|
- Deposición del general Flores - Gestión de Cipriano Coronel Zegarra |
El año 1845 fue de lluvias intensas, con crecientes de los ríos Chira y Piura que como ocurría e estas oportunidades, se desbordaba. El año anterior también había llovido bastante pero no en la forma de 1845; en cambio en 1843 fue un año tan seco, que el río Piura no llegó a bajar al medio valle.
A las 2 de la tarde del día 1º de febrero la ciudad de Piura fue remecida por un terremoto que derrumbó muchas casas, pero el número de víctimas en la localidad y resto de la provincia litoral fue reducido, posiblemente por la hora en que todos estaban despiertos, y en sus domicilios.
Hay que hacer notar que el mismo día, víspera de
El doctor Luis Ginocchio Feijoo en “Notas sobre el periodismo piurano”, da una relación de los periódicos que aparecieron en Piura desde el año 1842. Con respecto a los que circularon por aquellos turbulentos años, a los siguiente: “El Vijía”, y luego como “El Vigía”, presumiblemente apareció en 1842 porque el número 24 tenía fecha 17 de junio de 1843. Su formato era de 31x 22 ms. En 1850 salía de mayor tamaño: 45x 32 cms.. Publicaba en su número 24 varios decretos del supremo director general Vivanco, y discursos académicos. También informes de la tesorería fiscal de la provincia litoral:
El 22 de agosto de 1842 circuló “Piura Libre”. Su nombre de por si era bastante revelador e indicaba la situación política prevaleciente. Tenía editorial y noticias de Lima.
Don Jorge Basadre anota que en 1841 circuló el semanario “
El general Flores desde la presidencia del Ecuador y el general Santa Cruz como exilado en ese país, continuaron formulando planes en torno al futuro del Ecuador, Perú y Bolivia. Ahora la nueva idea que tenían era la de hacer reinos de estas republicas, con príncipes como monarcas, pero también consideraban la posibilidad de crear regencias, en cuyo caso los regentes serian ellos. Era pues el mismo sueño de San Martín y añoranza y vuelta al pasado, con la diferencia que en lugar de virreyes españoles íbamos a tener regentes criollos.
El general Flores había iniciado un nuevo período presidencia, esta vez de ocho años, pero en marzo de 1845, cansados los pueblos del aventurismo de su presidente, lo depusieron. En el destierro Flores continuó conspirando en favor de sus proyectos monárquicos.
Con la salida de Flores, la frontera de Piura con Ecuador se aquietó.
La calle Pescadores en el Callao que luego se llamó calle “Constitución” y el Castillo del Sol, se encontraban a muy baja altura sobre el nivel del mar, de tal manera que con las bravezas marinas se inundaban. Se resolvió defenderlos con estacas de madera, pues en diciembre de 1845 el mar causo graves daños. Fue entonces que nació el proceso de construir un malecón de defensa con diez mil estacas. En enero de 1846 se decide utilizar manglares y se dudaba entre solicitarlos de Guayaquil o de Tumbes. Se prefirieron los de este último porque no costaba. Llamaba la atención que no se utilizara el sistema en Paita que estaba a muy poca atura sobre el nivel del mar.
Se inició el trabajo, pero a fines de enero una nueva braveza del mar chalaco destruyó lo que se había iniciado, con lo cual demostró que iba a ser un trabajo inútil. Se desistió de la utilización del mangle tumbesino y se salvó esta riqueza natural.
En 1841 había en la provincia de Piura 27 escuelas primarias, algunas de las cuales empleaban el moderno método lancasteriano y las otras seguían por el método antiguo o tradicional.
Era esta cifra todo un record, pues en el resto del Perú, con excepción de Lima la enseñanza estaba poco difundida. Así en la provincia de Trujillo había sólo 10 escuelas, Cajamarca tenía 4, Ayacucho disponía de 2 y Tacna también tenia 2. En otras localidades o provincias solo se contaban con una escuela.
