El escurridizo asunto de las anguilas

por Owen S. Wangensteen 

 

Un misterio duradero

Muy pocos elementos de la cultura humana son capaces de perdurar durante miles de años. Los ejemplos más notables son los libros canónicos de las viejas religiones, las grandes verdades matemáticas y también algunas recetas de whisky escocés. Algunos misterios de la naturaleza pertenecen también a este restringido club, y el asunto de las anguilas es uno de estos interesantes misterios.

 

La cuestión de las estrategias reproductoras de las anguilas ha fascinado a muchos hombres de Ciencia, al menos, desde Aristóteles, hacia el 350 a.C., y hoy en día aún posee grandes dosis de misterio. Se trata de una cuestión que requiere un abordaje interdisciplinar, y algunas de sus conclusiones erróneas fueron presentadas como un triunfo de la Ciencia durante la segunda mitad del siglo XX, sólo para demostrarse posteriormente que estaban equivocadas. En cualquier caso, es un tema de suficiente interés como para dedicarle uno de estos artículos, si se me permite usar esta expresión. Confío en que el lector disfrute con su lectura, y quizás sirva de ejemplo para comprender un poco mejor como funciona la gestación de las "verdades científicas", si es que existe algo parecido.

 

La opinión de Aristóteles

Aristóteles no pasó por alto el hecho de que jamás se había podido encontrar ejemplar alguno de anguila que diera muestras de poseer o haber poseído huevas en su interior, o siquiera mostrar los cambios que se producen en todas las especies animales durante los períodos de reproducción, cambios que Aristóteles detalla de forma tan minuciosa en su Historia de los Animales que a veces lleva al lector hasta el aburrimiento. En su afán por encontrar alguna explicación para todos los fenómenos de la vida de los animales, el filósofo sólo pudo hallar una solución posible para la aparición de estos peces, que reproduzco a continuación. De todas las barbaridades (y no deja de ser irónico emplear el término bárbaro, para referirme al más influyente de los autores griegos) que se cuentan en la Historia de los Animales, posiblemente ninguna nos resulte hoy día tan ridícula como la referente a la generación espontánea de las anguilas:

 

"Las anguilas ni son fruto de apareamiento ni son ovíparas, y nunca jamás ha sido capturada ninguna provista de líquido seminal ni de huevos y, abiertas por la mitad, no presentan por dentro ni conductos seminales ni uterinos. De todos los animales sanguinos, ésta es la única especie que no procede ni de apareamiento ni de huevos. Es evidente que ello ocurre así, pues en ciertas lagunas de marismas, después de haber sido vaciada fuera toda el agua y todo el fango extraído, vuelven a salir cuando llega agua de lluvia... Algunos son de la opinión de que las anguilas procrean... pero esto no es cierto, sino que nacen de las llamadas "entrañas de la tierra", animalillos que se forman por generación espontánea en el fango en la tierra húmeda... Las referidas "vísceras de la tierra" se forman también en el mar, en sitios donde haya algas y en las orillas de los ríos y lagunas, pues es ahí donde, al ser fuerte el calor concentrado, provoca descomposición de muchas materias."

 

Historia de los Animales. Libro VI.570a

 

Es de notar que Aristóteles sólo admite la generación espontánea para los insectos y otros invertebrados (que denomina animales no sanguinos), sin embargo, se rinde a la "evidencia" de que las Anguilas no procrean como el resto de los vertebrados (sanguinos) y ha de hacer con ellas una excepción. Para ser justos, hay que decir que Aristóteles interpretó correctamente a las angulas como el estadio previo para obtener una anguila adulta, si bien pensó que estas angulas se generaban espontáneamente en el barro, como queda patente por su nombre griego. La expresión griega gaz entera, "entrañas de la tierra", se ha conservado en el vocablo italiano casentula, que es utilizado en Calabria para designar a las angulas. Además, observó que estas angulas aparecían también en el mar, hecho que, como todos ahora sabemos, es crucial para comprender el caprichoso proceso reproductivo de las anguilas.

 

 

Descubrimientos modernos

Así transcurrieron los años, hasta que en 1684 el italiano Redi observó que las anguilas adultas descienden hasta el mar desde sus guaridas fluviales, y las jóvenes remontan los ríos, presentando la hipótesis de que la reproducción de las anguilas ocurre en el mar. En 1856, Kaup describió una nueva especie de pequeño pez marino que habitaba en el Mar del Norte y le llamó Leptocephalus brevirostris, sin comprender que se trataba de la fase larvaria de la anguila. En 1896, Grassi y Calandruccio observaron en su laboratorio la metamorfosis del leptocéfalo en anguila adulta, pasando a través de la etapa de angula. Incluso demostraron que otra especie que había sido denominada Leptocephalus morrisi se transformaba tranquilamente en un congrio, un primo exclusivamente marino de las anguilas.

