Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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Animales indestructibles

 

 Lagartija colilarga (Psammodromus algirus)

 

 

En las películas de ciencia-ficción suelen aparecer monstruos que recomponen sus partes dañadas y son capaces de regenerarse incluso tras ser partidos por la mitad. En el mundo animal se hacen realidad muchas de estas pesadillas.

Pero esta práctica no debe producirnos angustia: los animales que se reconstruyen tras sufrir brutales agresiones podrían proporcionarnos una curación para muchas enfermedades.

Muchos invertebrados de estructura simple tienen un gran potencial de regeneración. La hidra, un pequeño animal relacionado con corales y medusas, se ha convertido en el emblema de esta capacidad al compartir con el legendario monstruo griego del que toma su nombre tanto el aspecto como la posibilidad de regenerarse. La corona de tentáculos del animal recuerda a la cabeza con serpientes del monstruo y los tentáculos brotan tras cortarlos como ocurría con las serpientes.

Invertebrados que se multiplican

Las lombrices de tierra, al ser cortadas en dos, pueden reconstruir el cuerpo completo a partir del extremo que tiene la cabeza. El extremo que tiene la cola, si supera una cierta longitud, empieza a regenerarse, pero al producir un animal con dos colas, muere.

Las estrellas de mar hacen crecer fácilmente sus brazos amputados e incluso pueden regenerar el cuerpo completo a partir de uno solo de los brazos, si conserva un trozo del disco central.

Las holoturias o pepinos de mar, unos parientes cercanos de las estrellas de mar, expulsan a través de la pared del cuerpo o por el ano una masa visceral que contiene algunos de sus órganos, si son atacadas por depredadores. Esta radical estrategia tiene por función ofrecer alimento al depredador para que se distraiga y le permita huir. Los órganos perdidos son fácilmente producidos de nuevo.

Los pulpos también pueden regenerar sus brazos, que pierden en los combates con sus presas, o que se comen ellos mismos cuando tienen mucha hambre.

El caso más sugerente entre los invertebrados es el de las planarias, unos gusanos planos de estructura muy simple, que son capaces de regenerarse aunque se las parta en 300 trozos. Tienen cierta capacidad de relacionar estímulos, como el de una luz brillante seguida de una descarga eléctrica. Si se parte a un animal entrenado en dos mitades, cada una de ellas regenera un cuerpo completo, que recuerda lo aprendido.

Los animales con dos cerebros aprenden antes y el recuerdo aparece sólo si en el trozo original había una parte de cerebro, pero hay algunos indicios de que la memoria no radica sólo en este órgano. Si se da de comer a estos gusanos trozos de congéneres suyos que ya habían aprendido, aprenden antes. La memoria estaría distribuida en forma de sustancia química por todo el cuerpo.

Esto se ha demostrado al cortar a gusanos entrenados y hacerlos regenerarse en un medio que contenía un compuesto químico borrador de la memoria. Los gusanos no recordaban.

La regeneración en los vertebrados
Conforme los animales van aumentando su complejidad, van perdiendo estas fantásticas facultades de reparación. Pero incluso en animales tan complejos como anfibios o reptiles se conservan en un grado notable.

Muchos lagartos regeneran las colas que entregan a los depredadores para poder escapar (y que se contorsionan nerviosamente tras la amputación para distraerlos). Pero esta capacidad es imperfecta: las colas sólo se regeneran si se rompen a través de unos planos de fractura o puntos débiles entre las vértebras. La cola nueva tiene todas las funciones de la original, pero ya no puede desprenderse.

Los anfibios pueden regenerar muchas partes de sus cuerpos. Muchas salamandras, como el ajolote, pueden regenerar colas, patas, ojos, mandíbulas, riñones e incluso trozos de corazón.

Posibilidades fabulosas
Esta capacidad de regeneración parece más propia de vegetales que de animales. Muchos de los más simples, como planarias o hidras, poseen dispersas en sus cuerpos agrupaciones de células madre, que conservan intacta su capacidad de división y diferenciación (como los tejidos especializados en generar nuevos brotes en las plantas, los meristemos).

 

Cuando el animal sufre un daño, señales locales producidas por las células del entorno informan a las células madre de en qué tipos celulares han de convertirse. Estas señales sirven también para activar la transformación de células adultas en células madre, en otros animales más avanzados, en los que no se conservan esas poblaciones pluripotentes.

 

Los biólogos están empezando a desentrañar, usando a muchos de estos animales como modelo de estudio, los mecanismos que permiten el desarrollo de nuevos órganos para reemplazar a los originales. Al parecer, los mismos genes que actúan en los gusanos están presentes también en nosotros. Se está descubriendo que la interacción de dos familias de proteínas específicas proporciona a las células información sobre el lugar del cuerpo en el que se encuentran y sobre los tipos celulares en los que deben transformarse.

Quizá en un futuro cercano el crecimiento de un dedo cortado no nos sorprenderá más que el de las uñas o el pelo.



 

 

 

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