Revista de
divulgación zoológica
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Insectos de otro tiempo
A veces te das cuenta de que
mañana no tienes que ir a la escuela, muchos años después de que la
abandonaste. Los insectos y similares tienen también la facultad de llevarte a
la infancia. Las hormigas suelen ser los primeros animales que conocemos bien.
He disfrutado mucho al dar un curso de naturaleza a niños y al preguntar a las
personas mayores y recuperar de pronto las pequeñas leyendas y supersticiones
(cualquier tontería que nos dijeran en aquella época podía tener un gran
significado).
Investigamos
las trastadas que hacían los niños antes: desde la inocente broma de mover la
tela de la araña para que salga creyendo que ha cazado algo, hasta prácticas
bastante sádicas, como coger una hormiga de un hormiguero e introducirla en
otro (las consecuencias son nefastas para ella), o matar a una y observar cómo
las otras parece que la llevan a enterrar. Las viejas costumbres: poner una
gran mariposa (la nocturna Saturnia pyri), viva e inmóvil, en el pecho, como un broche,
como un adorno barato de los tiempos de la escasez. El miedo: la supuesta
variedad de cosas terribles que pueden hacer con sus pinzas las tijeretas o rapaculos, la visita ineludible que vas a recibir si ves
volar ante ti una determinada especie de abejorro. La extensa mitología de los
seres sanadores de verrugas. Las coplillas, influenciadas por el ambiente
machista de antaño: “Vete, Teresa, que viene tu marido y te corta la cabeza”,
sobre las mantis.
Alacrán (Buthus occitanus)
Una vez a la
semana nos dejábamos caer por las veredas y por medio de los olivares. Como
veíamos muy pocos bichos, los niños se abalanzaban hacia toda piedra grande que
encontraban. Nunca ponderaban bien el tamaño y era conmovedor verlos intentando
mover piedras enormes. El ecosistema “debajo de piedra” es el que más
profundamente conocemos. Algunos triunfos de caza mayor han sido las
escolopendras, los escorpiones, las grandes arañas negras del grupo de las
tarántulas tropicales o Dysdera crocata, de
tremendos quelíceros. También vimos una pequeña araña
de la familia de las viudas negras. Ésta no la cogimos.
Curica (Meloë
majalis)
Los niños se
dedicaban a escupir profusamente a todo ejemplar de curica
(Meloë majalis)
que se encontraban, para que segregase su impresionante líquido rojo. No sé por
qué les escupen en lugar de simplemente tocarlos un poco. Quizá son reminiscencias
de algún antiguo ritual. Suelen tener una cierta aprensión ante esta extraña
estrategia de defensa, aunque hay otras que no les amilanan demasiado. Les
llaman mucho la atención los gritos de ratón de Cerambyx
cerdo y otros grandes escarabajos, así como la chillona defensa de la
mariposa de la muerte. Lo del dibujo de la calavera no les asusta, porque no se
veía demasiado bien en los ejemplares que cogimos, aunque sí nos impactó
encontrar una de sus enormes pupas, que movía frenéticamente su abdomen.
Gorgojo (Brachycerus sp.)
haciéndose el muerto
Vimos
asombrados la nube explosiva que Brachinus
emite por su región anal y cómo un gran gorgojo se hacía el muerto levantando
las patas hacia arriba (la postura de muerto era un poco exagerada, la verdad).
A los niños les cuesta un poco comprender cómo estas tácticas de defensa tan
burdas pueden disuadir a los depredadores, pero yo les explico que no sabemos
cómo perciben ellos el mundo y que estas representaciones pueden suponer un shock para ellos. Sí entienden mejor la táctica de defensa
de las chinches hediondas, a las que usan para gastar bromas. También
comprendimos muy bien cómo se defiende cierta polilla de la familia noctuidae, pues nos pareció a todos una cagada de
pájaro hasta que la tuvimos delante de las narices.
Polilla excremento de pájaro (Acontia lucida)
Vimos la
espuma donde se refugian las ninfas de las cigarrillas, los estuches de las frigáneas, los escarabajos rinoceronte y los escorpiones de
agua. Comprobamos con qué fuerza puede morder un Ocypus
olens y cómo curva su abdomen como si fuera un
escorpión, para amenazar. Varias veces encontramos a la araña cangrejo Thomisus onustus,
dando cuenta de moscas de las flores mucho más grandes que ella. La vimos
camuflada entre flores de varios colores: amarillas, blancas o rosadas.
Larva de luciérnaga (Lampyris
noctiluca)
Los niños
comprobaron cómo brillan las luciérnagas en la oscuridad. Tienen un instinto científico
bastante desarrollado, aunque desconsiderado: disfrutan empujando a pobres
presas hasta las trampas de las hormigas león, para que se escurran y sean
devoradas, o arrancando las antenas a las hormigas, para que no se reconozcan y
empiecen a pelear. Además, realizan experimentos para comprobar el efecto de
cualquier acción imaginable sobre la capacidad de supervivencia de los
insectos.
No han
aprendido mucho, pero por ejemplo ya saben distinguir un grillo macho de uno
hembra. Esto ya me parece un conocimiento considerable. También quizá recuerden
alguna vez que les expliqué dónde ponían los huevos las mantis y las
cucarachas, aunque son unos niños un poco despistados. Pero como son tan
salvajes, todavía andarán más por el campo y se les pegarán algunas cosas.
Las moscas
evocan todas las cosas, decía Machado. Es verdad, o al menos algunas
importantes. También los pececillos de plata, las cochinillas de la humedad,
los saltamontes y los opiliones. Tratad de evocar el
olor de vuestras viejas cajas con gusanos de seda y hojas de morera. Yo me
concentré hace unos meses y me vino de pronto, aunque lo perdí en seguida y no
he vuelto a recordarlo.
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