 

Así estaban las cosas cuando entró en la historia el oceanólogo danés Johannes Schmidt (1877-1933). Entre 1904 y 1915 realizó una serie de descubrimientos cruciales para la comprensión de uno de los más curiosos fenómenos naturales, descubrimientos que han pasado a la historia como el fruto de una de las investigaciones biológicas más concienzudas que pueden realizarse y como excelente ejemplo del buen hacer científico. A lo largo de los años, Schmidt se dedicó a capturar ejemplares de leptocéfalos en diferentes lugares del Atlántico, midiendo sus tamaños medios. Comprobó que el tamaño iba disminuyendo al ir acercándose al Mar de los Sargazos, en el cuál sólo se pueden capturar ejemplares de 10 mm de longitud, mientras que los capturados en las inmediaciones de las costas europeas, tras dos años y medio de viaje, por término medio, y justo antes de su transformación en angulas, miden ya 75 mm. Comprobó, así mismo, que todas las anguilas europeas pertenecen a una única especie y que no existen razas geográficas, por lo que su lugar de reproducción debe ser único. Con todo ello, demostró que las anguilas adultas, para reproducirse, realizan migraciones de más de 5000 km, desde sus viviendas en los ríos y lagos de Europa hasta una zona comprendida entre los 22º y 30º de latitud norte y los 48º y 65º de longitud oeste, en pleno Mar de los Sargazos. Se resolvió así (al menos de momento) el misterio que había hecho a Aristóteles replantearse la generación espontánea de los vertebrados. Las anguilas se reproducen, como todos los demás peces, pero son excéntricas y tímidas en grado extremo, y sólo les gusta desovar en una zona remota del Globo, alejadas de las miradas de naturalistas curiosos.

 

Europeas y Americanas

Pero lo más interesante estaba aún por llegar. Se habían descrito, desde hacía tiempo, dos especies de anguilas a ambos lados del Atlántico. La anguila europea (Anguilla anguilla), que pasa la mayor parte de su vida en los ríos y lagos de Europa y el norte de Africa, penetrando en el Mediterráneo (pero no en el Mar Negro), y la anguila americana (Anguilla rostrata) que se encuentra a lo largo de toda la costa este de América del Norte, desde Labrador hasta el Golfo de México. Se daba por hecho que las dos especies desovaban en el Mar de los Sargazos, y que después de nacer, cada larva, siguiendo sus instrucciones genéticas programadas a lo largo de la evolución, encontraba de una forma aún desconocida para la Ciencia, el camino de vuelta hacia los ríos y lagos de donde partieron sus desconocidos padres, unas hacia las cercanas costas de América, y las descendientes de anguilas europeas, hacia la lejana Europa, de forma ordenada, sin mezclarse las dos especies a lo largo del proceso. Pero en 1959, el norteamericano Tucker, durante el apogeo de la biología del desarrollo y en pleno debate sobre la relación entre genotipo y fenotipo en los distintos individuos, aventuró una hipótesis revolucionaria, que sin embargo fue fácilmente aceptada por la mayoría de los biólogos, sobre todo por los más jóvenes.

 

Según Tucker, el organismo de la anguila adulta está adaptado a comer en aguas dulces, de modo que no puede alimentarse en absoluto mientras se encuentra en el mar, realizando el viaje de vuelta hacia su remota zona de nacimiento. Este hecho está ampliamente comprobado, pues la anguila sufre cambios morfológicos antes de emprender su viaje, que atrofian su tubo digestivo y propician la acumulación de reservas de grasa, que llegan a ocupar más del 25% del peso corporal, combustible imprescindible para su maratón oceánica particular. Este viaje debería durar varios años y es, con seguridad, mucho más largo en la actualidad que hace algunos millones de años, cuando los antepasados de las actuales anguilas aparecieron (el grupo de las anguilas está considerado, posiblemente de modo equivocado, entre los peces óseos más arcaicos). En aquella lejana época, el Atlántico era mucho más estrecho que ahora, y las anguilas europeas alcanzaban fácilmente las áreas de desove en el centro del naciente océano. En la actualidad, el viaje hasta los Sargazos es toda una epopeya para la hambrienta anguila. Una epopeya imposible.

