Revista de
divulgación zoológica
Inicio Archivo de artículos Archivo animal de la
semana
Actualidad Enlaces Sobre nosotros
El descubrimiento de la lentitud

Los perezosos
han basado su gran prosperidad en las selvas de América tropical,
paradójicamente, en su indefensión y fragilidad. Son animales muy lentos y
torpes y no pueden bajar de los árboles, porque serían presa fácil para
depredadores como el jaguar. Una súbita caída de las temperaturas puede
matarlos, porque tienen muy poca capacidad para mantener estable la temperatura
de sus cuerpos. Tienen muy pocos músculos y no pueden ni siquiera tiritar.
Esta vulnerabilidad es el tributo que han tenido que pagar por su adaptación a
una fuente de alimento que aporta muy poca energía, aunque en contrapartida es
muy abundante: las hojas. Su estómago es muy grande y está dividido en cámaras
que alojan a las bacterias que son capaces de digerir la celulosa, que abunda
en las hojas duras y coriáceas de la mayoría de los árboles tropicales. La
digestión es muy lenta y una parte de la comida ha de ser entregada a las
bacterias. De modo que los perezosos presentan multitud de adaptaciones para
ahorrar energía.
No pueden disiparla en mantener constante la temperatura de su cuerpo. Ésta
desciende por la noche y cuando llueve, así como cuando están inactivos. Toman
el sol para “recargar baterías”, como los lagartos. Un acto tan inofensivo como
expulsar los excrementos puede ser peligroso para ellos, porque se llevan parte
del calor de su tracto digestivo. Por eso sólo lo realizan cuando las
condiciones ambientales son propicias. Su pelo crece, insólitamente, hacia
abajo, para que escurra rápidamente el agua de la lluvia y no los enfríe.
Pasar desapercibido
Una cierta lentitud es perjudicial para un organismo, porque le hace asequible
a los depredadores, pero muchísima lentitud puede ser beneficiosa, porque le
hace difícil de detectar. Los perezosos se mueven con una lentitud exasperante
y no suelen ser encontrados por las águilas arpías, que hacen estragos en las
poblaciones de monos. Han podido conseguir esa lentitud porque se alimentan de
un recurso que abunda por todas partes. Si tuvieran que recorrer grandes distancias
para encontrar su alimento, no podrían permitirse esa parsimonia.
Incluso pueden pasar largas horas colgados cabeza abajo de las ramas,
totalmente inmóviles, sujetos por sus eficaces y largas uñas curvadas, a modo
de garfios. Así están especialmente protegidos de depredadores que sobrevuelen
el dosel del bosque.
La estrategia de los perezosos para pasar desapercibidos está aún más
perfeccionada: alojan entre su pelo unas algas verdes, que ayudan a
confundirlos entre la vegetación. Es un caso único entre los vertebrados. Sería
muy interesante investigar qué ofrecen los perezosos a las algas para que
prefieran su pelo al del resto de los mamíferos.
Perezosos gigantes
El megaterio era un enorme mamífero fósil, de hasta seis metros de longitud,
que vivió en Sudamérica hasta hace poco tiempo (sólo unos miles de años). Fue
uno de los primeros grandes animales desaparecidos de los que se encontraron
esqueletos completos, que se montaron para su exhibición y estudio. Tuvo gran
parte de culpa de que los científicos comprendieran que en el pasado existió
una fauna radicalmente distinta de la actual.
Su afinidad con las formas modernas fue un enigma hasta que se estudiaron en
detalle su cráneo y sus dientes, que son simples y escasos, y que permitieron
relacionarlos con los perezosos (que pertenecen al orden Desdentados). También
tenían unas enormes uñas curvadas.
Estas uñas hicieron suponer que el megaterio estaba muy mal adaptado a su
ambiente, y que por eso se extinguió. Estaba claro que un animal tan enorme no
podía vivir en los árboles y las uñas le estorbarían para caminar.
Pero la naturaleza no consiente a los inadaptados. Si el megaterio no estuviera
bien adaptado, no habría dejado un registro fósil tan abundante y dilatado en
el tiempo. Había que encontrar una función para las garras. Hoy se acepta que
las usaban para desenterrar las gruesas raíces de las que se alimentaban (se
puede consultar el artículo “ La
metamorfosis del megaterio
”, de Fernando Martínez Rozzi e Irina
Podgorny).
Inicio Archivo de artículos Archivo animal de la
semana
Actualidad Enlaces Sobre nosotros