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EL
LABERINTO |
Nos parece muy interesante esto del laberinto...
Si nos hacemos un poco reflexivos podemos comprobar que mi verdad, teoría, o creencia sobre mi religión o mi vida espiritual es siempre la más valida, esto es debido, en muchos casos, a la educación con la que hemos crecido, estudiado etc.
Y con el pasar del tiempo, desde nuestra infancia o adolescencia e incluso en nuestra juventud, principalmente, hemos ido reforzando unas actitudes religiosas que lejos de ser conscientes de ellas, más bien nos hemos limitado a imitar o a guardar las formas para evitar ser censurado, criticado, señalado o marginado.
Incluso hemos sido
empujados por la sociedad a realizar unos compromisos que nunca entendimos lo
que hacíamos, llegando al extremo en muchos casos de materializar un juramento como
testimonio de mi única creencia de salvación.
En otros casos y
con el pasar del tiempo, hemos cambiado de forma religiosa para seguir en otra
creencia, que otros dicen; que es la verdadera y salvadora de todos nuestros
males...
Si somos un poco críticos
con nosotros mismos, podemos llegar a la conclusión que mis creencias, no son más
que otra teoría, basada en algo que leímos, algo que nos dijeron o simplemente
algo con lo que hemos crecido, apoyándonos o creyendo ciegamente en lo que
otros han dicho...
Por lo tanto no es
de extrañar encontrarnos en el mundo multitud de escuelas y autores diferentes
que proclaman doctrinas similares o contradictorias sobre el Espíritu humano.
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Este laberinto de
teorías en que se encuentra el que ansía la verdad, aparece trazado en el
suelo de muchas catedrales como símbolo de los complicados corredores de la
mente. En el centro del laberinto se encuentra el lábaro del templo, el hacha de doble filo (origen de la palabra laberinto). Allí está la síntesis, el conocimiento directo, la verdadera Gnosis. Solo mediante la propia experiencia, mediante la experimentación de las realidades sensibles y suprasensibles podremos escapar del opio de las teorías. No se trata de
creer o no creer sino de vivenciar, de comprobar por uno mismo. Y partiendo de
nuestra propia realidad consciente, donde nos basamos en nuestra propia
experiencia, y no en la de los demás, es como podremos salir del laberinto...
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Siempre las catedrales han sido “Cátedras” para la conciencia, pero para poder comprender dichas cátedras se necesita de la humildad de quien sabe que no sabe nada.