Capítulo IV

 

 

C A P I T U L O      IV

 

 

PORTETE DE TARQUI

 

 

 

-          El coronel Raulet ocupa Cuenca

-          La versión de los colombianos

-          Los peruanos en Guayaquil

-          Propuestas de paz de Sucre

-          Propuestas de paz de La Mar

-          La acción de Girón

-          Acciones preliminares a Tarqui

-          La batalla de Portete de Tarqui

-          La versión de Sucre

-          La versión del general Echenique

-          El convenio de Girón

-          Rechazo al convenio de Girón

-          Desconocimiento del convenio

-          Tarqui, una derrota política

-          Enjuiciamiento de la actitud de Gamarra

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EL CORONEL RAULET OCUPA CUENCA

 

     La vanguardia peruana ocupó Loja el 10 de diciembre y 9 días más tarde llegó el general La Mar.

     Desde ese lugar se envió al coronel Pedro Raulet con dos compañías de infantería y un escuadrón de caballería a incursionar en territorio enemigo. Con gran audacia Raulet avanzó 14 leguas tomando por sorpresa la población de Saraguro, que estaba defendida por el coronel colombiano Acero, el cual tuvo que retirarse precipitadamente sin poder cumplir la orden del general Urdaneta de convertir en tierra arrasada la que tuvieran que evacuar. En Saraguro se unió a Raulet un destacamento del coronel peruano Francisco Vidal, con el cual salieron en persecución de Acero que se había refugiado en Oña a 5 leguas al norte de Saraguro. Loa accesos de esa ciudad estaban defendidos por  el coronel Braun, con 160 hombres de Rifles, Yanaguachi, Cedeño y Granaderos. Era Braun un valiente oficial que había servido a las órdenes de Sucre en Bolivia.

     Raulet destacó en una acción nocturna al capitán Moreira con una compañía, al teniente Grados con parte de los Húsares. Para evitar ser copado, Braun busco escapar por el puente de Cartagena y lo logró a costa de varios muertos, de heridos y de 7 prisioneros. Los peruanos tuvieron 6 muertos y 7 heridos.

     Mientras tanto el coronel Porras incursionaba sobre Zorozanga, sorprendiendo a un destacamento del “Cedeño”, apresando a un capitán y 7 soldados. En la zona de Zapotillo el capitán Carrillo, desbarató a un destacamento de cívicos que defendían la plaza.

     Raulet decidió retornar a Saraguro, y cuando hacía el recorrido de Oña a ese lugar, se le unió el teniente coronel Manuel Serrano, con cincuenta soldados del batallón colombiano Cuenca. Esto, prueba una vez más, que los peruanos no eran considerados como enemigos.

     Todo eso animó a La Mar, por lo cual desde Gonzamaná, lanzó el 26 de diciembre una proclama invitando a los soldados colombianos a unirse a su ejército, y lo mismo a sus compatriotas ecuatorianos.

     En Gonzamaná había establecido La Mar inicialmente su cuartel general, pero días después optó ubicarlo definitivamente en Loja.

     Estando en esta ciudad, La Mar volvió a disponer que Raulet hiciera una nueva incursión al norte. Debían acompañarlo 50 soldados colombianos del batallón “Cuenca” que se le habían unido, dos compañías de infantería y 60 de a caballo. Con ellos llegó a Tablón en donde permaneció hasta el 16 de enero en espera del general Plaza que arribaba con el 2do. del batallón Callao y el batallón N° 8. Pasó entonces Raulet a Nabón en donde hizo un alto, para luego caer en forma sorpresiva sobre Cuenca el 7 de febrero pasando por Girón.

 El movimiento se realizó a la retaguardia del ejército de Sucre. La ciudad que era importante estaba defendida por 400 hombres al mando del coronel Vicente Gonzáles. En la acción los colombianos tuvieron numerosos muertos y heridos, habiendo caído prisionero el mismo Gonzáles, el teniente coronel Federico Valencia, 30 oficiales y soldados. Como no había donde alojarlos, se les permitió pasar la noche en casas particulares bajo palabra de honor de no fugarse. Al día siguiente solo permanecían en su lugar haciendo honor a la palabra empeñada el coronel Gonzáles, dos oficiales y un civil de apellido Garaicoa, gente muy importante en Guayaquil. Sucre creyó que el movimiento era de mayor envergadura y temiendo ser copado, retrocedió rápidamente dejando Saraguro a donde había llegado.

     Antes de abandonar Cuenca, ya que con sus cortas fuerzas no podía seguir allí, Raulet se apoderó del parque y lo que no pudo llevar lo destruyó. Tomó 1,400 presos de la guarnición que había desbaratado y remitió los prisioneros a Guayaquil que ya estaba en poder de los peruanos.

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LA VERSIÓN DE LOS COLOMBIANOS

     Fue costumbre muy generalizada entre los colombianos exagerar las pérdidas de los contingente peruanos que entraban en lucha, y en cambio minimizar las propias.

     Convertían en victorias las que no lo eran y hasta las derrotas las transformaban en triunfos. En cierta forma obedecían las órdenes que al respecto les había dado Bolívar para evitar la desmoralización de los que les eran adictos, pero también los jefes militares, Sucre entre ellos, trataban de acrecentar y exagerar los éxitos para aumentar los propios méritos ante los ojos de Bolívar,. Es así como el 22 de noviembre en medio de la mayor desesperación, O´Leary le escribía al general Flores: ¡Guayaquil está perdido! Pero semanas mas tarde al referirse a ese combate naval de Las Cruces, lo llamará la victoria de Guayaquil.

     El 11 de enero de 1829, el general Flores y O´Leary, le escribían a Bolívar: “Nada notable ocurrió, hasta que el 3 de este mes en que el coronel Raulet a la cabeza de cuatro compañías de infantería (fíjense que ya empiezan a doblar el número) y dos escuadrones del Regimiento Húsares de Junín, sorprendió al coronel Braun que mandaba nuestra avanzada, compuesta de 100 hombres escogidos de “Rifles” y de “Yahuachi” y veinte del escuadrón “Cedeño”. Aunque la sorpresa fue completa y bien ejecutada, el coronel Braun se portó con el denuedo que sólo a él es peculiar. Cargando a la cabeza de doce hombres del “Cedeño”, derrotó a la caballería enemiga y acuchilló a cuarenta o a cincuenta. Nuestra infantería se condujo con su acostumbrado valor. Después de sostener dos horas de fuego del enemigo, el coronel Braun efectuó una retirada sin pérdidas”.

 Lo cierto es que en esa acción, los peruanos tuvieron 13 bajas entre muertos y heridos, cantidad que fue en mucho superada por las bajas colombianas, además de 7 prisioneros.

     Con respecto a la captura de Cuenca por acto de audacia de Raulet, es Sucre el que hace un falso relato, en comunicación de fecha 11 de marzo en que desde Quito, da cuenta al ministro de guerra, de todas las acciones en que tomó parte, desde el momento en que se hizo cargo del ejército.

     Dice: “El mismo 12 (de febrero 1829) supe que una columna de doscientos infantes y 50 caballos, conducidos por la vía de Yunquilla y Girón, ocuparon Cuenca el 10, dispersando allí nuestros hospitales, a pesar de la vigorosa resistencia del general intendente a la cabeza de 60 convalecientes, que sospechando por las observaciones en el campo contrario que se hacían algún movimiento, previne al señor general Flores, comandante en jefe, hacer por la noche un reconocimiento y que ejecutado por veinte soldados del “Yaguachi” protegidos por la Compañía Granaderos del Cauca y Cuarta del “Caracas”, lograron dispersar completamente los dos batallones peruanos, 1ro. de Ayacucho y número 8 que cerraban la retaguardia de su objetivo, el cual marchaba en dirección de Yunquilla y Girón; y que por resultado de este triunfo se tomaron la mitad de sus municiones de repuestos, una porción de bagajes, algún armamento y prisioneros y destruidas, dos piezas de batalla”.

