Las secciones "El gamo gigante" y "El pez mulier" aparecieron en el artículo "Díptico Zoológico" de la sección "Del Bestiario" de la Revista Ciencias 44:55-56.  Aquí se reproduce el texto completo

TRIPTICO ZOOLOGICO
Héctor T. Arita

 El gamo gigante

            Los trazos son tan simples y la perspectiva tan escasa que uno se sorprende de poder observar tantos detalles.  Casi puede uno imaginarse al animal en su ambiente natural y deducir sorprendentes pormenores sobre su forma de vida.  Se trata de una ilustración del Megaloceros, el llamado gamo gigante o alce irlandés dibujada en el estilo de las pinturas rupestres.[1]

            En primer lugar llaman la atención las enormes astas de este animal.  Siguiendo el estilo de los artistas del periodo magdaleniano de la cultura paleolítica de Europa (aproximadamente hace 11,000 a 17,000 años), el ilustrador ha captado las astas del animal en una posición anatómicamente imposible: alineadas con el resto del cuerpo.  Se trata de la perspectiva “torcida” usada por los pintores cro-magnones para resaltar ciertas características de los animales a pesar del inexorable carácter plano del medio de expresión (pinturas sobre las paredes y techos de los cuevas).  Usando la misma técnica, los artistas de Altamira y Lascaux lograron retratar el poderío de los bisontes europeos (Bison bonasus) o de los aurochs (Bos primigenius, el ancestro del ganado vacuno) al dibujar los cuerpos de los animales de perfil y los cuernos en perspectiva frontal. 

            Las astas parecen exageradamente grandes.  Sin embargo, la escala no es incorrecta y el dibujante ha logrado plasmar la enormidad de los apéndices del gamo gigante.  Se ha calculado que Megaloceros rivalizaba en tamaño con el alce (Alces alces) pero que sus astas eran considerablemente más grandes, de hasta 4 metros de punta a punta y con un peso de hasta 45 kilogramos (¡ansiada pieza para los modernos cazadores de trofeos cinegéticos!).  En algún tiempo se sostuvo la teoría de que las enormes astas del alce irlandés eran un ejemplo de super-especialización producto de evolución sin sentido causada por la selección sexual.  La teoría argumentaba que los machos de la especie desarrollaron (en tiempo evolutivo) astas cada vez más grandes para ser más atractivos ante las hembras.  Al seguir su curso esta evolución sin rumbo, las astas se convirtieron en tal desventaja que la especie se extinguió.

            El moderno análisis alométrico ha permitido refutar esta teoría y demostrar que el alce irlandés tenía las astas del tamaño que se podría esperar para un gamo de su tamaño.  La alometría permite calcular el tamaño relativo de diferentes partes del cuerpo de un animal a diferentes escalas.  De esta manera, es posible afirmar que un gamo gigante (del tamaño de un alce) tendría las astas tan grandes como un Megaloceros.  Las astas del alce irlandés, por lo tanto, no son desproporcionadamente grandes y no es necesario invocar la selección sexual para explicar su enormidad.

            Otro detalle que resalta en la ilustración es la joroba que presenta el animal.  Si cubrimos la cabeza el cuerpo podría parecer el de un cebú.  Conocemos de la existencia de la joroba en el gamo gigante sólo a través de las pinturas rupestres: el tejido de este tipo de estructuras no se fosiliza.  Sin embargo, un estudio anatómico-funcional del animal podría haber predicho la existencia de la joroba en el gamo gigante.  En efecto, muchas especies animales con cabezas de gran peso desarrollan poderosos músculos y ligamentos que corren desde el cuello hasta las proyecciones óseas que aparecen en las vértebras.  Estas “espinas” producen una protuberancia cerca del cuello que en varias especies es realzada con tejido adiposo: una joroba. 

            El animal está dibujado sobre un plano inclinado inexistente.  Los trazos simples de la cabeza y la disposición de las patas dan la impresión de que el gamo camina tranquilamente subiendo una cuesta.  Al inclinar ligeramente la ilustración nos damos cuenta de que en realidad se trata de un efecto para darle equilibrio al dibujo ante las enormes dimensiones de las astas.  Si la ilustración estuviera perfectamente horizontal, la cabeza del animal parecería caer hacia adelante, vencido el animal por los 45 kilos de astas que lleva a cuestas.

