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La inteligencia de los pájaros de mal agüero
Cascanueces norteamericano (Nucifraga
columbiana)
Los cuervos,
grajos, urracas y similares han sido ridiculizados a través de los siglos por
sus graznidos chirriantes y su fúnebre aspecto y detestados por la creencia de
que eran de mal agüero. Se las ha considerado aves ladronas, oportunistas y
despiadadas, pero no merecen esa mala fama. Sus conductas incluyen algunas de
las más sorprendentes de todo el reino animal.
Los córvidos son una familia de pájaros adaptados a una dieta generalista, que incluye todo tipo de alimentos (en ese
aspecto son el equivalente entre las aves a las ratas y ratones). Han optado
por no especializarse y eso significa que han de estar atentos para detectar
cualquier posibilidad de alimento en el lugar que se presente.
Han de ser curiosos, atrevidos y astutos para aprovechar las oportunidades. Por
ello suelen aparecer en las cercanías de los asentamientos humanos, donde otros
animales de conducta alimenticia menos flexible no pueden prosperar.
Muestras de inteligencia
Los córvidos son, junto a los loros, las aves más inteligentes, y en muchos
aspectos su inteligencia se equipara a la de los primates. Son capaces de
resolver problemas, de usar e incluso fabricar herramientas, de memorizar una
gran cantidad de datos, de cooperar en variadas tareas para mejorar su supervivencia,
de desarrollar complicados juegos y de imitar la voz humana. Además, hace poco
se ha comprobado que las urracas se reconocen en los espejos, lo que implica un
grado de autoconciencia que sólo se había observado en simios antropomorfos,
delfines y elefantes.
Algunos córvidos de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides) fabrican utensilios a partir de ramitas,
que usan para sacar a los insectos de las grietas. Pueden darles formas
distintas para adecuarse a cada caso concreto. Experimentos recientes muestran
conductas aún más adaptables: por ejemplo, pueden doblar alambres para fabricar
ganchos con los que extraer comida de otro modo inaccesible. Muchos otros
córvidos rompen los mejillones, las tortugas o las nueces de los que se
alimentan lanzándolos desde gran altura sobre terreno rocoso. Algunos han
aprendido que si lanzan estos objetos sobre las carreteras, los coches abren
los caparazones y sólo tienen que bajar a comer cuando dejan de pasar.
Otros han aprendido a usar a otros seres en su beneficio. A veces acechan a las
ardillas que se meten en los cubos de basura, donde los córvidos no pueden
acceder, para buscar comida. Cuando la ardilla sale, el pájaro la ataca y hace
que abandone su comida. Incluso pueden usar al hombre. Hay córvidos que han
aprendido a explotar ciertos artefactos que construyen los pescadores, que
avisan de cuando ha picado un pez por medio de una bandera, para obtener
pescado con un mínimo esfuerzo.
Un ejemplo espectacular de resolución de problemas lo ofreció una corneja
cautiva a la que le gustaba la comida húmeda, aunque a veces se la daban seca.
Una vez se le ocurrió usar una taza de plástico que le habían dado como
juguete, para ponerla debajo de un chorro de agua, y llevarla hasta la comida,
donde la vació. Si derramaba el agua en el camino, volvía a llenarla al chorro.
Los cuervos son capaces de apilar galletas para poder llevárselas todas.
También pueden contar al menos hasta siete.
¿Significan
estas conductas que los córvidos usan el razonamiento, es decir, que evalúan
mentalmente entre varias alternativas y escogen la que consideran más adecuada?
Las investigaciones recientes de Bernd Heinrich y Thomas Bugnyar parecen
indicar precisamente eso. Ofrecieron a cuervos maduros comida colgada de un
cordel. En lugar de empezar a hacer pruebas y aprender de sus errores, los
cuervos se quedaron varios minutos aparentemente pensativos, y a continuación,
encontraron a la primera la solución correcta: izar la cuerda, sujetar el trozo
izado de una vez con las patas, tirar de la cuerda de nuevo y volver a sujetar
hasta que alcanzaron la comida. Este comportamiento no puede ser instintivo,
porque los cuervos no encuentran esta situación en la naturaleza. La compleja
coordinación entre las acciones parece excluir que lo consiguieran por
casualidad. Los cuervos jóvenes no acertaron a conseguir la comida, lo que es
un indicio de que aún no habían alcanzado la madurez intelectual suficiente.
