Capítulo III

 

 

C A P I T U L O      III

 

 

LA TOMA DE GUAYAQUIL

 

 

 

-         Las “proclamas” de Riva Agüero

-         Se inicia el bloqueo de Colombia

-         El desembarco de La Mar en Paita

-         Incursión en Naranjal

-         Rebelión en Colombia

-         El combate naval de “Las Cruces”

-         La muerte del vice-almirante Guise

-         La corbeta “Pichincha” se pasa al Perú

-         Bolívar nombra a Sucre, jefe del ejército

-         Cartas entre O´Leary y La Mar

-         Los colombianos comentan las operaciones navales

-         Preocupaciones de Bolívar

-         Cartas del general Obando a La Mar

-         El ejército peruano invade el Ecuador

-         Ataque a Guayaquil por la escuadra peruana

-         La capitulación de Guayaquil

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LAS “PROCLAMAS” DE RIVA AGÜERO.

 

     Anteriormente nos hemos referido al emisario de paz de Bolívar el coronel O´Leary, un hombre intrigante, que de haber consentido La Mar en darle autorización para viajar a Lima, hubiera sido para complotar, y no para tratar de buscar la armonía.

     Era cosa sabida en Colombia, que había hecho O’Leary circular falsas proclamas de Santa Cruz contra La Mar y ahora estaba haciendo igual, tomando el nombre de Riva Agüero. El mismo en carta a Bolívar de fecha 20 de octubre se da a conocer como autor de esa bajeza. En efecto le dice al Libertador: “Riva Agüero ha llegado a Chile con Herrera, allí se encontró con Santa Cruz y con Vidaurre. Es de esperar que esta noticia cause alguna novedad en el Perú, sino un gran trastorno. Será difícil que Gamarra abandone el sur, o mande al norte todas las tropas que se le han pedido. He escrito a nombre de Riva Agüero una proclama que se está imprimiendo para mandarla al Perú. En la misma carta se queja de Sucre que hacia un poco menos de un mes que había llegado a Quito desde el Callao. Dice, O´Leary; “El general Sucre, era mi amigo, pero yo no tengo ni quiero tener amistades con nadie que trate de hacerse partidarios por medios indecorosos. Pensaba escribirle una carta muy fuerte, pero después me ha parecido mejor no chocar directamente con él y Flores, en caso de que sucedan algunas desavenencias entre ellos. La conducta de Sucre, debe apurar la venida de S.E. porque ahora más que nunca será necesaria su presencia en estos departamentos”.

 Estos eran personajes que trataban de atizar la guerra contra el Perú.

     La falsa proclama de Riva Agüero preparada por O´Leary, de la cuál éste envió una copia a Bolívar, es la siguiente; ( circuló también en Piura):

     José de la Riva Agüero, Presidente de la República Peruana.

     Peruanos: La traición del general La Fuente abrió las puertas de la patria a la dictadura del Libertador de Colombia. El ejército en que fueron fincadas nuestras esperanzas se enroló en las filas del extranjero. ¡El Perú sucumbió!.

     Mis enemigos lograron un efímero triunfo representándome como traidor, pero pronto borraron de mi nombre esta marcha con su propia infamia. Torre Tagle, Berindoaga, Galdiano e innumerables otros, cambiaron la cucarda bicolor por la escarapela de sangre, y el Perú sería español, si el genio de Bolívar no se hubiese opuesto.

     Peruanos: Esos hombres que entonces trataron de vender la patria al enemigo común, son los mismos que ahora se han empeñado en una lucha nefanda con una nación belicosa. La guerra que hacéis a Colombia es impolítica, y os cubrirá de ignominia. Las quejas personales del general La Mar no son causas justas para la guerra. El os alucina, desconfiad de sus hipócritas discursos. Envainad vuestros aceros parricidas.

     Peruanos: desde Europa he oído vuestros clamores y he volado a salvaros. El gobierno que os oprime es usurpador, porque no emana del pueblo; es tirano porque contraría vuestra voluntad. Dejad de obedecerle. Vuestro legítimo presidente pronto estará entre vosotros. El mismo que ahora seis años se opuso y triunfó de las asechanzas de esa turba de miserables vendidos a la España, se arranca de su reposo, resuelto a daros patria, paz y un gobierno propio.- Santiago de Chile, 12 de setiembre de 1828.- José de la Riva Agüero.

     Riva Agüero había sido insultado, vejado y declarado traidor por instigación de Bolívar. A duras penas salvó de ser fusilado, porque cuando La Fuente lo capturó había tal orden. Cuando Riva Agüero llegó a Chile procedente de Europa donde había estado desterrado, todavía regía la disposición de que, tan luego pusiera pie en el Perú fuera fusilado. Tal orden no fue revocada ni cuando Santa Cruz, que se decía su amigo, estuvo en el poder.

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SE INICIA EL BLOQUEO DE COLOMBIA.

     El 9 de setiembre, el gobierno peruano decretó el bloqueo de los puertos y costa colombiana desde Panamá, hasta el golfo de Guayaquil. El comandante general de marina, contralmirante Pascual de Vivero, dio instrucciones en detalle. Pero como el 10 llegó Sucre al Callao e interpuso sus buenos oficios para obtener según dijo un arreglo pacífico, se tuvo que posponer la salida de los barcos de la escuadra que estaban ya listos en el Callao.

     La escuadra salió del Callao en la noche del 18 de setiembre, al mando del vicealmirante Guillermo Guise y llevando a bordo al presidente La Mar que se dirigía a Paita, para asumir al comando de las operaciones militares. El presidente iba enfermo. La hidropesía se la había agudizado.

     Los barcos que partieron del Callao fueron: la fragata “Presidente”, en donde iba La Mar y el vicealmirante Martín Jorge Guise. También el ministro de guerra y marina coronel Mariano Castro Taboada, el general Juan Pardo de Zela, 4 coroneles, 3 tenientes. coroneles, 2 sargentos mayores, 13 capitanes, 8 tenientes, 8 sub-tenientes, 2 cadetes y 265 soldados. Llevaba consigo La Mar una imprenta del ejército.

     La Presidente”, antes había sido la fragata española “Prueba”. Se cantaba también con la corbeta “Libertad”, antes “Salom” nombre del general colombiano que hizo rendir los castillos del Callao. La corbeta “Arequipeña” antes “Macedonia” y la goleta “La Peruviana”.

     Formaban parte de la plana de oficiales, el teniente. 1° José Boterín, como segundo comandante. El teniente. 2° Manuel Sauri, el alférez de fragata Francisco Forcelledo y otros del mismo rango.

     En Paita, convaleciendo de sus heridas estaban García del Postigo.

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EL DESEMBARCO DE LA MAR EN PAITA

 

     La Mar llegó a Paita en la madrugada del 22 de setiembre, desembarcando con los oficiales y soldados que llegaban con él.

     Una de las primeras cosas que hizo en el puerto fue visitar  al Capitán Carlos García del Postigo, marino chileno al servicio del Perú y después a la Virgen de Mercedes en su templo, pues los paiteños habían iniciado los festejos de su patrona

 El puerto se convirtió en un hervidero de gente, llegada de Piura para recibir a La Mar, había autoridades y militares de la División del Norte.

     El presidente La Mar, partió al día veintiséis hacia la ciudad de Piura, el recibimiento que se le tributó en esta ciudad,  fue delirante y no había como en Ecuador esa actitud fría hacia la guerra. Un grupo de damitas lo recibió con una lluvia de pétalos de rosa. Una de las más entusiastas era Panchita Otoya. Los vecinos le ofrecieron un gran banquete.

     En Piura, el presidente mostró gran actividad, preocupándose sobre todo de asegurar los medios de transporte. Se contrató con don José Lama Sedamanos, el aprovisionamiento de mulas, pero Lama no llegó a reunir el número necesario de animales por lo cuál, el transporte hacia Tambogrande, lugar designado para concentrar todo el ejército en operaciones, tuvo que hacerse utilizando a los mismos soldados.

     La Mar llegó a Tambogrande el 12 de octubre.

     Una gran cantidad de oficiales colombianos que habían permanecido en Lima hasta esa fecha se habían integrado al ejército de La Mar, lo cuál prueba una vez más que la guerra no era entre Colombia y el Perú, sino un conflicto que había armado personalmente Bolívar. El día 4 de octubre al informar O´Leary al Libertador de la llegada del presidente peruano a Paita; también le decía: “Los oficiales colombianos  que se encontraban en Lima, tomaron servicio y se han venido con La Mar al norte. La falta absoluta de jefes y oficiales en el ejército del Perú, obligó a aquel gobierno a emplear a estos traidores”.

     Mientras La Mar estaba aún en Paita, graves sucesos ocurrían en Colombia. En la noche del 25 de setiembre, un grupo de conjurados asaltó la vivienda de Bolívar y tras de matar a varios que intentaron interponerse, llegaron a las habitaciones particulares del Libertador con ánimo de asesinarlo, y si no hubiera sido por Manuela Sáenz que le facilitó la huída por una ventana, los asaltantes hubieran logrado su propósito. La reacción fue terrible. Una gran cantidad de complotados y enemigos políticos fueron fusilados. El general Santander salvó a duras penas de ser llevado ante el pelotón.

 

 

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INCURSIÓN EN NARANJAL

     En la región del Guayas, además de la sublevación de Babahoyo, el 7 de setiembre se produjo otra en el mismo batallón “Caracas” que había servido para reprimir la anterior. Se tuvo que actuar muy severamente para controlar la anarquía que se estaba insinuando, habiendo sido fusilados muchos.

