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divulgación zoológica
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Los parientes cercanos del hombre

El filo es una de
las categorías fundamentales en zoología, pues sirve para agrupar a todos los
animales que comparten un esquema de construcción corporal similar. Muchas
personas podrían identificar visualmente a distintas clases de moluscos o de
artrópodos como pertenecientes al mismo filo; pero si se les pidiera que
agruparan a todos los parientes cercanos del hombre es muy probable que
cometieran errores.
En realidad, nuestros parientes cercanos incluyen no sólo los mamíferos y el
resto de vertebrados, sino animales tan extraños como las ascidias, que viven fijadas
a un sustrato en el fondo del mar y se parecen externamente a esponjas. O como
los taliáceos, diminutos animales transparentes con forma de tonel que se
mueven por el mar; o los anfioxos, parecidos a pececillos en forma de lanceta,
pero sin esqueleto ni cabeza diferenciada.
Características del filo
El hombre pertenece, junto a estas criaturas, al filo cordados. Hay cuatro
características básicas que comparten todos sus miembros: presencia de
notocorda, una varilla rígida dorsal que sirve para sostener el cuerpo; un
cordón nervioso también dorsal; la presencia de hendiduras branquiales en la
faringe y de una cola situada detrás del ano. Es sorprendente que los zoólogos
digan esto, porque, aunque se estudie detenidamente la anatomía del hombre, no
se encuentran restos de notocorda, ni de hendiduras en la faringe y tampoco de
cola.
Pero las “larvas” humanas, los primeros estadios del desarrollo embrionario, sí
presentan todos estos caracteres. Las etapas larvarias son más adecuadas para
estudiar el parentesco entre los grandes grupos animales, porque no están tan
afectadas por los cambios evolutivos. Construir un ser vivo es una tarea muy
delicada y desde el principio se imponen una serie de limitaciones. Alterar una
parte, aunque sea pequeña, de este proceso, significa que existe una
probabilidad muy grande de que el resultado final sea inviable.
Los animales
segmentados presentan el cuerpo dividido en una serie de elementos, en cada uno
de los cuales se repiten determinados órganos. El ejemplo más evidente es el de
la lombriz de tierra y los otros anélidos. Aunque parezca mentira, el hombre es
un animal segmentado, como sus antepasados cordados. Los restos que aún nos
quedan de esa segmentación son las vértebras, las costillas y el músculo
serrato.
¿Cuáles son los parientes más cercanos del hombre aparte del resto de cordados?
¿Está más relacionado con las lombrices, con los insectos, o con los caracoles?
La respuesta es, de nuevo, un poco extravagante, porque estamos evolutivamente
relacionados con las estrellas y los erizos de mar (equinodermos). Es extraño,
porque son animales de simetría radial y no bilateral como la del hombre, pero
detalles básicos de su anatomía y desarrollo embrionario, además del registro
fósil, lo confirman.
Así pues, el hombre proviene de criaturas marinas, que sólo recientemente en la
escala geológica ocuparon la tierra firme (en realidad, ni uno solo de los
filos animales se ha originado fuera del mar). Cuesta pensar, al contemplar a
las aburridas ascidias perpetuamente inhalando su alimento por un orificio y
exhalándolo por otro, o al ver a los frágiles taliáceos nadar torpemente, que
animales parecidos acabarían desarrollando tan asombrosas posibilidades y se
convertirían en los dueños del mundo.
Razones de su éxito
Pero algunas señales de su grandeza ya estaban presentes. La notocorda daba
rigidez al cuerpo y permitía bastante eficiencia en el movimiento. Las
hendiduras branquiales contribuyeron a facilitar una respiración eficaz y una
alimentación activa (adoptar un hábito depredador es siempre un motor para el
desarrollo evolutivo) y la cola proporcionaba un movimiento ágil.
Los vertebrados, al
parecer, provienen de grupos neoténicos: de formas larvarias depredadoras de
animales parecidos a ascidias que adquirieron la capacidad de reproducirse.
Esto equivale a retener características infantiles en la edad adulta. En el
desarrollo intelectual del hombre, con respecto al resto de primates, también
ha jugado un papel muy importante la neotenia: prolongar la infancia, el
periodo del aprendizaje y la curiosidad. En biología, a veces tiene éxito
imitar a Peter Pan y procurar no crecer. Como resumió conmovedoramente el
paleontólogo americano Stephen Jay Gould, ''jamás crecemos, aunque sí
envejecemos''.
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