Sección "Del Bestiario", Revista Ciencias 55
UNICORNIOS AL OESTE DE JAVA
Héctor T. Arita
El unicornio es tal vez el animal mítico
por excelencia. En los bestiarios
de la edad media se le reconoce como un animal maravilloso con la habilidad
suficiente para derrotar en combate a un elefante y capaz de purificar con su
único cuerno las aguas contaminadas para volverlas potables para los demás
animales. La primera referencia
escrita sobre el unicornio es de Ctesias, historiador griego del siglo V antes
de Cristo, quien describe al “monoceros” (unicornio en griego) como un animal
silvestre de la India, del tamaño de un caballo pero con el cuerpo albo, la
cabeza púrpura y los ojos de color azul intenso. El cuerno de esta prodigiosa bestia,
según la descripción de Ctesias, es negro con la punta roja y la base blanca y
tiene propiedades medicinales inusitadas, ya que las personas que beben de él
pueden encontrar cura para problemas estomacales, epilepsia y
envenenamiento.
Como los relatos de otros historiadores de
la antigüedad, las descripciones de Ctesias no pueden interpretarse en forma
literal por ser de segunda mano.
Ctesias jamás vio a uno de esos seres míticos, y aparentemente oyó sobre
los unicornios a través de los relatos de otros viajeros cuando el historiador
griego vivía en Persia, sirviendo en la corte de Darío II. Durante la edad media los nobles bebían
de copas supuestamente fabricadas con cuernos de unicornio para prevenirse de
posibles envenenamientos. En
realidad, la materia prima para estas milagrosas copas provenía probablemente de
los cuernos de algún rinoceronte o del “colmillo” del narval (Monodon monoceros), una pequeña ballena
cuyos machos desarrollan tales “colmillos” a partir de uno de los dos únicos
dientes que poseen.
Mucho se ha
especulado sobre la identidad del animal que pudo haber dado principio a la
leyenda del unicornio. La
explicación más plausible para el origen del mito es que los informantes de
Ctesias trataban de describir con sus fantasiosas historias al rinoceronte de la
India (Rhinoceros unicornis), una
bestia de hasta cuatro toneladas que efectivamente posee un único cuerno sobre
su hocico. Sin embargo, el cuerno
de este animal es muy pequeño y difícilmente confundible con los majestuosos
apéndices que supuestamente tenían los unicornios.
Una
hipótesis más aventurada involucra una especie de rinoceronte ya extinto, el
elasmoterio. Además del famoso
rinoceronte lanudo que aparece representado en las pinturas rupestres de la
cueva de Lascaux, existió en el Pleistoceno otro tipo de rinoceronte ya extinto
que poseía una fisonomía distinta a la de los rinocerontes actuales. Se conocen fósiles de elasmoterio (por
su nombre científico, Elasmotherium)
de entre 500,000 y tres millones de años de antigüedad. Del tamaño del rinoceronte blanco
actual, el elasmoterio era considerablemente más esbelto y con las patas más
alargadas y elegantes. Asimismo, su
cuerno era bastante más largo que el de los rinocerontes actuales, llegando a
medir hasta dos metros. Aunque los
fósiles más antiguos de este animal tienen al menos medio millón de años, se ha
especulado que esta bestia podría haber sobrevivido hasta tiempos históricos,
hace unos cuantos de miles de años, tal como lo hicieron varios representantes
de la megafauna pleistocénica. (La
última población de mamuts lanudos, por ejemplo, aparentemente desapareció de la
isla Wrangler al norte de Siberia hace apenas unos 4,000 años, cuando Babilonia
era ya una gran ciudad). Algunos
naturalistas, pecando tal vez de un poco de romanticismo, han sugerido que es
factible que alguna población humana haya convivido con el elasmoterio y que la
idea de un animal como el unicornio derive en realidad de este rinoceronte
pleistocénico. Evidentemente, es
imposible dilucidar científicamente la validez de esta teoría.
Hoy en día
existen cinco especies de rinocerontes, dos en Africa (el blanco y el negro) y
tres en el sudeste de Asia, supuesta tierra natal del unicornio. Además del ya mencionado rinoceronte de
la India, existen el rinoceronte de Sumatra (Didermocerus sumatrensis) y el
de Java (Rhinocerus sondaicus). El primero, que con su peso de una
tonelada parece una versión miniatura del rinoceronte lanudo del Pleistoceno,
subsiste en poblaciones aisladas distribuidas desde Myanmar (la antigua
Birmania) hasta la península Malaya, además de otras poblaciones en Sumatra y
Borneo. El llamado rinoceronte de
Java es una de las especies de mamíferos más amenazadas. Su distribución original abarcaba desde
el noroeste de la India hasta la isla de Java, incluyendo partes de Tailandia,
Camboya y Vietnam, además de las islas de Sri Lanka (la antigua Ceilán) y
Sumatra. Hasta muy recientemente se
creía que la única población restante de este animal habitaba en las selvas del
extremo oeste de Java, en la reserva de Udjung Kulon, aunque algunos reportes
recientes parecen confirmar la existencia de pequeñas poblaciones en el
continente. De hecho, la revista Newsweek del 26 de julio de este año
presenta una imagen lograda por un fotógrafo de la naturaleza de un rinoceronte
de Java en el sur de Vietnam.
