Capítulo II

 

 

C A P I T U L O      II

 

 

SE INICIA LA GUERRA DE BOLÍVAR Y LA MAR

 

 

 

-          Causas de la Guerra

-          Las fuerzas armadas peruanas

-          Rebelión pro-peruana en Guayaquil

-          Reforzamiento de la marina peruana

-          La proclama del general Flores

-          La misión de paz, de Villa

-          El ultimátum de Colombia

-          Bolívar se prepara para la guerra

-          Invasión de Gamarra a Bolivia

-          Bolívar declara la guerra al Perú

-          Comunican al Perú la declaración de guerra

-          La misión de O´Leary

-          La corbeta “Libertad” zarpa al norte

-          Los ecuatorianos a favor del Perú

-          Combate naval de Malpelo

-          La proclama de La Mar

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CAUSAS DE LA GUERRA.

 

     Cuando el gran Francisco de Miranda, inició la lucha contra España para sacudir a los pueblos de América del colonialismo, pensó en una patria grande, constituida por todos los pueblos americanos.

     Los primeros revolucionarios tuvieron también ese criterio, y solo fue mucho después que surgieron los nacionalismos, alentados por los caudillos lugareños y regionales.

     En cierta forma, Bolívar fue un continuador del pensamiento de Miranda, y proyectó unir bajo el influjo de su espada y de su vigorosa personalidad, a todos los pueblos que él había contribuido a  independizar.

     Pero ya por entonces había tanto en Colombia, como en Venezuela, Ecuador y Perú poderosas corrientes liberales, opuestas al personalismo autocrático del Libertador.

     Tan pronto como los pueblos se sintieron libres del poder español, se volvieron contra el autocratismo de Bolívar.

   El general  Francisco de Paula  Santander en Colombia, Páez en Venezuela y Luna Pizarro en el Perú, fueron los abanderados del liberalismo, y de la lucha contra el autoritarismo de Bolívar, el cuál sin embargo tenía un sin número de seguidores que deslumbrados por su gloria y su poder tomaron partido por él.

     Se entabló entonces una lucha entre liberales y el autoritarismo representado por Bolívar. Esa lucha fue tanto dentro de Colombia como fuera de ella. Se apeló a todo de una y otra parte.

     Bastó que Bolívar se alejara del Perú, para que sus contrarios liberalistas iniciaran la contra-ofensiva y se adueñaron del poder. Como ya se ha visto, uno de los primeros actos, fue eliminar la constitución vitalicia, hechura de Bolívar y terminar con todo lo que pudiera significar una relación con el Libertador, y fue así como hasta los mismos trujillanos pidieron que su ciudad a la que se le había dado el nombre de Ciudad Bolívar, recobrase el que tenía antes. Como por otra parte la presencia de Sucre al frente del gobierno de Bolivia, constituía potencialmente una amenaza, también se le eliminó políticamente.

     Bolívar se indignó profundamente cuando tuvo conocimiento de esos hechos, que en el fondo fueron las causas profundas del conflicto.

     Los demás motivos, que le sirvieron al Libertador para declarar la guerra al Perú, sólo fueron causas aparentes o pretextos.

     Los soldados colombianos que estaban en Lima y que componían la Tercera División, no se sublevaron instigados por los peruanos, como lo dijera más tarde Bolívar, sino porque mantenían una estrecha correspondencia con sus compatriotas de Colombia y recibían en forma constante proclamas del general liberal Santander.

     El coronel Daniel Florencio O´Leary, biógrafo de Bolívar, dice que a principios de marzo de 1827 se supo en Bogotá la sublevación de la Tercera División del ejército colombiano en Lima. Este acontecimiento era de preverse, pues desde el 23 de febrero lo había anunciado el coronel Santana, cuando estaba con el Libertador en Caracas. Luego dice O¨Leary: “Por fin se sublevó la Tercera División. Lara no era el hombre calculado para conciliar los intereses del pueblo de Lima, con los de los auxiliares. Su carácter áspero y severo, es suficiente por si solo para producir una insurrección en el ejército mejor disciplinado”.

     Cuando la Tercera División desembarcó en Guayaquil, depuso a las autoridades y propició el nombramiento de La Mar como jefe político y militar de esa plaza. Eso motivó el odio del general Juan José Flores, contra él.

La expulsión del Cónsul Armero y de varios colombianos que estaban en Piura, contribuyó echar leña al fuego. Por otra parte había también la deuda que Colombia cobraba al Perú por gastos que decía había incurrido en la campaña libertadora que culminó en Ayacucho. No tenía en cuenta el Libertador, que la destrucción de los españoles en el Perú, no era sólo interés nuestro, sino de todos los pueblos de América como lo había comprendido San Martin, y no tenía porque el Perú pagar todo el gasto de la campaña. Además, es bien sabido que el norte peruano que era la porción liberada, fue la que hizo frente a todos los gastos, tanto en dinero como en ganado, y toda clase de abastecimientos. Las iglesias de la entonces provincia de Piura, fueron prácticamente desvalijadas, para sostener la campaña y el aporte en vacas y mulas fue cuantioso.

Motivo también de motivos reclamos fue el de los llamados reemplazos. Cuando Riva Agüero pidió a Bolívar venir al Perú, el delegado nuestro llegó a un convenio con el delegado de Bolívar, de acuerdo a lo cual, las bajas que sufriera el ejército colombiano, serían reemplazadas por peruanos. De esto se hizo mucho abuso, pues, no solo se reemplazó a tales bajas, sino que se aumentó en mucho los contingentes de las unidades colombianas, en forma tal que había batallones y regimientos que de colombianos solo tenían el nombre, pues hasta el 80 por ciento eran peruanos. Así pasó en la batalla de Ayacucho, y la cosa fue después peor. Se estima que unos cinco mil peruanos fueron llevados con los ejércitos de Bolívar a su patria y allí tuvieron que intervenir a la fuerza en las guerras civiles, muriendo en tierra extraña. Como se recordará, los piuranos ya se habían hastiado de dar el contingente de sangre, sin que se vislumbrase forma de cesar en la leva de gente, lo cual fue motivo de frecuentes protestas y de que la gente desertara.

El otro pretexto de Bolívar, fue la reclamación de los territorios de Maynas y de Jaén, que consideraba como parte de la audiencia de Quito.

El autoritarismo de Bolívar, no  permitía que nadie osara enfrentársele. Toda oposición  le resultaba totalmente intolerable y lesionaba a su orgullo. Fue por lo tanto el Libertador el que precipitó el conflicto, precisamente cuando en su propia patria se veía también acosado por los liberales.

En el conflicto, fueron muchos los colombianos, importantes que  tomaron las armas para apoyar al Perú, y enfrentar a Bolívar, y si Santander no lo hizo fue por que estaba prisionero de Bolívar. En Ecuador los pueblos de Guayaquil, Loja y Cuenca estaban en forma decidida a favor de Perú y contra Bolívar. Muchos militares colombianos cuyos efectivos aún permanecían en el Perú, tomaron las armas junto a nuestros soldados.

Bolívar tuvo que luchar a un frente interno y en un frente externo. Los colombianos y ecuatorianos que lo hicieron al lado del Perú, en modo alguno se consideraban traidores de su patria. Porque la lucha era contra el poder tremendo de Bolívar. Tres de esos colombianos llegaron años más tarde a ser presidentes de la República de su patria.

Por lo tanto es incorrecto llamar al conflicto guerra entre Perú y Colombia, porque no fue contra ese país sino contra Bolívar.