Por el año 1842, llegaba a Paita un ex oficial colombiano que había peleado en Junín y Ayacucho para hacerse cargo de un modesto puesto de Vista de Aduana y lo acompañaba su pequeño hijo Miguel. Se trataba nada menos de Don Juan Manuel Grau y del futuro héroe máximo del Perú, que hacía su primer contacto con el mar, que pronto sería su hogar y luego el escenario de sus portentosas hazañas. Ese hecho, pasó sin embargo un tanto desapercibido en la pequeña población que era Paita.
EL periodo 1840-1843 fue de años conmovidos, luchas civiles, primero una intensa y luego lluvias copiosas, un fuerte sismo que daño muchas viviendas, templos y edificios y también la fiebre amarilla, que causó bastantes víctimas. Pero esos males fueron los que sin duda movieron a muchas localidades a construir los cementerios que hasta entonces, no tenían como el de Catacaos 1842 y el de Castilla en 1843.
El 11 de marzo de 1845 se dio resolución suprema, disponiendo que el gobernador de la provincia litoral de Piura tomase las providencias para la reapertura del Colegio Nacional.
EL 29 de agosto de 1846 se aprobaba el reglamento del Colegio.
El Colegio estaba desde el principio marcado por un signo en que parecía no poder escapar. Tras breves periodos de funcionamiento, venían años de receso y así continuaría por mucho tiempo.
La última reapertura había sido el 30 de agosto de 1835 cuando se instaló solemnemente, siendo rector don Pedro Vargas Machuca el cual también fue autor de su Plan de Estudios, que en realidad fue en el primer reglamento que ha tenido el Colegio San Miguel.
Posteriormente fue rector el competente prelado José Domingo Armestar.
En 1838 graves sucesos habían conmovido a Piura, y el gobernador el ayacuchano coronel Iguain tomó los fondos del colegio para atender gastos militares. Los profesores al llegar el mes de noviembre se encontraron impagos desde hacía tres meses.
Ante el pedido de los padres de familia, el rector Armestar resolvió adelantar vacaciones y exámenes. Como los problemas económicos no se habían logrado superar, el colegio no se reabrió en 1839, en momentos en que transitoriamente estaba encargado el plantel el profesor Carlos del Valle.
Pese a su receso, en el Congreso de Huancayo se le asignó una renta
de 3,000 pesos anuales a cobrar de los tributos que generase Piura. Se encargó
para administrar estas rentas al cura párroco de
El 23 de septiembre de 1843, el gobernador Juan José Arrieta
gestionó infructuosamente la reapertura del plantel, no obstante el decidido
apoyo que le dio
El año 1845 era gobernador de Piura el entonces coronel Alejandro Deustua, cargo que ocupó de raíz de la caída de Vivanco. Como secretario tenía a don Cipriano Coronel Zegarra (padre) y como asesor al escritor y periodista a don Manuel Asensio Segura, radicado por entonces en Piura.
Ambos personajes, según el profesor Juan Antón y Galán, influyeron en el ánimo del gobernador, para que gestionase la reapertura del plantel.
El 11 de marzo de 1845, se dio la resolución suprema, autorizando al gobernador a dar los pasos necesarios para la reapertura del colegio.
En julio ese mismo año, el gobernador nombró a una comisión para que el elaborase el nuevo reglamento.
Componían tal comisión don Manuel González Otoya, hermano de
Panchita el gran amor de
El gobernador tuvo mucho trabajo, para lograr que el párroco de
En 1845 funcionaba en Piura un colegio particular dirigido por el colombiano José Antonio Lora, y dado su prestigio desde Ecuador, el gobernador Deustua lo propuso el 8 de septiembre de ese año, como rector del colegio contando con el beneplácito del vecindario.
Habiendo quedado acondicionado el local, nombrado los profesores y también el rector en la persona de don Marcelino Aranda, que era médico cirujano de profesión; se reabrió el 23 de marzo de 1846 tras largos años de receso.
Fue un día de júbilo paros piuranos, pero como siempre, iba también en esta oportunidad a ser corto su funcionamiento. El plantel se llamaba como Colegio de Ciencias.
En 1847 el colegio tenía 27 alumnos internos y 14 externos y los cursos que se dictaban eran filosofía, matemática, geografía y latinidad. Luego vino otro periodo de receso en 1848 siendo vicerrector el presbítero Juan José Arellano Coronel.