     Resulta completamente inverosímil que en una ciudad tan importante  como Cuenca, solo existieran 60 hospitalizados y que con ellos (completamente desarmados) se organizara la resistencia. No es tampoco admisible que para tan corto número de enfermos hubiera tanta oficialidad, al punto que 30 de ellos con su comandante Vicente González cayeran prisioneros.

     Como se verá mas tarde, Sucre incurrió en el colmo de las exageraciones, lo que fue y ha seguido siendo de fácil comprobación.

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  LOS PERUANOS EN GUAYAQUIL

 

      El 19 de enero de 1829, llegó al golfo de Guayaquil, la fragata peruana “Monteagudo” a cuyo bordo conducía al capitán de navío don Hipólito Bouchard, francés de origen, que había servido a la causa de la independencia nacional y que llegaba en esos momentos hacerse cargo del comando de la escuadra. El nuevo jefe no creyó prudente asumir el mando de inmediato, para permitir que Boterín cumpliera con los trámites de la capitulación de Guayaquil, y recién al día siguiente, se hizo cargo del comando, siendo uno de sus primeros actos ratificar el tratado.

     A fines del mes y en cumplimiento de las cláusulas de la capitulación, 800 soldados colombianos, al mando de Illingort, desocuparon Guayaquil y se trasladaron a la ciudad de Daule en donde instalaron su nuevo cuartel general.

     El pueblo guayaquileño recibió a los peruanos con muestras de gran satisfacción. Al respecto el historiador ecuatoriano Oscar Efrén Reyes, en su obra “Historia de la República, Esquema de Ideas y Hechos del Ecuador a partir de la Emancipación” dice: “Además, peruanófilos no solamente había en aquel tiempo de confusión y terrible capricho anexionista, en esa población de Saraguro, sino también en Cuenca, Loja, Guayaquil y en los pueblos de Santa Elena, Daule, Machala: etc. Peruanófilos que estorbaron por algún tiempo la unificación nacional de esta parta de la Gran Colombia”.

     Ese sentimiento pro-peruano tiene una explicación muy sencilla. No se trataba en realidad de tomar una posición independentista, que posiblemente hubiera unificado el criterio de todos los ecuatorianos; sino de elegir entre el Perú o Colombia, y estaba claro que se prefería al primero.

     En esos momentos era presidente del Perú, un ecuatoriano: el general La Mar y como ministro de guerra estaba el coronel Rafael Jimena, también del mismo país, que se había visto obligado a huir de su tierra natal Guayaquil, cuando Bolívar y Sucre la ganaron a San Martín la anexión.

     Por lo tanto, aún no había una clara diferencia de las nacionalidades y los colombianos que servían en nuestro ejército – y que no eran pocos – no se consideraban ni nadie los consideró traidores a su patria, sino enemigos de Bolívar.

     La Mar, nombró comandante general del departamento de Guayaquil al coronel José Prieto que acaba de llegar con Gamarra a Loja, los restos de autoridades eran del mismo puerto, de tal manera que las tropas peruanas no actuaron como ejército de ocupación.

     Illingort, sufrió en Daule una tremenda deserción de sus soldados quedando sólo reducido a 400 soldados.

     En el puerto, desembarcaron los peruanos a su infantería de marina y a la 2da. Compañía del batallón Ayacucho. El comando militar de la plaza quedó a cargo del capitán Casimiro Negrón.

     El 3 de febrero, Bouchard por medio de un bando, hizo conocer a la población que continuarían rigiendo en Guayaquil sus propias leyes (las de Colombia). También se hizo conocer una proclama de La Mar.

     La goleta “La Guayaquileña” varada en la rada, se incorporó a la escuadra peruana, lo mismo que varias lanchas cañoneras.

     Como el bloqueo había cesado, el puerto reinició sus actividades cobrando la vida gran animación.

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PROPUESTAS DE PAZ DE SUCRE

 

     Sucre se había hecho cargo no sólo de todo el ejército colombiano en Ecuador, sino que también había recibido de Bolívar, autorización plena para negociar.

     Fue así como desde el 28 de enero de 1829 tuvo los primeros contactos con La Mar y el 3 de febrero, le envió sus condiciones para hacer la paz. Eran estas las siguientes:

     1°- Las fuerzas militares del Perú y del sur de Colombia, se reducirán al pie de guarniciones y se determinarán las que deben quedar en los dos países.

     2°- Las partes contratantes nombrarán una comisión para arreglar los límites de los dos estados, sirviendo de base la división política y civil de los virreinatos de Nueva Granada y del Perú es agosto de 1809 en que estalló la revolución de Quito, y se comprometieron los contratantes a cederse recíprocamente aquellas pequeñas partes de territorio que, por defectos de la antigua demarcación, perjudiquen a los habitantes.

     3°- La misma u otra comisión liquidará la deuda del Perú a Colombia y a sus súbditos. Esta deuda se pagará de contado con sus intereses desde el año en que se empezaron los gastos y en el término de diez y ocho meses o del modo que se conviniere Colombia y el Perú, nombraran un gobierno americano para que en caso de diferencias sirvan de árbitros.

           4°- El Perú pondrá en las costas de Colombia un número de personas europeas igual      al de los reemplazos que aquella república debe a su ejército auxiliar, que hizo la campaña de Ayacucho, o bien dará una indemnización pecuniaria con que Colombia pueda hacerlos transportar.

     5°- El gobierno peruano, dará al de Colombia por la expulsión de su agente en Lima la satisfacción que en tales casos se acostumbra entre las naciones y Colombia dará al Perú explicaciones satisfactorias por la inadmisión de su plenipotenciario.

     6°- Ninguna de las dos repúblicas tiene derecho a intervenir en la forma de gobierno de la otra, ni en sus negocios domésticos. Este mismo respeto a la independencia y a la soberanía de los estados, lo guardarán las partes contratantes hacia Bolivia a quien se dejará en plena libertad para organizar como más convenga a sus intereses.

     7°- La estricta observancia del artículo anterior, en cuanto a las partes contratantes y a Bolivia, lo mismo que las demás diferencias actuales, se arreglarán de un modo claro en el tratado definitivo.

     8°- Existiendo desconfianza recíprocas entre los dos gobiernos, y para dar seguridades de la buena fe que los anima, luego que se ajuste un tratado de paz, se solicitará del gobierno de S.M.B. ó de los Estados Unidos, que en clase de mediador, garantice su cumplimiento, hasta autorizarlo, si es preciso para que esta mediación sea armada y por un término que no baje de seis años.

     9°- Como Colombia no consentirá jamás en firmar un tratado de paz mientras que tropas enemigas ocupen cualquier parte de su territorio, se convendrá en que sentadas y reconocidas que sea estas bases, se retirará el ejército peruano a la orilla izquierda del río Santa (al sur de Trujillo) y el de Colombia al norte del departamento se Azuay (al norte de Cuenca), para proceder a los arreglos definitivos, a cuyo efecto se elegirán desde luego los plenipotenciarios, que deban reunirse en Panamá en todo el mes de abril del presente año. Entre tanto sólo podrán existir pequeñas guarniciones en las provincias de las fronteras, debiendo nombrarse en uno y otro ejército, comisarios que vigilen la observancia de este artículo.

     10°- Las partes contratantes, se comprometen desde luego a que estas bases sean forzosas para el tratado definitivo y que la nación mediadora las obligue a su cumplimiento.

     Cuartel general en Oña, a 3 de febrero de 1829.- Daniel O´Leary.