     El 1° de octubre, la escuadra de Guise había llegado a Punta Arenas en la isla Puná, iniciando el bloqueo de Guayaquil. A las 11 de la mañana, desembarcó en Naranjal, a 30 infantes de marina utilizando cuatro botes, al mando todo el contingente del teniente 1° Roberto Mayhlijhon. Se trataba de sorprender un envío de armas desembarcado hacía poco en Naranjal con destino a Cuenca.

     Una vez en tierra, la partida se movilizó de noche y a las 2 de la madrugada tomaban por sorpresa la localidad de Naranjal, pero sólo encontraron los restos del cargamento de armas. Se capturaron a dos capitanes,  a un clase y dos soldados. Los peruanos sólo tuvieron un herido; el teniente 1° Francisco Forcelledo que de inmediato fue evacuado a Paita.

     Guise envío también al teniente coronel Valle Riestra su ayudante a efectuar un reconocimiento en la ría de Guayaquil, lo que hizo con todo éxito, informándolo de la existencia del fuerte Las Cruces, la cadena que allí se había extendido de ribera a ribera para evitar el avance de la escuadra, de las baterías de artillería de 6 cañones que la defendían y que aguas arriba estaban la goleta “La Guayaquileña” con 16 cañones y tres lanchas cañoneras con tres cañones cada una, además de que aguas arriba en el lugar llamado Tejería había otra batería con 4 cañones, de todo lo cuál confeccionó un mapa. En cuanto a La “Guayaquileña” estaba apontonada.

     El 11 de octubre fue enviado en misión de reconocimiento el teniente. Manuel Sauri, el cuál desembarcó en la costa del canal de Jambelí, capturando en Balao el comandante colombiano Manuel Barrera, que era ayudante de Estado Mayor y a los dos soldados armados, que portaban correspondencia.

     El comandante era portador de una carta de fecha 5 de octubre remitida al Intendente de Guayaquil Juan Illingort, que se supone le era enviada por el coronel Cayetano Cutari, aunque se firmaba como “A.Z.”, cuyo puesto de mando estaba en Machala, desde donde había sido enviada. Decía... es un desacierto, el más grande el abrir la campaña con seis mil hombres, las dos terceras partes de reclutas y la otra de veteranos, la mayor parte desmoralizados. Para que sea el éxito feliz se necesitan diez mil infantes, mil hombres de caballería y una marina superior a la del Perú, pues se trata de hacer la guerra a una nación entera que nos detesta”.

     Luego habla en sentido figurado, como si el ejército colombiano hubiera en una primera ofensiva avanzado profundamente, y dice en presente: “... desde Macará hasta Piura han quemado todo los pastos, quitando el ganado y cuantos recursos había en el tránsito. El general Flores se pone en marcha y superando todos los obstáculos primitivos llega a Piura, mientras el enemigo efectúa lentamente su retirada a Trujillo. El general sigue su marcha y con infinitos trabajos, llega al frente del enemigo con las dos tercias partes de sus tropas, pues, entre desertores, enfermos y muertos en los despoblados, no puede menos de tener estas pérdidas; hallar al enemigo con un ejército de doce a catorce mil hombres, con una brillante artillería de campaña y posiciones ventajosas ¿entonces que hacer? ¿atacar con casi la certidumbre de perder?. Entonces, adiós ejército, adiós departamentos del sur mientras el general en jefe está en inmediaciones del enemigo, este ( el Perú) envía 800 hombres y los desembarca en Machala, se toma el Azuay, prodiga dinero y hace gritar (viva) el Perú ¿Quién defenderá este departamento y al Ecuador? ¿los milicianos?. No mi general... quien cuenta con milicianos, cuenta con nadie, ... el malcontento es general por los empréstitos, contribuciones, levas recopilaciones de bestias y víveres... algunas familias de la provincia de Loja, se han pasado ha territorio peruano... en Guayaquil, a excepción de algunas familias todos son adictos al Perú...”.

     Es decir que en criterio del firmante, las fuerzas peruanas iban a ir retrocediendo ante el avance de los colombianos, haciendo la política de tierra arrasada como los rusos contra Napoleón y después de tenerlos muy adentro del territorio, lanzar la contra-ofensiva y destruirlos. Pero jamás fue intención del presidente La Mar de que el conflicto tuviera como escenario el suelo peruano, y así sucedió.

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REBELIÓN EN COLOMBIA

     El intento de asesinato de Bolívar era consecuencia de un estado general de descontento contra el Libertador, después que en Ocaña asumió todo el poder, convirtiéndose en un dictador, que no admitía sombras en su autoridad. El historiador venezolano Rafael María Barata, en su “Historia de Venezuela”, dice que lo de Ocaña fue un grave error de Bolívar y que éste ya no era el ídolo de su patria. Por otra parte la salud del Libertador desmejoraba cada día mas, minado por la tisis.

     No se había aún apagado la conmoción que produjo el intento de asesinato, cuando la región de Pasto, o sea el sur de Colombia, se insurreccionó. Los coroneles José María Obando y José Hilario López, se levantaron el 12 de octubre de 1828 en Popayán defendiendo la Constitución Liberal de Cúcuta. Los rebeldes habían coordinado su levantamiento con los peruanos y el objetivo era también: quitarle a Bolívar el poder omnímodo. Por aquellos días era intendente de Popayán el general Tomás Cipriano Mosquera, uno de los fieles de Bolívar.

     Obando en todo momento se proclamó fiel a sus principios y pensaba que servía a su patria y a la causa de la libertad y así se lo escribió tanto a su esposa como a Mosquera: “Si muero, diles a mis hijos que es por darles libertad”.

     En el sitio llamado La Ladera, las tropas de Mosquera fueron totalmente derrotadas por Obando que quedó dueño de Pasto. Eso alarmó sobremanera a Bolívar que proyectó actuar más bien en forma contemporizadora, contrariando así su tendencia natural. Pero no le quedaba otro recurso ante la gravedad de la situación.

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EL COMBATE NAVAL DE “LAS CRUCES”

     El vice-almirante Guise había proyectado atacar Guayaquil el 23 de noviembre de 1828, pero tuvo noticias de que el 22 iban a ser fusilados varios comprometidos del batallón “Caracas” que días antes se habían rebelado. Eso lo obligó a anticipar el ataque por razones psicológicas, sin esperar las tropas de desembarco que había pedido.

     A las cuatro de la tarde la escuadra entraba a la ría de Guayaquil, haciéndolo con cuidado para evitar encallar. A las 9 de la noche estaban a 15 kilómetros del puerto de Guayaquil, y frente al estero de Motorrillo. Se hace un alto y se envía una lancha armada en misión de exploración, retornando poco después con cuatro embarcaciones pequeñas tomadas frente a Naranjal, con dos oficiales prisioneros.

     El día 22 a las 10 de la mañana se reinicia el avance y a las 4 p.m. se llega a la zona en donde la ría está cerrada por una pesada cadena, tras de la cual hay lanchas colombianas artilladas y la goleta “Guayaquileña”, protegida por los cañones del fuerte de Las Cruces. Las lanchas enemigas eran  cuatro, más arriba del río se encontraba el bergatín “Adela” con 18 cañones, anclado frente al astillero.

     Las lanchas peruanas y la goleta “Peruviana” avanzan en formación de ataque, rompiendo el fuego contra ellas, la “Guayaquileña”. Le siguen las baterías del fuerte “Las Cruces” y sus lanchas.

     Guise lanza a la fragata “Presidente” a toda velocidad en medio del fuego de mar y tierra y rompe la cadena protectora de la ría, tras de lo cual lanza mortífero fuego contra el fuerte “Las Cruces” que en forma inmediata es abandonado por sus defensores, tras de tener un elevado número de muertos y heridos.

     Se suma al combate la corbeta “La Libertad” y descarga su artillería sobre una columna que avanzaba por la línea de playa cerca al Arsenal.

     A las 6 de la tarde los marinos de la “Peruviana” hacen un desembarco al mando del guardiamarina Manuel Villar, que más tarde tendría gran participación en la guerra contra España en 1866. Su misión es tomar el castillo de Las Cruces, y destruirlo, lo que cumplen haciendo volar su polvorín.

     En primer día de lucha, se registra la muerte del alférez Pérez y de un cabo.

     Al amanecer del 23, el bergatín “Adela”, se había ubicado frente a la ciudad vieja de Guayaquil, apoyado en una batería de cañones de tierra que estaba cerca al muelle y a otra batería ubicada en el Cerro de la Pólvora.

     Se entabla entonces un duelo de artillería y al poco tiempo la fragata “Presidente” logra apagar los fuegos de la batería de la aduana.

     Los peruanos tienen que combinar sus accionar con las fluctuaciones de la marea. Recién a las 5 de la tarde se logra, destruir la batería del muelle, y varias lanchas enemigas. La goleta “Guayaquileña” ha quedado varada y el bergatín “Adela” estaba tan maltratado que para que no cayera en poder de los peruanos, lo incendian.

     Sin embargo, en tierra seguía activa  la batería de “La Planchada” que no cesa sus fuegos. Los defensores continuaban el fuego de fusilería a cargo de dos batallones apostados cerca al muelle. A las 10 de la noche, un desembarco peruano es rechazado con varios muertos y heridos. Entre los últimos el tnte. 1ro. Roberto Miklejhon jefe del grupo.

     La fragata “Presidente” encalla a media noche y los defensores aprovechan para montar un cañón en la orilla frente a ella y comenzar a disparar sobre seguro.

     Durante 5 horas recibe el fuego sin poder contestar y sin que los demás barcos la puedan ayudar por la baja marea, a las 9 de la mañana del día 24 al volver a subir la marea la fragata logra zafarse de su prisión.

