Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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Los orígenes de los mamíferos

 

  

 

Los mamíferos primitivos y sus antecesores inmediatos, los reptiles terápsidos, pugnaron por sobrevivir en un mundo sometido a los dinosaurios. Eran animales pequeños, tímidos y furtivos, que ocupaban los hábitats y el tiempo que los dinosaurios desdeñaban (los árboles, las galerías subterráneas y la noche).

Cuando los dinosaurios se extinguieron, los mamíferos pasaron a dominar la Tierra y protagonizaron una espectacular radiación adaptativa, que produjo desde las musarañas a la ballena azul, el mayor animal de la historia de la vida.

Este triunfo de los mamíferos, ¿estuvo motivado sólo por el golpe de suerte que supuso la eliminación de los dinosaurios o, por el contrario, fue largamente preparado durante su reinado?¿Por qué los mamíferos dominaron y no los lagartos, por ejemplo?

Características
Para la mayoría, los mamíferos son animales cubiertos de pelo, cuyas hembras amamantan a las crías. Pero para un paleontólogo un mamífero es un vertebrado que suele presentar varios tipos de dientes, cuya mandíbula inferior está formada por un solo hueso, y que tiene una serie de huesecillos en el oído, independientes tanto de la mandíbula como del resto del cráneo. En el registro fósil estos son los datos que nos permiten afirmar si un animal es mamífero o no, ya que el pelo y los tejidos blandos no suelen conservarse.

Se pueden trazar tendencias evolutivas en el grupo de los reptiles mamiferoides, de los cuales los terápsidos fueron los más avanzados. Estos animales suelen presentar una reducción del número de huesos de la mandíbula, una progresiva diferenciación de los dientes en varios tipos adaptados a distintas funciones y una liberación de los huesos del oído.

Estos cambios, aunque parezcan pequeños, ofrecen algunas posibilidades nuevas. La especialización de los dientes en piezas adaptadas para desgarrar, cortar y moler, redunda en un mejor procesamiento del alimento y un mejor aprovechamiento de su energía. Esto se relaciona con la postura casi erecta que los terápsidos llegaron a adoptar (ya erecta en los mamíferos primitivos), que permite más actividad, pero requiere mayor consumo de energía.

Conservación del calor
Los mamíferos primitivos y sus antecesores debían ser activos y rápidos para escapar de los dinosaurios. Además eran pequeños. Estas tres características provocan un gran gasto energético (los animales pequeños pierden más fácilmente calor que los grandes). Además, actuaban de noche, cuando no hay aporte externo de calor. Debido a todo esto, existiría una gran presión selectiva a favor de que desarrollaran mecanismos de aislamiento térmico, como el pelo.

Mantener a las crías dentro del cuerpo y permanecer cerca de ellas cuando nacían, en principio se debió seguramente a la necesidad de conservar su calor, pero abrió otra serie de posibilidades. Esto potenciaba los vínculos sociales, propiciaba que los padres enseñaran cosas a las crías y seguramente influyó en el desarrollo de la inteligencia de los mamíferos.

Un mundo de olores y sonidos
Vivir en un mundo nocturno de grandes amenazas estimuló el desarrollo del cerebro. Los dinosaurios serían fundamentalmente animales visuales, pero los antecesores de los mamíferos fueron animales que dependían crucialmente de su oído y sobre todo, de su olfato.

Una señal visual requiere poco procesamiento cerebral, porque aporta ya directamente mucha información. Si un dinosaurio veía un animal pequeño, su cerebro interpretaba que debía comerlo, y si veía uno grande, que debía huir.

Pero en un mundo de olores y sonidos, sólo existen indicios de las presas y las amenazas. Ante un olor, un mamífero debía recordar qué animal lo producía, deducir dónde podía encontrarse o cuánto tiempo hacía que el animal había estado allí. Estas tareas requieren un procesamiento de la información más elevado. Los huesecillos libres del oído de los mamíferos transmiten mejor el sonido y permiten una discriminación más fina. La interpretación de los sonidos también sería un factor potenciador de la inteligencia.

Vemos pues que varias tendencias evolutivas convergieron en los mamíferos hacia una mayor inteligencia. Y ya sabemos que la inteligencia es el as ganador en muchas de las partidas que juega la naturaleza.

 

 

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