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¿Son las tupayas madres negligentes?
Las tupayas
son pequeños mamíferos parecidos a ardillas, de las selvas del sur de Asia. Son
insectívoros y algunos viven en los árboles, aunque como las ardillas, la mayoría
son semiterrestres. Son también llamadas “musarañas arborícolas”, aunque no están
relacionadas con las musarañas, y al parecer tampoco con los primates, con los
que fueron relacionadas después.
El hábito que
las hace más originales entre los mamíferos (sólo aparece un comportamiento
similar en el conejo común europeo, Oryctolagus cuniculus) es el exilio
al que condenan a sus pequeñuelos. Se ha documentado al menos en tres especies,
en condiciones seminaturales. La pareja de macho y hembra vive en un nido
construido por el macho y para las crías se habilita un segundo nido alejado del
de los padres.
La madre deja
a sus desvalidas crías (de una a tres, típicamente dos) en ese nido y las
visita muy de cuando en cuando (una vez al día o cada dos días). Las visitas son
muy breves (5 minutos) y la madre no se ocupa de limpiar a las crías. Esta
tarea la tendrán que realizar ellas mismas.
Los adultos
no van a recoger ni a atender a los cachorros si han salido fuera del nido.
Estos nunca emiten sonidos de aflicción y no adoptan la postura de encogimiento
de los cachorros de otras especies para ayudar a ser transportados. Esta resignación
recuerda el efecto la privación de cuidados sobre otras crías de mamíferos, que
se muestran incapaces de comunicar sus sensaciones.
La presencia
de las crías en las cercanías del nido de los padres puede provocar que estos
los maten y devoren. Si el olor con el que la hembra marca a sus crías cada vez
que las visita se disipa, las devorará. La orina de las crías es un repelente
para los adultos y si nacen en el nido de los adultos, se mudan de él al día
siguiente.
Este duro
desapego podría ser primitivo o derivado. Quizá representa una reliquia de las
conductas de los primitivos mamíferos, que aún no habían desarrollado los
cuidados parentales. En contra de esta hipótesis se puede argumentar que en
grupos de mamíferos claramente primitivos, como los insectívoros, los cuidados
parentales están altamente desarrollados.
Quizá ha
surgido secundariamente, como respuesta a diferentes presiones selectivas. La
principal ventaja de esta conducta es que la madre tiene así menos
probabilidades de conducir a los depredadores hasta sus pequeños. Pero las
desventajas son muchas: los jóvenes se ven privados del calor de sus padres y
de la protección frente a pequeños depredadores. Además, al ser la limpieza del
nido por parte de las propias crías menos efectiva, se atraerían más
depredadores que se guiaran por el olfato.
Sin embargo,
las crías no están tan desamparadas como parece. El hábitat en que viven estos
animales, las selvas tropicales con oscilaciones de temperatura mínimas, reduce
el riesgo de hipotermia de las crías. Además, la leche de las tupayas es
extraordinariamente rica en grasas, que ayudan a mantener el calor.
La madre da
una gran cantidad de leche en cada visita, de modo que las crías aparecen
hinchadas tras cada toma. Es una leche muy rica en proteínas, lo que permite un
crecimiento rápido y que el periodo de máximo desvalimiento pase pronto. Es muy
pobre en hidratos de carbono, por lo que las crías deben permanecer casi inmóviles
para no gastar energía.
Seguramente
las tupayas piensan que es mejor endurecer a sus crías desde el principio, para
prepararlas para la lucha por la vida, y ven con malos ojos a las mimadas y
blandas crías de los otros mamíferos.
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