Revista de
divulgación zoológica
Inicio Archivo de artículos Archivo animal de la
semana
Actualidad Enlaces Sobre nosotros
La búsqueda de la invisibilidad
Beroe, un ctenóforo (los brillos iridiscentes se producen al iluminarlo con
un foco)
En las grandes
profundidades marinas, el más tenue y fantasmagórico destello de luz puede significar
la vida o la muerte. Las células individuales de la retina de nuestros ojos son
capaces de dispararse ante fotones individuales, aunque no somos conscientes de
esa visión. Los ojos de estos animales deben ser capaces de percibir poco más
que eso. Por cierto, recientemente se ha descubierto que las células de
nuestras retinas establecieron una antigua simbiosis con algas que nos
prestaron sus fotorreceptores. Cada vez está más claro que somos un extraño
amasijo de bacterias y otros tipos de células que se asociaron en el pasado
remoto.
En las
profundidades del mar, los animales son capaces de usar la luz de muchas
formas. La mayoría de los organismos la producen de alguna u otra forma y
poseen receptores muy sensibles hacia ella, capaces de percibir la pequeñísima
diferencia de iluminación entre el fondo y la superficie del mar, y la luz
espectral producida por la agitación de las partículas orgánicas.
Algunos animales usan señuelos luminosos
para atraer a las presas, al tiempo que su cuerpo está desdibujado por manchas
luminosas irregulares; otros usan la luz como arma disuasoria contra
predadores, a los que envuelven con una masa pegajosa luminosa que los hace
detectables por predadores mayores.
Otros animales producen luz en la parte
inferior de su cuerpo para eliminar su sombra y pasar inadvertidos para
depredadores que acechan desde abajo. Ciertos gusanos “vomitadores” escupen una
nube luminosa para esconderse entre ella y desconcertar al atacante, de modo
similar a la nube de tinta de los calamares. Algunas medusas se desprenden de
sus tentáculos brillantes para conseguir el mismo objetivo.
En aguas muy escasamente iluminadas, hay
peces que escudriñan hacia arriba en posición vertical, buscando la sombra de
las presas. Pero muchas de ellas son prácticamente transparentes, o bien
presentan un pigmento corporal rojo, que absorbe la luz disponible, azul
verdosa, y no la refleja.
Muchos animales detectan sutiles
diferencias de luz para regular su profundidad y otros cambian su forma ante el
ataque de depredadores para aparentar ser una especie poco apetitosa. En un
ambiente tan poco iluminado, basta con enrollarse o estirarse para confundir al
atacante.
Animales transparentes
Muchos
animales marinos lentos, torpes y perfectamente comestibles, basan su defensa
en la invisibilidad. Han conseguido un sueño antiquísimo del hombre. Pero es
cierto que en el agua es mucho más fácil ser invisible que en el aire, porque
la composición de las células animales es similar a la del agua y por tanto
tiene un índice de refracción similar a la de ésta. En el aire, la luz se
desvía mucho al pasar del medio aéreo al medio acuático de nuestras células
(suponiendo que éstas no contuvieran ningún tipo de pigmentos) y los animales
son fácilmente detectables. A pesar de ello, las ranas del género Centrolenella
presentan la parte inferior de su cuerpo transparente y se pueden ver sus órganos
internos.
Muchos
animales del mar, como medusas, ctenóforos, crustáceos, cefalópodos o peces,
son transparentes. Dejan pasar de un 20 a un 90 por ciento de la luz que incide
en sus cuerpos. La invisibilidad aparece a cualquier profundidad y contrariamente
a lo esperado, los animales de cerca de la superficie, donde hay mucha luz, no
son más transparentes que los de aguas profundas, donde la luz es muy escasa.
Incluso en el
animal más perfectamente transparente habría zonas no transparentes. La retina,
por ejemplo: para que un animal pueda ver tiene que proyectar alguna imagen en
una pantalla. Algunos animales reducen este problema alejando los ojos del
resto del cuerpo por largos pedúnculos; otros han reducido su retina y conducen
la luz hacia ella a través de una especie de cables de fibra de vidrio; otros
tienen retinas pálidas y delgadas.
También el
contenido de su aparato digestivo sería visible. Para minimizar este hándicap,
el estómago apunta hacia abajo y los depredadores que acechan desde abajo
tienen problemas para verlo a contraluz. Otros animales lo recubren de
sustancias reflectantes, como si fuera un espejo (este mismo efecto persiguen
las escamas de los peces).
Uno de los
requisitos básicos para la invisibilidad es que el animal tenga poco grosor (y en
especial su piel, que absorbe y refleja mucha luz). La mayoría de los animales
transparentes tienen forma de cinta o lámina delgada. Otras adaptaciones
apasionantes se refieren a la estructura microscópica de sus tejidos,
especialmente “diseñada” para aprovechar la naturaleza ondulatoria de la luz y
conseguir que el índice de refracción de los tejidos sea aún más similar al del
agua.
Los distintos
tejidos de un animal tienen normalmente índices de refracción distintos y
dispersan cantidades diferentes de luz, pero con un diseño óptimo se puede
reducir al mínimo la cantidad de luz que dispersa el animal. Por ejemplo, estos
animales dividen sus reservas de grasa en muchísimas gotas pequeñas, en lugar
de en unas pocas grandes, como otros animales, con lo que la dispersión de la
luz es menor y son menos detectables.
Los animales
sacan provecho de su invisibilidad de diversas formas: ciertos sifonóforos
tienen tentáculos claramente visibles junto a cuerpos casi perfectamente
transparentes. Los tentáculos atraen a otros animales, que los consideran una
comida fácil, y son atrapados.
Pero, como en
“El hombre invisible” de H. G. Wells, la invisibilidad es un sueño que no
necesariamente conduce a la felicidad. Los calamares, por ejemplo, son capaces
de detectar a sus presas transparentes porque sus ojos ven la luz polarizada y
estos animales presentan diferencias de polarización con respecto al entorno.
Inicio Archivo de artículos Archivo animal de la
semana
Actualidad Enlaces Sobre nosotros