     Esta comunicación fue llevada por el propio O´Leary y el general Flores a una reunión que se llevó a cabo en el puente de Saraguro. Allí estaban los delegados peruanos el coronel José Luis de Orbegoso y don José Villa el ministro plenipotenciario que La Mar envió antes a Colombia y que Bolívar no recibió.

     Los peruanos retornaron al día siguiente llevando sus propias propuestas. Esta vez la reunión se efectuó en Pakishapa.

     Cuando el 21 de febrero O´Leary hacía conocer al ministro de guerra de Colombia Estanislao Vergara, sus impresiones sobre Villa, le decía: “¿Sabe Ud. que Villa me ha parecido un excelente sujeto y lleno de honradez?. Pero no lo creo muy hábil diplomático. Supone al señor Revenga (era el ministro de RR.EE de Colombia cuando Villa viajó a Colombia) el autor de todos sus disgustos en Bogotá, y hace muchos elogios de Ud. (de Vergara). Está ahora de ayudante del general La Mar”.

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LAS PROPOSICIONES DE PAZ DE LA MAR

 

Considerando serenamente las cosas, las contrapropuestas de La Mar eran exageradas y cabía suponer que Sucre jamás las iba aceptar. Planteaba La Mar lo siguiente:

     1°- El gobierno de Colombia devolverá todos los peruanos que S.E. el general Bolívar (no le da el título de jefe de estado) transportó fuera del Perú después de la batalla de Ayacucho, en reemplazo de las bajas del ejército colombiano que estuvo de auxiliar, y se obliga a dar una indemnización por aquellos que no puedan devolverse, bien por haber muerto, bien por otros motivos justos.

     2°- El gobierno de Colombia se comprometerá a pagar al Perú, todos los gastos extraordinarios causados en la presente guerra, hasta que se firme el tratado definitivo de paz.

     3°- El departamento de Guayaquil quedará en el estado en que se hallaba antes de que S.E. el general Bolívar, lo agregase a Colombia, y en el tratado definitivo se arreglarán las precauciones que deben tomarse para que se pronuncien con toda libertad, sin que pueda haber la mejor sospecha de coacción por ninguna de las dos partes contratantes.

     4°.- Se nombrarán comisiones por ambas partes para que liquiden las cuentas pendientes y convengan en los términos en que debe hacerse el pago del alcance que resulte.

     5°- Igual se nombrarán comisiones para que establezcan los límites de las dos repúblicas.

     6°- Los demás puntos se arreglarán en el tratado definitivo conforme a estas bases en cuanto tenga relación con ellas.

     7°- Se admite por parte del Perú, la garantía de una potencia extranjera que se ha propuesto, eligiéndose los Estados Unidos de Norte-América, cuyo allanamiento será de cargo de Colombia solicitar y conseguir.

     Cuartel general en Saraguro 7 de febrero de 1829.- José La Mar.

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LA ACCIÓN DE SARAGURO

 

                                                          Sucre, al dar al ministro de guerra de Colombia, un informe general de todas las acciones que habían realizado desde mediados de enero, se incorporó al ejército en Cuenca, el que estaba compuesto de seis batallones y seis escuadrones,  con  una    fuerza disponible de  3,800 infantes y 600 de caballería. El 29 marchó el ejército colombiano en busca del enemigo  que se  encontraba escalonado desde Saraguro hasta Nabón  a 13  leguas  de  Cuenca. Asegura  Sucre que las fuerzas peruanas se  replegaron    sobre Saraguro y entonces el ejército colombiano  avanzó  hasta   los altos de Paquichapa, ubicándose frente  a   frente, el  4 de febrero. Entre   Saraguro y    Paquichapa solamente  había legua y media de distancia.

 El día 12 a las 8 de la mañana, La Mar decidió   sorprender  a Sucre por su   flanco derecho y avanzó hasta Yunquilla.    Para acelerar dicho avance, dejó  en Saraguro el parque y la artillería. La guarnición  de Saraguro  quedó al  mando  del  coronel  Jiménez,  español  que después  de   la batalla de Ayacucho prefirió quedarse en el Perú y que Gamarra incorporó al ejército  del Perú reconociéndole su grado militar.

 

 Sucre advirtió la maniobra o posiblemente tuvo conocimiento de ella, porque casi de inmediato cambió de frente, de tal manera que ya no queda con el flanco expuesto. Mientras, tanto, a la media noche del mismo día 12 de febrero, el general Flores dispuso que Urdaneta hiciera un reconocimiento sobre Saraguro con 20 hombres del Yaguachi al mando del coronel Manzano, más las compañías 4ta. del Caracas y los Granaderos del Cauca. Además de estas fuerzas intervinieron 200 hombres del “Rifles” y un piquete del “Cedeño” a órdenes del general Urdaneta. Los peruanos habían cortado los puentes del río cercano a Saraguro, por lo cual los colombianos tuvieron que vadearlo. Amparados en las sombras de la noche, los enemigos avanzaron y comprobaron que no había puesto de avanzada, ni vigías. Los soldados dormían en la plaza de armas, como si no estuvieran en guerra ni en país enemigo.. Los soldados sorprendidos ante el ataque y creyendo que el ejército contrario entero se les venía encima, se dio a la fuga abandonando el parque y una gran cantidad de víveres, dos cañones (el ejército quedó entonces con sólo dos últimos). Quedaron 60 prisioneros.

     No todas las municiones cayeron en poder de los colombianos, porque algunas fuero narrojadas al río.

Años más tarde el general José Luis de Orbegoso, relataba que cuando la mañana del día 12 él, que formaba parte del grupo parlamentario peruano para tratar de ajustar la paz, se encontró con O´Leary y con el general Flores en el puente Paquichapa, recibió Flores un documento muy urgente, que leyó con asombro. Al inquirir Orbegoso por el mismo, le contestó Flores, “es el santo y seña de Uds.”. En ese momento lo tomó Orbegoso como una broma. El otro asunto que se refiere a una posible traición, fue la declaración pública que hizo un año más tarde el coronel Jiménez, resentido ya con Gamarra y que hasta los periódicos de Lima la dieron a la publicidad. La revelación era  que había sido el general el que le había ordenado no poner vigías ni puestos de avanzada. Hubo por lo tanto una evidente traición de Gamarra alentada por la ambición del poder.

  Sucre relata los sucesos de Saraguro del siguiente modo: “previne al señor general Flores, comandante en jefe, hacer por la noche un reconocimiento, y que ejecutado por 20 soldados del Yaguachi, protegidos por la Compañia de Granaderos del Cauca y cuarta de “Caracas”, lograron dispersar completamente los dos batallones peruanos, el primero de Ayacucho y el número 8, que cerraban la retaguardia de su ejército el cual marchaba en dirección de Yunquilla y Girón y que resultado de este triunfo, se le tomaron la mitad de sus municiones de repuesto, una porción de sus bagajes, algún armamento, prisionero y de destruídole dos piezas de batalla.”

Sucre, en lugar de disponer atacar al resto del ejército peruano, prefirió retroceder el amanecer del 13 de Oña y Nabón, para llegar el 16 a Girón, y cortar la retirada al ejército peruano que se dirigía hacia Cuenca, con la finalidad de tomar contacto con las fuerzas de Guayaquil y cortar las comunicaciones de todo el sur de tal modo que el norte del Ecuador iba a quedar a merced de los sublevados de Pasto.

