Capítulo VI

 

 

C A P I T U L O      VI

 

 

EL CONVENIO DE PIURA

 

 

 

-         Más allá de la muerte

-         Piura en los años de la guerra

-         La renuncia de Necochea

-         Bolívar bloquea Guayaquil

-         Oficiales colombianos intentan desertar

-         El armisticio de Guayaquil

-         Blas Cerdeña, Jefe de la Plaza de Guayaquil

-         El Convenio de Piura

-         La entrega de Guayaquil

-         Reunión del congreso

-         El tratado de Paz de Guayaquil

-         La muerte de Sucre

-         La muerte de Bolívar

-         La creación de Ecuador

-         El falso protocolo Pedemonte-Mosquera

-         Mercedarios entregan iglesias de Paita y Piura

-         El colegio El Carmen reinicia su funcionamiento

-         José Lama logra apropiarse de la hacienda Máncora

-         El padre de los pobres

-         Leprosos en Piura

-         El colegio El Carmen reclama al municipio

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MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

 

     Cuando La Mar llegó a Piura tenía 51 años. Era elegante, distinguido, de buenos modales, muy educado y todo un caballero. Su rostro un tanto pálido presentaba un aire de tristeza.

Don Francisco Vegas Seminario en “Cuando los Mariscales Combatían”, al referirse a las hermanas Paula y Francisca Otoya Navarrete, dice que eran muy jóvenes y las llama señoritas.

Pero don Luis Alayza Paz Soldán, en su obra “Mi País” hace conocer una versión que le había dado don Alfredo Checa Eguiguren, el que a su vez la obtuvo de la srta. María Ignacia Helguero Seminario, según la cuál Francisca Otoya se casó a los quince años en Paita con un marino alemán, inmediatamente de haberlo conocido, con el cuál se fue a vivir a la América Central, hasta que en un arranque muy de ella y que después le pesó, se separó del marido dividiéndose los bienes. Tenía entonces a su lado dos sobrinas. Tal la versión del escritor Alayza y Paz Soldán.

El esposo de Francisca habría sido Eduardo Wallerstein de quien se habría separado amigablemente.

El domicilio de doña Francisca en Piura estaba ubicado en la calle Real, más tarde Libertad, habiendo pasado después a ser propiedad de la srta. María Ignacia Helguero. Después  lo ocupó el Instituto Tecnológico Superior Cosmos.

En la vida de Francisca, al igual que en la del general La Mar, hay una serie de hechos casuales verdaderamente asombrosos.

Así por ejemplo, en Costa Rica a donde fue desterrado La Mar, este conoció a Wallerstein y frecuentemente se reunía con él para jugar rocambor. Después hasta contribuyó a la repatriación de los restos de La Mar a Piura, a pedido de su ex-esposa Francisca.

El general Morazán héroe de la independencia centro-americana, no llegó a conocer a Francisca, pero le envió como obsequio una redoma de finísimo cristal, con el escudo del país grabado en ella. Con el tiempo, una sobrina de Francisca, doña Amalia Valle y Otoya se vio en la necesidad de vender esa joya a la familia Eguiguren.

Otra situación del destino, fue  que en un cortísimo intervalo murieron Sucre, La Mar y Bolívar, los tres grandes protagonistas del conflicto.

Más tarde, en Paita vivieron por mucho tiempo, Manuelita Sáenz el gran amor de Bolívar y Francisca Otoya, el gran amor de La Mar.

El destierro significó para La Mar muy grande  sufrimiento moral, lo cual junto con el clima cálido agravaron su mal, muriendo en la ciudad de Cartago el 11 de octubre de 1830 a los 16 meses de haber salido de Paita.

Estando en Costa Rica, La Mar, se casó por poder con su sobrina Angela Elizalde, residente en Ecuador con la cual no llegó a reunirse. Por lo que se puede ver el amor intenso era el que tributaba Francisca Otoya al mariscal, y no a la inversa.