            Una interpretación más idealista sería que el autor intentó representar la lenta marcha del gamo gigante hacia la extinción.  Megaloceros es parte de la abundante fauna mayor que parece haber existido en la Europa de hace poco más de 11,000 años.  Al parecer el clima frío que prevalecía en esa época (la cuarta era glacial) terminó y con él se fueron las grandes manadas de animales.  Algunos historiadores han querido ver en las pinturas rupestres del final del periodo magdaleniano un grito desesperado, una especie de llamado a las grandes manadas para regresar a la abundancia de años pasados.  Especulaciones aparte, el hecho es que el gamo gigante se extinguió y que podemos apreciar la belleza de su forma y la magnificencia de sus astas sólo a través de los ojos mágicos de los anónimos artistas cro-magnones.

El pez mulier

            “El pez mulier tenía la figura de una mujer de medio cuerpo arriba; y de pescado común, de medio cuerpo abajo”.  Estas palabras, atribuidas por el jesuita Miguel del Barco en su Historia natural y crónica de la antigua California a un misionero, describen lo que el propio del Barco describe como “el pez más raro, que en esta misma costa se ha visto”.  La ilustración que acompaña al texto de del Barco llama a la risa tanto por el curioso nombre que se le aplica como por los evidentes errores anatómicos.

            El dibujo está basado en la descripción que un misionero del siglo XVIII hace de un cuerpo que fue hallado, “seco y aplastado, como un bacalao”, en la bahía de Santa María, en lo que ahora es el estado de Baja California.  En el dibujo se exagera el carácter dual de la bestia: los enormes pechos con erectos pezones contrastan vivamente con la aleta dorsal, las escamas y la cola de pez.  La cara redondeada, los ojos enormes y la velada sonrisa del animal le dan un carácter aún más jocoso (¿se trata acaso de una Mona Lisa del mar?).

            La ilustración en realidad muestra una fuerte dosis de imaginación por parte del dibujante, dado que la descripción original del misionero es poco precisa y recalca, por ejemplo, que el propio misionero no recordaba si había visto los pezones de la misteriosa nereida.  Todos los avistamientos de sirenas han sido atribuidos a la imaginación desbordada de los marineros al observar manatíes (Trichechus) o dugongos (Dugong), mamíferos clasificados apropiadamente en el orden Sirenia.

            Existen en la ilustración de del Barco numerosas inconsistencias con la realidad de la anatomía de los sirenios.  Por ejemplo, estos animales carecen de escamas y de aleta dorsal, además de que su cola se mueve de arriba a abajo y no de lado a lado, como se podría inferir del dibujo.  Por supuesto, los sirenios no poseen pechos tan desarrollados ni un rostro tan curioso como el presentado por del Barco.

            Existe una inconsistencia mucho mayor.  La idea de que el pez mulier de del Barco haya sido un sirenio tiene poco sustento en lo que se sabe de la distribución de estos animales.  Las dos especies de manatí en el Nuevo Mundo se distribuyen exclusivamente en las aguas del Atlántico, y una tercera es propia del Africa occidental.  Los dugongos se distribuyen únicamente en el Viejo Mundo.  ¿Fue un sirenio el animal que inspiró la descripción del pez mulier?

            Existe una posibilidad remota.  El único sirenio que en tiempos históricos ha habitado las costas del Pacífico en América del Norte es la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas).  Hasta donde se tiene conocimiento, esta especie habitó únicamente los helados mares del estrecho de Bering y fue llevada a la extinción a finales del siglo XVIII por la cacería desmedida.  ¿Será posible que la vaca marina de Steller haya habitado las costas de Baja California?  Otra posibilidad sería que el misterioso pez mulier haya sido una vaquita marina (Phocoena sinus) varada accidentalmente en la playa.  Sin embargo, la bahía de Santa María se encuentra en la costa del Pacífico de Baja California, mientras que la vaquita se conoce únicamente del mar de Cortés.

            Es posible que nunca conozcamos la identidad real del pez mulier.  El animal seguirá observándonos desde la ilustración del libro de del Barco, sonriéndose burlonamente de nuestra ignorancia sobre los misterios de la naturaleza. 

