Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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Avispas ladronas de cuerpos

 

 Avispa icneumónida

 

Las avispas han desarrollado algunas de las estrategias de parasitismo más refinadas de la naturaleza. Existen especies que ponen sus huevos en los nidos de sus víctimas, para que las larvas se las coman; pero muchas atacan pequeños animales y los paralizan con el veneno de su aguijón.

Algunas especies lo inyectan sólo en los ganglios nerviosos, con lo que se reduce la cantidad o la potencia del veneno que deben inocular. Esto supone un enigmático conocimiento por parte de las avispas de la anatomía interna de sus presas.

Las avispas ponen sus huevos en estas presas paralizadas y sus larvas se desarrollan en ellas. Así aseguran su provisión de alimento fresco. Las larvas primero van devorando partes no vitales de sus hospedantes y terminan ocupando casi totalmente su cuerpo.

Parásitos de parásitos
Existen incluso algunos casos de avispas especializadas en parasitar las larvas de otras avispas parásitas. Algunas avispas aún no han transformado el ovopositor de su abdomen en aguijón para inyectar veneno. Pueden taladrar con él la madera y depositar los huevos en larvas de insectos que se alimentan en ella.

Algunas avispas se ahorran cazar a sus presas. Vigilan a otras avispas y en un descuido de éstas, depositan sus huevos en las presas que han paralizado. Las avispas explotadas de este modo han desarrollado variadas estrategias para defenderse: vuelan de modo errático y evasivo, construyen nidos falsos, sellan las aberturas de sus nidos cada vez que salen o los camuflan para que no sean detectados.

Alianzas asombrosas
Las avispas parásitas deben ser buenas zoólogas. Es decir, deben poder distinguir a sus hospedadores específicos del resto de animales. Para ello han desarrollado sutiles mecanismos. Muchas son capaces de detectar los olores que emiten sus víctimas. Como éstas procuran evitar la emisión de olores, las avispas han aprendido a reconocer los compuestos que liberan las hojas de las plantas atacadas por sus presas. Son capaces incluso de reconocer combinaciones de colores y olores y pueden ser adiestradas para asociar nuevas combinaciones. Este ejemplo (junto a otros) refuta las teorías que negaban la capacidad de aprendizaje en los insectos.

Incluso puede hablarse en algunos casos de asociación entre las plantas consumidas por insectos y las avispas que los parasitan. Las plantas que emiten mayor cantidad de sustancias olorosas al ser atacadas, tienen más posibilidades de ser auxiliadas por las avispas en su lucha. La selección natural habría reforzado con el tiempo esta alianza.

Pero quizá la alianza más asombrosa que han establecido las avispas parásitas es la de ciertas especies con un virus. El sistema inmunitario de algunas presas es capaz de destruir los huevos que depositan en ellas las avispas. Para evitar esto, algunas avispas alojan un virus y lo inoculan en las presas al mismo tiempo que los huevos. El sistema inmunitario de la presa está entonces ocupado rechazando al virus y los huevos pueden desarrollarse sin problemas.

Esta relación es tan estrecha que los genes del virus se han integrado en los de la avispa y cada avispa recibe en el momento de su concepción copias del genoma del virus procedentes de los padres. El virus ha renunciado a su estrategia corriente de tratar de reproducirse descontroladamente en las células de la avispa. Su éxito reproductivo está ligado al de la avispa y por esto le presta su ayuda para burlar el sistema inmunitario de sus presas.

 

 

 

 

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