La ceremonia del entierro de La Mar en Cartago fue solemne. El féretro iba transportado por sus seis esclavos y precedido por el soberbio caballo del mariscal, al que se le habían colocado los ricos arneses de parada. También formaba parte del cortejo el carnero del Cuzco que era su animal favorito. El sombrero de mariscal y las condecoraciones seguían después y cerrando el cortejo el coronel Bermúdez su jefe de estado mayor. Los restos del gran mariscal no pudieron descansar en paz, pues a causa de un motín de los muchos que conmovieron América Central, unos saqueadores pretendieron robar el féretro por que había corrido el rumor de que estaba revestido de láminas de oro. Un oficial salvadoreño mantuvo en su poder el féretro hasta que Morazán lo volvió a rescatar. Cuenta el Dr. Basadre que el historiador centroamericano Iglesias, pudo ver los restos de La Mar después de estos sucesos y que las osamentas descarnadas estaban en desorden y entreveradas con los restos del rico uniforme, con bordados de oro afiligranado.

Acallados ya los odios, se celebraron en 1831 solemnes exequias en la catedral de Lima.

En 1834, siendo presidente el general Orbegoso, se acordó la repatriación de los restos de La Mar y la Convención se interesó en eso, aunque no se avanzó más.

 

Pero lo que no pudo el poder público lo consiguió la constancia y el amor de una mujer. Panchita Otoya por intermedio de su ex marido Wallerstein, logró que Morazán accediera a las gestiones de repatriación. Esas gestiones se prolongaron algunos pocos años y cuando el cadáver salía de Costa Rica, ya Morazán había sido derrocado y fusilado.

El espíritu germano de Wallerstein, le permitió acceder generosamente al pedido de la que había sido su esposa, y al cumplir en 1843 con el encargo, le escribe: “Los sentimientos de gratitud que me animan hacia Ud. por la hospitalidad generosa que tuvo la bondad de dispensarme por muchos años, me hicieron empeñarme en dar a Ud. una prueba de ellos, empeñándose en satisfacer uno de los deseos de su corazón. Usted deseaba recoger y trasladar a su patria, las reliquias del general La Mar, y ahora se las envío...”.

Por tres años estuvieron en la casa de la calle Real los restos de La Mar, siendo objeto de diaria veneración por Panchita. En Piura, esta muestra de amor más allá de la muerte era motivo de mucho respeto, más aún por el aprecio que se le había tenido al infortunado presidente.

La casona de la esquina Libertad-Ica, tiene por lo tanto una gran significación histórica.

Francisca Otoya vivió muchos años, habiendo fallecido el 25 de diciembre de 1897, reposando sus restos en el cementerio San Teodoro de Piura.

Su vida se vio acibarada por problemas familiares, que le crearon sus sobrinas a las que había criado como a hijas.

En 1847 entregó Francisca los restos de La Mar al gobierno peruano, el que le tributó el homenaje que le correspondía y dio solemne sepultura a sus restos.

Sobre este acontecimiento haremos en su oportunidad, una reseña

LAS SOBRINAS DE PANCHITA

En 1976, el escritor Carlos Robles Rázuri, daba a la publicidad un interesante artículo sobre las sobrinas de doña Panchita.

Para don Carlos, la muerte de Panchita fue el 9 de enero de 1898.

Hasta 1865 vivió en la casona de la calle Libertad que hacía esquina con la calle Ica y que en 1984 servía como local del Instituto Superior Tecnológico “Cosmos”. Posteriormente adquirió Panchita  un inmueble de la calle Lima, frente a donde estuvo el diario “La Industria”.

Sus sobrinas eran Amalia,  morena hermosa y Eleodora de tez blanca y mucho más hermosa que su hermana.

Eleodora se enamoró del Dr. del Valle, y la solicitó en matrimonio a su tía pero esta se negó acceder. La joven enfermó, perdió la razón y tuvo que ser internada en el hospital de Belén que funcionaba en la Plaza de Armas, en donde estuvo  el Hotel de Turistas., llamado después “los Portales”

Amalia se enamoró del secretario de la prefectura, un joven llamado Demóstenes Rebaza, pero la caprichosa y orgullosa tía consideró que el galán no estaba a la altura de lo que deseaba para su sobrina. Por lo tanto la obligó  a que le escribiera una misiva, rompiendo. Sin embargo, horas más tarde, Amalia hacía otra carta a su enamorado contándole como se habían producido las cosas. Demasiado tarde. El desilusionado galán se había disparado un balazo en la cabeza.

Amalia se enclaustró y hubiera seguido el camino de la locura de su hermana, si la casualidad no hubiera puesto en su camino a un obrero, pintor de brocha gorda apellidado Carrera, español de nacimiento. Mientras tanto; la orgullosa tía había muerto, lo cuál facilitó que la enamorada Amalia se casara con el bohemio pintor con él que se trasladó a Sullana y pusieron allí una botica. Pero el español era jugador y llevó a la bancarrota al negocio. No se sabe la suerte de Carrera, pero Amalia terminó de pastora, cuidadora de cabras en el valle del Chira.

