Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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La historia de los caballos

 

 Eohippus

 

Los caballos, que nos cautivan por su elegancia y su fuerza, son en realidad unos perdedores. Representan, junto a los asnos salvajes y las cebras, el último vestigio de un grupo animal antaño próspero y diverso.

Los perisodáctilos, que engloban también a rinocerontes y tapires, fueron durante muchos millones de años el grupo dominante de mamíferos herbívoros. Surgieron poco después de la extinción de los dinosaurios y se diversificaron en multitud de formas, que incluían a Baluchitherium, un rinoceronte sin cuernos que fue el mayor mamífero que ha existido jamás, o a los Brontotherium, relacionados con los caballos, pero con cuernos de extrañas formas.

Perisodáctilos y artiodáctilos
Los perisodáctilos tienen un número impar de dedos. Junto con los artiodáctilos, de dedos pares, han evolucionado en el sentido de reducir progresivamente el número de dedos, y de andar apoyándose en las uñas, que se han fortalecido. Esto les permite correr más velozmente. La mayoría de los artiodáctilos tienen dos dedos en las patas, mientras que los perisodáctilos tienen tres (rinocerontes y tapires) o uno (équidos). Los artiodáctilos incluyen cerdos, hipopótamos, camellos, ciervos y vacas, y dominan el nicho ecológico de los grandes herbívoros.

Las razones de esta sustitución tan completa no se conocen bien, aunque se ha sugerido que el hecho de que la mayoría de los artiodáctilos sean rumiantes ha constituido una ventaja decisiva. Los rumiantes pueden comer rápidamente en lugares expuestos, y luego volver a masticar el alimento predigerido para continuar su fragmentación, en un lugar protegido de los depredadores.


Evolución de los caballos
Los caballos constituyeron en el pasado un grupo numeroso, que presentaba una notable variedad en la anatomía y el modo de vida de sus miembros. Se ha presentado su historia como una sucesión lineal a partir de un animal pequeño, habitante de los bosques y ramoneador de hojas, el Eohippus ('caballo del alba') o Hyracotherium. Este animal tenía cuatro dedos en las patas delanteras y tres en las traseras y molares de crestas bajas, más adaptados a procesar hojas blandas que hierbas duras. Los caballos evolucionarían aumentando el tamaño corporal y la altura de las crestas de las muelas, reduciendo el número de dedos hasta uno y cambiando bosques por praderas.

Pero la historia fue mucho más compleja. Hubo varias tendencias y experimentos, en respuesta a la ocupación de distintos hábitats. Hubo por ejemplo caballos con tres dedos, que aumentaron la altura de las crestas de sus muelas, como el Hipparion. Algunos aumentaron el tamaño aunque siguieron viviendo en los bosques, ramoneando hojas blandas, o tenían ya sólo un dedo, pero dientes primitivos.

La mayor parte de la historia evolutiva de los caballos ha ocurrido en América, sobre todo en la del Norte. Desaparecieron del continente en los comienzos de la historia humana. Se sospecha que el cambio climático y la presión cazadora de los hombres primitivos acabó con ellos, junto con otros muchos grandes mamíferos.

Pero afortunadamente, unos pocos caballos americanos cruzaron el hielo del estrecho de Bering durante la época glacial y se establecieron en las estepas de Eurasia y en las sabanas africanas. El caballo de Przewalski, de pelaje amarillento y crin erecta, descubierto en Mongolia, es seguramente uno de los antepasados de los caballos domésticos. Su silueta característica se reconoce en las pinturas rupestres de Francia.

Sólo unos pocos animales sobrevivían salvajes en su hábitat natural, aunque la introducción reciente de algunos caballos procedentes de zoológicos permite albergar esperanzas sobre la salvación de esta magnífica especie. Sin ella no se hubiera producido "la más noble conquista de la humanidad", tal y como definió el naturalista francés Buffon (1707-1788) a la domesticación del caballo.

 

 

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