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MUERTE DEL VICE-ALMIRANTE GUISE

 

     Tan pronto como la fragata se vio libre, empezó a disparar sobre los cañones que la habían hostilizado durante la noche logrando silenciarlos.

     Por desgracia el penúltimo disparo hecho desde tierra, da en el pecho de Guise que estaba imprudentemente expuesto dirigiendo la operación de ataque. El efecto fue instantáneo y en medio de la consternación de todos, quedó muerto el marino, que siendo extranjero sirviera con tanto amor al Perú. Era el 24 de noviembre de 1828.

     El teniente  coronel Valle Riestra, que estaba a bordo, da cuenta del sensible hecho al capitán de la corbeta “La Libertad” teniente 1° José Boterín.     

     Hasta ese momento, solo dos oficiales habían muerto: el jefe de la escuadra y el alférez Pérez, además 11 más entre marineros y soldados de desembarco. Heridos estaban el tnte. 1° Miklejhon y 56 entre marinos y soldados.

     En tierra, la situación de Guayaquil era caótica. Los colombianos habían hecho evacuar a la población civil y se habían entregado al saqueo. Gran cantidad de personas desde las playas pedían a los marinos peruanos los dejaran refugiarse a bordo, pero por estar en combate no podían atenderlos.

     Tras la muerte de Guise, su sucesor el teniente José Boterín Becerra creyó prudente fondear a la escuadra frente a los Matorrillos. Los colombianos vieron confundidos las maniobras de los barcos peruanos, pero al poco tiempo supieron de que se trataba y celebraron la muerte de Guise como una victoria.

     Los colombianos aprovechan la tregua para reforzar las defensas. A la ciudad llegan los batallones “Cuenca” y “Ayacucho” y se remiten 22 cañones, con lo cual, les es posible reartillar los fuertes.

     Boterín, empieza a desarrollar una labor de catequización y de apoyo a los civiles de la zona de Guayas que en gran cantidad hacen conocer su adhesión. Se distribuyen fusiles, alimentos y municiones por toda la costa y dan apoyo a la población del Morro, que se ha sublevado, enviándoles un grupo de doce soldados. El teniente, Boterín envía a Paita a “Peruviana”, con un grupo de heridos. En el puerto se desparrama la noticia de los sucesos de la escuadra y de la muerte de Guise.

     El 16 de noviembre, Boterín parte  a Paita al bergatín “Guadalupe” a cuyo bordo van los restos del vice-almirante Guise y del alférez Pérez. También el resto de soldados y marinos heridos. Junto a los despojos mortales del marino inglés, viajan sus cuñados (peruanos), los hermanos Del Valle; su asistente y su mayordomo.

     Tras los honores que correspondían a su alto grado y al afecto que le tenía, sus restos son trasladados a la fragata mercante “Joven Corina” con rumbo al Callao bajo el cuidado del alférez Forcellado que se había estado reponiendo en Paita de sus heridas. El 28 de enero de 1829, Lima le tributa a Guise, solemnes funerales.

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LA CORBETA “PICHINCHA” SE PASA AL PERÚ

 

     La población en Guayaquil estaba masivamente a favor del Perú. Eso lo reconocía el propio O´Leary cuando el 20 de octubre le escribía en forma apremiante a Bolívar a fin de que enviase al Pacífico la escuadra colombiana que estaba en el Atlántico a fin de conservar Guayaquil, que consideraba decisivo para la seguridad del Ecuador. En forma textual decía al Libertador: “Me parece impolítico, abandonar a los amigos que aquí tenemos y que se hallan tan comprometidos, pues desgraciadamente son pocos y señalados”.

     Luego informaba al Libertador que los facciosos del departamento y sobre todo del puerto, estaban haciendo daño y que actuaban con más actividad, porque sabían sacarlos, dada la proximidad de la escuadra peruana.

     El 6 de noviembre de 1828, los paiteños se dieron con la gran sorpresa de ver ingresar a su bahía a una corbeta colombiana. De primera intención se creyó que se trataba de un ataque que se hacia con gran audacia pero bien pronto se esparció como reguero de pólvora la noticia de que venía a entregarse a las autoridades peruanas.

     Tras del combate de Malpelo, la mencionada corbeta, se dirigió a la isla Taboga y en plena travesía, la tripulación que era contraria a Bolívar, resolvió pasarse al Perú, para servir mejor a la causa de la constitucionalidad colombiana.

     Manuel Bustamante, el coronel que sublevó en Lima a la tercera división, era el inspirador de esta nueva rebelión, secundado por el coronel Ramón Avilés.

     En el puerto de Paita, se presentó ante el capitán de puerto, y Bustamante declaró “que por si mismo y en nombre de los guardiamarinas y oficiales del barco, habían acordado entregarlo al general La Mar, animados por los ardientes votos por la libertad y gloria del continente americano y por lo tanto, enemigos de cualquier tirano, que como el general Bolívar pretende despotizarnos. Por lo cual se ha resuelto de nuestro consentimiento y sin más intereses que ser partícipes en la gloriosa lucha que emprende el Perú, por la felicidad de una nación, ilustre, magnánima y guerrera cual es Colombia”.

     La rebelión de la “Pichincha, junto con la sublevación de Obando, fueron duros golpes para Bolívar. Estaba visto que el Perú no era considerado por gran cantidad de colombianos y ecuatorianos, como enemigo, sino más como aliado, frente al enemigo común que era Bolívar, el cual se había concitado la odiosidad de los pueblos.

     Los pueblos de Santa Elena, El Morro, Machala y Balao también se sublevaron a favor del Perú. El historiador ecuatoriano Pedro Fermín Cevallos, asegura que eso se logró a instigación de Boterín, que “sirviéndose del traidor Bustamante y otros oficiales pertenecientes a la división en Lima, lograron corromper la moralidad de los pueblos de la costa del Golfo al sur de Guayaquil”.

     Con fusiles peruanos, los pobladores del Morro, lograron formar una fuerza de 100 hombres, que Boterín reforzó con doce soldados, a los que en conjunto abrieron una acción de guerrillas contra defensores de Guayaquil.

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BOLÍVAR NOMBRA A SUCRE JEFE DE EJÉRCITO

     En carta de fecha 4 de octubre que O´Leary enviaba a Bolívar, le informaba que La Mar tenía 4,000 hombres y que estaba esperando a Gamarra. Luego expresaba; “A la llegada de éste, creo que La Mar muy confiado en la popularidad y relaciones que supone tener en el departamento, cometerá la falta de dividir sus fuerzas, mandando a Manabí los 3 a 4,000 hombres de Gamarra, mientras él por el norte marcha contra Flores y para ejecutar mejor este plan se ha mandado a Guise a Guayaquil”. “La marcha de Manabí a esta ciudad (Guayaquil), es penosa, los recursos escasos y el clima nada bueno. Además los peruanos no tendrán caballería. Con la mitad de fuerzas se puede derrotar la división invasora. Lo mismo sucederá con el ejército del norte, cuya principal fuerza consiste en su caballería. Por mar somos muy inferiores a los peruanos, y sin embargo no creo que ellos cometerán la locura de entrar al río, que es tan fácil de defender”.

     O´Leary se equivocaba. La Mar no esperó a Gamarra, ni dividió sus fuerzas, pero inició la marcha hacia el Ecuador en la época en que empiezan las lluvias, que ese año fueron sumamente copiosas. En cuanto a Guayaquil, los peruanos lo atacaron después de la muerte de Guise y lo tomaron.

     El 8 de octubre, Bolívar escribía al general Juan José Flores y le decía... yo no sé que hacer... el Perú empecinado en sus injustas pretensiones y el pueblo (colombiano) sin querer hacer la guerra. Muchas veces deseo disolver ese ejército (el de Ecuador) pero los intereses de Colombia se oponen a esa medida”... por acá con esos asesinos perversos (los que intentaron matarlo el 25 de setiembre)... ni puedo marchar al sur, ni mandar los mil hombres que había ofrecido... por lo tanto haga Ud. de ese ejército lo que le parezca mejor, consérvelo o disuélvalo, pero siempre de acuerdo con el general Sucre y el coronel O´Leary”.

     Como se puede apreciar, Bolívar se encontraba muy desmoralizado. Por otro lado la enfermedad le avanzaba.

     Continuaba el desalentado Libertador: “Conociendo que nuestros pueblos no presentan base para ninguna empresa heroica o digna de gloria, no me ocuparé más de sostener el decoro nacional... el general Sucre debe haber llegado ya... Yo lo he nombrado, pues para que mande en jefe ese ejército: y esté Ud. persuadido que no lo privo a Ud. de la mejor gloria, pues no hay ninguna que ganar en el miserable estado de las cosas. Diré a Ud. de una vez que para evitarle una catástrofe, doy a Ud. este sucesor”.

     De ese modo tan engañoso, justificaba Bolívar el haber quitado a Flores el mando del ejército para entregárselo a Sucre en quien confiaba más.

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CARTAS ENTRE O´LEARY Y LA MAR

 

     El 4 de octubre y desde Guayaquil, O’Leary, el enviado de Bolívar en misión diplomática enviaba al presidente La Mar una carta.

     Le decía que le había antes escrito y que le estaba debiendo dos contestaciones, posiblemente por la desavenencia en que están las dos repúblicas...... esta carta se contrae a informar a Ud. que mi gobierno me ha confiado una misión, la más honrosa cerca de Ud... al llegar aquí, supe que Ud. venía al norte a ponerse al frente del ejército, y que ahora se calcula puede haber Ud. llegado a Paita……… quisiera tratar con Ud. más bien que con el gobierno de Lima....... si está en facultades de Ud. le ruego me ahorre las molestias de un viaje a Lima. Quiero que sea a Usted a quien el Perú y Colombia deban un arreglo...