 

 

Bolívar había logrado unir políticamente a los tres primeros  países que había  libertado, o sea Venezuela, Colombia y Ecuador y conformado con ellos la Gran Colombia que tenía como capital Bogotá, eso a pesar que él, era venezolano. La existencia de la Gran Colombia, era muy inestable e impopular en los mencionados países, que tenían líderes que deseaban la independencia. En 1828 la salud de Bolívar había empeorado bastante, y ya no podía desplegar la actividad de antes a pesar de su gran fuerza de voluntad.. La Gran Colombia reemplazó al Virreinato de Nueva Granada, integrado por el antiguo Virreinato de Santa Fe, por la Capitanía General de Venezuela y la Audiencia de Quito.

 

 

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LAS FUERZAS ARMADAS PERUANAS.

 

Al asumir La Mar el gobierno, se encontró con un ejército muy reducido. Cuando se advirtieron los primeros síntomas de un posible conflicto, se dio prisa en organizar, una división en el norte y otra en el sur.

En Piura se concentró la División del Norte, que inicialmente tuvo 2,000 soldados. La División del Sur, estuvo bajo el comando de Gamarra que la utilizó para invadir Bolivia y deponer a Sucre.

Cuando el conflicto estalló, La Mar había logrado reunir para iniciar la campaña, 4,500 hombres a los que se sumaron otros 3,100 que trajo Gamarra. En Lima quedaron otros contingentes y en Arequipa, 1,600 hombres a las órdenes de Gutiérrez de la Fuente. Los soldados que penetraron al Ecuador se distribuyeron entre Guayaquil, Loja y Azuay.

El año 1826, cuando Bolívar dejaba el Perú, la marina peruana estaba formada, por la fragata de guerra “Protector”, que más tarde tomó el nombre de “Presidente”. La fragata de transporte “Monteagudo”, la corbeta de guerra “General Solom” que posteriormente se llamó “Libertad” pues Solom, el vencedor de Rodil era general colombiano. Se disponía del bergatín de guerra “El Congreso”, de la corbeta “Limeña”, de la corbeta de guerra “Peruviana” y de la goleta de guerra “Macedonia” que posteriormente se llamó “Arequipeña”.

Esta flota le daba al Perú dominio en el Pacífico sobre Colombia.

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REBELIÓN PRO-PERUANA EN GUAYAQUIL

Cuando La Mar dejó el cargo de gobernador político y militar de Guayaquil para asumir la presidencia del Perú, en agosto de 1827, los generales Flores, Mosquera, Pérez, Urdaneta, Heres y Valdés, aprovecharon la situación para volver a tomar el control de Guayaquil y con el puerto, todo lo que había sido antes la Real Audiencia de Quito, y que ahora es Ecuador.

Al igual que con la Francia Imperial, que cada general deseaba un reino, así pasaba con los generales de Bolívar, en los que cada uno con pocas excepciones como Sucre, deseaba mandar sobre una región. Fue por eso que no deseaban la existencia de una gran nación bajo la jefatura única de Bolívar.

Uno de esos generales fue el venezolano Juan José Flores, que no obstante su nacionalidad, sentó sus reales en el Ecuador, y se convirtió por muchas décadas en un personaje muy influyente en ese país.

Juan José Flores deseaba independizar al Ecuador del tutelaje de Bolívar, y lógicamente pensaba en su propio provecho. En 1827, no le convenía sin embargo dar paso alguno en ese sentido porque sabía que chocaría con Bolívar. Por otra parte, él era consciente del acentuado sentimiento peruanófilo tanto en Guayaquil como en Loja, lo que se había acrecentado con la presencia de La Mar, (natural de Cuenca,) luego presidente del Perú.

Por consiguiente dentro de los planes de Flores, el enemigo más próximo era el Perú y trató de liberarse de él, intrigando contra el Perú y tratando en todo momento de convencer a Bolívar que nos declarase la guerra.

Flores sabía que había una fuerte corriente liberal  y federalista en los territorios llamados de la Gran Colombia, y que Páez en Venezuela, así como Santander en Colombia deseaban que cada país se gobernase aparte. Por lo tanto, neutralizado el Perú, era para Flores sólo cuestión de esperar, y fue así como los planes le resultaron perfectos, pues a poco de morir Bolívar en diciembre de 1829, aprovechó la situación y declaró la independencia de Ecuador, al año siguiente, separándolo de la Gran Colombia.

Los guayaquileños, no se quedaron sin embargo tranquilos ante la actitud de Flores y el 14 de setiembre de 1827 un grupo de militares pertenecientes a la Tercera División colombiana, trató de deponerlo, pero fracasaron y muchos tuvieron que huir a Paita y más tarde, cuando La Mar llegó a este puerto en 1828, se le unieron.

El comandante Juan Ramón Arrieta fue uno de los que se sublevó en enero de 1827 en Lima contra Bolívar. Se le confió entonces el control de los Castillos del Callao, y evitó que el general Santa Cruz se embarcara al norte, para organizar en Trujillo la resistencia contra sublevados. Fue este militar el que encabezó la rebelión contra Flores, pero fue reducido. .Sin embargo el general Flores se pudo dar perfecta cuenta de que no podía tener mucha seguridad, y buscó por todos los medios,  el refuerzo de tropas de Bolívar, y la guerra contra el Perú.

El historiador colombiano Arcadio Quintero Peña, expresa al respecto por  Flores lo siguiente: “desde el mes de setiembre de 1827, no tenía otra aspiración sino hacer la guerra al Perú, en busca de gloria para su propio engrandecimiento, camino en el cual no reconocía obstáculos”. Con tal motivo, escribía constantemente el Libertador, exagerándole el peligro que significaba el Perú. Pero mientras tanto, había mostrado en forma tan abierta su real deslealtad hacia Bolívar, que ya el 31 de mayo de 1827, el general José María Córdova en comunicación que de Quito enviaba el general Santander vicepresidente de Colombia, le decía:”Me han dicho secretamente que a Flores no le faltaban ideas e intenciones  de separar a los departamentos del sur”.

Dentro de la organización de la Gran Colombia, Ecuador constituía esos departamentos del sur.

Por otra parte, El coronel Daniel O´Leary, el fiel asistente de Bolívar, afirmaba en carta remitida de Bogotá a Caracas, a Bolívar, el 1ro. de setiembre de 1827, “que se necesitaba tropas en el sur, pues el general Santander teme que el general Flores esté engañándonos a todos”. Así era en efecto.

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REFORZAMIENTO DE LA MARINA PERUANA.

El Perú, al momento de la partida de Bolívar, tenía barcos de guerra, pero hablando en propiedad no se podía decir que tenía una marina de guerra porque le faltaban los cuadros de comando. El libertador se había cuidado mucho de destruirlos, pues no solo eliminó a Guise sino a todos los altos jefes, porque en forma mayoritaria no les eran afectos.

Fue entonces, que La Mar llamó nuevamente al servicio a gran cantidad de marinos, entre los cuales estaba el capitán de fragata Manuel Químper al cual hizo capitán de puerto en Paita y dotó al fuerte que allí había, con dos cañones.

Retornaron a la marina, Camilo Carrillo que había estado deportado en Chile, padre del marino del mismo nombre nacido en Paita que tanta figuración tuvo en las guerras contra España y contra Chile. También volvió al servicio, el capitán de corbeta Juan Elcorrobarrutia, el teniente Juan José Panizo, Guillermo Jones, Manuel Sauri y Jorge Parker. Igualmente Manuel de la Haza, Luis Larriva, José Salcedo, Manuel Carrasco, Francisco Forcelledo, José Zavala, Manuel Riquero y Juan Otero. De la Haza era paiteño y muchos miembros de esa familia durante  varias generaciones fueron marinos, muy destacados..

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LA PROCLAMA DEL GENERAL FLORES.

El auto  destierro  de tres oficiales colombianos en Paita, motivó del general Flores una airada protesta que envió al prefecto de la Libertad José Luis Orbegoso, el cual le contestó con términos enérgicos, de rechazo. El Perú no podía negar asilo a nadie.

Decía Flores, en forma fanfarrona, que si los peruanos osaban violar la frontera, él marcharía triunfante sobre el Perú, hasta donde lo llevara la vindicta nacional.

