Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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Aire de familia

 

 Pipistrellus pipistrellus (murciélago enano)


Una característica tan distintiva de los mamíferos como las glándulas mamarias de las hembras son los labios. No aparecen en otros grupos animales y surgieron para apretar los pezones y que no se derramara la leche. Nuestros labios carnosos son un recuerdo de nuestra alimentación infantil (es posible que se mantengan en la edad adulta cumpliendo una función de atracción sexual). La leyenda que aparece en muchos lugares acerca de serpientes que van a mamar a los pechos de las mujeres (en algunos sitios se añade el detalle de que introducen la cola en la boca del bebé para que no llore) no tiene fundamento, entre otras cosas, porque las serpientes no tienen labios.

 

También son característicos de los mamíferos los carrillos y los músculos faciales, que nos permiten las expresiones. Estas adaptaciones permiten la masticación de la comida sin que se derrame por los lados de la boca. Los primitivos mamíferos desarrollaron varias adaptaciones para procesar mejor el alimento y ésta fue una de las razones de su éxito evolutivo. Algunos dinosaurios ornistiquios, al parecer, consiguieron también la capacidad de masticar, pero los mamíferos presentan varios perfeccionamientos. La mandíbula inferior está formada por un solo hueso, lo que le da solidez y le permite atacar bocados duros. Los dientes uniformes de los reptiles dan paso a la diferenciación dentaria de los mamíferos, con piezas especializadas en cortar, desgarrar y moler.

 

Podemos intentar un repaso de las características diferenciadoras de los mamíferos. Algunas representan un avance claro con respecto a otros animales, pero otras son simplemente caprichos de la evolución, recuerdos de cada una de las criaturas concretas que han formado nuestro linaje en la oscuridad del pasado.

 

Los mamíferos han transformado algunos de los huesos asociados a la mandíbula en los huesecillos del oído. También son los únicos animales orejudos. Gracias a todo ello, oyen mejor que los reptiles y han podido desarrollar la ecolocalización (cetáceos, murciélagos y algunos insectívoros) y una gran variedad de llamadas y quejas. Su olfato está también muy desarrollado y lo usan para detectar predadores y presas y en la comunicación intraespecífica.

 

En relación con esto, en los mamíferos hay una gran variedad de glándulas cutáneas que segregan sustancias olorosas. Pensemos en el codiciado almizcle de los ciervos almizcleros (a algunas personas no les parecerá tan atractivo cuando se enteren de que procede de glándulas de sus prepucios). Otras glándulas de la piel desempeñan variadas funciones. Las  glándulas sudoríparas permiten regular la temperatura. Las glándulas sebáceas permiten que el pelo esté impermeabilizado. La conjunción y evolución de las glándulas sebáceas y sudoríparas parecen haber originado las mamarias.

 

El pelo permite conservar el calor. Gracias a él, y a la grasa subcutánea, somos homeotermos y podemos desarrollar gran actividad. Nuestro corazón es poderoso y tiene cuatro cámaras, como el de las aves. Sólo tenemos un cayado en la aorta, el izquierdo (en las aves sólo persiste el derecho). Nuestra profunda respiración está asistida por una pared muscular que divide la cavidad torácica de la abdominal, el diafragma.

 

Nuestros glóbulos rojos son bicóncavos y no tienen núcleo. Si alguien quiere inculparnos de un asesinato manchando nuestras ropas con sangre de pollo, el engaño se notaría enseguida, porque los hematíes de las aves tienen núcleo.

 

Tenemos sólo siete vértebras en el cuello (salvo raras excepciones) y no tenemos costillas ventrales como los reptiles. Somos sinápsidos. Esto significa que tenemos un solo par de aberturas postorbitales en el cráneo. Las tortugas no poseen ninguna y los otros reptiles y aves poseen dos. Nuestros dientes están asentados en alvéolos de los maxilares. La mayoría presentamos sólo dos denticiones a lo largo de la vida (los manatíes son afortunados y cuentan con más relevos dentarios). Adquirimos la postura erguida (es decir, nuestras extremidades nos sostienen desde abajo y no se desparraman a los lados) un poco más tarde que los dinosaurios, pero ya está suficientemente perfeccionada.