Parece que Eleodora de todas maneras se casó o tuvo una niña del Dr. del Valle, pues años más tarde aparece una Amalia del Valle Otoya en tratos con la familia Eguiguren. Esta Amalia del Valle vendría a ser sobrina nieta de Panchita y sobrina de Amalia Otoya, hermana de la infortunada Eleodora.

Este doctor del Valle, posiblemente es el mismo personaje al que se refiere Felipe Santiago Salaverry en su carta al general Nieto, el 19 de setiembre de 1829 cuando le dice: “Del señor Valle, suplico a Ud. no me vuelva a hablar por que en adelante voy a definirlo “tan bueno para amigo que para enemigo”. “El es indiferente a las ideas y a las personas”.

Mariano del Valle había sido elegido regidor en 1825 y en 1821 era administrador de correos y en tal condición recibió los pliegos de Torre Tagle.

Posiblemente en 1829, cuando el golpe de Gamarra contra La Mar, el doctor del Valle no se portó con la lealtad que se esperaba con el depuesto mandatario y de ahí, el poco aprecio que le tenía Salaverry, que tanto apreciaba y quería al mariscal La Mar y por eso mismo , también merecía el rechazo de doña Panchita.

En el caso que hemos relatado, la realidad supera a toda posibilidad de ficción.

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PIURA, EN LOS AÑOS DE GUERRA

 

Durante los años 1828 y 1829, la  por entonces provincia de Piura vivió el ritmo de la guerra y de los acontecimientos políticos que cambiaron los rumbos de la historia del Perú, y que tuvieron a Piura como escenario.

 

Fueron dos años de movimiento continuo de tropas que entraban  y salían por Paita y por la capital de la provincia.

Cuando se conocieron los triunfos de la escuadra y el avance hacia Loja, los piuranos vibraron de emoción y de encendido patriotismo. Al llegar las noticias de Tarqui, en muchos hogares hubo dolor y luto, porque gran cantidad de los caídos eran piuranos. Las bajas las constituían la masa de soldados anónimos.

El retorno de las tropas fue recibido con simpatía, y se compartieron con La Mar, la idea de retomar la ofensiva para lavar el honor nacional.

El pueblo piurano condenó en forma general el golpe de Gamarra, pero nada podía hacer ante tanto soldado.

Por lo demás, la vida siguió su ritmo habitual. En abril de 1827 era intendente el mayor Joaquín Varela y alcalde Nazario García. En agosto de ese año era preocupación de  los pobladores y agricultores del Bajo Piura, la falta de agua pues el río se había secado totalmente. En Catacaos y Sechura, ni haciendo pozos se conseguía agua. El intendente y el cabildo, dispusieron que los gobernadores de Yapatera, Morropón y Salitral, notificaron a los hacendados del Alto Piura, para que soltaran las tomas de los afluentes, pero parece que hacían caso omiso, al igual de lo que sucedía, 150 años mas tarde. Desde octubre de 1827 principió a organizarse la División del Norte con la llegada de dos mil soldados al frente del coronel Bermúdez.

En mayo de 1828 se juramentó la nueva Constitución y de allí, el alcalde Tomás Aquino Vásquez, no volvió a sesionar sino hasta el 29 de octubre, o sea mucho más tarde del arribo de La Mar y cuando ya se había trasladado a Tambogrande. En esa oportunidad, sólo volvieron a ocuparse de las tomas  y “tapas” de los afluentes del Alto Piura.

En diciembre, son elegidos alcaldes don Vicente León y don Francisco Escudero. El primero recién asume la alcaldía el 18 de julio y el segundo no lo llegó hacer. No había por lo tanto mucho espíritu cívico.

Como dato curioso, se tiene que en marzo de 1829 era abastecedor en el ramo de sisa don José Antonio Vilela, de destacada actuación en la jura de la independencia. Estaba moroso en el pago. El 31 de marzo de 1829 ya se conocía en Piura el resultado de la batalla de Portete de Tarqui. El Concejo sesionaba ese día bajo la presidencia de José Miguel Arellano. Por ese entonces el ejército y sus dependencias ocupaban varios locales públicos y particulares en la ciudad, y otra parte acampaba en los alrededores.