Luego lanzó un manifiesto a las provincias del sur de la Gran Colombia (Loja, Guayaquil y el Azuay), lo que era un llamamiento para la guerra.

La actitud belicosa de Flores no dejó de preocupar al gobierno peruano presidido por La Mar, y dispuso el envío hacia Piura, de un contingente de 2,000 hombres que llegaron en el mes de noviembre, formando el núcleo de la que fue después la División del Norte.

Simultáneamente y ante el empeoramiento de la situación, La Mar buscó la amable intervención de Estados Unidos para que interpusiera sus buenos oficios ante Bolívar y se evitara un conflicto. Con tal fin, el Ministro de Relaciones Exteriores, Mariátegui, se dirigió por escrito el 16 de noviembre, al secretario de Estado de los Estados Unidos Henry Clay.

Por otra parte, el 10 de noviembre de 1827 la Argentina invitó al gobierno de Chile para llevar adelante una acción conjunta de buenos oficios a fin de evitar la guerra. Fatalmente, la lentitud con la que se desarrollaron estas gestiones, las hicieron estériles, porque la ganaron los acontecimientos.

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LA MISIÓN DE PAZ DE VILLA.

La Mar, haciendo un último esfuerzo para mantener la paz, pensó en el envío de una misión diplomática ante el Libertador. Por consejo de Ministro de Relaciones Exteriores Francisco Javier Mariátegui, se nombró a don José Villa. Fue lo más erróneo hacerlo, pues esta persona además de inaparente para el cargo, no podía ser bien vista por Bolívar, porque había sido secretario del vizconde de San Donás, el infortunado Berindoaga a quien el Libertador mandó a fusilar bajo el falso cargo de traidor.

Villa y los miembros de la misión diplomática partieron del Callao el 10 de diciembre y tras de siete días de navegación que hizo en la “Peruviana”, llegó al puerto colombiano Buenaventura. Allí permaneció sin que se le permitiera viajar a Bogotá hasta el 9 de febrero de 1828, pero Bolívar no le concedió audiencia.

El canciller colombiano José Rafael Revenga, para disimular la situación tirante que se estaba creando con la larga espera, convino con el Sr. Villa en tener conversaciones preliminares hasta que fuera recibido por el Libertador, pues había llegado al caso de que habiendo Villa ido a palacio a visitar a Bolívar, este se negó admitirlo.

Hizo mal Villa en aceptar en entablar conversaciones con el Ministro, porque el iba representando al presidente peruano y al Perú en su carácter de Ministro Plenipotenciario. Era por lo tanto el trato que se le daba, lesivo al decoro y a la dignidad nacional, y mas bien debió regresarse.

Mientras tanto Revenga fue cambiado por Estanislao Vergara y la situación empeoró.

El nuevo Ministro colombiano, Planteó ante Villa una relación de supuestos agravios o cargos contra el Perú que Villa inocentemente se avino a discutir con él.

Así estaban las cosas cuando llegó el tres de marzo.

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ULTIMATUM DE COLOMBIA.

A Villa se le habían planteado ocho puntos en el reclamo que  hacía Nueva Granada (Colombia), al Perú. El 5 punto decía textualmente; “5° Porque se han vejado en territorio peruano y expelido de él, a colombianos que solo cultivaban las artes de la paz, y a oficiales como los que en Piura solo cuidaban de reparar su quebrantada salud.”

En realidad de lo que se trató, fue que los tres oficiales colombianos expulsados de Piura, eran elementos perturbadores, que se habían ganado el repudio de vecinos y autoridades, por su prepotencia e insolencia. Los colombianos en general fueron bien tratados en Piura y hasta lograron colocación, tal como los casos de los capitanes Pío Díaz y Juan Manuel Grau.

Villa estaba empantanado en Bogotá, en un intercambio interminable de notas con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Nueva Granada (Colombia) en las que replicaba o contestaba a las acusaciones que se nos hacían.

Repentinamente el 3 de marzo el gobierno colombiano planteó una serie de pedidos dando un plazo de seis meses para su cumplimiento, y que en caso de no ser atendidos, se consideraría como país que había sido hostilizado y quedaba en libertad de hacer uso de las armas.

No podía esperarse acción más hostil, ya que era intolerable el procedimiento que equivalía a un virtual ultimátum, que el gobierno del Perú no podía de ningún modo aceptar.

Entre los puntos que se planteaban estaban los siguientes:

-         La entrega de los extensos territorios de

            Jaén y Maynas.

-         El pago de 3´595,547 pesos por gastos que decía Colombia había incurrido en colaborar a la independencia del Perú.

-         Reducir al mínimo, las tropas peruanas en la frontera.

-         Volver a recibir al cónsul Armero o dar satisfacciones por lo que decía habían constituido ultrajes.

-         El envío de soldados peruanos en calidad de reemplazos para cubrir bajas en el ejército colombiano como consecuencia de las muertes habidas por combate, deserción o enfermedades, durante su estadía en el Perú.

     Este documento fue conocido bastante más tarde, de tal manera que en mayo, el ministro peruano Villa decidió abandonar Colombia.

     El 17 de mayo el Congreso Peruano autorizó al presidente La Mar a contestar la insolente nota del 3 de marzo y a decretar la movilización general, para hacer frente a los acontecimientos.

     Contestó La Mar en términos enérgicos, inculpando a Bolívar de querer la guerra. La autorización dada a La Mar fue promulgada el 20 de mayo con carácter de reservada. Se advertía que en caso de un conflicto, el Perú no haría la guerra a los pueblos hermanos de Colombia y Bolivia sino a sus jefes. También se autorizaba al Presidente de la República a mandar personalmente el ejército dentro y fuera del país, dejando en su lugar al Vicepresidente de la República.

     Aprovechando la situación, el general Juan José Flores lanza el 18 de abril una nueva proclama contra el Perú, esta vez más virulenta. El documento fue llamado “Proclama a los Departamentos del Sur”. No titubea en calificar de traidores a los peruanos e incita a los soldados colombianos a hollar nuevamente el suelo peruano. Sin detenerse en el insulto, decía: “Nuestros veteranos han estudiado en la escuela de los triunfos y destruido millones de enemigos heroicos ¿qué no será pues con libertos novicios?”.

     Se encontraba en esos momentos en Piura como comandante general de la División del Norte, el general José María Plaza, el cual envió el 22 de mayo, un oficio al desaforado Flores, en la que le pedía explicaciones y que indicara si la proclama era de su inspiración como parecía, o si había sido dada en base “a instrucciones recibidas de su gobierno, en cuyo caso daría parte al gobierno del Perú y en consecuencia tomar las medidas precautorias a la seguridad de esta provincia, de que soy el inmediato responsable”.

     Flores contestó al general Plaza que... “ni debo yo tampoco entrar en declaraciones que degradarían al gran pueblo al que pertenezco”. El 13 de junio, el incorregible general volvía a lanzar una nueva proclama, en la que decía: “Compatriotas los agresores del Perú invaden nuestro sagrado territorio. El presidente La Mar viene a la cabeza del ejército, mientras que Guayaquil debe de sufrir un bloqueo.

     Flores, se estaba adelantando a los hechos, pues de Piura no se había movido un solo soldado, y La Mar se encontraba en Lima y allí seguiría por muchos meses más. Lo que trataba Flores era precipitar los hechos. En el pueblo de Ecuador sus proclamas surtieron un efecto diferente al deseado, pues estaban hartos del comportamiento de los militares colombianos y deseaban que llegaran los peruanos y sobre todo La Mar que era su con nacional.

    En Piura –como es fácil suponer- las intemperancias del general Flores, causaron rechazo y gran indignación. En muy diversas formas, el general Plaza recibió demostraciones de apoyo. Entre los adictos a Jerónimo Seminario y Jaime, que nunca habían sido partidarios de Bolívar, se fue generando un clima intenso de repudio al Libertador, al cual se culpaba de todo.

