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Bestiario
El león. 392.
Este animal, con su tonante rugido despierta a sus cachorros el tercer día
después de su nacimiento, para enseñarles todo lo que ignoran sus adormecidos
sentidos; y las bestias que viven en la selva, huyen. Se
puede comparar a los hijos de la virtud con los cachorros del león que,
gracias al grito de la gloria, se despiertan y se elevan, cada vez más, en
los honrados estudios, en tanto que todos los viles, al escuchar ese grito,
huyen y se apartan de los virtuosos. El
león cubre sus huellas para que sus enemigos no puedan descubrir sus
andanzas. Conviene a los capitanes guardar bien los secretos de su alma, a
fin de que el adversario no conozca sus estratagemas. (H. 18, r.). Felinos. 393.
Leones, leopardos, panteras y tigres llevan las uñas en su vaina y no las
sacan sino para agarrar sus presas o para atacar a sus enemigos. Cuando
la leona defiende a sus hijitos contra el ataque de los cazadores, para no
espantarse a la vista de los dardos y de las lanzas, baja sus miradas a
tierra, y de ese modo ataca. Entonces sus cachorros pueden huir y salvarse.
(H. 23, r.). Oso . 394.
Se dice que el oso cuando se acerca al panal para apoderarse de la miel es
atacado por las abejas que abandonan su miel para correr a la venganza; y
todo el enjambre vuela sobre él y lo pica y se venga consiguiendo que todo lo
que ha comido se le convierta en furia, hasta que se arroja al suelo y
agitando sus cuatro miembros no llega a poder defenderse. (H. 6, r.). Pantera. 395.
La pantera tiene la forma de una leona, pero más alta sobre sus patas, más
fina y más larga, es blanca y salpicada de manchas negras de forma redonda;
todos los animales gozan al verla y se acercarían siempre, si no fuera por lo
terrible de su mirada. Pero ella lo sabe y baja los ojos a fin de que los
animales se confíen y se acerquen para gozar de su belleza, pero de pronto
salta sobre el más próximo y lo devora. (H. 23, r.). Tigre. 396.
El tigre nace en Icarnia, se parece a las panteras por las variadas manchas
de su piel y es de una asombrosa velocidad. El
cazador, cuando se encuentra con sus cachorros, los toma y los substituye por
espejos que coloca en el mismo lugar, alejándose a todo el galope de su
caballo. Viene el tigre, y encontrando los espejos colocados en el suelo, al
mirarse en ellos, cree ver a sus hijitos. Finalmente,
arañando con sus patas, acaba por descubrir el engaño y comienza a seguir por
el olor el rastro del cazador. Este, descubriendo la proximidad del tigre,
abandona uno de los cachorros. Entonces la fiera lo recoge y se lo lleva a su
guarida; vuelve hasta el cazador, el que torna a hacer lo mismo, y así
sucesivamente hasta que sube a su barca. (H. 24). Elefante. 397.
La naturaleza le ha dado al elefante muchas cualidades que los hombres muy
raramente poseen, a saber: probidad, prudencia, equidad y observancia en
religión. Cuando
la luna nueva, los elefantes se dirigen al río y para purificarse se bañan
solemnemente como si saludaran al planeta y luego regresan a la selva. Cuando
están enfermos se echan de espaldas y yacen sobre la hierba mirando el cielo,
como si quisieran ofrecerse en sacrificio.
El
elefante entierra sus defensas cuando ellas caen por vejez. Se sirve de uno
de los colmillos, siempre el mismo, para cavar y escarbar en torno de las
raíces de los árboles y para alimentarse; en tanto que al otro lo conserva
puntiagudo para poder combatir. Cuando es tomado por los cazadores y el
cansancio lo derriba, entonces rompe sus defensas, y, como si cumpliera un
tratado, se rescata a sí mismo cuando le vuelven a crecer. Son
clementes y conocen el peligro. Si hallan a un hombre solo y perdido en la
selva, lo conducen hasta el camino. Si descubren las huellas del paso del
hombre, sospechan una traición y se detienen y soplan por la tropa, hasta
obligar a los demás a formarse en grupo y así se van, prudentemente. (H. 19).
398.