La
distribución pasada y actual de los rinocerontes del sudeste de Asia plantea
algunas preguntas biogeográficas interesantes. En particular, ¿Cómo es posible que
especies como los rinocerontes de Java y Sumatra, que no son particularmente
ágiles nadadores, hayan llegado a colonizar estas islas? Esta incógnita fue planteada y
parcialmente despejada hace casi un siglo y medio por Alfred Russell Wallace, el
co-descubridor junto con Charles Darwin del proceso de evolución por selección
natural. Wallace notó que en gran
parte de la cadena de islas de la Sonda en el sudeste de Asia (Sumatra, Java,
Bali e islas menores adyacentes) la fauna de aves, si bien pobre en especies,
incluye casi todas las familias presentes en la parte continental de Asia. Sin embargo, en las islas de la Sonda
más allá de Bali (Lombok, Sumbawa, Flores, Wetar, Timor, etc.), la mayor parte
de estas familias están ausentes.
Aparentemente, algún mecanismo ha hecho difícil que las aves del mundo
asiático crucen de Bali a Lombok.
Entre los mamíferos sucede algo parecido. Por ejemplo, el tigre se encontraba
originalmente en la mayoría de las islas de la cadena de la Sonda, y su límite
de distribución era precisamente Bali, donde hasta hace unos pocos años existía
el llamado tigre de Bali (Panthera tigris
balica). La distancia entre
Bali y Lombok es de unos 35 km. De
hecho, en los días claros, la sombra gris de Lombok se puede divisar en el
horizonte desde la costa oriental de Bali. ¿Porqué las aves y los tigres pudieron
llegar hasta Bali, pero no pudieron cruzar el estrecho canal hasta Lombok?
La línea que
Wallace dibujó para separar la región biogeográfica Oriental (correspondiente a
Asia) de la región Australiana pasa precisamente entre Bali y Lombok. Wallace intuyó que lo que hace
infranqueable el estrecho entre estas dos islas es la profundidad del mar. Mientras que los estrechos que separan
Sumatra, Java, Borneo y Bali entre sí son relativamente someros (de menos de 200
m de profundidad), el estrecho de Lombok es mucho más profundo. Hoy en día sabemos que durante el
Pleistoceno, debido a los cíclicos cambios en el clima global, el nivel medio
del mar fluctuó varios cientos de metros.
En repetidas ocasiones, las islas de la Sonda hasta Bali, así como
Borneo, estuvieron conectadas por tierra firme. Durante esos episodios, la actual isla
de Bali era simplemente un promontorio en el extremo oriental de una gran
península conectada con el continente.
Durante estos periodos Lombok era una isla situada enfrente de esa gran
península malaya extendida.
Tanto las
aves como los mamíferos no tuvieron problemas para extender sus áreas de
distribución desde el continente hasta el extremo de esa península
pleistocénica. De hecho, hay
evidencia fósil y subfósil de la presencia de leopardos, orangutanes, elefantes
y por supuesto tigres en la mayoría de las islas de la Sonda hasta Bali. Las aves que Wallace observó, así como
el tigre de Bali, representan poblaciones que quedaron atrapadas en esa isla
cuando el nivel del mar se elevó por última vez hace unos 15,000 años. La fauna de Lombok, por el contrario, es
mucho más pobre tanto en mamíferos como en aves, ya que esa tierra nunca estuvo
conectada con el continente.
Ya con esta
información, no resulta difícil explicar la presencia de los rinocerontes en
Sumatra y Java. Como los otros
grandes mamíferos del sudeste de Asia, estos poderosos unicornios simplemente
respondieron a las fluctuaciones geológicas y climáticas del Pleistoceno,
haciendo que sus poblaciones se extendieran a gran parte de la península malaya
pleistocénica. Al elevarse el nivel
de los mares, quedaron poblaciones aisladas en cada isla de lo que ahora es el
archipiélago de la Sonda. Bali
probablemente resultó muy pequeño para mantener poblaciones viables de
rinocerontes, pero Java, Sumatra y Borneo siguieron proveyendo de hábitat
adecuado para los rinocerontes hasta nuestros días.
Ya en
tiempos históricos, la pérdida de hábitat por la intrusión humana y la cacería
desmedida han llevado a los rinocerontes de Java y Sumatra al borde de la
extinción. El rinoceronte de Java
en particular ha sido llamado el mamífero más raro (en el sentido de escaso) del
mundo. La extinción de los
rinocerontes del sudeste de Asia representaría mucho más que simplemente la
pérdida de dos o tres especies de mamíferos. La existencia del tigre de Bali, del
orangután en Borneo y de los rinocerontes en Java y Sumatra es algo que debería
maravillarnos dada la asombrosa historia geológica que explica sus patrones de
distribución. La extinción del
tigre en Bali y el estado actual de las poblaciones de los rinocerontes
insulares debe hacernos reflexionar sobre las consecuencias no sólo biológicas
sino culturales de las extinciones.
Este mundo definitivamente no sería el mismo sin los maravillosos
unicornios de Java y Sumatra.
Quammen, D. 1997. The song of the Dodo, island biogeography in an age of extinctions. Touchstone, Nueva York. Contiene información sobre la vida en las islas, sus mecanismos geológicos y ecológicos y las amenazas que sobre ella se ciernen en la actualidad.