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Las peores serpientes
Natrix maura (culebra de agua o
viperina) Una de las mejores serpientes
del mundo, ya que no muerde jamás
El otro día
estaba en la biblioteca de mi pequeña ciudad y me distrajeron unos ruidosos
aunque encantadores niños, que discutían con fervor acerca de una cuestión de
crucial importancia (mayor aún que la de determinar quién es el mejor de
“Operación Triunfo”): ¿cuál es la peor serpiente del mundo? Gracias a niños tan
intelectuales cómo estos, el futuro se presenta halagüeño.
La respuesta
es muy compleja. La serpiente más venenosa en términos absolutos es el taipán del interior
australiano, cuyo veneno es 50 veces más poderoso que el de la cobra india. Con
el veneno de una sola mordedura se podría matar a 125.000 ratones. Sin embargo,
otras serpientes poseen cualidades y costumbres que hacen que sean visitantes
mucho más asiduas de las pesadillas. Pseudonaja textilis o serpiente
parda oriental de Australia es mucho más agresiva y causa la mayoría de las
mordeduras fatales de Australia. La
víbora de Russell, Daboia russelli,
del sudeste asiático, es probablemente la que produce mayor número de
mordeduras graves en todo el mundo.
La cobra real del sudeste asiático, además de ser muy venenosa, es enorme.
Puede alcanzar 5 metros de longitud e inyectar una cantidad abrumadora de
veneno. Por si esto fuera poco, es muy agresiva, sobre todo en época de
reproducción. Es única entre las serpientes porque los dos padres protegen el
nido, atacando a todo aquel que se aproxime.
Otras serpientes muerden al hombre sólo cuando se ven acorraladas o
sorprendidas, pero la cobra real es capaz de perseguir a los intrusos. La
visión de esta serpiente gigantesca bufando, levantando un tercio de su cuerpo
en actitud amenazadora y avanzando en línea recta hacia su víctima es
verdaderamente apocalíptica.
“Del culebrón espantoso llamado
buio”
La preferida de los niños es sin embargo la anaconda. Desde luego es la más
impresionante y encarna la angustia de morir aplastado y asfixiado (aunque
también se han citado algunos casos de muertes por grandes pitones). Esta
especie de los ríos y lagunas de Sudamérica puede alcanzar diez metros de
longitud y 500 kg de peso. Su cuerpo está mayoritariamente formado por anillos
musculares, para poder estrangular presas de la entidad de un caimán. Los niños
coinciden con José Gumilla, un sacerdote español que a mediados del siglo XVIII
escribió un tratado sobre la cuenca del Orinoco, de impagable lectura ( historia
). Dedica un capítulo al “culebrón espantoso llamado buío
” (al poco de leer uno se
da cuenta de que habla de la anaconda).
Dice por
ejemplo: “El primer horrible serpentón, que se nos pone á la vista, por
hallarse con gran freqüencia en aquellos Paises, es el buío, á quien
llaman los Indios Jiraras aviofá, y otras Naciones y los Indios de
Quito le llaman madre del agua, porque de ordinario vive en ella. Es
disforme en el cuerpo, del tamaño de una viga de pino con corteza y todo: su
longitud suele llegar á ocho varas: su grueso es correspondiente á la longitud,
y su modo de andar es poco mas perceptible que el del puntero de los minutos de
la muestra de un relox”.
La
descripción de sus costumbres es terrorífica, aunque afortunadamente falsa en
algunos puntos: “el que sabe el alcance largo del pestilente vaho de su
boca, pone en la fuga su mayor seguridad. Así que siente ruido, levanta la
cabeza, y una ó dos varas de cuerpo, y al divisar la presa, sea leon, ternera,
venado ú hombre, le dirige la puntería, y abriendo su terrible boca, le arroja
un vaho tan ponzoñoso y eficáz, que le detiene, atonta, y vuelve inmóvil; le va
atrayendo hasta dentro de su boca á paso lento, é indefectiblemente se le
traga. Dixe que traga porque no tiene dientes, y así gasta largo tiempo, y aun
dias enteros, en engullir una presa; y es tal, y tiene tales ensanches su fatal
gaznate, que á fuerza de tiempo se traga una ternera de año, estruxándole la
sangre y el xugo al tiempo que la vá engullendo; de manera que algunas presas
que se le han quitado, estando ya medio tragadas, se han reconocido sin lesion
alguna en la parte engullida, pero ya sin xugo ni susbtancia”. La
mala
noticia es que la
anaconda tiene 96 agudos dientes que pueden causar una herida terrible, pero la
buena es que su vaho no es atractivo, sino más bien todo lo contrario.
