Revista de
divulgación zoológica
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Extrañas parejas de organismos
Hormigas
y pulgones
Los tortuosos
caminos de la evolución llevan a organismos que previamente no tenían ninguna
relación entre sí a la formación de alianzas estrechas. Cuando las especies que
participan obtienen beneficios de la convivencia, se dice que han establecido
una simbiosis.
Uno de los ejemplos más populares es el del cangrejo ermitaño y la anémona.
Ésta se sitúa sobre la concha que ocupa el cangrejo y aporta a la sociedad la
protección de sus células urticantes. A cambio obtiene la capacidad de
desplazamiento que le brinda el cangrejo. La interdependencia es tan acusada
que cuando el cangrejo se muda transfiere a sus anémonas a la nueva concha.
Una relación similar se da en peces, como los payaso, que viven entre los
tentáculos venenosos de las anémonas. Así están protegidos de los depredadores
y aportan a las anémonas los restos de sus comidas. Consiguen sobrevivir porque
su piel está completamente impregnada de una sustancia viscosa que impide la
entrada del veneno. Recientemente se ha descubierto que los peces adquieren
esta sustancia protectora de las propias anémonas, por medio de roces muy rápidos.
De este modo, las células urticantes del cnidario no tienen tiempo de
activarse.
El ejemplo más conmovedor de simbiosis quizá sea el de un pez, el gobio de
Luther, y una gamba ciega. La gamba excava una madriguera con sus fuertes patas
y permite que el pez la ocupe también. A cambio, éste actúa como lazarillo,
guiando a la gamba en la búsqueda de alimento. La gamba toca con sus antenas la
cola del pez y éste la mueve cuando detecta algún peligro: en ese caso, los dos
se retiran hacia la madriguera.
Servicios de limpieza
Otro de los ejemplos que se ponen en los libros de texto es el de los pájaros
que limpian de parásitos (que para ellos son una suculenta comida) a los
grandes mamíferos. Los pájaros suelen revolcarse en hormigueros para que las
hormigas los limpien.
El origen evolutivo de estas conductas no es difícil de comprender (se cree que
los pterosaurios ejercieron la misma función para los dinosaurios), pero el
caso de los chorlitos que limpian de sanguijuelas las bocas de los cocodrilos
es diferente: ¿por qué iba a arriesgarse un pájaro a ser engullido por las
fauces de un cocodrilo, y por qué iba un cocodrilo a dejar de comerse al
pájaro? Seguramente los chorlitos iniciaron esta práctica cuando el cocodrilo
estaba harto tras una comida, pero es seguro que hasta que esta relación estuvo
bien establecida murieron muchos chorlitos.
Estas relaciones de limpieza están muy extendidas en el medio acuático, donde
es realizada por peces o crustáceos, como las quisquillas, que suelen
establecer “puestos de limpieza”, lugares específicos donde los peces acuden a
ser desparasitados.
De hormigas y devoradores de panales
Las hormigas, que han desarrollado tantos comportamientos complejos, adoptan
muchas modalidades de simbiosis, con plantas, hongos o animales. Ciertas orugas
y pulgones ofrecen secreciones dulces a las hormigas a cambio de su protección.
Algunas orugas tienen un cuerpo altamente especializado para captar a las
hormigas: presentan órganos sonoros para llamarlas, glándulas que segregan
sustancias atractivas para ellas y órganos que producen las sustancias
nutritivas.
La cooperación entre el indicador, un pájaro africano que se alimenta de cera
de abeja, y el ratel, un mustélido parecido a un tejón, se desarrolla a un
nivel superior de complejidad. El indicador descubre los panales de abejas y
emite una llamada específica, que el ratel ha aprendido a identificar. Una vez
que el pájaro ha atraído la atención del ratel, lo guía por medio de otra serie
de llamadas. El mustélido destroza el panal y el pájaro aprovecha la cera.
Endosimbiosis
Esto sólo es posible gracias a otra simbiosis. El indicador, como cualquier
otro vertebrado, es incapaz de digerir la cera. De esta tarea se encargan una
serie de microorganismos que alberga en el buche. La endosimbiosis (unos
organismos viven dentro de otros y establecen una relación de mutuo beneficio)
es un fenómeno de extraordinaria importancia en el mundo animal.
Los insectos que atacan los tejidos, el cuero o las semillas secas necesitan
microorganismos para la digestión de estos sustratos. Estos simbiontes deben
pasar a los hijos en el proceso de reproducción, y para ello invaden los huevos
antes de ser fecundados, viajan junto al esperma, o se sitúan en las cáscaras
del huevo, que las larvas comerán nada más nacer. Las termitas suelen alimentar
a sus crías con sus propias heces, para que adquieran los microorganismos que
necesitan para digerir la madera.
La endosimbiosis de algas en el seno de los pólipos permite la formación de los
arrecifes de coral. Algunas babosas de mar alojan células urticantes de medusas
o anémonas para ser protegidas, y otros moluscos albergan algas que les
proporcionan alimento.
La digestión de los rumiantes sólo es posible por los microorganismos de su
aparato digestivo y nosotros mismos albergamos una nutrida flora intestinal de
bacterias.
Simbiosis intracelular
Incluso alojamos simbiontes a un nivel más íntimo. Cada una de nuestras células
(y las de todas las plantas y animales) ofrece asilo a unos organismos que en
principio fueron ajenos a ellas.
En efecto, varios orgánulos celulares hoy vitales, como las mitocondrias, que
nos proveen de energía (y en el caso de las plantas, también los cloroplastos,
que realizan la fotosíntesis), son en realidad bacterias, que hace miles de
millones de años entraron en una célula mayor.
No fueron digeridas, establecieron una endosimbiosis, cedieron gran parte de su
material genético al núcleo de la célula hospedadora, y permitieron la más
exitosa explosión de biodiversidad de la historia de la Tierra.
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