Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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Pájaros que nunca se posan

 

 

 

Uno a veces se da cuenta de que ha llegado el verano cuando encuentra el primer pollo de vencejo posado en la calle. Ya está muy desarrollado y tiene el elegante aspecto de los adultos: el plumaje negro grisáceo, las alas largas y aflechadas, la cabeza con una cierta expresión orgullosa, como si fuera una pequeña ave rapaz.

Quizá se ha tirado del nido cuando ha notado que los padres tardaban en llevarle comida. Es incapaz de remontar el vuelo desde el suelo. Sus patas son demasiado pequeñas para impulsarle. Hay que cogerlo y lanzarlo con las manos. Si a pesar de ello vuelve a tierra, podemos llevarlo a casa e intentar mantenerlo hasta que pueda volar.

Cría de vencejos
He tratado de criar algunos vencejos con pan mojado con agua, mezclado con pienso para pájaros insectívoros (éste último no les gusta mucho), pero sólo me han durado algunas semanas. Recientemente me han informado de que la comida idónea para ellos es el pienso para gatos (gracias, Cristina). Para mí, era una tarea muy gratificante dar de comer a ese pequeño animal de aspecto tranquilo, pero que demostraba una voracidad insaciable, abriendo la boca desmesuradamente en cada bocado y tragando casi instantáneamente.

Tuve ocasión de experimentar lo que comenta el naturalista inglés Gerald Durrell, refiriéndose a pollos de distintas especies: “si cinco minutos después de haber introducido en una de estas criaturas tal cantidad de comida que el estallido parecía inevitable, volvía a pasar por su jaula, me recibía con un repertorio de actitudes y sonidos mediante el cual intentaba convencerme de su inminente muerte por inanición”.

Si lo llamaba desde lejos o me oía acercarme, iniciaba una serie de frenéticos movimientos y cantos. Era emocionante verlo acercarse desde el fondo de la jaula, moviendo torpemente su cuerpo con sus cortas patas y ladeándose a cada paso. Es un ave quisquillosa, y no permite que le acaricies la cabeza o el resto del cuerpo. Intenta picarte de un modo que no sabes muy bien si atribuir al ansia de comer o a un reflejo de defensa contra los picotazos de sus hermanos. Lo hace independientemente de si ha comido o no.

También es muy curioso que a veces intente tragarse tu dedo, mientras da unos aletazos mucho más violentos que los usuales cuando traga. Está un rato con el dedo metido en la garganta, como si lo usara como escobilla para que el alimento pase mejor. Lo desconcertante es que esta conducta también la presenta a veces cuando lo sacas de la jaula después de haber estado un rato sin comer.

Costumbres de los vencejos
Los vencejos son unos animales absolutamente fascinantes. Son quizá las aves que han llevado más lejos su compromiso con el vuelo, que realizan magníficamente, por medio de veloces planeos y cortos aleteos. Siempre cazan al vuelo y muchas veces atrapan insectos acróbatas como las moscas. Su boca es grande y la abren mucho para cazar eficientemente (hacen estragos en los enjambres de mosquitos).

Pueden permanecer varios meses sin posarse. Duermen en el aire o a veces en los nidos. Suelen congregarse en grandes grupos al atardecer y, en medio de un ruidoso tumulto, ascienden hasta grandes alturas para dormir. Copulan en vuelo e incluso gran parte de la labor de recogida de materiales para el nido la realizan en vuelo (cogen plumas flotantes y pajitas, por ejemplo).

El nido es una estructura en forma de copa que van haciendo crecer en sucesivas épocas de cría. Cementan sus distintos componentes con su propia saliva, que es pastosa. Esto es lo que comemos en los restaurantes chinos cuando nos ofrecen sopa de nido de golondrina. Suele proceder de cuevas en las que crían enormes congregaciones de vencejos, algunas veces a bastante profundidad. Los padres alimentan a los pollos con bolas de insectos que llevan debajo de la lengua.

Estas aves se han entregado de tal modo al medio aéreo que no pueden regresar a tierra. Nunca se posan en el suelo. Si caen a él, sólo pueden despegar de nuevo con un gran esfuerzo, por lo que siempre se lanzan desde cierta altura. Por eso siempre nidifican en paredes, precipicios, tejados o, más raramente, en huecos de los árboles. Suelen congregarse donde hay abundancia de insectos y son frecuentes en las ciudades y especialmente sobre los ríos, donde beben con un vuelo rasante.

Los vencejos europeos son aves migradoras, que pasan el invierno en África. Es una característica que comparten con otro grupo de pájaros muy afín en costumbres y aspecto: el de las golondrinas y aviones. Tienen en común sus habilidades voladoras, su modo de alimentación e incluso el uso de saliva para elaborar los nidos. Pero estas aves no han renegado de la tierra del modo radical en que lo han hecho los vencejos.

 

 

 

 

 

 

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