     Así en forma tan zalamera como falsa, escribía el enviado especial, que falsificaba proclamas, incitaba a la guerra en Ecuador y se preparaba a conducirse como espía y como elemento de perturbación, para fomentar un levantamiento contra La Mar.

     El presidente peruano, le contestó el 16 de octubre fechando la carta desde el cuartel general en Tambogrande”.

     Le decía...por principios, por mi deber y por el bien general, estoy compelido a contribuir al orden e íntimas relaciones entre el Perú y Colombia, pero encargado por ahora del poder ejecutivo, el vicepresidente, mientras esté ausente de la capital,; no soy arbitro a entrar en relaciones de transacción... asegurándole que me será muy satisfactorio el feliz término que tenga su comisión………. jamás me pesaría que Perú y Colombia me debiesen la transacción de sus diferencias, la América la dicha de la paz y Ud. la gloria de haber contribuido a ella... y que el tiempo será el que decida y dedique la justicia al que le tenga.

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LOS COLOMBIANOS COMENTAN LAS OPERACIONES NAVALES

 

     El coronel O´Leary informaba el 26 de octubre a Bolívar que Guise con la “Prueba” y la “Libertad” se encontraba en El Muerto.

     El 16 de noviembre, contaba que los facciosos de Guayaquil estaban haciendo perjuicios y alarmando a los vecinos. “Guise hizo un desembarco en Manabí con unos 60 hombres, pero no logró nada sino llevarse como acostumbra algunas gallinas”.

     El 21 de noviembre... “los buques paiteños que antes nos traían papeles de cuando en cuando, ya no llegan, pues Guise se ha puesto muy vigilante, Este señor ha pedido repetidas veces al general La Mar un cuerpo de quinientos o seiscientos hombres para atacar esta plaza. Se le ha contestado que no habiendo llegado la división de Gamarra, no se puede disminuir el ejército “del norte”...”La corbeta Pichincha “ que se mandó a Panamá con el objeto de conducir el batallón Girardot, se sublevó en el mar y se dirigió a Paita donde se entregó a los peruanos. Afortunadamente sólo tenía a bordo cuatro cañones y veinte marineros. Sin embargo sentimos su pérdida por el efecto moral que causara.

     El 22 de noviembre O´Leary escribía de Guayaquil a Quito al general Flores y le decía: “Guayaquil se ha perdido, y con él mi buena letra, porque estoy fatigado.

     A las cinco menos cuarto de la tarde se presentó la “Prueba” acompañada de la “Libertad” y tres o cuatro lanchas a distancia de media legua de la batería Las Cruces”. Casi al mismo tiempo rompió ésta sus fuegos. Trabajo perdido. “La Prueba” contestó ¡pum, pum, pum! y ¡Adiós cadena en la que fincábamos nuestra esperanza para detenerla. Un viento fresco y una corriente rápida, auxiliaron a los enemigos Wrigth pudo salvar sus buques, su intrepidez no logró más. “Caracas” (el batallón) voló a cumplir con su deber, lo llenó espléndidamente, pero sin provecho. Después de dos horas de fuego hubo que abandonar las baterías. No sé todavía cuántos muertos y heridos hemos tenido. Todavía dura el fuego y algunos borrones en esta carta lo confirman por que mis nervios son más delicados que los de un llanero. No bastó la retirada de nuestras tropas, el bárbaro enemigo tiró sobre las casas del pueblo inerme. Son las siete y media de la noche. Dentro de una hora bajará la marea, pero no se llevará al invasor. Ya este no tiene que temer, pues se ha incendiado la batería. Todavía estoy oyendo la explosión. ¿Qué se hará?- No lo sé. ¿Qué haría Ud.?. No lo sé ¿Qué haría yo? Yo echaría a pique los buques que tenemos y que no se pudieran llevar a Samborondón, reuniría la tropa esta misma noche, le daría raciones para algunos días y tomaría una buena posición, por que no sabemos las medidas que tomará Guise. Puede haber desembarcado tropas en la costa, Ud. al fin calculará por que bajo el fuego del cañón y de los techos que reciben sus balas, no es fácil calcular a sangre fría. Al fin mi querido Flores, Guayaquil está perdido. Vea Ud. lo que hacemos. El pueblo se ha portado bien hasta ahora; mañana veremos”.

     Como se puede apreciar, O´Leary daba ya por perdido a Guayaquil. Muy lejos estaba de suponer que al día siguiente 23 de noviembre iba a morir Guise, con lo cual la toma de Guayaquil quedaba postergada, aún cuando el mismo Guise no tenía todavía el propósito de apoderarse del puerto por no disponer de fuerzas de desembarco.

     El 28 de noviembre, decía: Parece que la providencia nos favorece, porque sólo un milagro nos ha podido salvar. Ahora ha vuelto a repetirse el milagro, Guise el eterno enemigo de V.E. y de Colombia, murió de un balazo  el día 24 del corriente por la mañana. Este oficial es una pérdida grande para el Perú: era valiente y atrevido y excelente marino. Los enemigos han sufrido otras pérdidas en oficiales y gente, según consta de la declaración de una mujer, que ha estado a bordo durante le combate. Esta misma mujer dice que Guise, ofreció a su tripulación el saqueo de la ciudad y que después se incendiaría. Aunque la “Prueba” ha tenido muchas averías, no creo que se alejará de la costa, y me parece muy probable que dentro de diez días seremos atacados por las fuerzas de mar y de tierra simultáneamente. Si las tropas de desembarco no pasan de dos mil hombres, saldremos triunfantes, porque la escuadra no es formidable sin Guise, y concentrando nuestras fuerzas en la ciudad, no hay duda que rechazaremos a los peruanos, si todos cumplen su deber, como lo hicieron en los últimos combates. Es increíble lo que Colombia ha ganado con el ataque de Guise. Los clamores contra el Perú son uniformes, más todos desean que venga V.E. para asegurarles la victoria... Se ha confirmado la muerte de Guise. Su tripulación comienza a desertar. Todo va mal a bordo.

     El día 29, escribía O´Leary: Todos los individuos que han estado a bordo de la escuadra peruana están de acuerdo en sus declaraciones sobre la venida de fuerzas de Paita. Unos dicen que 2,000 hombres y otros que 1,500 debían haber llegado ayer. El mismo día, O´Leary escribía al general Rafael Urdaneta, hacía conocer que era posible que los 1,500 hombres hubieran llegado ya a Puná... “Guayaquil, será defendido pues ya se ha hecho un artículo de fe que un colombiano vale por cuatro peruanos”.

     El 6 de diciembre le escribía a Sucre que los brulotes colombianos habían resultado burlotes, que uno se fue a pique y los prácticos que debían de conducirlos se lanzaron al agua aterrorizados, creyendo que el diablo los iba a llevar.

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PREOCUPACIONES DE BOLÍVAR

     A fines de octubre, Bolívar bajo los efectos del intento de asesinato, de la agitación interna en Colombia y Venezuela, de la rebelión de Obando y de López, y de los éxitos peruanos en el mar, se mostró más contemporizador con el Perú.

     Por eso el 22 escribía a O´Leary diciéndole....... me he alegrado mucho, porque al fin se han puesto Uds. con (Flores), de acuerdo en lo que deben hacer, sea por los medios pacíficos o por las armas. Pero no puedo dejar de decir a Ud. que el estado de las cosas es muy opuesto a la guerra con el Perú. Principalmente, los pueblos del sur, no la quieren, pues los españoles han invadido Guatemala y vendrán luego al istmo...... además, yo no puedo ir al sur a dirigir las operaciones. Además hay otra cosa que nos amenaza: una catástrofe por esa parte. Los peruanos pretenden disolvernos y lo lograrán…….... por el aborrecimiento que profesan esos pueblos del sur a los jefes de la república (se refiere tanto a él mismo como a sus generales), los acusan de todos los crímenes y todos los defectos. Dicen que los subalternos se conducen como bandoleros y que las tropas colombianas son bandidos……... últimamente no hay tesoros con que saciar la avaricia de los generales y los intendentes. Solamente contra Illingrot y Gonzáles (que más tarde caería prisionero) no me ha escrito nada de esa especie. De Flores, de Torres y Urdaneta, dicen horrores. Yo no lo puedo creer, pero lo propalan y los creen (el pueblo ecuatoriano), esto es lo que forma la opinión y teniendo la opinión en contra, nada podemos esperar. Todo esto me desespera y me persuade que no debemos tomar venganza del Perú, para no precipitarnos mas hondamente en el abismo”.

     Sin embargo, cuando Bolívar escribía a Sucre seis días más tarde el (28 de octubre) nombrándolo jefe de los ejércitos del sur, le decía “Yo estoy resuelto a marchar dentro de un mes al sur, contando para entonces con las tropas de reserva en estado de marchar adelante”.

 

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CARTAS DEL GENERAL OBANDO A LA MAR

 

     En la obra “Últimos años de Bolívar” escrita en base a la correspondencia del general O´Leary, se dan a conocer el texto de dos cartas que el general José M. Obando, el rebelde de Pasto y Popayán, envía al presidente La Mar y que posiblemente fueron interceptadas, pues de otra forma no se explican que hubiera tenido conocimiento de su texto. El general Obando, también escribía al comandante Vicente Micol.

