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El veneno de los animales
Escolopendra (Scolopendra cingulata)
Los cazadores
venenosos son justamente temidos: son silenciosos y traicioneros, y causan una
muerte dolorosa, sin opciones de lucha. El veneno aparece y desaparece a lo
largo de la historia de los animales. ¿Se pueden establecer algunos patrones de
distribución de los venenos dentro de los grupos animales? Es difícil decirlo,
aunque la capacidad de cazar activamente por medio de venenos suele aparecer en
grupos evolucionados.
Los venenos suelen ser sustancias de síntesis complicada, y los animales no
pueden emplear mucha energía en formarlas, ya que la necesitan para otras
funciones (las plantas, sin esas restricciones, son mucho mejores productoras).
Además, las estructuras dedicadas a inocularlas también son complejas y no pueden
formarse en poco tiempo.
Venenos de invertebrados
El veneno está poco extendido en la mayoría de los grupos de invertebrados,
excepto el de las medusas y anémonas, en las que tiene una función defensiva o
de paralización de presas. También tiene importancia en los artrópodos y los
moluscos. En estos últimos, sólo aparece en dos de los grupos más recientes: en
los cónidos, caracoles marinos que pueden disparar un arpón para capturar
presas grandes, y en algunos pulpos.
Dentro de los artrópodos, el veneno aparece por un lado en algunos grupos muy
antiguos, como los de los escorpiones, las arañas y los ciempiés; y por otro,
en grupos muy evolucionados dentro de los insectos, como el de las abejas y
avispas. La capacidad de inocular veneno en ellas se ha obtenido gracias a la
modificación de una estructura preexistente, el ovopositor (tubo para poner los
huevos) de las hembras, que se ha modificado en aguijón. Un método efectivo de
averiguar el sexo de una avispa es ofrecerle el cuerpo para ver si pica.
En las arañas, que segregan sustancias para digerir externamente el cuerpo de
sus víctimas, los venenos pueden haber surgido de un cambio de uso de estas
sustancias. Algunas de ellas quizá mostraron cierta capacidad de paralizar a la
presa y evolucionaron para convertirse en venenos.
Vertebrados venenosos
Quizá la técnica de caza de los dragones de Komodo, unos grandes lagartos, sea
precursora del uso de venenos. Ceban bacterias tóxicas en sus bocas, con los
trozos de carne putrefacta que queda enganchada entre sus dientes. Cuando
muerden a una presa, las bacterias pasan a la herida y provocan infección. El
dragón de Komodo sólo tiene que seguirla durante unas horas y esperar a que
caiga. No sabemos si hubo dinosaurios venenosos, aunque el hallazgo de dientes
huecos lo delataría.
Entre los vertebrados, prácticamente sólo las serpientes (un grupo moderno), y
dentro de ellas las más recientes, han desarrollado la capacidad de producir e
inocular potentes venenos. Las estructuras de su boca destinadas a ello
muestran una evolución desde disposiciones simples y poco especializadas, hasta
los perfeccionados colmillos de las víboras, que son retráctiles y huecos y
forman parte de un dispositivo tremendamente efectivo.
Las serpientes se han adaptado a ingerir presas enteras, grandes en relación
con su tamaño. Para tragar un animal sin que se debata y pueda hacerles daño,
es muy adecuado paralizarlo con veneno. El veneno también es adecuado para
atacar presas grandes. Basta dar una mordedura furtiva y poco arriesgada,
retirarse fuera de su alcance y esperar a que mueran por el veneno.
Esto también ayudaría a explicar por qué los pájaros y otros animales voladores
no cazan por medio de venenos. No se han especializado en presas grandes en
relación a su tamaño, por las limitaciones que el vuelo impone al peso de la
comida que pueden transportar (muchas avispas usan su veneno para paralizar a
las presas, donde depositarán sus huevos para que sus larvas las devoren
vivas).
Venenos de diferentes ambientes
Se pueden
apreciar otras regularidades en la distribución de las ponzoñas. En los
desiertos, abundan más que en otros ecosistemas los animales venenosos. En un
ambiente en el que la densidad de presas es escasa, los depredadores deben ser
muy efectivos y no permitir que casi ninguna de sus presas escape. Deben
paralizarlas pronto antes de que se pierdan de su vista y se entierren en la
arena. Además, como hay pocos animales, todos son muy apetecibles para
cualquier depredador y por ello han de desarrollar defensas.
Quizá no es
casualidad que los dos únicos lagartos venenosos, el monstruo de Gila y el
escorpión criollo, vivan en desiertos. Estos animales de los desiertos de Norteamérica
poseen saliva venenosa y mordisquean la herida para que penetre bien. Tampoco
es casualidad que el continente más venenoso sea Australia, donde los desiertos
ocupan una gran proporción del territorio.
En el mar
están los peores venenos. Las cubomedusas o avispas de mar poseen quizá los
venenos más activos. Las serpientes marinas son más venenosas que la mayoría de
las terrestres, quizá para evitar que sus presas puedan escapar hacia las
profundidades, donde ellas no pueden seguirlas. La antigüedad de los
ecosistemas marinos es otro factor que puede haber influido en la consecución
de venenos y contravenenos cada vez más efectivos.
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