Revista de
divulgación zoológica
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Animales catalépticos
Gorgojo haciéndose el muerto
Algunos animales son bastante teatreros y
llevan a cabo elaboradas representaciones para encandilar o aterrorizar (aunque
a veces se nota a la legua que sobreactúan y fracasan en su intento). Uno de
los papeles que interpretan con mayor concentración es el de difunto y no
pueden permitirse una mala caracterización porque corren el riesgo de
representar el papel a la perfección.
La táctica de fingir la propia muerte ante
la presencia de un depredador puede parecer paradójica. Nos cuesta pensar que
los depredadores se traguen un truco tan burdo. Pero frecuentemente lo hacen,
por varias razones: muchos animales no pueden arriesgarse a comer carroña, que
puede intoxicarlos gravemente (sólo animales con un aparato digestivo
especialmente preparado, como los buitres, pueden afrontar los riesgos de
infecciones y sustancias nocivas de la carroña); también la inmovilidad puede
hacer indetectables a las presas (los circuitos nerviosos de algunos
depredadores, como ranas y sapos, están preparados para dispararse sólo ante
presas en movimiento).
Los recursos expresivos de los animales
necromímicos son muy variados. La zarigüeya (Didelphis virginiana) no
sólo se queda completamente quieta, sino que además retrae los labios,
adoptando muy bien el rictus de la muerte. La culebra de collar (Natrix
natrix) es capaz de imitar muchos de los signos clínicos de la muerte:
llega incluso a introducir aire en su vientre, con los músculos completamente
relajados, semejando estar hinchada por los gases de la descomposición. También
deja colgante la lengua con la boca entreabierta y vuelve las pupilas hacia
abajo. Incluso puede dejar caer gotas de sangre de la boca.
Quizá uno de los ejemplos más sorprendentes
de muerte fingida es el del pez sapo. Cuando nota que no tiene escapatoria,
emite un sonido que recuerda un quejido lastimero. Da la impresión de estarse
asfixiando y empieza a perder color de forma gradual. Continúa con esta
representación durante dos o tres minutos y después recupera su aspecto normal.
Lo arriesgado de esta táctica de defensa es que parece requerir una cierta
paciencia por parte del depredador, que debería quedarse un ratito contemplando
la representación.
Otros animales, como muchos insectos y
arañas, practican estos engaños. Algunos gorgojos, como el de la foto, se dan
la vuelta sobre sí mismos con gran rapidez para caer de espaldas y subir las
patas hacia arriba, adoptando una pose de rigidez cadavérica un poco exagerada.
Otros muchos insectos que aparecen sobre las plantas, al acercarse un
depredador, adquieren una rigidez instantánea y caen al suelo cubierto por una
maraña de hierbas, con lo que son endiabladamente difíciles de localizar.
Es un poco conmovedora la credulidad de
algunos depredadores, porque algunas veces las presas intentan primero huir y
al verse acosadas es cuando imitan la muerte. A veces, confían en la
inmovilidad con la esperanza de que el depredador se distraiga en el último
momento con un mosquito que pase volando (algunos depredadores responden
compulsivamente ante estímulos móviles). Otros depredadores no son tan fáciles
de engañar y el éxito de la respuesta depende de que el animal sea capaz de
desplegar casi inmediatamente toda su parafernalia fúnebre, nada más detectar
la aproximación del depredador. A veces, algunos animales que han conseguido
una perfecta caracterización de estatua la estropean en el último momento para
salir corriendo (por ejemplo, el lagarto ocelado).
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