 

La hipótesis de Tucker  es que ¡las anguilas europeas jamás alcanzan su destino en el Mar de los Sargazos! Sencillamente, se encuentra demasiado lejos para que puedan llegar sin alimentarse por el camino y mueren sin descendencia. ¿De donde proceden, entonces, las miles de anguilas europeas que llegan cada año hasta nuestras costas? Las anguilas europeas procederían de huevos de anguilas americanas. De modo que sólo existe una única especie de anguilas en el Atlántico. Los leptocéfalos que aciertan a nadar hacia el oeste, alcanzan la costa americana y se transforman en adultos de Anguilla rostrata, mientras que los que son arrastrados por la corriente del golfo y llegan a Europa, tras un viaje mucho más largo, se transforman en las algo mayores anguilas europeas. Igual dotación genética, según Tucker, da lugar a organismos adultos completamente diferentes, en función de las condiciones a las que han estado sometidas las larvas durante su proceso de crecimiento. Un único genotipo, con dos fenotipos tan diferentes que han sido considerados durante siglos como especies distintas. ¿Sorprendente? ¿Una confirmación experimental de las ideas predominantes sobre Teoría del Caos (iguales condiciones iniciales producen resultados completamente distintos)? ¿Un ejemplo palpable de las maravillas que nos puede ofrecer la biología del desarrollo? ¿Y, además, una confirmación más de la Deriva de los Continentes de Wegener? La cuestión no resulta ser tan trivial como aparenta en un principio. Por el contrario, sus implicaciones se extienden hasta el mismo corazón de las ideas biológicas modernas. Si se demuestra que las dos especies tradicionales de anguilas atlánticas resultan ser formas fenotípicas de una única especie de anguila, muchas de las ideas más audaces de la Biología moderna tendrían confirmación en un maravilloso ejemplo experimental. Sería un triunfo de las nuevas ideas sobre el inmovilismo de la anatomía comparada decimonónica. Puede que sí, pero en este caso se trata de un ejemplo muy probablemente falso.

 

Refutación molecular

Una hipótesis tan atractiva como la de Tucker no podía tardar en recibir confirmación o refutación experimental, mediante las nuevas técnicas de la biología molecular. La Teoría es extremadamente simple de comprobar. Basta con secuenciar algunos de los genes procedentes de los genomas de ejemplares de Anguilla rostrata y Anguilla anguilla. Si se trata de la misma especie, no debería de haber diferencia entre sus secuencias, más allá del grado de polimorfismo que se encuentra dentro de una misma especie. Si, por el contrario, son dos especies distintas, como argumentaban los anatomistas del siglo pasado, presentarán diferentes genomas. Muy relacionados entre sí, desde luego, como en el caso del hombre y el chimpancé, pero existirán diferencias que se podrán encontrar entre todos los ejemplares de anguilas americanas respecto a sus parientes europeas. El desafío estaba en el aire y la confirmación de las nuevas ideas de la Moderna Biología, influidas por la Teoría del Caos y un indeterminismo genético políticamente correcto, estaba al alcance de cualquier aparato de PCR. Había que analizar a las anguilas.

 

En febrero de 2000, un grupo de investigadores alemanes del Instituto de Investigación en  Biodiversidad, de la Universidad de Rostock, llamados Bastrop, Strehlow, Jurss y Sturmbauer, publicaron su estudio definitivo sobre el ADN mitocondrial de ocho especies del género Anguilla. Como cabía esperar, resultó que las anguilas americanas y las europeas son las más estrechamente emparentadas de las ocho especies estudiadas, pero son especies definitivamente diferentes. Todos los ejemplares de Anguilla rostrata estudiados, procedentes de todo el litoral americano tenían exactamente la misma secuencia en su ADN mitocondrial, mientras que las secuencias de los ejemplares europeos difieren en tres a cinco sustituciones de pares de bases, presentando así un polimorfismo más acusado. Así mismo, estos investigadores obtuvieron las secuencias de la proteína respiratoria citocromo B, comprobando que, pese a que la secuencia de aminoácidos es completamente idéntica (cosa que no sorprende, ya que los citocromos están entre las proteínas más conservadas a lo largo de la evolución, dado su importancia crucial para el metabolismo), sin embargo, sus secuencias de ADN variaban. Todos los ejemplares americanos presentaban una secuencia reconocible por la enzima de restricción HinfI, mientras que ninguno de los europeos la poseía. Esto facilita muchísimo el análisis genético, ya que no es necesario secuenciar todo el ADN para saber a qué especie pertenece un individuo concreto, sino únicamente comprobar el tamaño de los fragmentos obtenidos tras cortar el ADN con la enzima de restricción (una técnica denominada análisis de polimorfismo de longitud de fragmentos de restricción, o RFLP).