     La primera fechada en la Horqueta el 28 de noviembre. Decía...” por fin la patria se cansó de sufrir tanto ultraje y tanta ignominia... para derribar al coloso (Bolívar) que a fuerza de intrigas de sangre y de terror, pretendió esclavizar la tierra de los libres...”

     Luego relata Obando que la rebelión debería estallar en diversos lugares de Colombia y que él debía hacerlo en Cauca, lo que verificó, organizando en un mes una fuerza de 300 hombres con los cuales –cuenta- derrotó a Mosquera en La Ladera que contaba con 800 soldados, tomándole 2,000 fusiles y el parque con el que armó todo el departamento. Asegura Obando que en Antioquía y en Nieva también habían estallado motines y que en esos momentos marchaba sobre Pasto para impedir que el general Flores tenga ese apoyo en su retirada y agregaba: “al mismo tiempo que apoyo las operaciones del ejército del Perú, que contemplo ya muy cerca de Quito”... “Al coronel Barreto le he encargado estar en comunicación con el general La Mar que en persona manda el ejército auxiliar. Importa sobre manera le escribas a ese general dándole cuenta de mis operaciones”... “escríbeme siempre y sobre todo empéñese en mandar avisos al ejército del Perú”.

     El 14 de diciembre escribía Obando desde Pasto, al presidente La Mar. Le decía que antes le había escrito desde Popayán avisándole de la revolución general y de la parte que a él le ha correspondido revolucionando Cauca. Le hacía conocer el resultado del combate de La Ladera. Luego le decía... yo me ocupo hoy de algunos arreglos, para hacer amagos sobre el Ecuador y apoyar de este modo las operaciones de Ud. que no deben dilatarse por ningún motivo... ………este es el momento que el Perú recompense a Colombia la protección que le dio en igual comprometimiento, acordándose que nosotros no tenemos la culpa de la conducta del general Bolívar en aquella nación (el Perú)... todos estamos pendientes del apoyo del ejército auxiliar (así llamaban los rebeldes colombianos al ejército peruano)... encontrará Ud. apoyo en todos los pueblos.

     El 29 de diciembre, desde Guaitará volvió Obando a escribir a La Mar pidiéndole no detuviera sus marchas hasta llegar al Juananmú (río límite de Colombia y Ecuador)... todos los pueblos anhelan por el ejército auxiliar. Le hacía reconocer que la proclama de La Mar se había distribuido en Pasto.

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EL BOTAFUEGO, PERIÓDICO DE CAMPAÑA

     En la imprenta que La Mar trajo de Lima, se imprimió un periódico que tenía el nombre muy castrense de “Botafuego”, cuyo administrador era José Molina. Seis mulas del arriero Amaya, fueron necesarias para llevarla de Paita a Piura.

     Fue un periódico andariego que siguió al ejército peruano, por donde éste anduvo, y es así como aparece en Piura, Tambogrande y Loja.

     Demás está decir que una gran parte de los lectores, la constituían la oficialidad y los soldados del ejército en campaña.

     Como no podía ser de otra forma, el “Botafuego”, era como una verdadera pieza de artillería que disparaba tiros de grueso calibre contra Bolívar, Sucre y el general Flores; pero era el Libertador el motivo constante de sus más duros ataques.

     No obstante su carácter de periódico militar, el “Botafuego” también daba noticias de Piura y de los lugares por donde pasaba. No pocas veces comentaba artículos de periódicos de Guayaquil contrarios a Bolívar.

     Cuando el conflicto concluyó, la imprenta retornó con el ejército a Lima y así terminó la fugaz vida del “Botafuego”, pero de todos modos tuvo el gran mérito de haber sido el primer periódico editado en Piura.

     Miguel Seminario Ojeda, en su infatigable afán investigador ha logrado reunir bastante información sobre el “Botafuego”, que muy gentilmente me ha proporcionado.

     El primer número se editó en Piura el 6 de octubre de 1828. Desde sus inicios, el periódico, tiene un violento ataque a Bolívar al cual culpa de la guerra y se le acusa de tirano y absolutista. Hay una nota informativa del arribo del presidente La Mar a Paita a las 3 de la tarde del día 23 de setiembre, y su desembarco el día siguiente cuando se celebraba la festividad de la Virgen de Mercedes. Da cuenta de la salva de 21 cañonazos y de la forma alborozada como el pueblo paiteño recibió al mandatario. Da información sobre actividades cumplidas por el general La Mar en el puerto, como la visita que hizo al herido comandante Postigo, la conversación que tuvo con una abnegada enfermera guayaquileña que servía en el hospital, y la visita que hizo al templo de la Virgen de Mercedes. También ataca en este primer número a dos periódicos enemigos del Perú, uno el “Colombiano del Guayas” editado en Guayaquil y otro el “Telescopio” de Cuenca en el cual escribía el general Las Heros seguidor de Bolívar. El “Botafuego” recuerda, que estando el Libertador en el Perú, tuvo un incidente con el general Heres, al cual apostrofó, diciéndole: “Márchese de mi presencia, el Perú le aborrece a Ud. Yo lo detesto y Colombia no lo necesita para nada”.

     El número 2 del “Botafuego” salió el miércoles 15 de octubre en Tambogrande, donde se había levantado el campamento del ejército peruano.

     Contiene, éste la proclama que lanzó el general La Mar el día 12, a las propuestas de paz que traía el coronel O´Leary representante de Bolívar, y la proclama contra el Perú del general Flores lanzada en Cuenca. Hay nuevos ataques contra el general Tomás Las Heres.

     El número 3 también aparece en Tambogrande el 18 de octubre. Contiene una arenga del general Mariano Necochea, que manda la caballería peruana. Este valiente jefe de origen argentino, fue objeto de la persecución de Bolívar cuando estuvo en el Perú. Hay en el periódico alabanzas a La Mar y al ejército peruano. Se culpa a Sucre de la separación de Bolivia.

     Hasta el 5 de noviembre el “Botafuego” siguió saliendo casi semanalmente en Tambogrande, editando 7 números.

     En su 4to. número de fecha 24 de octubre da cuenta de los éxitos peruanos en el frente de Guayaquil y de la captura del comandante Manuel Herrera del ejército de Colombia, al cual se le confiscó una carta que enviaba al Gobernador Militar de Guayaquil Juan Illingort, una persona que sólo se identificaba por las letras Q.B.S.M. y que se supone era el coronel Cayetano Gutari; documento al cual ya nos hemos referido antes. Se publica otra carta llegada desde la zona de Machala a Tambogrande en la que se referían a la rebelión de 400 indios chilintomos que hicieron causa a favor del Perú.

     El 5to. número salió el lunes 27 de octubre, trae información, de que Gamarra tras de actuar victoriosamente en Bolivia se dirigía con otro ejército hacia Piura. Publica proclamas y transcribe artículos de periódicos de Lima.

El 6° número del “Botafuego” sale el miércoles 29 de octubre. Trae una información bastante detallada de las deserciones que se han producido en gran escala en el batallón colombiano “Rifles” y se refieren en forma especial a las declaraciones de dos soldados peruanos que habían sido enrolados en ese cuerpo militar a la fuerza cuando Bolívar imponía la política de los reemplazos. Los soldados Manuel Centeno y Pedro Carrillo, tras de llegar al campamento peruano solicitaron enrolarse en el ejército peruano para seguir luchando contra las fuerzas de Bolívar, en lugar de dirigirse a su tierra natal, como se les había ofrecido acá.

En este número, se informa que Bolívar, había no solo perdonado, sino ascendido al oficial Candelario, que en el Perú había matado en años anteriores al ministro Monteagudo, y se le había enviado a integrar los ejércitos colombianos que estaban en la zona fronteriza con el Perú. El administrador del periódico, don José Molina, publica un artículo que titula La Modorra” y se refiere a esa somnolencia, que se apodera en horas de la tarde de las personas que viven en esta zona tropical y que en Tambogrande se veía favorecida por la quietud en que se vivía y los muchos ratos de ocio.

Otro miércoles, el 5 de noviembre, sale el ejemplar número 7° cuando ya gran parte del ejército avanzaba sobre Ayabaca. Se relata la llegada del batallón 1ro. de Ayacucho de 1042 soldados al mando del coronel Francisco Jiménez al cual se pondera mucho. Esas fuerzas fueron recibidas en Piura y en Tambogrande con grandes muestras de alegría.

Jiménez era español, y después de la capitulación de Ayacucho, prefirió ingresar al ejército patriota. Era adicto a Gamarra y a él se debe el primer descalabro en la guerra contra Colombia, cuando estando al mando del parque de abastecimiento en Saraguro, no colocó vigías, ni alertas permitiendo la incursión de tropas colombianas, de tal modo que hasta se habló de acuerdos con el enemigo.

El “Botafuego” N° 8 aparece el 8 de noviembre, y da la noticia de que la corbeta colombiana “Pichincha” se había pasado al Perú y llegado a Paita el día 6 de noviembre, siendo recibida alborozadamente por los paiteños que lanzaban vivas al Perú y a La Mar, mientras salvas de mar y tierra daban mayor emotividad al acto. La corbeta fue puesta bajo el comando del marino peruano Rafael Soto. A bordo de la nave venían los jefes colombianos Manuel Bustamante y Ramón Avilés, enemigos de Bolívar, que recibieron asilo en Piura.