Marchan siempre por grupos y el más anciano va adelante. Y el que por su edad
vendría a ser el segundo, permanece atrás de todos y cierra el grupo. Son
púdicos, y no se acoplan más que de noche y ocultándose. No regresan al
rebaño, después de sus amores, hasta haberse bañado en el río. Nunca combaten
para disputarse la hembra como lo hacen los otros animales. Son
tan clementes que nunca hacen voluntariamente ningún mal, a pesar de su
fuerza. Si encuentran un rebaño de corderos, con su trompa, que les sirve de
mano, los apartan a los costados para no pisarlos. Por lo demás, los
elefantes no hacen daño jamás si no son provocados. Cuando
algún elefante cae en la fosa preparada por el cazador, los otros llevan
ramas, tierra y piedras y la llenan formando una pirámide, a fin de que con
facilidad pueda salir. Temen
el gruñido del puerco y cuando lo sienten huyen reculando sin dejar de herir
con sus patas a sus enemigos. Como gustan de los ríos, permanecen siempre en
sus proximidades vagabundeando, aunque a causa de la forma de sus patas no
puedan nadar. Tragan piedras y roen los troncos de los árboles de los que son
muy golosos. Odian
a los ratones. Las moscas se deleitan con su olor y se posan sobre su lomo y
se incrustan en su piel, pero ésta las aplasta con sus pliegues. Cuando
cruzan los ríos, los elefantes envían a sus cachorros según el calor del
agua, y permaneciendo parados en el lecho rompen la corriente del agua de
modo que ella no arrastre con su fuerza a los cachorros. (H. 19, 20, r. y
v.). Unicornio. 399.
El unicornio, debido a su intemperancia, no sabe resistir al placer que le
causan las muchachas, perdiendo toda su ferocidad y su selvática condición.
Dejando toda precaución, va hacia la muchacha y se acuesta en su regazo y de
esta manera los cazadores se apoderan de él. (H. 10, r.). Cordero. 400.
El cordero expresa el más alto ejemplo de humildad, se somete a todos los
demás animales, y cuando se lo entrega como alimento a los leones enjaulados,
se somete a ellos como lo haría con su propia madre, de manera que a menudo
se han visto leones que se resistían a matarlo. (H. 11,
r.). Asno. 401.
El asno salvaje, cuando va al arroyo a beber y encuentra turbia el agua, por
mucha que sea su sed, se abstiene de beber y espera a que el agua se torne
clara. (H. 11, r.). Sirena. 402.
La sirena canta con tanta dulzura que duerme a los marinos y luego sube a los
navíos y los mata durante su sueño. (H. 8, r.). Lobo .
403.
Cuando el lobo se desliza hasta el establo de los animales domésticos y por
casualidad asienta mal sus patas y da un paso en falso, lanza un grito y se
muerde la pata para castigarse con su error. (H. 7, r.). Toro. 404.
El toro detesta el color rojo. Los cazadores cubren con paños rojos el tronco
de un árbol y el toro corre hacia él y con gran furia lo ataca con sus
cuernos. Entonces los cazadores lo matan. (H. 8, r.). Camello. 405.
El camello es el más rijoso de todos los animales. Es capaz de recorrer un
millar de millas para reunirse con la hembra; y sin embargo puede vivir con
su madre y su hermana sin tocarlas jamás, tan grande es su temperancia. (H.
10, r.). Topo. 406.
El topo tiene los ojos muy pequeños y habita bajo tierra y durante toda su
vida permanece oculto. Si saliera de repente a luz, moriría, lo mismo que
todas las cosas mentirosas. (H. 9, r.). Delfín. 407.
La naturaleza ha dado a los animales además del sentido de su propia
comodidad, el sentido de la incomodidad de sus enemigos. El delfín, cuando
saca las púas de sus aletas, nada de espaldas y cuando puede aproximarse al
vientre del cocodrilo, entonces, durante la lucha, se coloca debajo de él, le
abre el vientre y de este modo lo mata. El
cocodrilo es terrible con el que huye, y muy cobarde con el que lo ataca. (H.
26, r.). Hipopótamo. 408.