 

Los mamíferos presentamos también una variedad de huesos raros. Muchos mamíferos tienen huesos en el pene y el clítoris (con gran variedad de formas). La rótula es uno de nuestros huesos sesamoideos, huesos anchos que refuerzan las articulaciones. Algunos presentan huesos dérmicos (por ejemplo, los armadillos) y nuestros propios dientes son huesos originados en la piel embrionaria. Algunos mamíferos, como los ciervos, poseen huesos en el corazón. Los marsupiales presentan huesos especiales para sujetar el marsupio. La inmensa mayoría de los mamíferos presenta cola (los humanos hemos renegado de nuestro origen y sólo conservamos un pequeño residuo; nuestra escasez de pelo es también notoria).

 

Muchas especies ven bien, aunque las aves nos superan en agudeza visual. Algunos mamíferos, como los primates, perciben bien los colores, aunque otros muchos presentan una visión del color reducida o incluso muy pobre. No es casualidad que los únicos mamíferos que a veces presentan colores chillones sean primates (algunos monos con partes de sus cuerpos rojas y azules). En general, los mamíferos suelen preferir la noche.

 

No hay apenas mamíferos venenosos, salvo unos pocos de grupos primitivos. Esto también puede influir en que no hayan desarrollado coloraciones espectaculares de advertencia.

 

Un seguro de supervivencia de los mamíferos es su paladar secundario falso, que separa las vías respiratorias de la alimentaria. De este modo, pueden comer y respirar con menos riesgos de atragantarse.

 

Han desarrollado de forma extraordinaria el encéfalo, en especial su parte frontal y la corteza, donde se realiza el procesamiento más complejo de la información. Han construido un nuevo cerebro por encima del de sus antepasados reptiles. Gracias a ello pueden jugar, construir herramientas, tender emboscadas, formar sociedades complejas, aprender y ser conscientes. El control de sus movimientos es más preciso que el de aves y reptiles, que se mueven “a saltos”. Los mamíferos mueven sus distintas partes con mucha más suavidad y eficacia.

 

Los riñones desembocan normalmente en una vejiga a través de los uréteres. Los conductos sexual y digestivo tienen aberturas al exterior diferenciadas (excepto en monotremas y algunos insectívoros). Los machos presentan pene eréctil y dos testículos (normalmente con escroto); las hembras, ovarios, oviductos, útero (no en los monotremas), vagina y clítoris (que permite el orgasmo a algunas especies). La cópula usualmente se realiza montando el macho a la hembra desde atrás. En los machos, los conductos genital y urinario presentan un tramo común, lo que no ocurre en las hembras. La mayoría no ponen huevos y mantienen mucho tiempo a las crías en el interior de la madre. Un grupo importante de ellos desarrolla una placenta, que alimenta al embrión. Aparece el ombligo. Nuestro sexo está determinado por un par de cromosomas sexuales (XY en los machos y XX en las hembras; en las aves el sexo que tiene los dos cromosomas sexuales iguales es el masculino).

 

Las crías son cuidadas por los padres durante mucho tiempo. Pocas especies son monógamas. Muchos de los terrestres viven en madrigueras y cubiles. Otros han desarrollado cuernos y pezuñas. Los machos muchas veces son mayores que las hembras (al contrario que en otros muchos grupos animales). A veces los machos compiten por las hembras y reúnen harenes. Algunos mamíferos hibernan y otros realizan largas migraciones a través del mar y de la tierra. Sólo una especie, el ratón cavador lampiño, presenta colonias comparables a las de los insectos sociales, aunque se presentan multitud de estructuras sociales, desde las especies solitarias y los grupos familiares a los grandes rebaños.

 



 

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