El 19 de marzo de 1851, estando en el gobierno el general Ramón Castilla, el plantel se vuelve abrir. Era gobernador el trujillano Pedro Orbegoso Pinillos y como rector fue nombrado el doctor José Silva Santisteban.
En agosto del mismo año nombran como vice-rector al piurano Manuel María Cardozo que posteriormente sería también rector. Como capellán fue designado el presbítero José María Zevallos.
Don Manuel Ascencio Segura, el futuro gran comediógrafo, que en 1847 era secretario del gobernador coronel Joaquín Gonzáles, logró que este se interesara en becar en Europa al joven Luis Montero, que mas tarde se convertiría en uno de los pintores peruanos de mayor renombre.
Segura fue uno de los editores del periódico piurano “El Moscón” que contaba con varios colaboradores y mantenía columnas que se trataban de temas políticos, utilizando mucho el estilo satírico e incisivo.
“EL Moscón” mantenía una fuerte rivalidad con “El Tridente”, y mas
tarde con “
Todos estos periódicos tenían una muy acentuada línea política y por eso su vehemencia y también su fugacidad.
El padre de Segura fue un teniente español que hizo ingresar a su hijo en los ejércitos del rey, cuando solo tenía 14 años, habiendo combatido en la batalla de Ayacucho en las filas realistas. Posteriormente siguió en el ejército de la república, llegando a mayor, pero por prescripción médica tuvo que trasladarse a Piura y abandonar la carrera militar. En Piura vivió 11 años trabajando como secretario de la prefectura, cargo en el que sirvió a varios prefectos.
Cundo era militar, ya Segura había escrito varias obras
teatrales de mediano éxito y fue en
Piura donde escribió las mejores como “
En 1851 publicó en Piura un folleto
con su comedia “La pelimuerta, epopeya de ultima hora” con 16 cantos y 2194 versos. En la obra,
Segura satiriza a un enemigo.
En 1858 renunció a su empleo de secretario y se
trasladó a Lima en donde se dedicó por entero a escribir obras teatrales-.
El general Alejandro Deustua, tuvo una buena actuación en Piura, por
cuyo motivo su cambio a otra colocación fue muy sentida.
Había nacido en Tacna y cuando solo tenía 14 años concurrió a las batallas de
Junín y Ayacucho por lo tanto al llegar a Piura era solo un joven militar de
sólo 35 años. En 1833 estando en Ayacucho como capitán, se pronunció a favor de
Salaverry, y al igual que este caudillo, pasó por muchas peripecias hasta
llegar a la batalla de Socabaya contra Santa Cruz en que fue tomado prisionero
y condenado a ser fusilado. Como intercedieran a su favor, se le hizo una cruel
parodia de fusilamiento. Salió al destierro y retorno al Perú con los
restauradores, concurrido a la batalla de Yungay en donde fue vencido Santa
Cruz. Concurrió al Congreso de Ayacucho representando a su tierra natal, pero
al volver a distanciarse con Gamarra tuvo que partir una vez mas al destierro,
retorno a la muerte del mariscal en Ingavi, para sumarse a la lucha contra los
bolivianos en el sur del Perú. Apoyó a Vidal y pasó a la oposición del gobierno
de Vivanco apoyando a Castilla. Ya como general de brigada fue nombrado como
gobernador de la provincia litoral de Piura en 1844. Posteriormente fue
prefecto de Puno y Arequipa, ministro de guerra y gobernador del Callao. Apoyó
al general Rufino Echenique como presidente de la república y cuando su antiguo
amigo el general Castilla se sublevó, no lo siguió permaneciendo fiel al
presidente al cual acompaño hasta la batalla de
El Colegio de Ciencias era de nivel superior y habían alumnos mayores de edad para determinados cursos. Las asignaturas de derecho constitucional, derecho natural, legislación y psicología-lógica estaban a cargo del rector.
Eran profesores don Manuel Cardozo, Clemente Peralta, Segundo Bringas y Miguel Torres que eran al mismo tiempo alumnos en los cursos de derecho.