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BOLÍVAR SE PREPARA PARA LA GUERRA

 

     El 2 de julio Bolívar escribía al coronel. O´Leary y le informaba que tenía conocimiento de que La Mar iba a empezar  la guerra por el sur (Ecuador) con operaciones decisivas, mientras Gamarra había invadido Bolivia del modo más pérfido e insultante para Colombia, Luego expresaba que eso mostraba que estaban decididos a llevar las fronteras peruanas hasta Popayán... Antes que los peruanos nos destruyan, debemos armarnos y combatir... hoy doy mis órdenes a todas partes... Ud. declarará a ese departamento en estado de emergencia (se refería a Popayán), con el objeto principal de sacar hombres y recursos y obedecerá en todo al general en jefe del sur, (el general en jefe en esos momentos era Flores), a cuyas órdenes se le ha puesto.. el batallón Ayacucho que debe volver al sur (a Ecuador)... hará Ud. reclutar 300 hombres de caballería llanera del Cauca que remitirá a Flores... Pudiera ser que Guayaquil estuviera bloqueado........ el batallón “Paya” debe cubrir Pasto sobre el cual debe tenerse una gran vigilancia en estos momentos (Bolívar como se puede apreciar no confiaba en los pastusos)... Ud. debe ponerse en comunicación directa y repetida con Flores para que sepa todo lo que pasa en el sur y me den prontos avisos pues si el general Gamarra logra un suceso en Bolivia, yo estoy determinado a marchar al sur para defenderlo del Perú y terminar esta guerra antes de que vengan los españoles (se temía la llegada de una expedición española)... no espere que Flores le pida nada, sino mándele Ud. todo lo que sea útil para la guerra... Ud. debe alarmar a su departamento como si ya lo ocupase el enemigo, porque usted sabe que nuestra posición en el sur es muy mala con respecto al Perú y la de Pasto muy alarmante con respecto a Popayán.

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INVASIÓN DE GAMARRA A BOLIVIA

     En Bolivia regía la constitución vitalicia y como presidente interino tenía a Sucre, el cual estaba apoyado por gran cantidad de tropas colombianas, Estas sin embargo estaban descontentas e indisciplinadas y al igual que las estacionadas en el Perú, en su mayoría habían sido ganadas a las ideas liberales opuestas a Bolívar que en Bolivia estaba personificado por Sucre.

     El 18 de abril de 1828, se produjo en Chuquisaca un motín de los granaderos de a caballo de Colombia, y al tratar Sucre de sofocarlo, fue seriamente herido en un brazo de un balazo y casi pierde la vida. Encargó la presidencia, mientras atendía a su curación, al general Urdinea.

     Por entonces se encontraba de prefecto en el Cuzco, el general Agustín Gamarra con importantes fuerzas a su mando. Al conocer el atentado contra Sucre, movilizó un ejército de 5,000 soldados y el 1ro. de mayo cruzaba la frontera con Bolivia a la altura del río Desaguadero. Según decía iba en socorro de Sucre, pero su intención era sacar a Sucre (con el que tenía resentimiento personal) y a los colombianos que estaban en Bolivia.

 El general Gamarra actúo sin autorización del presidente La Mar. El otro pretexto de Gamarra era detener la anarquía que decía imperaba ya en Bolivia. Unidades militares colombianas fieles a Sucre se opusieron al avance de Gamarra como el caso del general Brown, pero nada pudo detener el avance del general peruano, que ayudado por soldados bolivianos logró ocupar las mas importantes ciudades y el 7 de julio, el general Gamarra y el encargado de la presidencia de Bolivia Urdinea, firman el llamado tratado de Piquiza, según el cual en el término de 15 días todas las tropas extranjeras evacuarían Bolivia y el 1ro. de agosto se reuniría el congreso, ante el cual Sucre renunciaría a la presidencia de la república, y se nombraría un gobierno provisional. Sucre se dirigió hacia la costa boliviana y el 4 de setiembre se embarca al norte.

    Si bien es cierto que La Mar no autorizó la invasión de Bolivia, tampoco se opuso a ella a causa de que la situación con Bolivia se había puesto delicada y no convenía al Perú tener soldados colombianos a la retaguardia y menos a Sucre y por lo tanto, contemporizó.

     El 10 de setiembre llegó Sucre al Callao, en momentos en que ya la guerra había sido declara por Bolívar al Perú, y se habían producido acciones de guerra sobre todo por mar. Sin desembarcar, Sucre ofreció a La Mar su amigable mediación, pero incuestionablemente, el gran mariscal de Ayacucho, una vez más no era sincero con el Perú, como lo demostrarán los hechos posteriores.

     Indudablemente, Sucre había servido antes al Perú, no por el Perú mismo y ni siquiera por seguir un ideal, sino llevado por adhesión y fidelidad a Bolívar y en función de los intereses de su patria, porque siempre había sentido aversión por el Perú.

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BOLÍVAR DECLARA LA GUERRA AL PERÚ

     Tras de disolverse la convención que el Libertador había hecho reunir en la ciudad colombiana de Ocaña en donde logró que se le otorgase plenos poderes dictatoriales y eliminar del poder al general Santander, Bolívar lleno de rabia contra los peruanos, nos declaró la guerra el 3 de julio de 1828. Al pueblo colombiano lanzó el, siguiente manifiesto:

     ¡Ciudadanos y soldados! La perfidia del gobierno del Perú, ha pasado todos los límites y hollado todos los derechos de sus vecinos de Bolivia y de Colombia. Después de mil ultrajes sufridos con paciencia heroica, nos hemos visto al fin obligados a repeler la injusticia con la fuerza. Las tropas peruanas se han introducido en el corazón de Bolivia sin previa declaración de guerra y sin causa para ella. Tan abominable conducta, nos dice lo que debemos esperar de un gobierno que no conoce ni las leyes de las naciones, ni las de la gratitud, ni siquiera el miramiento que se debe a los pueblos, amigos y hermanos. Referiros el catálogo de los crímenes del gobierno del Perú sería demasiado, y vuestro sufrimiento no podría escucharlo, sin un horrible grito de venganza, pero yo no quiero excitar vuestra indignación, ni avivar vuestras dolorosas heridas. Os convido solamente contra esos miserables que ya han violado el suelo de vuestra hija y que intentan aún profanar el seno de la madre de los héroes.

     Armaos colombianos del Sur. Volad a las fronteras del Perú y esperad allí la hora de la vindicta. Mi presencia entre vosotros será la señal del combate.- Simón Bolívar”.

      Como se puede apreciar, el Libertador toma como pretexto los sucesos de Bolivia para declarar la guerra. Lo cierto era que habiendo vencido a los liberales colombianos en Ocaña, o sea habiendo ganado políticamente  la batalla exterior contra sus demás enemigos liberales; pretender que se habían hollado los derechos de Bolivia, era poco menos que una desvergüenza. La vecina república se había liberado del dominio español y ahora estaba bajo el de Colombia, que le imponía un presidente extranjero y un ejército de ocupación. Por eso fue que los bolivianos ayudaron a Gamarra en su avance y en solo un mes atravesó todo el país, e impuso el tratado de Piquiza.

     El 20 de julio, Bolívar lanza un extenso manifiesto a la nación. Comienza diciendo:

     Obligado el gobierno de Colombia a emplear contra el Perú las armas que le dieron independencia y libertad; debe a la opinión pública, debe a los demás estados de América y debe a todas las naciones, la manifestación de los motivos que le hacen llevar la guerra al territorio que antes llevo la paz y la felicidad.

     Ninguna nación ha tenido el sufrimiento y la moderación que ha usado Colombia con el Perú. Provocaciones, insultos, ultrajes, todo lo ha sufrido por el bien de la paz y por evitar un rompimiento entre estados cuya existencia comienza.