Cuando el hipopótamo se siente enfermo, busca una espina o en su defecto un
pedazo de caña y frota tanto una de sus venas contra él que al fin la abre. Habiendo
salido la sangre que le sobraba, cierra y tapa con barro su herida. (H. 26,
r.). Reno. 409.
El reno nace en las islas de Escandinavia, tiene la forma de un caballo
grande, salvo que su cuello y sus orejas son mayores. Pace la hierba sin
inclinarse, sus labios son tan largos que la alcanza con facilidad. Tiene
las patas de una sola pieza y cuando quiere dormir se apoya contra un árbol.
Los cazadores, que conocen el lugar en que duerme, serruchan todos los
árboles, y de este modo cuando se arrima a alguno de ellos para apoyarse y
dormir, se cae. Los cazadores se apoderan entonces de él. Y éste es el único
medio de cazarlo, porque el reno es de una increíble velocidad en la carrera.
(H. 21, r.). Bisonte. 410.
El bisonte nace en Peonia. Se parece al toro, salvo en los cuernos que se
proyectan hacia atrás y que por esta razón no puede clavar en su enemigo. Su
única salvación está en la huida, durante la cual arroja excrementos cada
cuatrocientas brazas, y si se tocan estos excrementos se comprueban que
queman corno el fuego. (H. 21, r.). Jabalí .
411.
El jabalí se cura de sus enfermedades comiendo hiedra. (H. 22, r.). Castor .
412.
Se dice que el castor cuando se ve perseguido, sabiendo que se lo persigue
por la virtud medicinal de sus testículos, viendo que no puede escapar, se
detiene, y por hacer la paz con los cazadores, con sus afilados dientes se
corta los testículos y se los deja a sus enemigos. (H. 6, r.). Tórtola .
413.
La tórtola es tan casta que jamás engaña a su compañero; y si uno de los dos
muere, el otro observa una perpetua castidad y no se posa nunca sobre una
rama verde, ni bebe jamás en una fuente clara. (H. 12, r.). Basilisco .
414.
Nace el basilisco en la provincia de Arenaica, no anide más de doce dedos.
Tiene sobre su cabeza una mancha blanca parecida a una diadema. Se cuenta de
un basilisco, muerto por el lanzazo de un caballero, que habiendo corrido su
veneno por la lanza, no solamente el caballero, sino también el caballo
murió. Echa a perder los trigos y los sembrados, pero no solamente a los que
toca: en todo lo que alcance su aliento seca las hierbas y parte las piedras.
(H. 24). Boa . 415.
Esta serpiente, animal de gran tamaño, cuando descubre un pájaro en el aire
le arroja un aliento tan nauseabundo, que el pájaro le cae en la boca.
Marcus
Régulus, cónsul del ejército romano, fue atacado junto con su ejército por un
animal semejante y casi se perdió con todos sus hombres. La mataron con una
máquina mural. Tenía 125 pies, es decir sesenta y cuatro brazas y media, y
sobrepasaba con su cabeza todos los árboles del bosque. (H. 21, r.). 416.
Este gran animal se enrosca en las patas de las vacas y les succiona las
mamas hasta secarlas. En los tiempos de Claudio, emperador, murió un animal
de esta especie sobre el monte Vaticano. Tenía en el cuerpo un niño entero,
que había tragado poco antes. (H. 21). Dragón .
417.
Este se prende de las patas del elefante, caen los dos y juntos mueren. El
dragón se venga al expirar. (H. 14, v.). 418.
El dragón se arroja sobre el elefante, con su cola le anuda las patas y con
sus alas y sus patas le rodea el cuerpo, y con sus dientes lo degüella. El
elefante cae sobre el lomo, aplasta al dragón, y así, al morir, se venga de
su enemigo. (H. 24). 419.
Los dragones marchan juntos y se complementan lo mismo que las hidras. Con la
cabeza afuera atraviesan los pantanos y nadan hacia donde puedan encontrar
mejor alimento, y aunque se trate de varios dragones juntos, todos ellos no
parecen más que un solo animal. (H. 20, r.). Tarántula .
420.
La tarántula mantiene al hombre en el estado de espíritu en que se encontraba
cuando fue picado. (H. 18, r.). Cigarra .
421.