El N° 9 se editó el 12 de noviembre, en el que da mayores noticias sobre el paso de la fragata “Pichincha”. A esa fecha don José Molina deja de administrar la imprenta, que toma M. Reyes. En el periódico se aclara, de que la “Pichincha” que se había entregado, era la misma que semanas anteriores había tenido con otra nave colombiana, un enfrentamiento con la corbeta peruana “La Libertad” frente a Tumbes. En el periódico también se comentaba la posibilidad de que los guayaquileños se pusieran en breve al lado del almirante Guise que estaba bloqueando el puerto. Se hacía conocer que se había convenido que la “Pichincha” luchara al lado del Perú, pero conservando el pabellón colombiano, porque sus oficiales decían que la lucha no era entre Perú y Colombia, sino contra Bolívar.

El N° 10 aparece el 18 de noviembre y trae abundante información sobre la conjura que contra Bolívar se produjo en Bogotá, y que sólo se salvo de morir a manos de los conjurados huyendo de noche por una ventana. El periódico asegura que el complot fue el 25 de setiembre y que estaban comprometidos varios de sus edecanes.

El N° 11, aparece el 29 de noviembre. Hace conocer la sospecha de que Bolívar no había salido ileso del atentado, porque no había aparecido en público después del mismo. Se reproduce una proclama del general Juan José Flores, desde Riobamba, dirigida a los habitantes de Pasto que estaban sublevados contra Bolívar.

Del N° 13  no hay ningún ejemplar y el N° 14 salió también en Tambogrande el 2 de diciembre.

La imprenta fue llevada luego a Ecuador y en 1829 el “Botafuego” vuelve a editarse en Piura con el retorno del ejército peruano.

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ACTIVIDADES MILITARES DIVERSAS

 

El 25 de enero de 1828 el coronel sullanero José Félix Jaramillo, era nombrado vocal de la junta de exámenes de oficiales, luego pasa a Chota para servir como comandante militar, teniendo a sus órdenes al sargento mayor Felipe Santiago Salaverry, encargado de hacer el reclutamiento. Salaverry tuvo muchos problemas para cumplir con las disposiciones que se le habían dado, y posteriormente un grupo levado se sublevó.

El 7 de febrero es nombrado subprefecto de Lambayeque el coronel querecotillano José María Raygada.

El 4 de marzo el intendente de Piura Joaquín Valera, presenta su renuncia y dos meses más tarde es reemplazado por el sargento mayor Juan Pablo Fernandini. Este militar tuvo un muy desgraciado fin, pues había tomado partido a favor del entonces general Salaverry, el ya coronel Fernandini fue tomado prisionero con el caudillo y otros militares más de alta graduación, y ejecutados en la plaza de Arequipa por órdenes de Santa Cruz.

El 8 de abril el capitán Ventura Raygada, es enviado a Lima en misión de servicio mientras que el 2 junio el teniente Eugenio Raygada pasa revista como comisario de la compañía de cazadores del batallón N° 9 acantonado en Tambogrande.

El 15 de Junio, el Jefe de Estado Mayor, coronel Pedro Bermúdez, solicita el ascenso del teniente sullanero Andrés Garrido al grado de capitán. Era este padre del capitán José Garrido que en enero del mismo año había logrado fallo favorable en el juicio militar a que había sido sometido.

El 8 de agosto, la fragata “Monteagudo”, desembarcó en Sechura al Batallón N° 8 que inmediatamente marchó a Piura siendo aclamado por los pobladores del Valle.

Piura, tenía en setiembre a un nuevo subprefecto. Era don Tomás Cortés del Castillo hermano del héroe de Junín.

Como capitán de puerto de Paita y comandante militar de esa plaza estaba el capitán de fragata Quimper el cual por estar enfermo pide permiso hasta el 31 de diciembre; siendo reemplazado como jefe de la plaza por el tnte. Coronel Martín Herrero y por el teniente  de marina Manuel de la Haza, paiteño, en el cargo de capitán de puerto. Este puesto había sido ocupado por muy breve tiempo por el teniente de marina Manuel Plasencia.

Era gobernador de Huancabamba el capitán Gaspar Calderón a quien se encargó el envío de reses para el ejército.

Las autoridades paiteñas y piuranas se mostraron muy diligentes para abastecer al ejército peruano acantonado en Tambogrande y para atender a los heridos que habían llegado en la corbeta “La Libertad”. Sobre todo mereció especial atención el comandante de la nave García del Postigo y la familia del teniente Panizo nuevo comandante de la corbeta, cuya familia se encontraba en Paita mereciendo la atención de las autoridades. Fue por exceso de celo, que se produjeron fricciones entre el subprefecto Cortés y el jefe militar de Paita, tnte. coronel  Herrero.

Para cubrir las bajas de la corbeta “Libertad” se tomaron 50 soldados de infantería de la guarnición de Paita.

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PRISIONEROS COLOMBIANOS

El 30 de octubre el coronel colombiano José Bustamante, es autorizado para residir temporalmente en Colán. Este militar había comandado la rebelión contra Bolívar de las fuerzas colombianas estacionadas en Lima, y posteriormente tomó partido a favor del Perú cuando se produjo el conflicto. Bustamante fue reconocido como coronel peruano y vivió el resto de sus días en nuestra patria.

En el mismo mes de octubre, llegan a Paita y pasan a Piura el teniente coronel Manuel Barrera y los soldados Lorenzo Madero y Juan Mata Soto, del ejército de Colombia. Este oficial había sido capturado por el teniente de marina del Perú Manuel Sauri durante una incursión, que éste hizo en el golfo de Guayaquil, tomándole importante correspondencia. Se dispone que los prisioneros pasen al depósito de Lambayeque pero se accede a la solicitud de Barrera para permanecer en Piura. Otros prisioneros son enviados el 23 de octubre a Lambayeque custodiados por el teniente José Ovalle.

En diciembre llegan a Paita y pasan a Piura el teniente Domingo Robles y el subteniente Juan Briones, colombianos capturados en la zona de Guayaquil.

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FUSILAN AL DESERTOR

La provincia de Piura es eximida de la orden de reclutamiento, por decreto dado por el Presidente La Mar el 8 de octubre de 1828.

El comando militar estaba muy preocupado porque se estaban produciendo numerosas deserciones.

El caso más grave lo protagonizó el  soldado Pedro Morales, de la 1ra. compañía de Lanceros, que estando de centinela desertó. Habiendo sido recapturado, fue sometido a consejo de guerra, que dictaminó la pena de muerte, dada la gravedad de la falta por estar el país en guerra.

La sentencia se cumplió el 7 de octubre, al ser fusilado el soldado.

Pero esa drástica sanción, no impidió que las deserciones continuaran, pues el 18 de noviembre se estaba alertando a todos los gobernadores de la provincia, para la captura de 15 desertores del batallón N° 9.

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JOSÉ LAMA, ABASTECEDOR DEL EJÉRCITO

El ejército contrató a muchos jefes de cuadrillas de arrieros, para el transporte de abastecimientos diversos, así como también a proveedores de carne.

Uno de ellos fue don José Lama, acaudalado hombre de Piura. Parece que surgieron dificultades entre el abastecedor hacendado y el capitán Francisco Izquierdo que estaba encargado de controlar el abastecimiento de reses. El 15 de octubre el presidente La Mar ordena confiscar el ganado que tenga Lama, pero habiéndose llegado a un acuerdo suspenden la medida.

Se dispuso que el oficial Eduardo Raygada se encargue de trasladar al cuartel general, a los arrieros que han sido solicitados a los gobernadores.

El 18 de noviembre la pagaduría del ejército autoriza que se pague a Mateo Lama 3,000 pesos a cuenta de los que el Estado adeuda a su hermano José por suministro de ganado. En enero de 1829 se paga a Lama dos sumas por 2,355 pesos y 5,253.

Otro abastecedor era el marqués de Salinas, don Francisco Javier Fernández de Paredes, al cual se pagaron en abril 100 reses que había suministrado. Días más tarde el Marqués de Salinas estaba presentando una queja, manifestando que ganado del ejército penetraba  a sus inversas de la Huaca y las desbastaba.

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EL CORONEL JOSÉ MARÍA RAYGADA TIENE PROBLEMAS

     En enero de 1828 el coronel José M. Raygada era subprefecto de Lambayeque, comprensión del departamento de La Libertad en donde era prefecto el coronel Pablo Diéguez.

     Entre las dos autoridades se produjeron fricciones. El coronel Diéguez acusa a Raygada de irregularidades en el ejercicio de su cargo, lo cual obligó a este último a presentar renuncia de la subprefectura, en el mes de octubre siendo reemplazado por el teniente  coronel l. Juan Mendiburu.

     En noviembre, el comando militar de Piura solicita que el coronel Raygada, sea nombrado jefe de los cívicos de Piura. En Paita se solicita que Victoriano Cárcamo sea nombrado teniente del piquete de milicias del puerto, Cárcamo saltó a la notoriedad cuando capturó a los españoles en pailebot “Sacramento” que fue el primer barco de la marina peruana.

     El 25 de enero de 1829, el general Juan Pardo de Zela, comandante general de la II División del Norte, desestima los cargos del prefecto Diéguez contra Raygada.

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CORONEL JARAMILLO VIAJA A CHILE

 

     El 7 de octubre el coronel José Félix Jaramillo, renuncia la comandancia militar de Chota y se traslada a Piura, que era centro del poder político y militar del Perú por estar en guerra contra Colombia.

     En enero de 1829 se le da una misión a cumplir en la frontera de Zarumilla. Luego se le nombra instructor del cuerpo de los cívicos.

     Desde el mes de abril, Jaramillo inicia gestiones para que se le permita viajar a Chile. No obstante eso, el 15 de junio es nombrado juez instructor militar, cargo que renuncia pues el 14 de setiembre logra pasaporte para viajar a Chile a buscar a sus hijos.