     Luego en el manifiesto se refiere al auxilio que prestó Colombia a la causa de la independencia del Perú, “cuando no le quedaban ninguna esperanza de salvación”, para “sacarlo de la abyección y de la nada”.

     Prosigue: “Conviene esta república, (Colombia) en que sus tropas permanecieran en el Perú, y las tropas colombianas mantienen el orden y aseguran la tranquilidad. El gobierno del Perú comienza aquí sus agravios, sin reconocer el beneficio que estaba recibiendo, y olvidándose de todo sentimiento honroso y noble, paga a Colombia, seduciendo a los auxiliares, infundiéndoles el espíritu de rebelión y haciendo que depusiesen a sus generales y se declarasen árbitros de la suerte de su patria”.

     Esta imputación de Bolívar es sencillamente calumniosa. Si bien es cierto que los soldados colombianos al igual que peruanos, argentinos y chilenos se comportaron valientemente en el campo de batalla; posteriormente cuando la lucha cesó y quedaron en guarniciones tanto en el Perú como en Bolivia, se tornaron indisciplinados y se dejaron infiltrar por propaganda que llegaba desde la misma Colombia contraria a Bolivia. Nada tuvo que ver el Perú contra la rebelión de los granaderos colombianos en Bolivia, y mal podían servir esos soldados para garantizar la tranquilidad en el Perú, sino al contrario. Lo real era que Bolívar había dejado a esos soldados como tropas de ocupación en Perú y Bolivia.

     Sigue el manifiesto seguía  diciendo: “Formó el proyecto (el Perú) de apoderarse en profunda paz de los tres departamentos meridionales (se refiere al sur del Ecuador) y para que la ofensa fuera más grave, resolvió valerse de los mismos cuerpos colombianos... …..el gobierno del Perú inspiraba la traición en las tropas de está república.”

     Se refería sin duda Bolívar a la III División que desembarcó en Guayaquil, y depuso a las autoridades colombianas de ese puerto. Pero lo cierto es que el Perú nada tuvo que ver en eso, pues simplemente se trataba de una lucha a muerte de facciones entre liberales colombianos y los autoritaristas de Bolívar.. Las mismas sublevaciones de tropas colombianas, como las que concurrieron en suelo peruano y boliviano, se produjeron también en la Gran Colombia.

     Los colombianos liberales en ningún momento se sintieron enemigos del Perú, sino de Bolívar, y durante la guerra hicieron un frente común contra el Libertador.

     El manifiesto sigue entrando en detalles, con relación a los movimientos y acciones de la Tercera División Colombiana.

     Luego refiriéndose a Armero, el cónsul colombiano que el Perú expulsó por mafioso, contrabandista y conspirador, dice Bolívar que por reclamar contra el embarque de Bustamante, se le expulsó lo que no es cierto, pues ese hecho (la expulsión) fue mucho después. Además, Armero mostrando mucha volubilidad, había estado inicialmente soliviantando a las tropas colombianas. A eso llama Bolívar “horrenda violación de la ley de las naciones”. Lo único que no pudo reclamar el Libertador, fue la expulsión de su querida Manuelita Sáenz, por Vidaurre, la que sin duda mucho influyó en el ánimo de Bolívar, para que actuase contra el Perú, porque también ella se sintió agraviada.

     Luego se refiere el Libertador, al oficial que envió con pliegos el comandante Machuca de Colombia a Bolivia, al cual se detiene en el Perú; pero nada dice de que este oficial se aprovechó de su posición para hacer contrabando.

     Asegura de que el Perú tenía un ejército en la frontera, lo que en ese entonces tampoco era cierto, por cuando el contingente de la División Norte estaba acantonado en Piura.

     Al envío del Ministro Plenipotenciario, Villa, lo llama una trama, y que a pesar de todo, se le propusieron los motivos de queja que tenía Colombia, como la liquidación de la deuda que tenía el Perú, “la devolución de las provincias de Jaén y Maynas,” y el respeto al convenio que dijo había firmado el Perú sobre los reemplazos; y que en lugar de dar soluciones, el ministro había prodigado injurias e insultos al gobierno de Colombia, a sus generales, a sus tropas y a todos los colombianos.

     Todo eso como se sabe era totalmente falso o exagerado; pero se cuidó muy bien de mencionar el ultimátum que había lanzado contra el Perú.

     También culpaba el Perú, de una rebelión de tropas colombianas, que se produjo en la ciudad de La Paz el 25 de diciembre de 1827, imputación que en realidad solo era una grosera calumnia.

     Sigue el Libertador, refiriéndose a la invasión a Bolivia, al bloqueo que se había iniciado contra Guayaquil y que “un ejército estacionado en la frontera marcha sobre Colombia, y a su frente el presidente mismo del Perú”. Eso era otra falsedad de Bolívar, pues el barco peruano “Libertad” recién a fines de julio, es decir mucho tiempo  después que la guerra nos fuera declarada, se apostó en el Golfo de Guayaquil en misión de observación y no de bloqueo. En cuanto a La Mar no se había movido de Lima y recién en setiembre llegaría a Paita. También se refirió el Libertador a un incidente ocurrido en Zapotillo, a donde dice que llegaron vecinos peruanos, incitando al pueblo a la rebelión y enarbolando la bandera peruana. El hecho fue que a ese lugar concurrieran piuranos que eran vecinos, y después de una fiesta, y con el apoyo del mismo vecindario que se mostraba inclinado al Perú, izaron en varias casas la bandera peruana.

     Como conclusión, Bolívar dice que “en fin, la guerra se ha hecho inevitable entre Colombia y el Perú... se trata ya del Perú de invadir este territorio como ha invadido el de Bolivia....”.

     Como se puede apreciar, Bolívar se hace eco de las falsedades del general Flores y vuelve a plantear los reclamos de su ministro de RR.EE. Ravenga.

     El ministro Restrepo, y el consejo de gobierno de Colombia se oponían a la guerra y aseguraban que la misma era completamente impopular en todo el país, desde Caracas hasta Loja.

     Ante tanta opinión adversa, el Libertador aparentaba ceder y manda al Perú en misión de paz a su ayudante el coronel O´Leary, pero su propósito era ganar tiempo, mientras ultimaba los preparativos, pues había convocado a una movilización de 40,000 hombres. El enviado salió de Bogotá el 3 de agosto, pero La Mar no lo recibiría.

     En Piura no tardó en saberse la noticia, traída desde Guayaquil, la que tuvo la virtud de galvanizar a la ciudadanía. Muchos eran los jóvenes que acudían a los cuarteles para enrolarse en la división del general Plaza.

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COMUNICAN AL PERÚ LA DECLARACIÓN DE GUERRA

 

     El 15 de julio de 1828, el canciller colombiano Estanislao Vergara, enviaba a la cancillería del Perú una comunicación en la cual se explicaban las razones por las cuales, se nos declaraba la guerra.

     Esta comunicación se curso después de la proclama de Bolívar (del día 31 y antes del Manifiesto a la Nación del día 20).

     En la nota, se decía lo mismo que luego Bolívar repetiría en su mensaje, y se insistía en las mentiras propaladas por Flores, que el Libertador había tomado como ciertas y que servían de pretexto para la declaración de la guerra.

     Esas falsas razones eran: la invasión del territorio colombiano con La Mar al frente y el bloqueo de la costa por la escuadra del Perú. Ambas eran tremendas mentiras de fácil comprobación.

     El gobierno peruano no se dio prisa por responder, porque comprendió que en el ánimo del gobierno colombiano, no había por el momento llegar a una transacción pacífica con el Perú. Bolívar indudablemente deseaba la guerra y sólo los acontecimientos del 25 de setiembre, en que estuvo a punto de ser asesinado, fue que lo que le hizo cambiar de planes y comprendió que no se podía por el momento alejar de Bogotá para ir a dirigir la guerra, como antes lo había ofrecido.