En el acta de sesión aparece: “Se trató sobre el despojo y atropellamiento que se ha hecho a esta corporación, ocupada su casa consistorial con tropa, dejándola sin tener en que hacer sus sesiones semanales y prevenidas por la ley y reglamentaria, a pesar de haber designado a los cuarteles necesarios y ofrecido al señor sub-prefecto de la provincia, que si no eran corrientes, proporcionar otros. Y de unánime consentimiento se resolvió recurrir al excelentísimo señor Presidente de la República que se halla en la ciudad, por el conducto respectivo”.

El hospital militar funcionaba en la Plaza de Armas ocupando el hospital de Belén. El cabildo acordó que lo desocuparan para que esa dependencia del ejército pasara a ocupar el caserón de La Tina, norte de la ciudad, que era por entonces de propiedad de José de Lama y que había estado siendo ocupada por tropa, la misma que se aprestaba a desalojarlo. El caserón de La Tina fue el escenario del drama que López Albújar narra en Matalaché. Don José  Lama su propietario, había logrado trabar amistad con Gamarra, y eso le iba a resultar muy provechoso con el tiempo.

A fines de mayo llegaba a Piura el batallón N° 6 y el cabildo tuvo que buscar alojamiento para 32 oficiales.

Durante mucho tiempo el cabildo no sesionó y casi no dio muestra de actuar. Cuando el golpe contra La Mar, como si tal cosa no se hubiera producido.

Recién el 11 de setiembre reanuda sus sesiones. Bajo la alcaldía de José Miguel Arellano, se acordó pedir a las autoridades militares que no permitieran a las tropas hacer celebraciones utilizando cohetones, pues los techos eran de paja y producían incendios, como el que había ocurrido con la casa de doña Mercedes Carrión que era ocupada por el batallón Zepita, la que se había incendiado.

Esto lo hacía el cabildo en previsión de las celebraciones que se podían realizar en la “justa celebración que se trata de hacer por el nombramiento provisional de presidente de la república en la muy digna persona del excelentísimo Sr. Don Agustín Gamarra”.

El 31 de agosto, el congreso, había elegido presidente provisorio a Gamarra y como vice-presidente a su socio general Gutiérrez de la Fuente.

Representaban a Piura ante el congreso, Antonio Távara Andrade, Juan Bautista Otero y Manuel Norberto Reyes.

El 17 de setiembre había fiesta en Piura. A rey muerto, rey puesto. Se celebró una solemne misa de acción de gracias por la exaltación de Gamarra a la presidencia. Parece que fue tal afluencia de gente y sobre todo de militares a la iglesia matriz, que los concejales se quedaron sin bancas, lo cual contrario mucho a los señores ediles, más aún cuando los oficiales del Zepita habían tomado gran parte del mobiliario del cabildo. Resulta que como consecuencia del incendio del cuartel Zepita, parte de esta tropa se había ido alojar al local del cabildo de tal manera que no había cuando lo desocuparan. Los concejales se quejaban, que el local del cabildo había ido a un proceso de destrucción por haber sido ocupado repetidas veces como cuartel desde los años de la iniciación de la independencia. En el seno del concejo se criticó a los regidores Pablo Seminario y Francisco Helguero por haber desatendido sus funciones, ya que todo el tiempo la habían pasado en sus haciendas.

El 7 de diciembre se acuerda que: “no queriendo proceder la municipalidad con la menor duda en cuanto al egreso de cien pesos destinados al abogado, por lo que advierte que en dicha nota, se dice que tenga efecto, siempre que no resulte perjuicio a los demás gastos naturales de esta corporación a beneficio del colegio departamental y universidad, mandada a crear...”.

Por lo visto, ya desde hace más de 150 años había la intención de crear una universidad en Piura.

Al finalizar el año 1829, aún había apreciable cantidad de tropa en Piura. El colegio del Carmen por ejemplo estaba ocupado en todos sus ambientes por soldados.

La provincia se encontraba en tremenda crisis económica, por la presencia de tanto soldado al que hubo que alimentar. La gente estaba empobrecida y el cabildo sin rentas, porque los vecinos no podían pagar sus contribuciones.