  El plan de La Mar era bueno, pero no debió dejar la retaguardia tan desguarnecida. La versión del general Rufino Echenique su obra “Memorias para la Historia del Perú”, es la siguiente:

“Cuando llegamos a Saraguro, encontramos que el general Sucre, aunque con un ejército muy inferior al nuestro, nos esperaba en la formidable posición que hay al frente de ese pueblo. En una eminencia que tiene delante de si una profunda quebrada por la que pasa un río caudaloso con un puente preciso para ir a ella; las mismas ventajas habían por consiguiente por nuestro lado en caso de ser atacados. Así que ninguno de los dos se atrevió a emprender el ataque conservándonos a la vista. El general Sucre, por una medida estratégica, seguramente para atraernos, había dejado abandonado el puente que nosotros ocupamos. De esta manera, a la expectativa uno de otro permanecimos más de ocho días”.

 “Cansado y fastidiado, posiblemente de ello, nuestro general, decidió maniobrar  a distancia del enemigo, bien para tomarle el flanco, bien para atacarlo de retaguardia o bien para atraerlo a nosotros y sacarlo de esa posición. Dispuso, con uno de estos fines que el ejército se moviera una tarde dejando para cubrir la retaguardia el tiempo preciso, la compañía situada en el puente y una división en el pueblo. Estaba yo ese día de avanzada con mi compañía, en una altura de la que se veían claramente ambos ejércitos y por consiguiente el movimiento del nuestro. Antes del anochecer, recibí la orden para ir a reunirme a él (al ejército) y continuar la marcha a su retaguardia. Gran rato después de haber pasado el pueblo, completamente anochecido ya, ascendiendo la gran cuesta que era el principio del camino, sentí un fuego nutrido de fusilería. Era que, apercibido seguramente el general Sucre del movimiento de nuestro ejército y conociendo perfectamente el terreno, había hecho atacar de sorpresa a nuestra avanzada del puente (de Saraguro) y envueltos sus soldados con nuestros dispersos, atacaron también la división que estaba en el pueblo y la desordenaron y derrotaron. Mucho antes del amanecer, empezaron a llegar donde yo estaba que era la cola del ejército, los dispersos de la división. Los contuve allí y organizándolos por grupos de los cuerpos a que pertenecían, hacía que se reunieran a ellos los que iban llegando sin que ninguno pasase adelante. Mandaba la división el general Vidal (se equivoca aquí Echenique, porque era el general Jiménez) y lo nombro por su fama de valiente que estaba tan bien acreditada.

  Acampó todo el ejército al amanecer y entonces di cuenta de lo sucedido. El general (La Mar) disolvió la división, cuyos soldados se refundieron en los demás cuerpos, habiendo sido este el primer fatal acontecimiento que tuvimos en esa campaña”. Tal el relato de Echenique.

  El pueblo de Saraguro fue incendiado por los colombianos, por haber mostrado adhesión al ejército peruano.

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ACCIONES PRELIMINARES A LA BATALLA DE PORTETE DE TARQUI

 

 El día 14 de febrero el ejército peruano pasó a Yunguilla tras de salvar peligrosos desfiladeros en donde bien pudo ser atacado por Sucre con ventaja. El cuartel general lo establecieron en Surupali. El 15 continuó avanzando hasta la localidad de Lenta a 4 leguas de Girón y el 16 se arribaba a San Fernando. Sucre mientras tanto se movió hacia la explana de Tarqui, ubicando a la infantería en Narancay y a la caballería en Guagua-Tarqui a donde llegó el 18 manteniéndose en esa posición hasta el 26 de febrero. En esos días, Raulet retornó de su incursión en Cuenca y llegaron 700 de los dispersos de Saraguro. Con eso, las pérdidas en efectivos de es acción, quedaron reducidos a una suma sin mayor significación.

 El día 22 se dispuso que incursionara sobre Girón y a continuación se ordenó que la División Norte al mando del general José María Plaza hiciera lo mismo. Tanto Plaza como Necochea se opusieron a esta orden, porque ponía a los 900 hombres más cerca de Sucre que del resto de los peruanos. Se le ofreció a Plaza que de inmediato le seguiría el resto del ejército. El valiente general al partir dijo: “si no se tratase de mi honor, pediría licencia. “El ejército sólo llego a Girón el 26 o sea dos días más tarde y se dio a Plaza una nueva orden de avanzar hasta el ejército peruano. Todo el ejército colombiano estaba en la planicie norte, muy cerca de Plaza.

El general Plaza tuvo plena conciencia de la imprudencia de esta acción y protestó, pero sintiéndose comprometido en su honor, obedeció como buen militar. Al llegar de noche al sitio de su destino, distribuyó como mejor pudo a su tropa, la que sólo tenía la munición que llevaba en sus cartucheras. No tenía ni caballería, ni artillería. Ya entrada la noche llegó Raulet con un contingente. Sería el gran sacrificado.

 Veamos ahora lo que cuenta Sucre:

 “El 24 ( de febrero) supe que una columna con dos batallones y un escuadrón enemigo al mando del general Plaza estaban en Girón. Juzgué que sería un fuerte reconocimiento, porque no me persuadí de que se avanzara sola esta división, pero el 25 hallándome con el general Flores, examinando por Tarqui la verdad, me informaron nuestros espías, que aún permanecía aquella en Girón y su ejército en San Fernando”..

 Se refería Sucre, a la primera orden que recibió Plaza de que con 900 hombres avanzara sobre Girón. El mismo Mariscal de Ayacucho, expresa que no creía posible que esa división hubiera avanzado sola. Desde ese momento, Sucre busca atacar a esa división aislada.  Continúa diciendo el mariscal de Ayacucho:

“El 26 resolví atacarla, y nuestros cuerpos, todos se pusieron en marcha a las tres de la tarde con tres mil seiscientos hombres de combate. Al comenzar nuestro movimiento, sobrevino una fuerte lluvia, que apenas nos permitió llegar a Tarqui a las 7 de la noche. Dando un descanso a la tropa, tuve partes que la división del general Plaza estaba en el Portete de Tarqui, a tres leguas de nosotros y que el resto del ejército peruano llegaría aquella tarde a Girón. Determiné dar  una acción general”.

 Como se puede apreciar,  Plaza avanzaba hacia Sucre y se distanciaba del resto del ejército peruano. Todos los efectivos colombianos se le iban a ir encima para destruirlo en la ratonera a donde se había metido por orden superior. El pesimista pronóstico del general Plaza se cumplía.

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LA BATALLA DE PORTETE DE TARQUI

 

     Gamarra parece que ignoró todos los movimientos de Sucre, resultando inconcebible que hubieran fallado tanto sus sistemas de información. Algunos llegan hasta pensar en un pérfida traición del general en jefe del ejército peruano.

     La primera división colombiana de 1,600 hombres al mando del propio Sucre se adelantó para sorprender a la división Plaza. Las fuerzas contrarias se componían del escuadrón Cedeño y los batallones Rifles, Caracas y Yaguachi. A la vanguardia para dar un golpe de sorpresa despachó al escuadrón Cedeño, y a 150 hombres escogidos de entre los demás batallones. A las 4.37 de la mañana la 1ra. División hizo un alto en las proximidades de Portete, para permitir se les uniera la segunda división colombiana y la caballería. Mientras tanto el grupo de vanguardia al mando del capitán Piedrahita, se tropezó con un grupo de reconocimiento peruano al mando del capitán Uría, trabándose un sangriento combate, del que salió con mayores pérdidas el contingente colombiano. Sucre oyó el fuego de fusilería y comprendiendo lo que pasaba, aceleró su marcha y cayó con todo el ejército colombiano sobre las fuerzas de Plaza. Consumidas las municiones en el ejército peruano, se defendieron con la bayoneta pero el enemigo con su caballería cargaba por todas partes. Plaza trató de retirarse para unirse con el resto del ejército peruano ( que estaba muy lejos), y dispuso que el coronel Quiroz enfrentase a la caballería colombiana, para evitar que les cortasen la retirada. Fue un duelo desigual de infantes contra jinetes.

