Revista de
divulgación zoológica
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Algunos animales siniestros
Vampiro (Desmodus rotundus)
Hay grupos
animales que no suscitan en nosotros la más mínima intranquilidad. Por ejemplo,
las mariposas, los pájaros cantores o las moscas. Sin embargo, entre estas
“ovejas” se esconden algunos “lobos”, animales insidiosos y malvados.
La mayoría de
las mariposas liban el néctar de las flores, pero un nóctuido, Calyptra
eustrigata, se alimenta de sangre de mamíferos, a los que clava sus piezas
bucales armadas con púas. Un pinzón de las Galápagos, Geospiza nebulosa,
se alimenta de sangre. Los pinzones se suben a los piqueros y comen sus parásitos,
pero también les picotean las alas y la cola, les hacen sangre y se la beben.
También se comen los huevos de los piqueros, tras romperlos contra las piedras.
Se han aficionado tanto a la sangre que incluso beben la de sus congéneres
muertos.
Los murciélagos
vampiros también están encuadrados en un grupo mayoritariamente insectívoro y
vegetariano. Son animales sigilosos y sutiles, hasta el punto de que la
mordedura de sus dos incisivos superiores como cuchillas es prácticamente
indetectable. Se puede despertar a la gente clavándole un pequeño alfiler en
las plantas de los pies, pero la mordedura de los vampiros no la despertará.
Por cierto, los incisivos son más adecuados para abrir una herida y beber la
sangre que los colmillos de Drácula, por lo que habría que revisar la
iconografía de éste y dibujarlo con unas paletas afiladas.
Algunos peces
malévolos se aprovechan del trabajo honrado de los peces que limpian de
parásitos a otros mayores. Los peces limpiadores (frecuentemente lábridos)
suelen adoptar coloraciones llamativas para advertir de su función benefactora
(y de que por tanto no deben ser comidos). Algunos peces pequeños,
frecuentemente blénidos, han conseguido un aspecto parecido al de los limpiadores
para poder acercarse a los peces mayores sin peligro. Pero en vez de limpiarlos
de parásitos lo que hacen es llevarse con sus dientes un trozo de aleta o de
carne.
Otros peces
no muestran esta tramposa conducta, pero las heridas que producen a sus
víctimas son especialmente crueles. Un cíclido de un lago africano se alimenta
de los ojos de otros peces y el tiburón cigarro o cortapastas (Isistius
brasiliensis), de forma alargada, hace agujeros profundos en la piel de
cetáceos y peces grandes y se lleva un gran trozo cilíndrico de carne.
Hay varias
moscas devoradoras de hombres. Los huevos de Cochliomyia hominivorax y
de algunas otras especies son depositados en las heridas abiertas y las larvas
se alimentan de la carne. Algunas especies de moscas son beneficiosas porque se
comen la carne gangrenada y pueden ser usadas para limpiar heridas; pero a
éstas les gusta la carne fresca. Hay animales a los que les gusta desarrollar
sus actividades excavadoras precisamente en la carne de otros animales. El
arador de la sarna (un ácaro) llega a enloquecer a las ovejas y cabras con sus
movimientos y la temible nigua (una pulga americana) se introduce en la piel
por lugares especialmente sensibles, como debajo de las uñas.
Costumbres perversas
Podemos hacer
un repaso rápido de otras conductas infames de los animales. La costumbre de
los gatos de jugar con los ratones impresionaba a Darwin por su crueldad,
aunque en ocasiones no se deba más que al miedo de los gatos. Los alcaudones
empalan a sus presas en espinos. No es que sea una práctica sádica, porque las
presas ya están muertas, pero sí resulta un poco macabra.
Las avispas
que inmovilizan a sus presas para que sus larvas las devoren vivas y las mantis
hembras que decapitan a los machos durante el apareamiento aparecen en todas
las crónicas negras de la naturaleza.
Los lobos y
otros depredadores a veces matan a muchas más presas de las que pueden comer
(la razón de esta práctica no está bien comprendida del todo). El insaciable
pez azul (Pomatomus saltatrix) hace auténticas carnicerías entre los
bancos de peces y es capaz de vomitar para poder seguir comiendo.
Las
serpientes que escupen veneno a los ojos de sus agresores no están haciendo
otra cosa que defenderse, pero debido a ello no son especialmente queridas. Los
cucos y otros pájaros parásitos de cría explotan villanamente el instinto
maternal de otros pájaros y los págalos obligan a otras aves a entregar o a
vomitar los peces que han pescado. Algunos depredadores sin escrúpulos
aprovechan las necesidades más básicas de los animales: es el caso de los
cocodrilos que acechan a los animales que van a beber o los osos polares que
esperan pacientemente ante los respiraderos de las focas.
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