El 19 de setiembre, Salaverry desde El Alamor, escribe al general Domingo Nieto que estaba en Chiclayo y le dice “ que fue  deportado a la frontera tan luego como hubo asomo de peligro” y le pide disculpas por no poderle revelar el nombre de la persona que en Piura diciéndose su amigo, lo traicionaba. Le expresa que sólo puede advertirle del peligro, pero que descendería al rol de un miserable chismoso si se revelara el nombre del personaje. Le manifiesta no querer saber nada del señor del Valle y que el capitán Estrada le puede dar idea del aprecio que él le tiene.

La Mar después de Portete de Tarqui, concentró su ejército en el departamento de Piura y se propuso reorganizarlo para nuevas operaciones de guerra. Por otra parte, trataba de incrementar sus efectivos con nuevas tropas llegadas del sur.

El 20 de abril de 1829, de acuerdo a ese plan, desembarcaban en Eten 599 reclutas procedentes de Junín que habían llegado en el transporte de guerra “Monteagudo”. En Lambayeque debían ser sometidos a un entrenamiento riguroso antes de ser enviados a algún frente de lucha.

El transporte “Monteagudo” siguió viaje a Paita, la goleta “Guayaquileña”, que andaba en busca del barco colombiano “Tipuani” que estaba actuando en corso. La corbeta había pertenecido a la marina enemiga y el Perú la había tomado en las acciones que la escuadra desarrolló en la bahía de Guayaquil. En Paita, la “Guayaquileña” reparó sus velas, se aprovisionó y retorno a Panamá en busca de la nave corsaria.

Un hecho que también merece puntualizarse es la trágica desaparición del coronel José Mendoza, que se ahogó cuando intentaban pasar el río Alamor. El mencionado río que normalmente arrastra poco caudal, pero el año 1829 el Fenómeno de El Niño había aparecido fuerte y en esa época el Alamor tenía abundante agua.

En la región de Alamor se encontraba Felipe Santiago Salaverry a cargo del destacamento de frontera. Los hechos ocurrieron el 23 de abril de 1829 y se aseguró que el coronel portaba pliegos importantes que Gamarra enviaba al Ecuador. Nunca se supo a que iba el jefe peruano al campo enemigo y muchas especulaciones se tejieron al respecto.

En agosto de 1829 era sub-prefecto de Piura, Tomás Cortés del Castillo, hermano del héroe de Junín y gobernador era el general Juan Pablo Pardo de Zela. Había en la administración una notoria falta de dinero para atender los gastos militares, motivo por el cual Gamarra dispuso que el prefecto de la Libertad, general Orbegoso diera una disposición, adelantando la cobranza de la contribución en la provincia de Piura.

Muchos eran los problemas que se suscitaban en la cobranza de las contribuciones, como el que menciona Miguel Seminario Ojeda, que se produjo entre el marqués de Salinas y el teniente gobernador de Sullana, en octubre de 1829.

El marqués había entregado 11 pesos con 5.5 reales por concepto de dos semestres de contribución, que se denominaban, Navidad 1828 y San Juan 1829. La autoridad de Sullana, se negó a darle recibo por pago de dos semestres pues alegaba que el dinero recibido sólo cubría un semestre. Como no se ponía de acuerdo, el asunto pasó al sub-prefecto de Piura Cortés del Castillo, y éste a su vez lo elevó al prefecto de La Libertad.

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DESPRENDIMIENTO FILIAL DE RAYGADA

 

De acuerdo datos proporcionados por Miguel .A. Seminario, en mayo de 1829 José María Raygada era coronel graduado.

El estado le estaba debiendo por sueldos no pagados de los años 1827 y 1828 la cantidad de 707 pesos que era suma elevada en esa época. Tal suma se le reintegraría por armadas mensuales.

Raygada solicitó y obtuvo, que mensualmente de esos reintegros le descontasen 60 pesos que debían se puestos a disposición de su hermano Eduardo, a fin de que este pudiera atender a la madre de ambos doña María Antonia Gallo, la que  estaba enfrentado una viudez con estrecheces económicas y aún tenía que mantener y educar a otros hijos menores.

La madre del coronel vivía en Piura y éste, era comandante del batallón N° 8. Las mesadas a doña Antonia Gallo se iniciaron en agosto de 1829.

En diciembre del mismo año encontramos al coronel Raygada trabajando en la comandancia general de Lambayeque, lanzando una grave acusación de dilapidación de los fondos públicos contra el mayor Gabriel Palacios y el teniente de marina Ignacio Mariátegui.