 

     Mientras tanto, Gamarra algo sabía o intuía, por que a las 2 de la madrugada tomando su caballo, partió con sus ayudantes a todo galope desde Girón hasta el Portete. En el camino se encontró con el destacamento de Quiroz, que luchaba fieramente contra la caballería enemiga. El general peruano, al darse cuenta de la situación se perturbó, pero no atinó a dar orden alguna.

     A las 3 de la madrugada, salió el ejército peruano en forma precipitada de Girón en auxilio de la división abandonada. Cuando a las 7 de la mañana La Mar llegaba a las inmediaciones de Portete, se encontró con los restos de la división en retirada desordenada. Ya los colombianos eran dueños de la posición peruana y el general Plaza mantenía una desesperada resistencia. Era ya muy poco lo que podía hacer, por lo cual los colombianos se lanzaron sobre los flancos de las fuerzas de La Mar, pero Gamarra no lo apoyó convenientemente y el general Cerdeña con el batallón “Pichincha”, se vio atacado por el “Yaguachi”, el “Caracas” y el “Cedeño”, por lo cual tuvo que retirarse con fuertes pérdidas. Mientras tanto ya Plaza había sido tomado prisionero con numerosos oficiales de la 1ra. División y el coronel Raulet había muerto. Gamarra ordenó que el comandante Salaverry, con una columna de “Cazadores”, trepase el cerro que domina el desfiladero, pero en la acción se encontró con los dispersos de la División Plaza que le quitaron libertad de movimiento, por lo cual tuvo que desistir.

     Lo estrecho del terreno impedía la libertad de movimientos, y la tercera división no podía entrar en acción porque se lo impedía la segunda que estaba combatiendo.

     Fue entonces, que Gamarra le manifestó a La Mar que ya no valía la pena tratar de ganar la posesión de Portete de Tarqui, porque la división Plaza había sido batida y que lo aconsejable era retirarse, hacia Girón.

     Pero también el movimiento de repliegue tenía sus riesgos, porque sobre ellos podía lanzarse toda la caballería colombiana. La misión fue encomendada el engreído coronel O´Leary, que se dispuso cortar la retirada a la segunda división. Entonces Necochea, tomando jinetes del Húsares, salió a enfrentarlos. Fue en estos momentos en que se produjo aquel famoso desafío del coronel peruano Nieto con el coronel colombiano Camacaro que se le consideraba el más diestro en el manejo de la lanza.

     En el enfrentamiento resultó atravesado Camacaro y luego los peruanos destrozaron al contingente de caballería así como a los refuerzos de infantería que habían acudido en su auxilio. Eso permitió a la segunda división llegar a los llanos y formar muy disciplinadamente, lo mismo que la tercera.

 Los colombianos consideraron prudente, no hacer ningún intento de persecución.

       Los peruanos en perfecto orden de batalla, no fueron molestados.

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       LA VERSIÓN DE SUCRE

 

     En su informe, el general Sucre cae en extremos de exageración. Así por ejemplo expresa : “Destruido el ejército peruano y mientras se aclaraban nuestros flancos; mande un oficial del estado mayor donde el general La Mar que con sus restos de infantería, con toda su caballería y artillería se hallaba situado en la llanura al salir del desfiladero, a ofrecerle una capitulación que salvara sus reliquias.

     Luego expresa: “Se suspendió en tanto la persecución, cuando el enemigo había perdido entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos más de 2,500 hombres, incluso 60 jefes y oficiales y dejado por despojo multitud de armamento, cajas de guerra, banderas, vestuario, etc. El campo de batalla era un espectáculo de horror: 1,500 cadáveres de soldados peruanos habían expiado en Tarqui, las ofensas hechas por sus caudillos a Colombia y al Libertador y tal vez los crímenes del 2 de agosto de 1810 en Quito”.

     Sigue informando Sucre: “Esta mañana (el 11 de marzo), se han puesto en retirada desde Girón como 2,500 hombres del ejército peruano, resto de 8,400 que ellos mismos confesaron espontáneamente haber introducido en territorio de Colombia y no vaciló en asegurar a V.E. que en el estado de desmoralización e indisciplina en que esta derrota va poniendo las reliquias de nuestros invasores, apenas 1,000 repasarán al Macará”.

     Sólo reconoce Sucre 154 muertos y 206 heridos, en sus filas.

     Fue tanta la exageración de Sucre, que este informe no lo creyó ni el mismo Bolívar. En su ofuscación no coteja sus datos y así dice que había 8,400 soldados peruanos, y que estos entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos perdieron 2,500 y que solo les quedaban 2,500. Parece que el mariscal de Ayacucho no sabía restar.

     Los peruanos no tenían 8,400 soldados en Ecuador, ni aún contando las fuerzas que dominaban Guayaquil y la zona del Guayas.

     El padre Vargas Ugarte da  cifras más creíbles: Los peruanos tuvieron 400 muertos, lo que sin duda es una cifra alta, pero nunca los 1,500 que habla Sucre. Además unos 600 heridos y 300 prisioneros. Es decir 1,300 soldados, aún cuando muchos de los heridos no eran graves y volvieron a reintegrarse a sus cuadros.

     Los colombianos según Vargas Ugarte tuvieron 260 muertos y 400 heridos, o sea 660 bajas, es decir la mitad de los peruanos. Pero en realidad habían muchas más bajas en el ejército colombiano que no las mencionaba ni Sucre ni Vargas Ugarte que fueron 600 desertores tras la acción de Tarqui. Esto si lo conoció Bolívar y siempre lo mencionó. Por lo tanto las pérdidas de Sucre eran parecidas a las peruanas y en tal condición no podía correr el riesgo de comprometerse en una nueva acción bélica pues sabía que podía tener más desertores.

     Algún tiempo después, en declaraciones dadas por el historiador colombiano, José Domingo Espinar que se publicaron en Bogotá, decía: “ Los peruanos muertos pasan de 2,000 porque no se dio cuartel: los colombianos perdieron 400 hombres y 600 reclutas desertaron de tal manera que quedamos reducidos a 2,600 hombres”.

     En lo de 2,000 hay siempre exageración, pero fue cierto que los colombianos mataron a muchos heridos y prisioneros. El general Urdaneta fue el que más se extremó en las venganzas, mandando a fusilar a muchos prisioneros y hasta trato de asesinar en persona al general Plaza. Llegó su sevicia a tal extremo que ordenó que cortasen la cabeza al coronel Raulet y la enviaran en exhibición a Cuenca.

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LA VERSIÓN DEL GENERAL ECHENIQUE

 

     El general Rufino Echenique que llegó a ser presidente del Perú, estuvo en la acción de Portete de Tarqui, y en su obra “Memorias para la Historia del Perú” relata los hechos que se sucedieron después de la sorpresa de Saraguro del siguiente modo:

     “Acampó el ejército antes del amanecer y entonces di cuenta de lo sucedido. El general (Gamarra), disolvió la división (de retaguardia) cuyos soldados se refundieron en los demás cuerpos, habiendo sido este el primer fatal acontecimiento que tuvimos en aquella campaña”.

     “Probable es que ese hecho hiciera variar el plan de campaña y continuamos la marcha al interior de Colombia. El general. Sucre también marchó por el flanco con la misma dirección, ocupando antes que nosotros el Portete. Cuando llegamos al pueblo de Tarqui que está al pie de esa posición, se supo por los enemigos de Bolívar que ciertamente nos servían (como espías), el haber ocupado Sucre ese lugar y también que en la mañana de ese día lo había abandonado retirándose al interior. Tiempo de sobra tuvimos para ocupar en aquel mismo día esa posición, pues habíamos llegado, a la mitad de él, y sólo dista de él dos leguas. Se aseguró que tal fue la opinión del general Gamarra, más en lugar de esto, quedamos en descanso, y sólo se mandó una división a ocupar el Portete. Probable es que el general Sucre se retirara para atendernos más al interior, más hábil general, sabiendo que sólo una división había ocupado ese lugar, retrocedió en la noche y antes del amanecer, la atacó con todo su ejército, derrotándola por consiguiente”.