Fue precisamente el profesor Cardozo el que sucedió al Dr. Santisteban en la dirección del plantel a partir de 1855. Este dirigió el plantel dos años y le sucedió otro profesor: don Clemente Peralta.
El 20 de abril de 1845, había asumido el general Ramón Castilla la presidencia elegido por los colegios electorales. Bien pronto tuvo que verse precisado a deportar al general San Román, su compañero en las ultimas acciones militares, pero contumaz conspirador que pretendió volver a las andadas.
En febrero de 1846, Castilla se vio obligado a ordenar la prisión del general José Félix Iguain; ex gobernador de Piura, por haber estado complotando con el presidente de Bolivia general Ballivián, para segregar los departamentos de Moquegua, Tacna y Tarapacá. El general Castilla y el presidente de Bolivia eran enemigos personales, a raíz del trato indigno que Castilla recibió de parte de Ballivián tras la batalla de Ingavi.
Cuando en agosto de 1844 todavía desarrollaba Castilla operaciones militares en el sur, puso a Iguain como prefecto de Moquegua, fue entonces que se produjo un incidente entre el barco de guerra inglés “Cormorán” anclado en Arica e Iguaín en forma tal que la nave extranjera bombardeó Arica, en represalia porque no se le dieron las satisfacciones que exigía. Pero el gobierno peruano, para evitar complicaciones las dio, con mengua del decoro nacional y ante la indignación de Iguaín que era nacionalista fanático.
Eso fue la razón para que disgustado Iguaín, empezara a conspirar desde el cargo.
Iguaín permaneció preso hasta agosto de 1847 en que el congreso dispuso su destierro a Chile. En julio de 1848, estalló un motín que depuso al subprefecto de Moquegua coronel Ramón Vargas Machuca, piurano. Se echó la culpa a Iguaín, el cual apareció en Tacna que también se sublevó. Pero bien pronto la situación fue controlada y nuevamente preso Iguaín, fue remitido a Lima y se le dio como prisión un pontón anclado en la rada del Callao en donde murió en 1851.
Iguaín era natural de Huanta y había estado en numerosas ocasiones en Piura, en donde dejó su recuerdo violento y atrabiliario.
En 1839 cuando el congreso de Huancayo; volvió a
Piura y se le ocurrió la idea de pretender ser presidente de la república y que
en ese sentido estuvo trabajando, pero los piuranos no lo secundaron, por cuyo
motivo al tiempo dejo la ciudad.
Por los años 1840 Paita como puerto había adquirido una gran actividad. La casa de Ballena estaba en todo su auge frente a sus costas y el arribo de barcos balleneros, en demanda de alimentos y agua era intenso.
Una actividad muy interesante era la de construcciones navales, que se ocupaban a una gran cantidad de trabajadores que eran bien pagados por cuanto se habían especializado en la tarea.
En 1846 Castilla dispuso que Paita fuera un apostadero Naval y en el
mismo año se inició la construcción del muelle, formado por un terraplén de
rocas y material relleno que penetraba hacia el mar, cuyos bordes se defendían
con estacas de madera, con longitud aproximada de
En el mismo año se dispuso el funcionamiento de un apostadero naval en Paita para lo cual se nombró nada menos al capitán de navío Juan Iladoy, asociándolo con el capitán de corbeta José Elcorrobarrutia.
Durante la colonia se había utilizado el apostadero de Guayaquil, pero ya definitivamente perdido ese puerto, se pensó entonces en Paita. Lo que necesitaban eran bosques, y hubo la posibilidad de explotar los que existían en Tumbes.
El 8 de septiembre de 1847, el ministro de guerra y marina general José Maria Raygada se dirige al comandante general de la marina, capitán de navío Francisco Forcelledo, haciéndole conocer que se enviaría al congreso un proyecto de ley sobre la utilización de los bosques de Tumbes para construcciones navales. En 1845 cuando era ministro de guerra y marina el general Manuel de Mendiburu, también había mostrado el mismo interés.
En 1848 se encargó del apostadero del Paita el capitán de navío Josñe Boterín el mismo que logró
la captura de Guayaquil en la guerra de
Pero fue recién en 1849 cuando se le dio a las cámaras un informe amplio y favorable sobre la bondad de las maderas de Tumbes y de la bahía de Paita. Por entonces era también ministro de guerra y marina el general Raygada.