Gamarra tras el golpe que depuso a La Mar, pasó su despacho a Lambayeque, en donde estuvo hasta el 11 de noviembre en que se trasladó definitivamente a Lima.

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RENUNCIA DE NECOCHEA

 

La fragata “Presidente” zarpó de Paita hacia Guayaquil el día 8 y en la madrugada del 12 de junio anclaba frente a Guayaquil. Su comandante bajó apresuradamente al puerto y comunicó al jefe de la plaza general Mariano Necochea la infausta nueva. Para éste, que era un sincero amigo de La Mar, la noticia de su deposición hizo gran impacto.

Sin embargo, y como soldado disciplinado, Necochea decidió esperar la confirmación oficial y esta notica llegó con el sargento mayor Joaquín Torrico al que enviaba Gamarra.

El arribo de Torrico fue el 14 de junio, y de inmediato se comunicó con los mas altos jefes de la plaza entregándoles a cada uno pliegos que les enviaba Gamarra, lo cual era una muestra mas de su proceder poco franco. Es decir que trataba de ganarse a la oficialidad, para impedir cualquier intento oposicionista de Necochea.

Torrico se entrevistó con el coronel Benavides con el cual trataron de la posibilidad de prender a Necochea, lo cual fue reprochado y rechazado por varios jefes entre ellos el coronel Juan Pablo Fernandini jefe del batallón Ayacucho que amenazó con hacer intervenir a sus fuerzas si se intentaba dar tal paso. De igual manera, el sargento mayor Bernardino Soffía denunció la conjura ante el propio Necochea.

Todo esto pasaba cuando Necochea estaba reunido en una junta de guerra en la que no se llegó a tomar una decisión.

Cuando Necochea supo el complot volvió a reunir al consejo de oficiales y con gran serenidad hizo conocer su pesar, al comprobar que oficiales a los que consideraba leales, pudieran prestar a tamaña acción. Es decir se quería repetir con él lo que días antes se había hecho con La Mar. Fue así como el héroe de Junín renunció el cargo de jefe de la plaza y abandonó la sala. De nada valieron la intervención de muchos leales jefes que solicitaban su permanencia en el comando.

Con los jefes estaban  aún reunidos; se decidió nombrar un nuevo comandante general y la elección cayó en el desleal Benavides, con la oposición del coronel Fernandini, del sub jefe del batallón “Ayacucho”, sargento mayor Moreira y del coronel Bolaños, primer jefe del batallón N° 10.

Necochea entregó la plaza el 15 y el 17 se embarcó hacia Lima, en compañía de los oficiales Quiroz, Prieto y otros más. En Lima estaba Gutiérrez de la Fuente dominando la situación, de tal menara que Necochea tuvo que afrontar diversos problemas.

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BOLÍVAR ASUME EL MANDO DEL BLOQUEO A GUAYAQUIL

 

El 15 de junio Bolívar llegó a Babá para unirse a las tropas de Flores que habían cercado a Guayaquil, pero sin lograr ningún éxito. Bolívar no llegaba sólo, traía nada menos que tres batallones y dos escuadrones.

Con toda esta fuerza iniciaron un ataque en la zona de Samborondon, con el fín de romper el frente. Los defensores eran el batallón “Callao”, una compañía colombiana de la tercera división (la que salió de Lima en 1827), un piquete de caballería y cinco lanchas, todo a órdenes del coronel José Bustamante.

Bustamante tuvo que ir a Guayaquil por los sucesos de la salida de Necochea y dejó el mando al comandante Torres, jefe del batallón Callao. Fue en ese mal momento, en que Bolívar y Flores atacaron con todas las fuerzas a su disposición, que eran varias veces superiores a los defensores. El asalto fue por tierra y por el río habiendo utilizado el enemigo canoas varias de las cuales fueron echadas a pique, pereciendo muchos de sus tripulantes. En medio de la lucha, el teniente colombiano Camacho, se pasó al bando de Bolívar, pero como el fuego continuó, murió en la acción.

Los atacantes llevaron la peor parte en cuanto a bajas, pero los defensores tuvieron que retirarse de la plaza tras de tener treinta bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Cuando efectuaban la retirada se encontraron con el coronel Bustamante que regresaba de Guayaquil a Samborondon.