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LA MISIÓN DE O´LEARY

 

     Mas que por buscar la paz, con el real propósito de ganar tiempo, envió Bolívar a su ayudante el coronel O´Leary, en una aparente misión conciliadora. Creía Bolívar, que el gobierno peruano que tan dispuesto se había mostrado a conversar y a transar, rápidamente autorizaría al enviado a ingresar al territorio peruano, lo cual trataba de aprovechar para conectarse en Lima con el grupo afecto a Bolívar o cuando menos con los anti-liberales.

     El 31 de julio salía O´Leary de Bogotá para buscar de inmediato un armisticio, planteamiento erróneo por que no se habían abierto las hostilidades.

     El 17 de agosto O´Leary llegaba a Popayán, y desde allí escribía al Libertador y entre otras cosas le decía: “No he querido notificar al gobierno del Perú mi marcha y su objeto, porque tengo alguna esperanza todavía de que pueda haber algún trastorno en aquél país (se refiere al Perú), favorable a los intereses de éste (de Colombia). Esto pinta de cuerpo entero al comisionado, y su mala fe.

     El 25, desde Pasto vuelve a escribir O´Leary, lleno de alegría. Había recibido noticias del Perú y se apresuraba a comunicarlas a Bolívar. Los informes eran en realidad completamente falsos pero eso no lo sabia O´Leary y por eso decía: “Hice bien en no escribir al gobierno peruano desde Popayán. La Mar ha dimitido el mando y el Perú está aburrido de sus mandatarios. No siento que Vista Florida (el conde) esté a la cabeza del gobierno, porque es honrado, débil y tímido en exceso”... además este señor me estimaba antes mucho. Mucho partido debo sacar si me conduzco como debo”. La información de que Vista Florida era el nuevo presidente del Perú, era una falsa noticia. Más adelante en la misma carta, dice... Gamarra obra sin órdenes del gobierno, a quien no ha dado ni un solo parte desde que invadió Bolivia... Es decir, que O´Leary como Bolívar sabían que La Mar no había dispuesto la invasión de Bolivia, pero aparentaban no saberlo para acusar al presidente del Perú.

    El 1ro de setiembre estaba el coronel comisionado en Quito y ocho días más tarde lo encontramos en las proximidades de Guayaquil, siendo testigo del repudio del pueblo ecuatoriano a Bolívar y de su adhesión al Perú.

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LA CORBETA “LIBERTAD” ZARPA AL NORTE

 

     El gobierno peruano, resolvió enviar al norte a la corbeta “Libertad”, para que vigilara el movimiento de la ría de Guayaquil. No era su misión hacer labor de bloqueo, porque no se la consideraba con fuerza suficiente para cumplir una función de esa naturaleza, propia de toda una escuadra.

     El 2 de julio de 1828 salió a toda vela del puerto del Callao, al mando del capitán de fragata Carlos García de Postigo. Debía de hacer escala en Huanchaco y en Paita.

El velero tenía 24 cañones. Como segundo de a bordo, el tnte. 2° Félix Márquez, siendo el resto de la plana de oficiales los tenientes . 2° Juan José Panizo, José Otero y Pedro Williamson. Como guardias marinas 2, un contador, un piloto y un médico. La tripulación la constituían 33 soldados de infantería, 18 artilleros, 12 marineros, 27 grumetes, 6 pajes y otros. En total 124 entre soldados y marinos.

La “Libertad” transportaba para Paita 51 cajas de fusiles para el ejército del norte.

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LOS ECUATORIANOS A FAVOR DEL PERÚ

 

     Los sentimientos de los pobladores de Guayaquil, Loja, Cuenca y alrededores, era francamente a favor del Perú, y si no se exteriorizaba en mayor grado, era por el temor de las tropas colombianas que dominaban esa región y por el odio feroz que tenía el general Flores, por todo lo que fuera peruano.

     Es precisamente O´Leary el que afirma eso en varias cartas que envío a Bolívar desde Ecuador.

     El 1ro. de setiembre desde Quito, y cuando no había ido aún al sur en donde el sentimiento pro-peruano era más intenso, ya podía percatarse que nadie quería en Quito la guerra. Por eso decía: “Hombres de todas clases manifiestan abiertamente su aversión a la guerra. La recluta y el empréstito han causado vivísima sensación... aquí no hay entusiasmo... ningún resultado favorable debe esperarse en la presente lucha... aquí más que en otras partes, el clamor general es contra la administración de justicia, no se la conoce... es necesario llevar la guerra al Perú o disolver el ejército”.

     El 8 de setiembre desde Babahoyo (cerca de Guayaquil) narra O´Leary, una rebelión de ecuatorianos que en ese momento se producía a favor del Perú. Dice así:

     “A mi llegada ayer, encontré el pueblo muy alarmado, pero aunque me manifestaron motivos fundados para ello, desprecié sus temores y a las ocho de la noche los gritos de “vienen, vienen”. Me levanté al momento y fui a la ventana, donde tuve el dolor de oír vitorear al Perú. Unos malvados (así llama O´Leary a los pobladores en mitin) en número de ochenta, algunos a caballos y otros a pie, todos armados, tuvieron el arrojo de atacar el cuartel, que defendieron treinta hombres del “Caracas”. Su objeto decían, era sacar a los reclutas que se hallan aquí, libertar algunos de sus compañeros que había tomado el coronel Campos, comandante militar. Afortunadamente, algunos buenos oficiales de Venezuela, se hallaban aquí de paso y poniéndose uno de ellos, Pedraza, a la cabeza de los asistentes y milicianos, logró rechazar a los bandidos (nótese el calificativo que da O´Leary a quien no le era adicto). Pero volvieron éstos inmediatamente y por poco toman el cuartel.  Por segunda vez los rechazaron y en este segundo ataque lograron quemar dos casas y como todo el pueblo es de madera, muchos temimos que el incendio se hiciera general. Los malvados perdieron tres hombres muertos y algunos heridos (lo que muestra que no fue cualquier cosa). Nosotros tuvimos un muerto. Digo nosotros, por que a mi me nombraron comandante, honor que me iba costando caro porque al marchar para el cuartel tuve que abrirme camino por entre amigos y enemigos, y en el tránsito recibí una contusión de bala en la pierna derecha. Se espera otro ataque esta noche, porque aún permanecen los bandidos en número de doscientos (ya habían aumentado los rebeldes) en la orilla opuesta del río. Hoy han llegado a Guayaquil unos veinte hombres del “Caracas”. El estado de todo el país es horrible. El río está infestado de ladrones, y la opinión según me dicen Campos y el comandante Castro, decidida a favor del Perú. Lo cierto que anoche la contraseña de nuestros invasores, era Perú. La desgracia de la “Guayaquileña” (barco de Colombia casi destruida en Malpelo) ha animado a muchos de estos traidores. Ahora tres días, asesinaron al comandante Burgos y mandaron su cadáver por acá... Se atribuyen estos escándalos a Diego Novoa y a Baquerizo, su suegro. Parece que hay como 400 desertores reunidos a corta distancia de aquí, en un lugar llamado Chilintomo. Se han posesionado de un paso estrecho del río, cerca del estero llamado La Peña... Mañana pensamos el comandante Castro y yo, atacar a los bandidos de La Peña y abrir la comunicación con Guayaquil por el río.