Cuando el 6 de julio de 1847 se da por decreto supremo el reglamento orgánico de la marina, se hace una amplia referencia al apostadero de Paita y se deja ver la intención de convertirlo en astillero.
En realidad, Paita no solo tenía condiciones para ser un simple apostadero en donde la marina de guerra pudiera ser atendida en diversos servicios; sino que de hecho y por iniciativa particular se había convertido en un astillero en donde se construía barcos, que para la época eran de apreciable tonelaje.
Cuando en Marzo de 1845 fue depuesto en Ecuador el general Juan José Flores, las relaciones entre los dos países eran tirantes. En forma unilateral, Flores había precedido a desconocer el tratado de 1832 y planeó la vigencia del tratado de Guayaquil de 1829, que su propio gobierno había desconocido cuando Ecuador se declaró en 1830, en la república independiente.
En 1846 se encontraba de canciller en Lima don José Fernández Salvador el cual le dirigió una nota al canciller Ecuatoriano en Quito, para deplorar que la política inquietada del general Flores, había hecho que el gobierno de Ecuador fuera en algunas oportunidades infiel a sus compromisos internacionales y a los tratados suscritos.
Por entonces se encontraba radicado en Piura el caballero don Cipriano coronel Zegarra que había formado hogar con doña Amalia Castro y Cortés. El coronel Zegarra trabajaba en la gobernación, como 1er ayudante y entre sus muchas tareas estaba encargado de los asuntos de extranjería, pues la provincia litoral de Piura que por entonces incluía al actual departamento de Tumbes tenía una extensa frontera con Ecuador a lo largo de lo cual se hacía un extenso comercio. Eso lo hizo conocer a importantes hombres de negocios de Guayaquil y a muchos políticos ecuatorianos en destierro que luego al volver de su patria desempeñaban cargos importantes.
Fue coronel Zegarra padre de los piuranos Enrique y Félix Cipriano que destacaron como hombres públicos.
Castilla y sobre todo Fernando Salvador, posiblemente por consejos del general Deustua que estaba de gobernador en el Callao, pensaron en ocupar los servicios del coronel Zegarra y lo nombraron encargado de los negocios del Perú en Quito, y fue entonces que logró que el presidente ecuatoriano Vicente Ramón Roca, confirmarse el 29 de marzo de 1846 la vigencia del tratado Pando-Novoa de 1832, manteniéndose las alianzas defensiva-ofensiva, los recursos sobre comercio y otros. Se introdujeron ligeras modificaciones de detalle, sin que lo referente a límites se hiciera enmienda alguna.
Todo eso se facilitó por
que se supo que el general Flores desde el destierro seguía su labor de intriga,
en esta oportunidad poniendo en riesgo la existencia misma de Ecuador como
república independiente, pues en España había logrado interesar en
Esto como era natural creó alarma en los tres países, y sobre todo Ecuador y Perú que decidieron actuar de acuerdo. Los diplomáticos de estos países en España e Inglaterra actuaron prontamente, y conociéndose el asunto por la prensa de Madrid, se armó un gran escándalo. El gobierno inglés al principio se mostró complaciente pero en todo el continente americano se levantó una ola de protesta y Francia que era gran potencia hizo causa común. Ante eso, Inglaterra dio marcha atrás y dispuso que sus puertos no salieran barco alguno, lo cual repercutió en España, pues los enrolados empezaron a desertar y un enganchador huyó con una fuerte suma de dinero. El gabinete español ante las críticas se vio precisado a renunciar y el nuevo primer ministro, duque Soto Mayor, prohibió la salida de España de un solo hombre. Así terminó el fantástico proyecto del alucinado general Flores de hacer un reino Ecuador.
Flores ya no puedo llegar a la presidencia de Ecuador, pero siguió siendo un elemento perturbador de la tranquila.
En la misma forma que en tierra se reclutaba gente para el ejército, así en los puertos se buscaban elementos para servir en la marina. Había gente como la de Paita con una muy antigua tradición marinera, existiendo por lo tanto, entre sus pobladores tendencia y vocación para servir en el mar.