Bustamante investigó la fuga de Camacho, y llegó a saber que entre sus jefes y oficiales de la División III, habían circulado comunicaciones de Bolívar en que los invitaba a dejar a los peruanos y volver a servir bajo sus órdenes, olvidando todo lo pasado y hasta prometiéndoles ascensos. Parece que eran bastantes los que pensaban hacer lo mismo que Camacho, pero como las lanchas estaban todas en manos de peruanos, no lo pudieron realizar.

Tras la toma de Samborondon, en parte gracias a la traición; las fuerzas de Flores y de Bolívar, no lograron ninguna otra ventaja y se inmovilizaron en una zona insalubre en donde los soldados colombianos enfermaban y morían en gran número.

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OFICIALES COLOMBIANOS INTENTAN DESERTAR

 

El general Flores viendo que militarmente no podía vencer a los peruanos en Guayaquil, trató de conquistar a la oficialidad de la III División Colombiana que estaba luchando al lado de los peruanos. Para eso envió repetidas cartas. Unas con fecha 4 de junio o sea con anterioridad al golpe contra La Mar y otras el 14 cuando ya se sabía la renuncia de Necochea. Estas cartas iban dirigidas a los comandantes Leonardo Guevara y Manuel Gonzáles, que eran las cabezas de la conjura.

Flores ofrece premios y ascensos y es así como en la carta a Guevara le dice: “ayude Ud. a Gonzáles y haga todo lo que le diga, lo mismo que a los demás oficiales que serán premiados”. Luego aconseja: “anular antes las lanchas enemigas, a fin de que podamos tomar posesión de un departamento nuestro”. Tales lanchas estaban bloqueando el río y todas bajo mando peruano, y se busca mediante un traidor golpe interno dejarlas fuera de combate, en vista de que no se lograba tal objetivo mediante acciones militares. Parece que también se trataba de sobornar y comprar a los marineros pues se aconsejaba “ofrecer más dinero a los de las lanchas”.

Se buscaba inmovilizar las lanchas por medio de soborno aprovechando la acción que planteaban Bolívar y Flores contra Samborondon. Eso permitiría la evasión masiva de los oficiales comprometidos.

El complot se descubrió por una casualidad. Estaba Gonzáles el día 18 de junio tomando un café en un billar de Guayaquil, y sin darse cuenta se le cayeron del bolsillo las dos cartas tan comprometedoras, las que fueron de inmediato puestas en conocimiento del coronel Benavides por el mayor Carrillo que fue quien las recogió.

Esa noche se iba a dar el golpe. Se había encomendado salir a Gonzáles con todas las lanchas de tropas hacia el río Samborondon y Guevara debía ir con mas soldados al río Daule. Todo iba a ser entregado a Flores y a Bolívar.

De inmediato fueron apresados los dos cabecillas y también un fraile de la Merced apellidado Suárez que tenía en su poder treinta onzas de oro de las enviadas por Flores. Otra vez ¡las treinta monedas! Obligados a declarar los comprometidos, dieron cuanta de 13 complicados. Todos fueron llevados presos a los barcos, con buena dotación de centinelas. Después se les despachó a Piura para ser puesto a disposición de Gamarra.

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ARMISTICIO DE GUAYAQUIL

 

Bolívar se había alegrado mucho con la deposición de La Mar, pero temía que la guerra podía todavía prolongarse un tiempo y eso iba en su contra.

El 12 de junio había llegado a Samborondon y el 13 escribía al general Rafael Urdaneta comandante general de Bogotá y le decía: “Ayer llegué a este pueblo en que está establecido el ejército de operaciones. Todo se está moviendo ya, pero tenemos el desconsuelo de que por falta de escuadra, no pueden ser sólidas las ventajas que adquiramos, y que por esta misma falta, nos serán también muy costosas y difíciles. Le repito pues querido general, que apure hasta lo infinito la venida de la escuadra, o al menos de las dos fragatas, lo mismo que el relevo de las tropas de Popayán, porque este país debe estar desguarnecido a esta fecha. Me refiero en todo a mi última carta de Riobamba y le encarezco de nuevo su contenido. Mucho nos aflige el inmenso hospital que tenemos y en un país tan desolado e insalubre como el que pisamos; así es que debemos de obrar con rapidez y decisión y al mismo tiempo con muchas tropas por falta de escuadra. Considere Ud. pues la situación en que nos hallamos y aunque la de los enemigos no es menos difícil, pues ocupa un puesto mas mortífero en el día, su fácil movilidad y próximos recursos, se le hacen menos desagradable”.

