Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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 Las hormigas, dueñas de la Tierra

 

 Hormigas con crías

 

 

El de las hormigas es uno de los grupos animales con más éxito. Comprende más de 20.000 especies. Ocupan casi todos los hábitats y todas las regiones geográficas. Su número de miembros es tal que en algunos ecosistemas su peso supone la décima parte del de todos los animales.

La razón de esta primacía es la compleja estructura de su comunidad, que actúa como un todo orgánico. Dentro de ella, las hormigas no compiten entre sí, dividen el trabajo entre varias castas especializadas y cooperan para realizar múltiples tareas.

Este panorama es muy distinto al de la mayoría de las especies animales, en cuyo seno los individuos establecen feroces pugnas para acaparar recursos y propagar sus propios genes. Los comportamientos altruistas sólo están extendidos entre parientes cercanos. Dado que un animal comparte un porcentaje de su herencia genética con sus parientes, beneficiarlos es beneficiar también a sus propios genes. El biólogo británico J. B. S. Haldane ejemplificaba esta afirmación diciendo que daría su vida por dos hermanos o bien por ocho primos hermanos.

 

Las hormigas tienen buenas razones para ser altruistas: muchas de las obreras de una colonia son hermanas, descendientes de la misma reina (hay unas pocas reinas o una sola). Además, debido a su peculiar modo de determinación del sexo (los huevos no fecundados dan lugar a machos y los fecundados a hembras), las hermanas comparten una proporción de genes más elevada que en otros grupos animales.

 

Los negocios de las hormigas


La complejidad de las sociedades de hormigas ha generado actividades inquietantemente parecidas a las de las sociedades humanas. Algunas pastorean pulgones y orugas para extraerles jugos azucarados con los que se alimentan, otras cultivan hongos en el interior de sus hormigueros, otras establecen alianzas con las plantas y las defienden a cambio de que éstas les construyan alojamientos o les proporcionen alimento (en la selva amazónica unas hormigas crean bosques, los llamados “jardines del diablo”, formados por una sola especie de árbol, pues atacan los incipientes brotes de todas las demás). Incluso existen especies que tejen sus nidos con seda y usan herramientas.

El parecido con las sociedades humanas llega aún más lejos: las hormigas legionarias forman hordas asesinas que invaden las sabanas arrasando la vida a su paso. Las hormigas conocen muchas tácticas bélicas: mandan avanzadillas de exploradoras, buscan los flancos y la retaguardia de sus enemigos, sitian hormigueros, obligando a sus ocupantes a pasar hambre, o cuentan con cuerpos de “ingenieros”, que destrozan las barreras físicas del enemigo para facilitar la invasión. Algunas hormigas realizan incursiones en otros hormigueros, disfrazándose con el olor de una nativa previamente secuestrada, para saquear sus despensas. Algunas hormigas esclavistas raptan las pupas de las obreras de otra especie, las trasladan a su hormiguero y las obligan a trabajar en su beneficio cuando alcanzan la madurez. En otros casos, una reina aislada da un golpe de mano: mata a la reina de otra colonia y, de un modo misterioso, obliga a las obreras a que alimenten a sus descendientes.

La civilización de las hormigas

 

Las hormigas desarrollan muchas estrategias complejas, se comunican de muy diversos modos entre sí e incluso, como se ha descubierto recientemente, pueden aprender unas de otras (hay hormigas que se dedican a instruir a otras sobre las rutas hacia los alimentos). El naturalista Frits W. Went especuló con la posibilidad de que las hormigas hubieran alcanzado un desarrollo técnico que hubiera impedido el de la humanidad. Pero observó que hay muchas cosas que, debido a su tamaño, las hormigas no pueden hacer. No pueden encender fuego (el tamaño de la mínima llama estable es mayor que el suyo) ni usar arcos, martillos, picos o hachas (la efectividad de las herramientas está seriamente influida por su tamaño). No podrían fabricar libros para leer, porque sus delgadas hojas se pegarían debido a las fuerzas adhesivas entre las superficies. Tampoco podrían hablar, porque no tienen pulmones que impulsen una corriente de aire interior que mueva unas cuerdas vocales o alguna estructura similar. Su civilización tampoco podría alcanzar un gran refinamiento, dado que no pueden lavarse con agua (les cuesta mucho trabajo romper la tensión superficial de una gota de agua, y en el caso de que entren en ella no pueden salir).

¿Y si hubieran crecido de tamaño para superar estas limitaciones? Para tranquilidad de los humanos, no son posibles las hormigas gigantescas. El tamaño de un organismo impone restricciones insalvables a la forma que puede adquirir. Las delgadas patas de las hormigas serían incapaces de sostener un peso mucho mayor, su esqueleto externo perdería su eficacia mecánica, sus sistemas internos no distribuirían adecuadamente los nutrientes, sus métodos de disipación de calor resultarían insuficientes... Si crecieran, no les quedaría más remedio que dejar de ser hormigas.

 

 

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