     El día 14 de setiembre, desde Guayaquil O´Leary escribía: “He encontrado a este departamento en un triste estado. Sus rentas alcanzadas hasta fines de noviembre, su comercio paralizado, la opinión pública en contra de nosotros, los enemigos trabajando ocultamente, pero en actividad. En una palabra mi general, el Perú tiene mucha preponderancia aquí y nada la destruirá sino la presencia de Ud.... Las circunstancias son muy críticas. Una batalla perdida costaría a Colombia todo el sur... La casualidad quiso favorecerme en mi tránsito. Logré batir a los chilintomos, limpie el río de los ladrones que lo infestaban y saqué de Babahoyo a los desertores y reclutas que fueron motivo de las invasiones de aquellos bandoleros... le he dicho a Flores que si de aquí a dos meses su ejército alcanza a 5,000 hombres y está pronto a obrar, no habrá inconveniente en que él ataque a los peruanos. Una victoria será la mejor base a mis negociaciones”.

     El 15 de setiembre el general Flores escribía a Bolívar y refiriéndose a los sucesos de Babahoyo expresaba....... antes se había suscitado lo mismo, aunque con menos escándalo. Se han tomado las medidas necesarias para prender a todos los que tuvieron parte en la conspiración... El ejército tiene ya 6,000 soldados... el escuadrón del istmo ha llegado a Manabí con 166 hombres. Luego dicen que esperan al Húsares para tener 1,000 soldados de caballería... acabamos de tener noticias que la corbeta “Libertad” estuvo a punto de rendirse en el combate, que su primer comandante fue herido, muerto el segundo fuera de muchos que tuvieron igual suerte de la tripulación......... no me canso de deplorar la cobardía del comandante de la “Pichincha”...

     Nuevamente el 18 de setiembre escribía O´Leary: “Es incalculable la aversión que se tiene aquí y en Ecuador a esta guerra... …estos pueblos no tienen sentido nacional.

     Como se puede apreciar en los mismos escritos, en Ecuador había un fuerte sentimiento anti-colombiano y en cambio era poderosa la corriente pro-peruana al extremo de enfrentar a las tropas colombianas de ocupación. Los paisanos se rebelaban contra los reclutas y desertaban, y no por temor al combate porque luego enfrentaban a los soldados colombianos, sino por que no querían luchar en sus ejércitos.

     En setiembre, ya tenía Flores un ejército de 6,000 hombres o sea casi el doble de las fuerzas que en ese momento habían en la entonces provincia de Piura.

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COMBATE NAVAL DE MALPELO

 

     La corbeta “La Libertad” tras de llenar su cometido en Paita, se apostó frente a la desembocadura del río Tumbes, en aguas jurisdiccionales peruanas, desde donde podía vigilar el Golfo de Guayaquil.

     Al tener conocimiento el general Flores de este hecho, ordenó al Intendente de Guayaquil, que con todos los barcos a su disposición, se dirigieran hacia el barco peruano y le demandaran explicaciones. El cargo de Intendente de Guayaquil lo tenía el escocés, general Illinworth (él castellanizó su nombre y se firmaba Juan Illingrot. Fue el que durante la época de los corsarios insurgentes chilenos atacó Sechura al mando del barco “ Rosa de los Angeles”.

     La orden fue dada por Flores el día 7 de agosto desde su cuartel general en Cuenca, donde tenía sus 6,000 soldados, es decir tan próximos a la frontera como podría estar Piura.

     Illingrot, dispuso que la goleta “Guayaquileña” con 12 cañones, y la corbeta “Pichincha”, se hicieran a la mar, bajo el comando general del capitán de navío Tomas Wright.

 El 27 de agosto salieron los barcos hacia Punta Malpelo. Había una orden reservada de Flores, de atacar a la nave peruana, pues deseaba desencadenar la guerra. El documento cayó después en poder de los peruanos que lo exhibieron.

     Estaba dirigido al comandante del Apostadero que era el mismo Illingrot, y en el decía como primer punto, que la goleta de guerra “Guayaquileña” y otro barco que se encargaría el mismo jefe de armar: “se pongan a órdenes del coronel Wright y tomen la corbeta de guerra del Perú “Libertad”, donde quiera que la hallen sola”.

     Es decir, que la orden era apresarla, y donde estuviera, lo que quiere decir aún en mar peruano, pero además buscando ventaja, disponían que solo lo haría si estaba sola. ¡Que valientes! Luego decía: “Todos los buques de guerra y mercantes del Perú, sean que los encuentren en alta mar, o sea que estén en cualquiera de los puertos, caletas o surtidores de aquel estado (del Perú)”.

     Como se puede ver, la intención agresiva era manifiesta, y también se sobrevaloraban. Luego proseguía que con el fin de hostilizar y arruinar el comercio del Perú, se les dejaba en libertad de actuar. También se proponía inquietar los ánimos y esparcir la alarma en toda la costa del Perú, ya sea amagando con desembarcos o apresando todo barco, o esparciendo noticias sobre la fuerza del ejército colombiano. Se debía impedir todo intento de bloquear Guayaquil y todo transporte de tropas por mar.

     Todos esos intentos le fallaron al tropical general, y la situación fue exactamente al revés como se verá a continuación.

     Los colombianos tenían en conjunto mayor potencia de fuego, ya que de los 24 cañones de la “Libertad”, 9 eran recamarados, y mal montados.

     El 31 de agosto de 1828 estaba a las 6 de la mañana fondeada “La Libertad” en mar territorial peruano, frente a la boca del río Tumbes, cuando diviso a dos barcos que se acercaban, pero sólo a las 12 del día las identificó. El capitán García Postigo trató de no quedar entre dos fuegos, lo que fue fácil porque “La Libertad” era muy marinera.

     A las dos de la tarde, la “Guayaquileña” se acercó tanto a “La Libertad” que se puso al habla. Entonces García Postigo inquirió el motivo de la actitud hostil; a lo que respondió Wright preguntando que barco era el que mandaba García. Se le respondió: un barco de guerra del Perú. Después preguntó el nombre del barco y al mismo tiempo se acercó tanto que se temió el abordaje, por cuyo motivo no tuvo más remedio “La Libertad” que abrir fuego de cañones y de fusilería, que la goleta enemiga contestó durante 25 minutos. En esos momentos también se acercó la “Pichincha” abriendo fuego en claro intento de proteger a la goleta, lo que también se contestó de parte de “La Libertad”. Con eso fue suficiente para que la “Pichincha” se alejara un tanto.

     El fuego continuó con la goleta, y estaba tan cerca que García  Postigo dispuso lo necesario para el abordaje. Los de la goleta se defendieron lanzando frascos con sustancias inflamables, algo parecido a las actuales bombas molotov. Fue ese primer fallido intento en que García  Postigo fue herido con un balazo en el brazo, un oficial quedó muerto y varios soldados muertos, heridos o quemados. Se hizo cargo del barco peruano el teniente 1ro. Panizo, por estar el capitán sangrando copiosamente.

     La goleta logró zafarse de la “Libertad”, pero a costa de 24 muertos y 36 heridos. Entre estos figuraba el alférez de navío que llegó a ser Presidente del Ecuador, José María Urbina.

     La Guayaquileña” huyó refugiándose en la ría de Guayaquil. Entonces “La Libertad” retornó para enfrentar a la “Pichincha”, pero no la encontraron porque por acuerdo de junta de oficiales habían resuelto dirigirse a Taboga. La oficialidad que era enemiga de Bolívar, resolvió posteriormente retornar para entregarse en Paita a las autoridades peruanas. No consideraban estos oficiales que el Perú era un país enemigo, sino que estaban juntos frente a un enemigo común que era Bolívar.

     La Guayaquileña” sufrió un incendio en proa y varias averías, que en cierta forma la inutilizaron en forma temporal. “La Libertad” tuvo 15 muertos y 28 heridos o quemados.

     Tras del combate, arribó a Paita para dar sepultura a los muertos y curar a los heridos. Era el 5 de setiembre. Los paiteños se prodigaron, para atender a los valientes marinos brindándoles toda clase de atenciones.

     De esa forma quedaron destruidos los sueños insensatos del general Flores de pretender dominar el Pacífico en esta región.