El mono de obsidiana

            En la navidad de 1985 fueron extraídas del Museo Nacional de Antropología varias de las piezas más importantes.  Entre ellas se encontraba el misterioso mono de obsidiana atribuido a la cultura Mexica.  La mayoría de los mexicanos sintió que, junto con las piezas, había perdido parte de su patrimonio cultural, parte de su propio ser.  En el caso del mono de obsidiana, sin embargo, una parte parte importante de ese tesoro cultural se había perdido muchos años antes.

            La historia es que nadie conoce con seguridad el origen de la bella pieza.  Parece ser que en los años veintes fue obtenida por el director del Museo a través de un campesino que la trocó por un poco de maíz.  Dado que se desconoce el sitio en el que la pieza fue hallada y por tanto se ha perdido toda la información sobre su contexto cultural, la vasija carece casi por completo de valor arqueológico.  Un componente importante del tesoro cultural se perdió desde el momento en que la pieza se extrajo de su sitio original por manos inexpertas.

            Por supuesto el mono de obsidiana conserva un innegable valor artístico.  La increíble lisura de la obsidiana resalta las bellas formas redondeadas de la figura, que muestra de manera muy sutil las delicadas formas del sujeto.  El brillo del material le da al rostro del mono un aspecto sobrecogedor, casi sobrenatural.  Irreverentemente se podría decir que la cara del animal se asemeja a la de C3PO, el inseparable compañero de aventuras de R2D2 (“Arturito”) en La Guerra de las Galaxias.  Siendo más serios, se puede apreciar que el artista ha logrado representar, en un material sumamente difícil de trabajar, las facciones reales de un primate del Nuevo Mundo: los grandes ojos, la nariz típica de los cébidos, la boca abierta en forma circular, capturada a la mitad de un alarido.  ¿Será un grito de alegría o de alarma?

            Hoy en día las tres especies de primates mexicanos están en peligro de extinción.  La pérdida de cualquiera de estas especies significaría una disminución notable en el patrimonio biológico del país.  La riqueza cultural de México se vio mermada cuando se perdió la información arqueológica referente al mono de obsidiana o cuando la pieza fue hurtada del Museo Nacional.  De igual forma, la riqueza natural del país se ve disminuida cada vez que una población silvestre de monos desaparece.  La pérdida será irreparable si algún día cualquiera de estas especies se extingue.

            Tal vez la vitrificada boca del mono representa un grito desesperado.  Tal vez el mono, con su mudo aullido, esté lamentando la pérdida de la riqueza cultural cada vez que una pieza arqueológica es extraída de su lugar de origen o de un museo.  Tal vez el animal gima inaudiblemente por todas las poblaciones de animales silvestres diezmadas por los cazadores furtivos o por los destructores de hábitats.  O tal vez el mono esté gritando sólo porque el anónimo autor de la pieza así lo quizo.

Bibliografía:

Arqueología Mexicana.  El número 21 de esta revista (septiembre-octubre de 1996) está dedicado al tema del saqueo y pérdida del patrimonio arqueológico.  En la portada aparece el mono de obsidiana.

Carrillo Trueba, C.  1993.  Algunas consideraciones sobre la evolución de las sirenas.  Ciencias 32:35-47.  Información sobre la historia natural y filogenética de las sirenas, incluyendo el pez mulier.

Gould, S. J.  1996.  Creating the creators.  Discover.  Octubre de 1996:43-54.  En este artículo aparece la ilustración del gamo gigante por N. Jakesevic.

Trabulse, E.  1985.  Historia de la ciencia en México.  Siglo XVIII.  Conacyt/Fondo de Cultura Económica.  México.  Se presentan extractos de textos científicos del siglo XVIII, incluyendo el del pez mulier.


[1] El nombre en inglés de Megaloceros es Irish elk, que se ha traducido al español como “ciervo irlandés” ya que la palabra elk en Estados Unidos se aplica, incorrectamente, al ciervo rojo o wapiti (Cervus elaphus).  Sin embargo, en Europa el nombre elk se aplica al animal que en Estados Unidos se conoce como moose y que en español es el alce (Alces alces).  La traducción más adecuada de Irish elk es, por tanto, “alce irlandés” y no “ciervo irlandés”.  El otro nombre en inglés que se ha aplicado a este animal es giant deer, que se ha traducido como venado gigante.  Dado que Megaloceros en realidad es un pariente del gamo (Dama dama, que en inglés se conoce como fallow deer), una traducción más apropiada sería “gamo gigante”.

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