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Las trampas de los animales
Pholcus
phalangioides
Muchos
depredadores usan viles estratagemas de engaño para atraer hacia sí a sus
presas. Los peces pescadores usan un señuelo que hacen colgar de algo parecido
a una caña, la terrible tortuga aligator mueve su lengua larga y rosada que
parece un gusano, una mangosta africana tiene nalgas con aspecto de flor para
atraer insectos, una chinche depredadora emite sustancias atractivas para las
hormigas que caza y las hembras de la luciérnaga Photuris imitan el
código luminoso de las hembras de otras especies para atraer a sus machos y
devorarlos.
Pero son muy
escasos los animales que han sido capaces de construir trampas, estructuras
diferenciadas de sus cuerpos en las que puedan quedar atrapadas sus presas. La
garcita verdosa (Butorides virescens) es capaz de usar cebos para
pescar. Coge efímeras, trozos de pan o plumas de inmaduros, los coloca en la
superficie del agua y espera a que algún pez sea atraído por ellos para
atacarle. No se sabe si ha aprendido esta conducta observando a los pescadores.
En cualquier caso, es una táctica que al parecer requiere aprendizaje, pues las
aves jóvenes pescan con cebo peor que los adultos.
Las larvas de
algunas especies de hormigas-león (familia myrmeleontidae, orden neuroptera)
se sitúan en el fondo de un hoyo cónico que excavan en terreno arenoso, medio
enterradas, de modo que sólo sobresalen un poco sus fuertes mandíbulas. Cuando
una hormiga o cualquier otro pequeño artrópodo llega al borde del hoyo, es muy
fácil que se desmorone la pared de arena y el animal caiga hacia el fondo. Para
ayudar en esta caída, a veces la hormiga-león arroja piedrecitas con la boca y
sale de su escondrijo para agarrar a la víctima y llevarla al fondo. Quizá las
hormigas-león comenzaron construyendo sus hoyos como refugio y escondrijo y la
utilidad como trampa quedó puesta de manifiesto más tarde.
El origen
evolutivo de las trampas de obstáculo pegajoso quizá se debe a una convergencia
de desarrollo de estructuras filiformes ligadas a la construcción de refugios o
envolturas de huevos y de hábito depredador. Esta combinación aparece en las
arañas (las mayores tramperas de la naturaleza) y en otros grupos de artrópodos
muy alejados de ellas, las frigáneas (orden trychoptera) y los
mosquitos de las setas (familia mycetophilidae del orden diptera).
Las larvas de muchas mariposas y polillas producen sedas para hacer extensos
nidos (y también capullos), pero la mayoría son vegetarianas. Las larvas de
neurópteros y muchos himenópteros son carnívoras, pero sólo usan sus sedas al
envolverse en ellas para pupar.
Los machos de
los tejedores (orden embioptera) quizá son depredadores en algunos
casos, y los túneles de seda que construyen como refugios podrían
proporcionarles también algunos pequeños animales que queden adheridos. Como
experiencia personal puedo contar que una vez encerré a un tejedor junto a dos
escarabajos en una bolsa y a los pocos días me encontré con que el tejedor
había desaparecido a través de un agujero de la bolsa (que no sé si hizo él) y
con que los dos escarabajos estaban muertos y envueltos en seda.
Éste parece
ser el origen evolutivo de las telas de las arañas. Las arañas que retienen más
características primitivas, como Liphistius, tejen telas tubulares que
recubren un agujero en la tierra y que les sirven de refugio. Tienden unos
cuantos hilos transversales en la entrada de la cueva cuyas vibraciones les
avisan de la presencia de presas y que también puede que retengan a las presas
más pequeñas. Construcciones de este tipo pueden haber existido hace 360
millones de años (las arañas son uno de los grupos de animales terrestres más antiguos).
A partir de
ahí se ha desarrollado una asombrosa diversidad de maquiavélicas trampas.
Algunas son muy simples y constan de un único hilo con extremo pegajoso, que la
araña lanza hacia su presa; otras tienen forma de embudo dentro del cual caen
las presas; otras son simétricas y espectaculares redes para los insectos
aéreos. Dinopis usa su pequeña red al modo de los gladiadores romanos.
La lleva plegada entre sus patas delanteras y la lanza sobre su presa para que
se despliegue y la atrape.
En hilados y en
tácticasdecaza
encontraremos más información sobre las telas de araña y sus tácticas de caza.
¿Os habéis preguntado alguna vez por qué las arañas no se quedan pegadas en sus
propias redes? Es ese tipo de pregunta que sólo llega a formular poca gente
(los demás somos capaces de convivir con los mayores absurdos).
Afortunadamente, la respuesta es simple: las arañas cubren su cuerpo con una
sustancia aceitosa antiadhesiva que ellas mismas segregan.
Los mosquitos
micetofílidos de la especie Arachnocampa luminosa de Nueva Zelanda son
absolutamente extraordinarios. Las larvas segregan hilos pegajosos que dejan
colgar del techo de las cuevas en que viven y que pueden atrapar insectos.
Además, emiten luz, que al parecer tiene la función de atraer insectos hacia
sus trampas. Esta combinación de caracteres sofisticados es bastante extraña, y
aún más si tenemos en cuenta que la mayoría de los otros mosquitos de los
hongos no son carnívoros, sino que comen setas, como su nombre indica.
El mecanismo químico
por el que producen luz es similar al de las luciérnagas (y en general, al de
todos los organismos luminiscentes). Los órganos luminosos están situados en el
extremo del abdomen. Las sedas son producidas por una glándula de la boca y
sirven también para construir el nido (que probablemente fue anterior a las
trampas). De los nidos cuelgan los hilos para “pescar”, de hasta 30 cm y
cubiertos a intervalos regulares de gotitas pegajosas. Como el viento hace que
los hilos se enreden, estos animales viven sólo en cuevas. Cuando una presa es
atrapada, la larva detecta las vibraciones por medio de dos papilas
posteriores, se desliza un poco por el filamento correspondiente e iza el resto
del hilo.
La
combinación de caracteres mutuamente dependientes en este insecto puede hacer
pensar en un improbable caso de evolución drástica, propiciada por una
conjunción de mutaciones. Pero en otros miembros de su subfamilia se pueden
encontrar adaptaciones graduales: algunos construyen redes para atrapar esporas
de hongos, otros también las usan para capturar pequeños animales y hay una
especie que también construye un nido y coloca filamentos alimenticios
verticales, pero no produce luz.
Las larvas de
muchas frigáneas son depredadoras y construyen sofisticados y extensos
refugios-trampa, con redes de seda, en el fondo de ríos y torrentes. Estas
construcciones suelen estar formadas por un espeso tejido de seda con forma de
embudo. Muchas veces las trampas están muy bien camufladas con trozos vegetales
o piedrecillas. La abertura se coloca siempre contra corriente para poder
recibir a las presas y detritos orgánicos. Las larvas suelen vivir en galerías
tubulares y salen de vez en cuando a inspeccionar su trampa.
Macronema
transversum, del este
de Norteamérica construye amalgamando granos de arena un largo tubo a modo de
sifón, con orificios de entrada y de salida. En la curva del sifón teje una
malla de seda que sirve para retener las partículas alimenticias. Las especies
de la familia polycentropodidae tejen espectaculares redes en forma de
saco o embudo, en algunos casos con la capacidad de hincharse mucho para poder
conseguir una buena pesca.
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