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PROCLAMA DE LA MAR

     El 30 de agosto de 1828 desde Lima, el presidente La Mar lanzó una proclama que titulaba “El Ciudadano José de La Mar, Presidente de la República, a los peruanos”.

Decía:

     “Ciudadanos ¡La justa indignación que excita la proclama del general Bolívar y el vehemente deseo de marchar a responder su insolente reto, parece que me restituyen inesperadamente la salud. Antes de invadir el territorio, ha osado atacar una propiedad que amamos tanto como la patria y más que nuestras vidas: el honor. Terribles, abominables son las guerras fratricidas, pero ¿qué hemos de hacer si el patriotismo y el pundonor vulnerados nos ponen las armas en las manos?.

     Tiempo ha, que estaba resuelta tan inicua agresión, y sólo se buscaba la oportunidad de realizarla. Ya ha llegado. La impudicia más descarada, los ultrajes y denuestos son la vanguardia del ejército con que se nos amenaza. Se nos pinta como agresores, y a la faz del mundo civilizado, en presencia de nuestros contemporáneos y de los testigos de los sucesos, se arroja a llamarnos pérfidos. Pérfidos es el que prometió solemnemente, mantener nuestras libertades patrias, y luego despojarnos de ellas. Pérfido el que hollando la ley y burlando la sinceridad de los pueblos, usurpó su soberanía. Pérfido el que apoyado en su espada, les forzó a recibir su profesión de fe política, que es la execración de América y el escándalo de Europa.

     ¡¡Y es pérfido el Perú!! Por mi mismo y como órgano del sentimiento nacional, digo delante del universo, que pérfida es la mano que escribió contra nosotros tan enorme injuria y que mientras sin pudor los labios que la profirieron. Decidan los hombres imparciales, de parte de quien está la perfidia.”

     “El gobierno veía a la república amenazada de una doble agresión. El artero jefe de la nueva nación del Alto Perú (Sucre), de concierto con el que alevosamente (Bolívar) la llama su hija (Bolivia), movía por el sur todos los resortes de su acreditado maquiavelismo, y con fuerza armada se avanza precipitadamente a poner en obra sus siniestros designios. Por el norte el general Bolívar (no le dice presidente) mandaba a levantar un ejército, ocupar las fronteras y coordinar los elementos para volver a subyugarnos. Y cuando el gobierno miraba acercarse la tempestad, cuando sabía las órdenes de sangre y exterminio comunicadas secretamente a los jefes, cuando conocía todos los pasos que se daban en ruina del Perú y palpaba las tramas que se formaban y los lazos que se tendían ¿era racional que yaciese en una criminal una criminal indolencia? ¿Y merece que se le acuse de pérfido porque no se ha dejado engañar y sorprender? Pero ¿por qué asombrarse de esto cuando el general Bolívar ha invertido el nombre de las cosas según sus intereses, cuando llama gobierno firme y fuerte al despotismo, rebeldes a los pueblos exasperados, anarquía al clamor de los oprimidos, tranquilidad pública al silencio de la fuerza, orden el uso arbitrario del poder y leyes sus caprichos? ¿Por qué admirar también que llame perfidia nuestra previsión y nuestros esfuerzos para impedir los desastres con que nos amaga la venganza implacable de un ambicioso? “

    “ Llama en fin, agresión y perfidia, al auxilio que prestamos a la nueva república, que ya se avergüenza de su nombre, para que rompiese el férreo yugo en que gemía. Pero nadie se avanza a negar que nuestras tropas estacionadas para atender al que se llama ejército de observación, o mas bien el cordón sanitario de la frontera, sólo se movieron al ruego que de todos los ángulos del Alto Perú, se le dirigían, invocándolas como libertadoras; mas no en el sentido irónico con que algunos años ha, profanan estas palabras los que cifran su gloria en la servidumbre de los pueblos. Nuestro ejército y el benemérito general que lo mandaban, llenaron su deber. Entraron, restituyeron su libertad a ese desgraciado país a despecho de la resistencia y amaños de sus dominadores; y se retiran sin retardo para que se dicten libremente las leyes que le convengan. Sin tan generosa conducta merece el desdoroso título de agresión y de perfidia ¿cuál queda reservado para la de aquel desde el Orinoco hasta el Pilcomayo, no ha pisado un palmo de tierra sin haberlo devastado y hecho entrar bajo su dominación? ¿De aquel que sólo ha sido tenazmente fiel a este grito involuntario de su conciencia con el que una vez y quizá sin poderse retractar, se denunció el mismo como un “ciudadano peligroso en el estado y cuya existencia era amenaza perpetua a la república”?.

    “ Peruanos. Habéis vindicado vuestra dignidad, destruyendo el régimen facticio, ilegal y extraordinario bajo el que gemiais en el envilecimiento, habéis recobrado vuestra independencia, rasgando esa famosa carta( la Constitución Vitalicia), que debía sellar vuestra esclavitud y coronar la carrera del guerrero legislador, tened siempre fijos en vuestras mentes estos actos grandes y solemnes de la voluntad nacional. No hay paz con los tiranos ni fe en sus promesas, ni otro código que las bayonetas, ni seguridad sino en arrojarlos por siempre de la tierra que oprimen y cubren de luto y de dolor.”.

    “ Conciudadanos. Muramos con gloria, antes que vivir en la ignominia, indignos son del nombre de peruanos, del aprecio de sus compatriotas y de la protección de las leyes los que insensibles a los conflictos de la república les niegan su ayuda y crueles, les rehúsan los sacrificios que tienen derecho a demandar de cada uno de sus hijos.”

     Soldados, queridos compañeros de armas, apoyo incontrastable de la independencia; os debo la reputación con que me honra la patria; esa divinidad consoladora y benéfica de los hombres nos llama hoy a defenderla y a vengarla. Corramos a rodearla con nuestros brazos y hacer con ellos un muro inexpugnable. Corramos a un triunfo fácil y glorioso. Los valientes de Colombia son los que han vencido con nosotros en los combates por la independencia y por la libertad; los que han sostenido con su espada estos derechos sacrosantos de los pueblos, y fieles a sus conciencias en nada han desmentido el solemne juramento que hicieron a los cielos y a los hombres; los que sirvan a la tiranía no son esos soldados, ni valientes, ni colombianos.”

    “ Amigos, volemos al combate, que por amor a la humanidad hemos procurado evitar y al que nos compromete la audacia del enemigo de nuestra constitución y nuestras leyes. Los soldados de la república llevan consigo el triunfo de la razón, el valor irresistible que ésta inspira y doblega a la fortuna. Mostraos, como siempre, dignos de sostener la causa de la justicia y del honor. Si, restauremos la gloria mancillada de las armas de la república, probemos al universo y hagamos sentir a injustos enemigos, que la virtud es el alma de nuestros ejércitos, y que no les aqueja la abominable sed de las conquistas que distingue a esos célebres bandidos que, aspirando a un falso y execrable heroísmo, sacrifican a millares de victimas a su ambición desenfrenada.- Lima agosto, 30 de 1828.- José de La Mar.”

     Esta proclama fue anunciada por bando en Piura, y leída en solemne ceremonia al pueblo y a los soldados de la División del Norte, formados en la Plaza Mayor.

     El pueblo, embargado de fervor patriótico, aplaudió y dio vivas al Perú, al ejército y al presidente La Mar, al mismo tiempo que se lanzaban mueras a Bolívar.

     El 19 de setiembre, O´Leary, ya tenía en su poder la proclama de La Mar y se la enviaba a Bolívar, diciendo: “La proclama de La Mar escrita por Pando, es el documento mas insolente que he visto”. Les parecía imposible, que el todopoderoso Bolívar, fuera tan directamente apostrofado y mayor era la cólera contra el ex ministro Pando, al que se creía uno de los fieles a Bolívar. Terminaba O´Leary expresando “estos alpacas, nos la han de pagar”.

 

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