El 6 de octubre de 1840, siendo ministro de guerra y marina el
general Juan José Salas, se dictaron las primeras ordenanzas con relación a la formación de las Milicias Navales.
Ya que hemos dado cuenta de que se crearon 5 tercios navales en
En un informe preparado en 1847 cuando ya fenecía el año por el capitán de navío Eduardo Carrasco, se da cuenta sobre el número de hombres integrantes de tercios navales y así se tiene:
Callao .................................................................................... 704 hombres
Paita .................................................................................... 373 hombres
San José ................................................................................ 243 hombres
Islay ...................................................................................... 170 hombres
Arica .................................................................................... 147 hombres
Huanchaco ............................................................................ 145 hombres
Iquique .................................................................................. 129 hombres
El personal de servicio en Paita se descomponían: 17 carpinteros de ribera, 17 calafates y el resto de gente de mar.
Como puerto Paita había logrado mucha importancia por diversos aspectos. Desde 1833 se le consideraba el 1er puerto ballenero y lobero del pacífico del sur.
Al marino norteamericano William Ruschemberger en su relato titulado “Tres años en el pacífico” al describir la caza de la ballena, se refiere a Paita y dice: Este puerto es un lugar de reunión a lo largo del año de los balleneros americanos, quienes recurren para refrescar su tripulaciones, poner en barricas sus aceites y complementar vegetales y víveres.
Paita era por lo tanto era una colmena de trabajo, todo relacionado con el mar. Una buena cantidad de los integrantes de los tercios navales, estaban constituidos por pescadores profesionales debidamente inscritos como tales.
No obstante las deslealtades que cometía San Román, siempre el general Castilla lo trató como amigo. Parecía que el puneño tenía un extraño flujo en el mariscal pues hasta lo nombró ministro y del cargo lo tubo que volver a sacar por infidente.
Posteriormente, se le consideró comprometido en una conspiración y el 23 de febrero de 1849 se le arrestó cuando salía de una reunión del consejo de estado del que era miembro. Jamás reconoció San Román haber complotado en esa oportunidad, ni se le llegó a probar nada, pero fue igual, y se le deportó al Brasil para lo cual se le embarcó en el bergatín “Tumbes”, que al mando del capitán de navío Ignacio Mariátegui, debía ser el largo recorrido por el estrecho de Magallanes.
Junto con San Román también fueron deportados el general Agustín Lerzundi, los coroneles Francisco Alvarado Ortiz y Juan Espinoza. Así mismo Mariano Pagador y Manuel Calonaje. Al llegar al puerto chileno de Talcahuano, el capitán Mariátegui hizo su propia revolución y desembarcó a los prisioneros y a una parte de la tripulación que lo seguía. Con el resto de la tripulación el “Tumbes” retornó al Callao. Aparte fue deportado el general Crisóstomo Torrico. El 18 de julio se dio una amnistía y se permitió el retorno de los deportados.
Durante el periodo de Castilla, estuvo gobernando Bolivia el general Ballivián que con frecuencia estuvo adelantando las conspiraciones y hasta pretendió segregar parte del Perú, para lo cual complotó con Flores.
Por eso Castilla se mantuvo alerta y se comisionó al general Manuel Medina, lo mismo que Antonio Pezet y Pedro Cisneros a organizar la defensa en el sur para un probable ataque. En octubre de 1848 Cipriano Coronel Zegarra (padre) y Cisneros Olañeta llegaron a ajustar un tratado con Bolivia que puso fin a la tensión. El canje del tratado se efectuó en Arequipa en 1849.