De todas
formas: “¡qué congoja! ¡qué sudores frios! ¡qué angustias fatales, no
sufocarán el ánimo del pobre, que contra toda su voluntad se ve llevar á la
tremenda boca de aquella bestia carnicera é insaciable monstruo!”.
Víboras o cobras
Las peores
serpientes, bajo el criterio del sufrimiento que causa su mordedura son sin
duda los vipéridos (víboras, serpientes de cascabel y similares). La muerte que
ofrecen muchas de las serpientes de la familia de las cobras es relativamente
dulce, pero la sintomatología de una mordedura de víbora es espeluznante.
Al ser mordida la víctima
experimenta un dolor intenso, acompañado de inflamación que se extiende a zonas
vecinas, incluso a todo el miembro. Junto al dolor aparece parálisis
transitoria del miembro mordido, infección e inflamación de los ganglios y
coloración azulada de la piel por aumento de la anchura de los vasos
sanguíneos. Se forman ampollas sanguinolentas. Pueden aparecer cefaleas,
náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, hipotensión o síncope. El veneno
actúa destruyendo la sangre y los tejidos. Aparecen grandes hematomas y
gangrenas.
Las mordeduras pueden originar
anemia por destrucción de hematíes. El
veneno puede producir muchos pequeños coágulos y dañar el endotelio vascular,
produciéndose consumo de plaquetas, fibrinógeno y otros factores de la
coagulación. Al agotarse éstos aparecen las hemorragias (también en corazón,
cerebro y glándulas suprarrenales, que llevan a la insuficiencia renal, coma y
shock.).
Muchos vipéridos
son además siniestros porque pueden localizar a sus víctimas en la oscuridad,
detectando el calor de sus cuerpos. El sonido del cascabel de los crótalos es
escalofriante (aunque los pollos del pijuí común de cola parda lo imitan para
disuadir a sus depredadores). La víbora del Gabón es enorme y tiene un aspecto
aterrador. Es muy aplastada, tiene una cabeza triangular y unos inquietantes
ojos de pupilas verticales. Sus colmillos miden hasta 5 cm. Su cuerpo presenta
un diseño similar al de la hojarasca seca, con la que se confunde en el suelo
del bosque, y caza al acecho. Puedes pisarla en cualquier momento, al igual que
a la serpiente cornuda del Sáhara, de aspecto diabólico con sus dos
cuernecitos, que se entierra en la arena.
Ágiles y precisas
La inmediata solución de echar a correr en cuanto se divisa una serpiente puede
ser inútil en el caso de encontrar a la mamba negra. Además de ser la serpiente
más venenosa de África, y una de las especies que causa la muerte con mayor
brevedad (en menos de una hora), es la más ágil y rápida. Puede moverse
normalmente a 11 km/h e incluso en circunstancias excepcionales a más de 20
km/h.
Otra costumbre aborrecible de varias especies de la familia de las cobras es la
de escupir veneno directamente a los ojos de los agresores. Algunas pueden
lanzar un chorro de veneno a dos e incluso tres metros de distancia, con cruel
precisión. Causan ceguera temporal, que puede ser definitiva si no se aplica el
tratamiento adecuado.
Serpientes benefactoras
Para compensar la imagen desastrosa de las serpientes que está dando este
artículo, se pueden mencionar a especies que se constituyen en protectoras de
los seres humanos.
Varias especies de la familia de las culebras, como la mussurana o la serpiente
índigo, que son poco o nada venenosas, se han especializado en la captura de
serpientes, en muchos casos venenosas. Suelen matar por constricción y se
atreven con especies tan peligrosas como las serpientes de cascabel o las punta
de lanza, o tan grandes como la boa constrictor.
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