     “Debió estar muy inquieto con esto Gamarra o tuvo alguna noticia, pues desde las tres de la mañana lo vimos todos, a caballo recorriendo cuerpo por cuerpo y poniéndolos sobre las armas para marchar, habiendo ordenado que en él que yo servía tomase la vanguardia. Estaríamos como a la mitad del camino, amaneciendo ya, cuando empezaron a llegar a donde íbamos dispersos y heridos.  Con éstos, seguramente por que se había adelantado, aparecieron los generales La Mar y Gamarra. El jefe de mi cuerpo, valiente en sumo grado y sabiendo lo ocurrido a  La Mar, en alta voz como para animar a sus soldados: “Mi general, yo tomo el Portete con armas a discreción”.- Contestó el general La Mar, como consternado: “No es tiempo ya de eso comandante. A poca distancia de aquí encontrará un explayado, haga Ud. alto allí y mantenga ese lugar hasta que se le mande orden para retirarse”.- Encontramos ciertamente el explayado, pues todo el camino era estrecho y de montaña. Hicimos alto en él. Era objeto del general, detener allí al enemigo y hacer retroceder los cuerpos (peruanos) al llano, para allí preparar y dar batalla”.

     “Algún tiempo después de estar nosotros en aquél sitio, aparecieron los enemigos ocupando las alturas y rompiendo los fuegos sobre nosotros. Lo contestamos nutridamente y se sostuvo así el combate, por mucho tiempo hasta que llegó el general Cerdeña, comandante general de la división, quien mando a parar el fuego y dijo:

     “Soldados, a formar a la pampa como se pueda”. Con tal orden, volviendo caras los soldados en desorden y a la carrera, con dirección a la pampa. Componíase el cuerpo de cerca de 800 plazas, y en ese campo quedaron los dos jefes, muriendo el primero y el último, pues no se movió sino cuando no quedaron soldados en el sitio. Como catorce oficiales y como 300 soldados de tropa. Yo me retiré junto con el general Cerdeña quien me ordenó, que reuniendo algunos soldados sostuvieron la retirada, estando él siempre conmigo. Reuní en efecto 16 o 20 y como el camino era estrecho, como he dicho, con ellos podía sostenerse el paso, desde que el enemigo no podía presentar más frente. Por tres veces pude detener la vanguardia enemiga y pararla hasta que llegamos a la pampa, donde ya el ejército estaba formado en plan de batalla. La vanguardia enemiga que venía tras de mi, se componía de dos compañías de cazadores y el célebre escuadrón Cedeño, que mandaba el renombrado y valiente Camacaro”.

     “Cuando esa tropa llegó a la pampa” fue cargada por nuestra caballería y acuchillada toda ella, inclusive el valiente Camacaro. Fue después de esto y sin otro acontecimiento, ni intento del enemigo que apareció un parlamentario del general Sucre, pidiendo tratar”.

     Como se puede apreciar, Echenique, lanzó una grave culpa, contra el general Cerdeña, el ex numantino que por algún tiempo tuvo a cargo la defensa de Paita.

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EL CONVENIO DE GIRÓN

 

     Dice el padre Vargas: A las dos de la tarde del mismo día de la batalla, Sucre envío un parlamentario para negociar y se le contestó que enviara sus propuestas por escrito. En respuesta comisionó al general Heres y al coronel O´Leary. La Mar envió por su parte a Villa y al coronel Orbegoso. A poco de iniciadas las conferencias se suspendieron por las exageradas demandas del mariscal de Ayacucho. Con victoria o sin ella los nuestros demostraron que mantendrían en alto su bandera. A su regreso se dice que Orbegoso tuvo un fuerte altercado con Gamarra, que se declaró partidario de la paz a todo trance. Sucre un tanto ensoberbecido, pasó entonces un ultimátum, manifestando que de no aceptarse las condiciones propuestas, exigiría la rendición, dando de plazo hasta el amanecer del día siguiente a las 5 a.m.

     La Mar reunió una Junta de Guerra y en ella la mayor parte de los jefes seducidos por Gamarra, opinaron que a 60 leguas de la frontera, sin municiones, ni recursos y habiéndose retirado por un terreno quebrado en donde la caballería no podía operar y tampoco poder verificar la retirada con aceleración por tener, que cruzar algunos ríos, no quedaba otro recurso que un arreglo.

     En la reunión hubo un serio altercado entre Villa y Gamarra cuando el primero dijo que también creía que esa era la situación del ejército peruano, pero que no podía permitirse tanta humillación. Con emoción intervino La Mar, el presidente dijo que no tenía facultades para acceder a lo que se pedía, y que se tenía que consultar al país; pero de todas maneras prevaleció el punto de vista de Gamarra de tratar con el enemigo.

     Se nombró una nueva comisión peruana constituida por Gamarra y Orbegoso, que tenía como secretario al Dr. Cuba, ayudante de Gamarra. Los colombianos designaron a O´Leary y al general Flores, como secretario al coronel José María Sáenz, pariente de Manuelita. Los colombianos parlamentarios eran acérrimos enemigos del Perú .y del lado peruano, Gamarra estaba sumamente contemporizador.

     Las reuniones se celebraron en dos etapas. El primer día intervinieron los 4 parlamentarios y al siguiente solo Gamarra y Flores, trataron las bases del convenio.

     Sucre relata que quiso mostrarse generoso y que propuso a La Mar como condiciones de paz, las mismas que planteó el 3 de febrero desde Oña antes de la acción de Saraguro, y que los delegados peruanos, hicieron recordar que las bases de Oña eran las condiciones de un ejército vencedor impuesta a un pueblo vencido. Agrega el mariscal Sucre que conoció tarde la respuesta y que la devolvió con un ultimátum, de que si no se aceptaban al amanecer del día siguiente, no concedería luego ninguna transacción, sino que a las bases de Oña agregaría la entrega del resto de armas y banderas y el pago efectivo de todos los gastos de guerra.

     Continúa diciendo: “A las cinco de la mañana del día 28, apareció a nuestro campo un coronel del estado mayor peruano, solicitando de parte de su general, la suspensión de toda hostilidad y que para comprobar sus deseo de una transacción, me pedía que yo conocía a todos los jefes de su ejército nombrase a dos de los que me inspirasen confianza y buena fe para que fueran sus comisionados. Contesté que cualesquiera eran para mi iguales, pero que en Paquicha había iniciado mi deseo de que el general Gamarra fuera uno de los negociadores”.

     ¿Qué era lo que llevaba a tener en Sucre esta preferencia por Gamarra?. Meses atrás se les suponía resentido por los sucesos de Bolivia. Se daba el caso de que Gamarra también deseaba la suspensión de la guerra, sea como fuere. Posiblemente en su mente más importancia tenía su ambición y el deseo de llegar al poder deponiendo a La Mar, que los mismos intereses de la patria y el honor del ejército.

     El convenio de Girón estipulaba lo siguiente:

     La reducción a 3,000 hombres las tropas peruanas en el norte y la misma cantidad en el ejército colombiano en Ecuador.

     Desocupación de Guayaquil y Loja, porque Colombia no consentiría en firmar un tratado mientras tropas enemigas ocuparan su territorio. No se mencionaba para nada Tumbes, ni Jaén ni a Maynas. La evacuación de Loja se previa, a partir del 2 de marzo porque el convenio debía de ratificarse a las 24 horas. El 22 debía el ejército peruano estar cruzando nuevamente el Macará.