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EJÉRCITO PERUANO INVADE ECUADOR

 

     El 15 de octubre, el general La Mar imprimió en la imprenta que había traído, una proclama y la distribuyó entre su tropa del cuartel general de Tambogrande. A fines de mes todo el ejército peruano se movía hacia la frontera. Se había cansado de esperar inútilmente a Gamarra con los refuerzos. En los primeros días de noviembre la vanguardia peruana llegaba a Ayabaca y tras de un breve descanso reemprendía la marcha, de tal manera el 28 de noviembre, el coronel Manuel Porras cruzaba la frontera al frente de un pelotón de caballería siguiéndole todas las fuerzas de la Primera División que constituían la vanguardia.

     Porras con su caballería, seguía adelante y el 1ro. de diciembre llegaba a Sosoranga en donde se hicieron los primeros prisioneros. Eran 8 hombres del escuadrón Cedeño. La Primera División acampó en el mencionado lugar. Mientras tanto el resto del ejército citó al mando de La Mar avanzaba muy lentamente y se separaba mucho de la divisiónede vanguardia. La imprudencia de introducirse tan profundamente en territorio enemigo, se debió sin duda al estímulo que las tropas recibían a su paso en donde eran aclamadas por el pueblo, y muchos soldados colombianos desertaron de sus filas para ir a unirse a los invasores. Por lo visto no era considerado el ejército peruano como enemigo en esta extraña guerra. Entre los desertores, estaban 14 húsares, al mando del sargento Hernández.

     El día 10 de diciembre, los peruanos ocupaban la ciudad de Loja, en medio de demostraciones júbilo de los lojanos.

     Cuando el general Flores y O´Leary, dieron cuanta a Bolívar de la caída de Loja decían: “Tenemos que participar ahora a V.E. que el enemigo pasó el Macará el 28 de noviembre último, bajo las órdenes del general La Mar, y que al mes siguiente ocupó la provincia de Loja, cuyos habitantes, sentimos decirlo, no han manifestado la lealtad que en otros tiempos distinguía a los hijos del sur. Nuestro cuerpo avanzado, se retiró en buen orden”.

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ATAQUE A GUAYAQUIL POR LA ESCUADRA PERUANA

 

     Los colombianos con O´Leary, que en determinado momento, completamente desalentados dieron a Guayaquil por perdido ante el empuje de Guise, cobraron nuevos bríos al saber la muerte de éste, en forma que lo consideraban un triunfo. Fue así como el 11 de enero de 1829, el general Flores y O´Leary al escribir a Bolívar le decían: “El coronel Lemarquet, habría informado a V.E. de la derrota de la escuadra peruana en el río  de Guayaquil y de la muerte de Guise. La fragata “Protector” y algunos buques pequeños, todavía permanecen delante de Punta de Piedra y amenazan a la ciudad, cuya guarnición está actualmente reducida al batallón “Ayacucho” y dos compañías de artillería. Hemos creído conveniente dejar esta pequeña guarnición en la población por las siguientes razones:

1.       “Ayacucho” que está compuesto por reclutas, sería enteramente inútil en la campaña.

2.       No sería político abandonar un departamento que en las criticas circunstancias a que estamos reducidos, ha manifestado más espíritu público que ninguno de los departamentos hermanos.

3.       En caso  de una victoria en el interior, nos sería imposible ocupar Guayaquil, en la estación del invierno (período lluvioso) aún con una fuerza mucho mayor y entre tanto el Perú se haría invulnerable en el Océano, con los recursos de aquella importante plaza.

     Como se puede apreciar, se consideraba de vital importancia la posesión de Guayaquil, pero estaban en un error al creer que los peruanos no atacarían y que podrían defenderlo, con las fuerzas navales que tenían a su disposición y con el “Ayacucho”.

     Guayaquil era vital por disponer de un astillero y era la puerta del Ecuador. También una gran fuente de recursos económicos. No tener Guayaquil era no disponer del domicilio del Pacífico y dejar encerrado al Ecuador entero. El mismo O´Leary decía que perder Guayaquil, significaba perder también Quito.

     La verdad era que la situación militar del puerto era muy delicada, pues estaba bloqueado por mar y tierra. La localidad de El Morro estaba sublevada desde el 15 de diciembre y se tenían noticias muy desalentadoras del avance del ejército de La Mar y de la toma de Loja en medio del júbilo popular. Tanto O´Leary como Flores habían discutido con Sucre, porque éste ante el avance de La Mar, había desguarnecido el puerto en la creencia firme de que los peruanos no lo atacarían por mar, por falta de un buen almirante.

     La flota mandada por Boterín, bien pronto se incrementó con una gran cantidad de barcos, que tras de dejar el 31 de diciembre de 1828, a las fuerzas de Gamarra, pudieron seguir viaje hasta la ría de Guayaquil. Estos barcos fueron la corbeta “Pichincha”, el bergatín “Congreso”, la goleta “Arequipeña” y varias lanchas cañoneras.

     Desde antes se encontraban en el golfo la fragata “Presidente”, la “Libertad y “La Peruviana”.

     Boterín era gran conocedor del golfo y de las mareas, y no obstante su juventud y ser simplemente teniente 1° de marina, se vio con la gran responsabilidad de dirigir toda una escuadra en operaciones de guerra, lo que sólo le correspondía a un vice-almirante.

     En Guayaquil la defensa estaba a cargo del general Illingworth y las fuerzas navales actuaban bajo el mando del capitán de navío Tomás Wright. Eran estas el bergatín “Adela” encallado que actuaba como batería flotante, la goleta “Guayaquileña”, el bergatín “Potrillo” y lanchas cañoneras. Se habían armado dos brulotes en unos barcos de pequeño tamaño que eran el “Serafín” y el “Caupolicán”, los cuales al momento de la verdad fallaron, por lo cual O´Leary al narrar a Bolívar el percance, dijo que más bien debieron considerarse como burlotes. Numerosas baterías de cañones se habían montado para la defensa del puerto.

     Boterín estrechó el cerco, y lo mismo hicieron los sublevados de tierra. Solo dos localidades permanecían en poder de los colombianos: Guayaquil y Daule, pero estaba el bergatín “Adela” encallado que actuaba como batería. Boterín envío refuerzo de armas y de soldados a los rebeldes, lo cual le permitió al jefe peruano, demandar la rendición de la plaza en vista de que una resistencia sería inútil.

     Al principio Illingort rechazó el pedido pero luego envió dos parlamentarios para fijar las bases de la rendición, pero ante ciertas resistencias a aceptar no obstante que las condiciones eran bastantes liberales, Boterín optó por suspender las negociaciones. Mientras tanto en Daule la rebelión crecía y el comandante Dávalos que mandaba la guarnición colombiana, murió.

     Ante esta situación Illingort, se mostró mas dispuesto a capitular.

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LA CAPITULACIÓN DE GUAYAQUIL

 

     El 19 de enero se reunieron los delegados de uno y otro lado y acordaron los términos de la capitulación del puerto en la siguiente forma:

     En el río Guayaquil, a la vista de la ciudad el 19 de enero de 1829, reunidos a bordo de la goleta de guerra de la República del Perú, nombrada “Arequipeña” los señores coroneles Don Antonio Luzurraga y Juan Ignacio Pareja comisionados por el señor comandante general de la plaza de Guayaquil general de brigada Juan Illingort y los señores tenientes comandantes don Alejandro Acquaroni y don José Félix Márquez, comisionados por parte del señor comandante en jefe de la escuadra don José Boterín, con el objeto de acordarlos puntos convenientes por ambas partes, sobre la evacuación de la referida plaza, y a fín de evitar los padecimientos, consiguientes a un estrecho bloqueo y demás accidentes de la guerra después de haber canjeado sus respectivos poderes por ante nosotros los secretarios, alférez de fragata de la armada don Manuel Gonzáles Pavón y Florencio Bello, oficial de la tesorería del departamento, presentaron los referidos señores comisionados por su parte las proposiciones siguientes:

 

1ra.

Que si dentro de diez días no se tuviese una noticia oficial, por una de las dos partes contratantes, de haberse dado una batalla entre los ejércitos del Perú y Colombia, se evacuará la plaza, bajo las condiciones necesarias, para la seguridad de las personas y propiedades, de las que se hallen comprometidas por sus opiniones políticas.

Concedido

2da.

Si antes, como es probable, tuviese el general de la plaza órdenes de su jefe para evacuarla, lo hará bajo de las mismas condiciones.

Concedido

3ro.

Si nuestro ejército perdiese una batalla, se evacuará del mismo modo la ciudad, al tercer día de haberse recibido la noticia oficial.

Concedido

4to.

Los buques de guerra, fuerzas sutiles, artillería de la plaza y demás máquinas de su servicio, que se entregarán con las formalidades acostumbradas, permanecerán en clase de depósito durante la presente guerra, sin que puedan emplearse contra la república (colombiana) o cualquier partido de ella

Concedido, y sólo podrá hacer uso de éstas armas cuando lo exigiese la tranquilidad pública.

5ta.

Hallándose el vecindario temeroso de los males de la anarquía, el jefe de la escuadra designará la forma de gobierno que se ha de establecer después de evacuada la plaza para garantizar la tranquilidad pública y las propiedades de los ciudadanos.

Con respecto a la forma de gobierno que debe regir al pueblo ocupado será en lo, político, el actual que lo rige mientras el supremo gobierno del Perú instruye sobre esta materia. Por lo que toca al jefe militar, el comandante de la escuadra, nombrará el que considere el más idóneo para mantener el reposo y la tranquilidad de los habitantes, proporcionándole la fuerza que juzgue bastar al objeto indicado.