El 24 de febrero de 1848 un trabajador del valle de Sacramento
descubrió oro en esa desolada región y estalló la llamada Fiebre de Oro que
congregó en California aventurero de todas partes del mundo y también. La
ciudad de San Francisco acabo de un año llegó a tener 100,000 habitantes,
cuando antes había sido un pequeño poblado. Se calcula que 650 barcos
ingresaban y salía diariamente de su bahía. En 1850 California ingresaba a la
unión como un nuevo estado de los Estados Unidos. Era una región sin ley, y muy
violenta. Los peruanos no iban a ese lugar como buscadores de oro si no como
comerciantes, pero tuvieron múltiples problemas, pues era frecuente que los
tripulantes al desembarcar en los puertos se vieron en líos y no pudieron
integrarse. Al propietario de un barco peruano Juan de Dios Calderón, en nombre
de otros patrones y dueños de barcos, solicitaron la protección del gobierno
peruano y este resolvió enviar al bergatín “Gamarra” al mado
del capitán de fragata José María Silva Rodríguez. El barco partió el 21 de
diciembre de 1848 del Callao, y conducía 136 tripulantes. En marzo de 1849
llegó a California, encontrando en la bahía a los barcos, peruanos Elisa,
Susana, Mazzepa, Calderón, San José, Volante, Bella Angelita, Andrea y Atalante. Los cuatro primeros estaban
hacía bastante tiempo y se encontraban sin tripulación. Como se había llevado
suficiente tripulación, se dispuso la ocupación del “Calderón” y del “Elisa”
que con una pequeña dotación pudieron retornar al Callao. Luego protegió a los
propietarios del San José, Susana y Mazzepa que
pudieron vender sus barcos en un buen precio. También se vendió a
La tripulación guardó la más rígida disciplina y el nombre del Perú se hizo respetar en California. El 16 de mayo retornaba y el 7 de julio de 1849 ingresaba en la bahía de Paita, en donde tuvieron que desembarcar a 26 tripulantes aquejados de dolores reumáticos y de escorbuto. Expertos los porteños en atender a las tripulaciones enfermas que con frecuencia llegaban a Paita, en unos pocos días estuvieron bien. El 30 de agosto llegaban el “Gamarra” al Callao con toda la tripulación, siendo los marinos felicitados por el ministro de guerra y de marina general José María Raygada.
En la matricula de barcos correspondientes a 1849, aparecían como construidas en Paita las siguientes embarcaciones:
Pailebot “presidente Castilla”, con
Goleta “Roncadora”, de
Goleta “Dolores” de
Bote San Juan, de
El pie español como medida de longitud tenía una equivalencia de
Pailebot “Sacramento”, de
Bote “Diligencia” de
Bote San Martín de
Bote “Mercedes” de
Bote Santa Rosa de
Bote “Francisco”, de
Bote “Carmela”, de
Bote “San José” de
Bote Francisco, eslora 26 y manga 7, de Domingo Pizarro.
Bote San Pedro y San Pablo, de 22 de eslora y 6 de manga, de Manuel Gómez.
Bote Carmen de 21.5 de eslora y 5 de manga de Silverio Rosas.
Bote Flora, de 23 de eslora y 7 de manga, de Martín Gómez.
Bote Manuel de 24 de eslora y 7 de manga, de Mateo Rosas.
Bote Mercedes, de 26 de eslora y 8 de manga, de José Rosas.
Bote Rosa, de 21 de eslora y 7 de manga, de José María Gómez.
Bote Félix, de
Bote Felicidad, de 16 de eslora y 5 de manga de Manuel Morillo.
Bote San Antonio, de 16 de eslora y 4.5 de manga de Rufino Gómez.
Bote San Francisco, de 17 de eslora y 4.5 de manga de Melchor Gómez.
Bote San Pablo, de 14 de eslora y 4 de manga de Juan Palma.
Bote El Carmen, de 15 de eslora y 3.5 de manga de Juan de
Bote Francisquito, de 13 de eslora y 3 de manga de Manuel Colán.
Bote Manuel, de 14 de eslora y 4 de manga de Nazario Chunga.
Bote San José, de 12 de eslora y 3.5 de manga de Teodoro Palma.
Bote Mercedes, de 12.5 de eslora y 4 de manga de Eusebio Gómez.
Bote San Antonio, de 13 de eslora y 5.5 de manga, de José Alzamora.
Bote San Francisco, de 14 de eslora y 7 de manga, de Lorenzo Chanabá.
Bote Santos, de 16 de eslora y 7 de manga, de José María Aguirre.
En total habían 40 matriculados en Paita de los que 7 habían sido construidos en
Guayaquil y 33 en Paita. De ellos 4 barcos grandes.