     El Perú devolvería la corbeta “Pichincha”.

     Se entregarían 150 mil pesos para cubrir las deudas del ejército peruano en Azuay y Guayaquil. Cesaría de inmediato el bloqueo que ejercía la escuadra peruana en la costa de Colombia,

     Se nombraría una comisión para el arreglo de la deuda en 18 meses por los gastos del ejército libertador en el Perú y también para el arreglo de los límites.

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      RECHAZO AL CONVENIO DE GIRÓN

 

     Dice Mendiburu y lo reproduce Basadre, que La Mar lloró al firmar el Convenio de Girón.

     En el campamento de Girón, hubo repulsa total. Lo mismo sucedió en Piura, entre las tropas acantonadas del Perú en Guayaquil y en todo el país. Hasta en Colombia, causó gran desagrado y se pensó que el mismo no iba a lograr la paz, aún que así estuviera estipulado. Meses más tarde hasta el mismo Gamarra reconocería que fue un pacto humillante, y trato de buscar justificativos a su conducta.

     Entre la oficialidad joven del campamento militar de Girón, la indignación iba en aumento. Presionado por esa corriente de opinión, La Mar decidió continuar la guerra y dar la misma noche un ataque por sorpresa contra el flanco del enemigo, para cortar su retaguardia, pero nuevamente los altos jefes se opusieron, pues Gamarra dominaba la situación ya que la mayoría de las fuerzas que él trajo del sur estaban intactas y los cuadros de sus jefes completos. Era la División del Norte, la que había estado acantonada en Piura por varios meses, la que sufrió todo el peso de la lucha al mando de Plaza. En las bajas había muchos piuranos.

     Se procedió por lo tanto a canje de los heridos, y el ejército peruano inició su retorno al Perú. Sucre alardeaba en todo momento de su generosidad y lo mismo decía en su comunicación fechada en Quito el 11 de marzo enviada al ministro de guerra de Colombia, pero en la misma expresaba su esperanza que el ejército peruano (que en forma por demás exagerada decía había llegado a 8,400) solo 1,000 llegasen a Macará en su viaje de retorno.

     Al día siguiente de la partida del ejército peruano, Sucre, lleno de soberbia, dio un decreto disponiendo que; “En el campo de batalla, se levantará una columna de jaspe por el diseño que dará el gobierno, en que se inscribirá de un lado, los nombres de los cuerpos del ejército del sur (de Colombia) y en el opuesto el de sus generales y jefes; en el tercero el de los oficiales y tropa muertos y heridos en el combate y en el que mira al campo del enemigo, se inscribirá en letras de oro: El ejército peruano de ocho mil soldados que invadió la tierra de sus libertadores, fue vencido por cuatro mil bravos de Colombia, el veintisiete de febrero de mil ochocientos veintinueve.”

     También Sucre dispuso la acuñación de medallas, con leyendas para premiar a su generales y oficiales.

     Sucre no informó nada de este proyecto de la columna y de las medallas en su comunicación del día 11 al ministro de guerra.

     En realidad, no se conoce con precisión cuantos soldados colombianos intervinieron en Tarqui, y aunque el mismo Sucre dice 3,400, en cambio el general Flores había dicho el 15 de setiembre de 1828 en carta a Bolívar: “el ejército tiene ya 6,000 hombres”. Claro está que esos contingentes estaban distribuidos, pero el mismo general agregaba “y a la par que se aumentan los cuerpos, crecen las dificultades para proporcionar la subsistencia”.- El 29 de enero de 1828 el general José M. Córdova el héroe de Ayacucho decía: “un ejército de ocho mil hombres”.por el de Colombia.  En cuanto a los peruanos en Tarqui, tenían cerca de cinco mil, pero fueron sólo 900 los de la llamada 1ra. División, los que resistieron todo el peso de la lucha. Luego intervino la 2da. División en forma parcial porque los estrechos del terreno no lo permitían. La caballería no participó en absoluto y la tercera división sólo se limitó a cortar de raíz el intento de persecución que pretendía iniciar Camacaro con sus fuerzas. Por eso fue tras de la batalla del Portete el ejército peruano volvió a formar en la llanura en orden de batalla.

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      DESCONOCIMIENTO DEL CONVENIO DE GIRÓN

 

     El 11 de marzo, los jefes de la escuadra sur en Guayaquil y de la guarnición peruana, se reunieron en casa del coronel José Prieto y acordaron desconocer el Convenio de Girón,  porque todo tratado de esa clase necesitaba la aprobación del Congreso. Por lo tanto para ellos la guerra proseguía. Los generales colombianos Dandes y León de Cordero que habían partido de Girón a Guayaquil para recibir la plaza, no pudieron ser recibidos en Guayaquil sino en la corbeta “Libertad” en donde Bouchard les comunicó su decisión.

     El ejército peruano se fue retirando en buen orden en Loja, engrosando sus contingentes con los dispersos y aún con ecuatorianos y colombianos que temían ser víctimas de represalias. No se cumplieron pues los agoreros pronósticos de Sucre de que se desbandaría.y que solo 1,000 pasarían el río Macará de vuelta.

     Al llegar a Gonzamaná, La Mar se enteró del asunto de la columna de jaspe en Tarqui, y el 11 envió una comunicación de protesta a Sucre, haciéndole conocer que mientras no se dejase de lado el proyecto,  la guerra proseguiría. También protestaba por haber enrolado en el ejército colombiano a los soldados, peruanos prisioneros los que no fueron fusilados, de los términos del parte de guerra, del asesinato de prisioneros y defendía La Mar la contribución peruana en las batallas de Junín y Ayacucho y recalcaba que en Tarqui solo había sido destruida la vanguardia de cerca de mil hombres tras de haber resistido vigorosamente a todo el ejército colombiano. Que en las pampas de Tarqui el ejército peruano estaba listo para entrar nuevamente en acción, tras de haber sido derrotado el escuadrón Cedeño por los Húsares del Perú cuando trataba de iniciar la persecución, lo que frenó también el avance del resto del ejército de Colombia.

     Bolívar, a este reclamo de La Mar, lo motejó despectivamente de quejas de vieja, pero cuando comprobó que la guerra continuaba, se llenó de desesperación.

     Dice el general Echenique en sus Memorias  que en la víspera de San José (18 de marzo), cumpleaños de La Mar, los jefes fueron a su tienda a felicitarlo. Entonces el presidente les hizo conocer su decisión de dejar sin efecto el tratado y proseguir la guerra. Eso no significaba volver sobre los pasos sino afianzarse en Guayaquil, y para el efecto dispuso fuera reforzada su guarnición, y se le ordenó a la misma que defendiera la plaza.

     Gamarra y sus adeptos nuevamente estuvieron en desacuerdo y dijeron que era una decisión indigna.

     Con todo, la retirada prosiguió en el mayor orden y el día 22 de marzo llegó a Macará la segunda división. Luego fueron llegando los demás contingentes. Se demoraron varios días en cruzar el río pues el período de lluvias estaba en todo su apogeo y el Macará estaba muy crecido. El año 1829 el Fenómeno de el Niño  se presentó fuerte.

     Al ingresar a territorio peruano, los soldados que tanto habían sufrido lo hicieron con gran alegría. En suelo piurano eran 3,500 lo que estaba muy lejos de ser un ejército aniquilado. A ellos había que agregar los dispersos de Saraguro que formaban otro contingente. Entre muertos y prisioneros quedaban 700.

