovecharse de
otras.
Este egoísmo se pone también de manifiesto en las tareas de amamantamiento de
los cachorros. Una hembra usualmente no sólo deja mamar a sus propios hijos,
sino también a otros cachorros de la manada. Pero la proporción en que esto
ocurre es considerablemente mayor en los grupos en que las hembras están
emparentadas.
A ninguna leona le gusta que le mame un cachorro que no esté emparentado con
ella. Este conflicto de intereses se pone de manifiesto cuando las hembras
están cansadas y necesitan dormir y deben sopesar entre ceder el valioso
recurso de la leche a un extraño o estar alerta para que esto no ocurra.
En la naturaleza, la pillería e insolidaridad absolutas están penadas por las
fuerzas de selección, ya que resultan poco prácticas. Pero las conductas
bonachonas e ingenuas tampoco están permitidas en el duro juego de la
supervivencia.
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