6to.

La deudas contraídas por el gobierno, serán religiosamente cumplidas y pagadas, quedando establecidas las rentas sobre las cuáles se han contraído algunas deudas de preferencia.

Concedido, siendo de primera deducción los gastos de guarnición y armada.

7mo.

Respecto a que las fuerzas sutiles hostilizan indirectamente a la población, amedrentando a los abastecedores por hallarse colocadas en su tránsito, se incorporarán a la escuadra,  y si llegase el caso de romperse las hostilidades, se les permitirá tomar la posición que actualmente tienen, dándose el aviso respectivo una creciente antes de que expire el término.

Concedido

8vo.

No será la plaza molestada con contribuciones.

Concedido y de las entradas naturales, se hará uso para el sostenimiento de la tropa y marina que sea indispensable mantener en el puerto valiéndose en el caso que estas no sean suficientes, de los medios que dicte la prudencia.

9na.

No se obligará a ningún vecino a que tome las armas contra el ejército de Colombia.

Concedido

10ma.

Las comunicaciones entre las partes contratantes, se harán como hasta ahora, por medio de parlamento.

Concedido

11vo.

No se hostilizarán las partidas que desembarquen fuera del alcance de tiro de cañón, para comprar víveres o hacer aguada, cuando su número no pase de diez o doce hombres.

Concedido

 

     A continuación, las proposiciones de los comisionados por la parte de la escuadra bloqueadora:

 

1ra.

Todas las personas que se hayan pasado a la escuadra peruana o emigrado por opiniones políticas durante el bloqueo, volverán a tomar posesión de sus propiedades o se les hará la debida indemnización, con arreglo a las leyes del país.

Concedido

2da.

Las tropas de la guarnición evacuarán la plaza a las 24 horas del término fijado en el artículo 1ro. de las proposiciones hechas por parte del jefe de ellas sin que hostilice de ningún modo la población, y si por algún suceso  de guerra llegase el caso de que deba volver a ocuparla, dará precisamente un aviso al jefe de la guarnición, para que evacue la plaza, según y, en los términos que se ha estipulado en estos tratados.

Concedido

3ra.

Todo vecino que habiendo pertenecido al ejército o marina, se quedase en la plaza, no será molestado en su persona o propiedad, siempre que su comportamiento sea conforme al orden que se establezca.

Concedido

4ta.

No se aumentarán las fuerzas de ninguna manera por las partes contratantes. Se continuarán ocupando las mismas posiciones que al presente: y no se romperán las hostilidades sino después de diez horas en caso de no haber convenio.

Concedido, a excepción de lo estipulado en el capítulo 7° sobre la incorporación de las fuerzas sutiles de la escuadra.

 

     Estos tratados quedan concluidos a las ocho de la noche del día de la fecha; serán ratificados dentro de 24 horas, si ocurriese alguna duda se esclarecerá por ambas partes antes de expirar el prefijado término, y si fuese necesario prolongarlo se verificará con convenio de las mismas.

     Manuel Antonio Luzurraga – Juan Ignacio Pareja – Alejandro Acquaroni – José Félix Márquez – Manuel Gonzáles Pavón – Florencio Bello.

     El presente tratado queda aprobado en todo su contenido por mi parte como intendente y comandante general de este departamento – Guayaquil, enero 20 de 1829. Juan Illingort, José María Urbina, secretario.

     Queda ratificado por mi y aprobado en todas sus partes, cuanto se ha tranzado en la presente negociación.- José Boterín.

     Como comandante general que soy de la presente escuadra contratante, ratifico y apruebo en todas sus partes los anteriores tratados que se han celebrado por mi antecesor, y a fín de que se dé el debido cumplimiento por esta escuadra.

     A bordo de la fragata “Presidente”.- Enero, 20 de 1829. Hipólito Bouchard.

     Illingort, no tuvo más recurso que la capitulación, pues entre otras cosas, el batallón “Ayacucho” estaba formado en gran parte por peruanos. Se trataba de los famosos reemplazos, llevados a la fuerza para sustituir las supuestas bajas de los ejércitos colombianos cuando estuvieron en el Perú.

     Bolívar montó en cólera cuando supo la rendición de Guayaquil y dispuso que una corte marcial juzgase a Illingort, el cual fue declarado libre tras de no pocas dificultades y sin que el enojo de Bolívar hubiera cedido.

     En el tratado se menciona a las “personas que se hayan pasado a la escuadra o emigrado por opiniones políticas”,  lo cuál dice bien a las claras la existencia de un partido pro-peruanista o más propiamente, gente de ideas liberales que estaba a favor del Perú y contra Bolívar. La guerra no era por lo tanto entre dos naciones, sino una especie de lucha civil, destinada a derrocar a un hombre todo poderoso.

 

 

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GAMARRA LLEGA A PAITA

 

     Después de expulsar a Sucre, de Bolivia, emprendió el general Gamarra la vuelta al Perú con el ejército de invasión. Se dirigía a Lima para seguir luego a Piura en atención a los apremiantes llamados que desde el cuartel de Tambogrande, le hacía La Mar para que acelerase el viaje. Gamarra, no se preocupó en lo más mínimo de actuar con rapidez, al contrario al llegar a Arequipa, permaneció allí varios días mientras era agasajado por el general La Fuente, jefe político y militar del sur. Los dos amigos se encontraron y tomaron acuerdos, para derribar a La Mar. El 30 de noviembre se sublevaron en Arequipa los batallones “Pichincha” y “Zepita”, teniendo Gamarra que mandar a fusilar a 34 para debelar la rebelión. En los primeros días de diciembre partía Gamarra de Islay con 3,048 hombres y el 19 del mismo llegaba al Callao.

     El 20 partía el general Blas Cerdea con la División del Sur, rumbo a Paita y el 21 se embarcaba Gamarra en el barco “Telégrafo” llegando a Paita el 31 de diciembre.

     La Mar había ya penetrado profundamente en Ecuador.

     Según versión del coronel Juan Agustín Lira, que llegaba en la expedición, el arribo a Paita se produjo el 27 de diciembre, pero allí Gamarra se encontró con órdenes del general La Mar, para que los cuerpos de caballería hicieran el desembarco en Sechura y la infantería pasasen a Tumbes.

     Todo el convoy tuvo que regresar a Sechura, en donde Gamarra desembarcó solo para inspeccionar el lugar encontrándolo en ese lugar una comisión de recepción que la encabezaban el general Quiroz y el coronel Rufino Martínez. En el lugar desembarcaron los escuadrones de Dragones de Arequipa y el 3ro. de Húsares. En Sechura tomó contacto Gamarra con los señores Távara, los cuáles les informaron que iba a ser imposible el desembarco en Tumbes, por los bancos de arena y la resaca. Por otra parte el movilizarse de Tumbes a Loja no era la ruta más recomendable. Por lo tanto resolvió Gamarra ir a Paita en donde desembarco a la infantería. De inmediato hizo a caballo el recorrido hasta Querecotillo, para entrevistarse con José Lama, que tenía contrato a proporcionar 200 mulas a entregar a fines de febrero de 1829. Gamarra pidió las que tuviera en ese momento, y tan activo se mostró Lama que a los pocos días reunió cien acémilas entre mulas, caballos y asnos. Con esa ayuda pudo movilizarse la División del Sur al mando del general Cerdeña.

     Mientras que la caballería avanzaba de Sechura hacia Piura al mando del coronel Salas, la infantería, sin llegar a Piura pasaba por Sullana a Tambogrande y de allí cruzó la frontera por Zapotillo, para proseguir a Catacocha y por el valle de Catamayo se encaminó a Loja, y adelantándose al ejército ingresó a la ciudad el 18 de enero, mientras el grueso de sus tropas lo hacía el 25. Hacia un mes que La Mar esperaba en ese lugar  en la más completa inmovilidad, lo que dio lugar a que las tropas al mando de Sucre y de Flores se organizaran. La lentitud intencional de Gamarra en apresurar la marcha, fue a la postre fatal a las armas peruanas.

     Cuando Gamarra llegó a Loja, ya la vanguardia peruana había iniciado operaciones de guerra y el coronel Raulet había incursionado sobre la ciudad de Cuenca.

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1.                                                                 CONFORMACIÓN DEL EJÉRCITO PERUANO

     Con la llegada del ejército de Gamarra, las fuerzas peruanas quedaron organizadas de la siguiente manera:

     Primera división, o división del norte, al mando del general  José M. Plaza, conformada por el batallón 3 y por el batallón Ayacucho.

     Segunda división o división del sur, al mando del general Blas Cerdeña, español que había antes estado en Paita durante el gobierno del virrey Pezuela, al mando de una compañía del Numancia. Lo componían los batallones Zepita y Pichincha llegados de Bolivia.

     Tercera división, al mando del coronel José Prieto. Era este un jefe muy adicto a Gamarra que el 9 de diciembre luchó en las filas realistas en la batalla de Ayacucho, habiendo figurado entre los capitulados. Esta división estaba compuesta por el 2do. Batallón Ayacucho, el 2do. Batallón del Callao y el 1er. batallón Callao.

     La columna Independiente, comandada por el coronel Benavides, que la integraban las compañías de cazadores del 2do. batallón de Ayacucho , del Callao, Zepita y Pichincha.

     División de caballería al mando del general Mariano Necochea. La componían el regimiento Húsares de Junín, Dragones de Arequipa y Lanceros del Callao.

     Como parte de columna independiente, estaba el regimiento N° 9 que se envió a Piura para ser reorganizada bajo el mando del coronel Vargas. Aquí enroló muchos jóvenes.    

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