 

Estos resultados dan por cerrada la cuestión, y concuerdan, además, con otros resultados obtenidos por los americanos Conlon y Andrews, sobre las secuencias de las insulinas de ambas especies, y por el polaco Passakas, directamente sobre los cromosomas. Incluso se ha comprobado que las zonas de desove de las anguilas europeas y americanas no coinciden, sino que están unos cientos de kilómetros alejadas entre sí. Además, otros experimentos, más de andar por casa, demostraron que las anguilas pueden sobrevivir durante cuatro años en un acuario de agua marina, sin probar bocado, y permanecer activas. Tiempo más que suficiente para alcanzar el Mar de los Sargazos. De hecho, soportan igualmente varias horas fuera del agua y son capaces de serpentear a lo largo de la tierra húmeda, por lo que son capaces de alcanzar los lagos más alejados de las corrientes fluviales principales. Si el lago se seca, las anguilas se entierran en el barro y son capaces de sobrevivir varios años enquistadas de este modo, lo que explica el hecho de su aparición repentina tras la lluvia, que tanto sorprendió a Aristóteles. Si la anguila se ve impedida de regresar al mar, prolonga su vida, pudiendo alcanzar edades de hasta 50 años, lo que constituye todo un récord para un pez. Algunas hembras llegan a alcanzar más de un metro de longitud. Un viaje de un par de años hasta el Caribe no es para ellos una epopeya, sino más parecido a unas vacaciones a bordo del Princesa del Pacífico, con el atractivo añadido de aparearse una vez alcanzado su destino (los humanos no fuimos los primeros en descubrir el turismo sexual caribeño). Son unos peces extraordinariamente resistentes. No es sorprendente que Tucker subestimara sus posibilidades y sobreestimara la fuerza de las ideas biológicas modernas. Sin embargo, por una vez, los naturalistas decimonónicos estaban en lo cierto. Habrá que buscar otros ejemplos de diferencias entre genotipo y fenotipo. La Teoría del Caos tendrá que esperar.

 

El misterio persiste

Pero no se piensen que esto lo dice todo sobre las anguilas. Hay cosas aún por explicar. Por ejemplo, cómo son capaces las larvas leptocéfalas de emprender el camino de ida hacia los ríos que vieron crecer a sus padres, sin equivocarse, ¿pueden estar codificadas en el genoma de las anguilas las cartas de navegación, indicando incluso la localización de los ríos? Presuntamente, debe tratarse de algún mecanismo más mundano. Por ejemplo, quizás los leptocéfalos europeos tiendan a moverse hacia el este, mediante alguna especie de brújula interna, y acaben en los ríos europeos casi por casualidad, mientras que los americanos se muevan hacia el oeste, secundando el título de la vieja película de los Hermanos Marx. Por otra parte, jamás se han observado anguilas adultas procedentes del Mediterráneo atravesar el estrecho de Gibraltar con destino al Atlántico. Quizás estas anguilas mediterráneas sí mueran en el intento, después de todo.

 

Otro asunto espinoso es la dificultad de encontrar anguilas adultas en las costas europeas, emprendiendo su camino de vuelta. ¿Por qué razón es tan difícil capturar anguilas adultas en el mar? En toda la historia, sólo han podido documentarse cuatro o cinco capturas, siempre muy cerca de la costa. ¿Dónde están todas estas anguilas? Se supone que llevan una vida pelágica muy profunda, de modo que nada pueda molestarles en su camino de vuelta hacia los Sargazos, pero aún así, los biólogos han capturado sin dificultad miles de ejemplares de peces abisales, habitantes de las profundidades que hoy adornan las vitrinas de nuestros museos de Historia Natural. ¿Dónde están todas las anguilas? Como su fuera la última frase de un relato de horror de H. P. Lovecraft, esta pregunta aún no tiene respuesta.

 

Por otra parte, hay algo de verdad en la afirmación de que un mismo genotipo da origen a distintos fenotipos en las anguilas. Se ha observado que las anguilas que permanecen en las aguas salobres de los estuarios, en lugar de subir río arriba, acaban convirtiéndose en machos, mientras que todas las que viajan corriente arriba, hasta aguas de menor salinidad, se convierten en hembras. Las condiciones de salinidad resultan cruciales en esta decisión fundamental para la expresión génica del individuo, ya que se ha comprobado que todas las anguilas que viven en el escasamente salino Mar Báltico son hembras. Por tanto, son los latin-lovers-anguilos del sur los encargados de fecundar a las hembras suecas, una vez llegados hasta el Caribe, como si se tratara de un Torremolinos de los años setenta. Las anguilas no presentan distintas razas geográficas, sino distintos sexos geográficos.

 

Las anguilas son unos seres fascinantes. Algunos de sus misterios aún se escapan de nuestras manos, escurriéndose entre nuestros dedos. Misterios escurridizos como anguilas.

 


 

(c) 2000 Owen S. Wangensteen