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Los antecesores de los animales
Coral fósil
Un artículo escrito en 1.980 por el
paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould acerca del origen de los animales
planteaba varias cuestiones de gran alcance.
¿Tienen todos los animales un origen
común? ¿De qué organismos unicelulares proceden? ¿Se han formado por agregación
de células independientes, o por ausencia de separación tras la división
celular? ¿Cuál es el grupo que dio origen a los animales con simetría bilateral
(es decir, todos, menos las esponjas y los cnidarios)?
Gould hace
un repaso de los hechos conocidos en la época: las esponjas proceden claramente
de agregados de células independientes, y los cnidarios (corales, medusas y
anémonas) al parecer también, pero no está claro que estén relacionados con el
resto de animales. Si no lo estuvieran quizá los animales bilaterales
procedieran de protozoos ciliados (del tipo del conocido paramecio o
zapatilla), cuyas células no se separaron tras la división.
Secuenciación molecular
El artículo termina prediciendo que la
respuesta a estas preguntas será conocida por medio de las técnicas, entonces
incipientes, de secuenciación molecular. Éstas se basan en que el material
genético de los organismos cambia con una tasa aproximadamente constante en el
tiempo. Por tanto, estudiar dos estirpes de organismos actuales y determinar
cuánto se diferencian sus secuencias moleculares equivale a estimar el tiempo
que hace que se separaron, a partir de un antecesor común.
Estas técnicas son bastante rutinarias
y no requieren de la imaginación e intuición que derrochaban los biólogos que
deducían relaciones de parentesco a partir de unas cuantas semejanzas
corporales, pero en contrapartida son mucho más fiables y están logrando
resultados espectaculares. Hoy parece que todas las cuestiones han sido
respondidas.
Un gusano de Sitges
La respuesta a una de las preguntas se
encontró en 1.999, estudiando un diminuto y nada llamativo gusano plano de las
playas de Sitges (Barcelona, España).
Un equipo de la Universidad de
Barcelona comparó en varios grandes grupos de animales las secuencias de un gen
que es crucial para la síntesis de proteínas. Debido a ello, aparece en todos
los organismos y cambia relativamente poco con el tiempo, por lo que es
adecuado para estudiar las relaciones de parentesco entre los grandes grupos.
Paratomella
rubra, el gusano en cuestión, perteneciente al grupo de los acelos, se reveló como el pariente actual más cercano al
antecesor común de todos los animales con simetría bilateral. Este grupo, que
consiguió notables ventajas para el desplazamiento y la captura de alimento con
respecto a los animales de simetría radial, procede de animales muy simples,
que no tenían aparato digestivo, excretor ni respiratorio, aunque ya disponían
de un sistema nervioso relativamente complejo y de unos órganos sexuales
bastante sofisticados.
El estudio permite también fechar de
forma aproximada cuándo aparecieron los primeros animales bilaterales. En el
registro fósil se encuentran siempre a partir de la explosión de diversidad
animal del Cámbrico, hace unos 570 millones de años.
Pero ahora hay evidencias de que se desarrollaron durante un periodo de tiempo
prolongado antes del Cámbrico.
En este caso, acertó la ardua biología
tradicional, basada en el estudio de semejanzas corporales. Se había postulado
que los acelos estaban en el origen de todos los
animales bilaterales y esta teoría, entonces iconoclasta, era expuesta como una
novedad en el artículo de Gould. Aunque parece que
estaba equivocada al vincular a los acelos con los
protozoos ciliados.
El protozoo antecesor
Un equipo de la Universidad de Wisconsin
(EE UU) anunció en 2.001 que había encontrado una gran semejanza entre varios
genes esenciales de animales y de un grupo de protozoos, los coanoflagelados. En concreto, uno de estos marcadores
moleculares no se ha encontrado más que en estos protozoos fuera del grupo de
los animales.
Los coanoflagelados
cuentan con un gran flagelo (o látigo), que les sirve para moverse. Este flagelo
está rodeado por una corona de pequeños cilios que crean corrientes hacia la
célula, lo que les permite alimentarse por filtración. Son muy semejantes a las
células que constituyen las esponjas y por tanto los biólogos venían
considerándolos como los antecesores de éstas.
Antes tenía aceptación la teoría de
que las esponjas eran una “vía muerta” evolutiva, un grupo sin relación con los
restantes animales. Pero los nuevos descubrimientos sugieren que todos los
animales proceden de coanoflagelados ancestrales que
constituyeron asociaciones de células, en el seno de las cuales se produjo una
especialización celular cada vez mayor, que generó los increíblemente variados
tejidos y órganos de los animales.
Nota: el texto de Gould se llama “¿Cabríamos dentro de una célula de una
esponja?” y está incluido en el libro “El pulgar del Panda” (Editorial Crítica,
Barcelona, España)
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