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    TARQUI UNA DERROTA POLÍTICA MÁS QUE MILITAR

     Sucre que conocía la ambición de Gamarra y que complotaba contra La Mar, lo solicitó para que formara parte de la comisión de parlamentarios que iban ajustar el Convenio de Girón, En un hecho comprobado que Gamarra entró en tratos con Sucre y con Bolívar, pero no se sabe desde cuando.

     En este conflicto no había en realidad campos definidos de enfrentamiento entre dos naciones, sino que eran facciones políticas antagónicas. Por eso del mismo modo que muchos ecuatorianos y colombianos apoyaban al ejército peruano y a La Mar, así también no tendría por que llamar la atención que peruanos estuvieran de parte de Bolívar contra La Mar, o que movidos por intereses políticos, obran en forma tal, que ahora distantes en el tiempo y en los lugares nos parece traición.

     Si bien es cierto que en Portete, se tuvo un descalabro, eso en realidad no dejó al ejército en situación de derrota. Por otra parte Sucre sufrió la deserción de 600 de sus soldados y temía que en plena batalla, otros cientos más hicieran lo mismo.

     Por eso trato de evitar un nuevo encuentro y jugó a las cartas políticas, a lo que se prestó Gamarra.

     Por tal motivo el general Echenique dice al terminar la batalla lo siguiente:

     “En esa noche, se hizo el Tratado que todos conocen y por consecuencia de él emprendimos la retirada al Perú, como en él se pactaba. Siendo lo que he dicho,, la verdad de lo que  sucedió aquél día, nunca he podido comprender que se diera por perdida por nosotros, aquella batalla, en la que habiendo reveses  por una y otra parte lo que era esperado, y estando nosotros  preparados para ella,  quedando dueños del campo y con un ejército superior al del enemigo, aún después de aquellos reveses, se halla persuadido al mundo que la perdimos y nosotros consentir en ello sin aclarar las cosas, y demostrando que no hubo batalla, campaña campal, ni menos la perdimos. Podía ser que no se llevara a efecto el plan que nos propusimos y con el cual se emprendió la campaña y que lo abandonáramos, pero de esto al hecho material de haberse perdido la batalla hay una gran diferencia. El acto verdadero y que comprenderá cualquiera es que nos retiramos por un tratado, cosa que muy bien pudo suceder sin batalla, y aún sin que se hubiera disparado un sólo tiro”.

     A la luz de los hechos posteriores, es posible suponer que así como Sucre magnificó la trascendencia de su victoria, por razones fácilmente comprensible, así también Gamarra magnificó el contraste hasta hacerlo aparecer como una derrota tal que decidía los destinos de la guerra con Colombia que él no quería. Además el achacar una derrota a La Mar, encajaba muy bien en sus planes para justificar un golpe contra el presidente, lo cual se apresuró a ejecutar tan pronto llegó a Piura.

     Se sacrificó por lo tanto el interés general del Perú, al interés personal de un militar ambicioso, y se dejó para siempre un borrón en la historia, que totalmente desfigurada se ha venido repitiendo. Si bien se había sufrido un revés, no se había perdido la guerra, pues teníamos en nuestro poder a Guayaquil y la escuadra peruana bloqueaba toda la costa de Colombia.. Bastaba trasladar el teatro de la guerra a Guayaquil, para dar vuelta al problema.

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     ENJUICIAMIENTO DE LA ACTITUD DE GAMARRA

     Hay mucha información acumulada que culpa a Gamarra de los resultados adversos de esta guerra.

     Se le atribuyen una serie de actos intencionados o de regateos, que van desde su desenfrenada ambición de poder, hasta la traición.

     El 18 de setiembre de 1828, desde Guayaquil escribía O´Leary a Bolívar diciéndole: “Si Gamarra como es probable, se deniega a remitir al norte los 2,500 hombres que se le han pedido, ya tenemos entablada la guerra civil en el Perú. Gamarra aspira a la presidencia, y por consiguiente si viene el ejército, será para intrigar contra La Mar. Una vez principiada la discordia entre los jefes, las tropas se desmoralizarán y se acaba el ejército”.

      Como se puede apreciar, era ya muy  conocida la intención de Gamarra y  todo resultó como lo había supuesto O´Leary, menos aquello de la desmoralización del ejército.

     El mismo día 18 de setiembre, Sucre escribía una larga carta a Bolívar en la ría de Guayaquil, en la que calificaba a Gamarra de inepto y cobarde, para luego continuar; “Gamarra ha dicho casi públicamente en Potosí, que si no hay guerra con Colombia viene a quitarle a  La Mar  la presidencia, porque no permitirá que un extranjero gobierne en su país”. Luego dice Sucre que La Mar tiene por objeto quitarle soldados a Gamarra para llevarlos a la guerra, con lo cual lo debilitaría.

     El 6 de mayo, después de Portete de Tarqui, pero cuando aún los peruanos no entregaban Guayaquil, Bolívar le escribía desde Quito a su ministro José María Restrepo: “Flores sigue sitiando a Guayaquil, que aunque ha sido reforzado, no lo ha sido poderosamente, porque Gamarra que contraria a La Mar lo ha impedido”.

     El 11 de mayo, Bolívar a Urdaneta, también desde Quito, le hacía conocer: “Las noticias del Perú, son excelentes, nadie duda que por el mes que viene, tendremos una revolución en Lima y en el sur del Perú. Gamarra ha escrito últimamente a Flores, con infinita reserva, que cumplirá “la oferta”  luego que La Mar llegue a Guayaquil.

     Es decir que Bolívar ya sabía que La Fuente se iba a rebelar en Lima y Santa Cruz en el sur. También se habla de una promesa hecho por Gamarra a Flores, tan pronto La Mar se trasladase a Guayaquil a donde pensaba ir desde Piura para dirigir la defensa de ese puerto. Es decir que Gamarra tenía comunicación secreta con el enemigo.

     Cuando los cuatro parlamentarios se reunieron en Girón tras la acción de Portete de Tarqui, hubo una segunda sesión en la que se encerraron sólo Gamarra y Flores. Fue allí que Gamarra puso en conocimiento del general Flores todos sus planes contra La Mar. Hubo por lo tanto un acuerdo con el enemigo. Pero el asunto no fue secreto, ya que Flores se lo contó a varios, entre ellos a O´Leary y este le escribió al Libertador. A su vez Bolívar en una carta comentaba lo siguiente: “El general Gamarra que es ahora el hombre del Perú, se ha apoderado de La Mar y va a ponerse a la cabeza de aquella república; él esta por mi y lo mismo el general Santa Cruz. El general Gamarra ha convenido con Flores, obrar de acuerdo para terminar todas las disensiones y formar una alianza de defensiva contra todos los enemigos internos y externos. Gamarra es el hombre capaz de hacerlo todo, porque tiene más habilidad que La Mar, es peruano y es en el día el hombre del Perú. Santa Cruz está de acuerdo con él; nada tenemos que temer y debemos esperarlo todo”.

     Este es el comentario del Libertador a la deposición de La Mar Huelgan los comentarios.

     En Lima circuló un folleto anónimo llamado “El General Gamarra en Campaña” en el que cita hechos, personajes y lugares, que probaban el doble papel que jugaba Gamarra en el conflicto. Entre ellos se cuenta que el coronel Jiménez el jefe de la retaguardia de Saraguro, había recibido orden del general Gamarra de no colocar vigías, lo que motivó el asalto por sorpresa.

     En 1830, el coronel Bermúdez que acompañó a La Mar al destierro, al regresar al Perú, lanzó en Paita un manifiesto que decía: “Nunca creí que el general Gamarra, que había echado la carta constitucional por la ventana, que habría atentado contra el gobierno, que había sacrificado al ejército en el Portete de Tarqui y que se destinaba en vender a su patria a un país extranjero, fuese el presidente”.

 

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