El canto de la cigarra hace callar al búho. Muere en el aceite y resucita en
el vinagre. Canta en la época de los grandes calores. (H. 14, r.). Camaleón .
422.
El camaleón vive de aire y es amigo de todos los pájaros; para sentirse más
seguro vuela por encima de las nubes hasta una zona de aire tan sutil que los
pájaros que lo han seguido no se pueden sostener en ella. A
tales alturas sólo llegan aquellos a quienes el cielo se lo ha permitido,
como lo hace el camaleón. El
camaleón toma siempre el color de la cosa sobre la cual se posa. A veces se
confunde con el follaje y entonces lo devoran los elefantes. (H. 27, r.). Aguila .
423.
Cuando el águila es vieja, vuela tan alto que se le queman las plumas, y
entonces la naturaleza consiente que ella reconquiste su juventud cayendo en
aguas poco profundas. Si
sus crías no pueden sostener la vista del sol, no les da de comer. Ningún
pájaro que ame la vida se atreve a acercarse a su nido; todos los animales la
temen pero ella no les hace daño, por el contrario, siempre les deja algunos
restos de sus presas. (H. 12, r.). Palomas .
424.
Las palomas son inclinadas a la ingratitud. Desde que se hallan en estado de
alimentarse por sí mismas, combaten con su padre y este combate no termina
hasta que lo han matado; y en cuanto a la madre, los machos la convierten en
su esposa. (H. 6, v.). Avestruz .
425.
El avestruz se alimenta de hierro, y empolla sus huevos con la mirada. Para
los soldados estos huevos son un alimento digno de capitanes. (H. 13, r.). Pelícano .
426.
Tiene un profundo amor por sus crías y si las halla muertas en el nido de la
serpiente, se hiere a sí mismo hasta el corazón y termina su vida bañado en
su propia sangre. (H. 12, r.). Perdiz .
427.
La perdiz se transforma de hembra en macho desmintiendo su primer sexo; roba
por envidia los huevos de las otras perdices, pero luego, las crías, van
hacia su verdadera madre. (H. 14, r.). Golondrina . 428.
La golondrina, mediante la piedra celedonia, devuelve la vista a sus crías
que han nacido ciegas. (H. 48, r.). Grulla .
429.
Las grullas, temiendo que su rey pueda perecer por falta de vigilancia, se
mantienen cerca de él por la noche con una piedra en la pata. Amor,
temor y reverencia: he aquí lo que está escrito sobre el guijarro de las
grullas. (H. 26). Gallo .
430.
El gallo no canta nunca antes de haber batido tres veces sus alas; el loro no
cambia de rama y no pone nunca la pata allí donde no haya puesto antes el
pico. (H. 98, r.). Halcón .
431.
El halcón no ataca más que a los pájaros de gran tamaño, y prefiere morir
antes que comer carne que no esté en buen estado. (H. 17, v.). Cocodrilo. 432.
Este hijo del Nilo tiene cuatro patas. Es peligroso en el agua tanto como en
la tierra, es el único animal que no tiene lengua y que muerde moviendo la mandíbula
superior. Alcanza hasta cuarenta pies, tiene garras y está protegido por un
cuero tan grueso que lo torna invulnerable, vive sobre la tierra pero pasa
las noches dentro del agua. Se alimenta de peces. Cuando duerme en las
orillas del Nilo, abre la boca y un pequeño pájaro llamado troncilo, penetra
en su boca y picotea los restos de alimento que quedaron entre sus dientes. A
veces el pajarito se lanza en las fauces del cocodrilo, perfora su estómago y
su vientre y finalmente mata así a su adversario. (H. 25 y 17, r.). Aspid .
433.
No hay remedio contra su mordedura si no se corta la parte mordida. Este
pestífero animal tiene tal afección por su compañera que la acompaña siempre,
y si por desgracia uno de ellos muere, el otro, con increíble velocidad,
sigue al asesino. Es tan implacable y tenaz para la venganza que vence todas
las dificultades. Trata de alcanzar a su enemigo y para ello recorre las más
inverosímiles distancias; es imposible cansarlo. Tiene
los ojos muy sumidos en la cabeza, grandes orejas, y se guía más por el oído
que por la vista. (H. 24, r.). |
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