La sociedad de los córvidos
Un reflejo (y también una causa) de la gran inteligencia de los córvidos es su
compleja organización social (lo que hace que sean fácilmente domesticables).
Suelen vivir en pequeños grupos, en los que la unidad básica es una pareja que
suele ser muy estable a lo largo de los años. Han desarrollado una gran
variedad de interacciones sociales.
Éstas incluyen la emisión de señales de alarma ante depredadores, la unión de
varios individuos para hacerles frente (aunque muchas veces no hace falta,
porque exhiben un vuelo acrobático que les permite burlar fácilmente a halcones
y otras rapaces), la caza cooperativa, la ayuda a la pareja en el cuidado de
los pollos por parte de otros individuos e incluso el juego.
Otra conducta muy desarrollada entre los córvidos es la de almacenar comida en
tiempos de abundancia. La esconden en múltiples sitios y al cabo del tiempo
recuerdan casi todos los lugares donde tienen comida guardada. Al realizar esta
tarea en un entorno social, los cuervos tienen que evitar que la comida que esconden
sea encontrada por otros y a veces preparan escondites falsos para despistar a
los intrusos. Cuando esconden comida y ven que un congénere les ha observado,
la cambian de lugar después de que éste se haya ido (y los que más precauciones
toman son los que a su vez antes han sido ladrones de comida...). Pero lo más
impresionante es que, según muestran Heinrich y Bugnyar, los cuervos son capaces de reconocer a los
individuos que han observado antes dónde escondían los trozos de comida, y con
ellos se muestran mucho más recelosos y precavidos. Si se presenta un cuervo
que no estuvo presente en la zona cuando escondió la comida, el dueño no se
preocupa. Los mismos resultados se observan si los cuervos son expuestos a la
presencia de un humano hostil, que saquea sus escondites, y otro benévolo, que
los respeta. Los cuervos tienen la capacidad de reconocer a los individuos y
evaluar su grado de conocimiento (lo que puede ser el primer paso hacia “una
teoría de la mente”, necesaria para que los individuos puedan interactuar en
entornos sociales muy complejos).
En condiciones naturales, algunos córvidos jóvenes juegan a acercarse a
diferentes distancias a los depredadores, e incluso, a picarles por la espalda.
Así adquieren las destrezas necesarias para esquivarlos y por eso pueden
alimentarse junto a ellos de los cadáveres que han cazado, cuando otros
animales no se atreven a acercarse. También juegan a recoger todo tipo de
objetos del suelo para adquirir habilidad con el pico. Otros juegos se han
descrito entre individuos domesticados. Se tiran unos a otros de las colas,
rozan sus picos, se pasan objetos de unos a otros con el pico e incluso se
burlan: uno de ellos aparenta que va a entregar un objeto y cuando el otro va a
recogerlo, el primero lo retira rápidamente. Esta capacidad de jugar es
distintiva de los animales verdaderamente inteligentes.
Los córvidos
disfrutan además con otra variedad de bromas. Les gusta reunir y esconder todo
tipo de objetos y despertar a animales dormidos. Gerald Durrell cuenta que tenía
unas urracas que imitaban el reclamo de la criada para llamar a las gallinas a
comer, y que disfrutaban emitiéndolo cuando ya las gallinas se habían retirado
a dormir, aparentemente sólo por el alborozo que les producía engañarlas.
Texto vivamente recomendado: el capítulo “Sempiternos camaradas”, sobre las experiencias que tuvo Konrad Lorenz con las grajillas, de su libro El anillo del rey Salomón .
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