Estaban muy lejos de la prepotencia y jactancia de Sucre y del mismo Bolívar. Las fuerzas colombianas que rodeaban Guayaquil estaban siendo diezmados por las enfermedades y si entre los peruanos que estaban con las comodidades del puerto había hasta 400 enfermos, habría que suponer lo que pasaban los colombianos. Por eso Flores, desconfiando de la posibilidad de una pronta victoria, buscaba la manera de lograr una ventaja, con la otra arma que manejaba con gran destreza: la intriga.

Bolívar sabía también que el arribo de las dos fragatas que estaban en el Caribe demoraría cuando menos seis meses, y su ejército no podía permanecer tanto tiempo inmóvil. Además bahía el problema de que ni Argentina ni Chile estaban dispuestos a permitir que los barcos de Bolívar, de quien desconfiaban, arribaran a sus puertos para abastecerse.

El 19 de junio, Flores y Bolívar supieron que el golpe de traición de Guevara y Gonzáles había fracasado por cuyo motivo enviaron al coronel Miguel Benavides una nueva demanda para que entregase la plaza.

Benavides  contestó  que no estaba autorizado para tal cosa y que eso era decisión del general Gamarra. Por lo tanto propuso a Bolívar la celebración de un armisticio a fin de que Bolívar pudiera enviar un comisionado a Piura a tratar allá directamente con Gamarra.

 

A Bolívar le pareció bien la propuesta y fue así como hizo conocer a Benavides que estaba dispuesto a la concertación del armisticio, y propuso la población de Buijó para las deliberaciones. Allá estaba el cuartel de Bolívar.

El coronel Benavides envió como delegado al teniente coronel Francisco Valle Riestra, jefe de estado mayor, que se entrevistó con el general León Febres Cordero como delegado colombiano. El 27 de junio se llegó a un acuerdo de suspensión de hostilidades, que en nombre de Bolívar aprobó el general Tomás Mosquera por una parte y Miguel Benavides por la otra.

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BLAS CERDEÑA JEFE DE LA PLAZA DE GUAYAQUIL

 

El general Cerdeña fue nombrado por Gamarra como jefe de la plaza de Guayaquil. De Paita partió con una compañía de 102 soldados, sin conocer las conversaciones que proyectaba entablar Benavides.

A Guayaquil llegó el 29 o sea los dos días más tarde de la concertación del armisticio. Para no entorpecerlo, dispuso que los solados no desembarcasen, y de inmediato envió a Piura al mismo Valle Riestra para informar a Gamarra de lo sucedido y pedirle instrucciones.

A Bolívar satisfizo mucho el nombramiento de Cerdeña, pues lo consideraba adicto y amigo. Así se lo hace conocer a Sucre en carta de fecha 4 de julio de 1829.

Bolívar, siempre sinuoso, le escribió en forma muy confidencial a Cerdeña el 1° de julio, tratando de sondearlo sobre sus intenciones y las de Gamarra, y pidiéndole al mismo tiempo su opinión personal sobre la situación.

Ya por entonces el Libertador había enviado al coronel Antonio de la Guerra a Piura, para iniciar conversaciones de paz.

Cerdeña contestó el día 3, expresándole que tenía la más completa confianza en que la misión del coronel de la Guerra en Piura tendría el mayor éxito y que en consecuencia la plaza de Guayaquil sería entregada. Le daba una serie de seguridades y le reafirmaba su buena voluntad y amistad.

Bolívar alborozado, trascribió la carta de Cerdeña a Sucre, y le recomendó que no fuera publicada, ni comentada pues tenía el carácter de reservada y confidencial para evitar complicaciones.

No se sabe de donde obtenía Bolívar sus fuentes de información, pero lo cierto es que había mucha infidencia en el alto mando peruano, pues ya de antemano sabía que Cerdeña iba a llegar nombrado a Guayaquil y es así como escribía a Urdaneta el día 29 de junio asegurándole que el mismo 29 o a mas tardar el 30, se encargaría Cerdeña de la plaza de Guayaquil. De Benavides decía que era un coronel español, muy honrado y que era también, muy de su devoción.

A Cerdeña le tocaría mas tarde entregar la plaza de Guayaquil, siendo en setiembre premiado por Gamarra que lo hizo general de división.

Mientras en Piura, el coronel de la Guerra y el teniente coronel Lira, discutían el convenio, en Guayaquil el general Blas Cerdeña, hacía una visita de cortesía a Bolívar, confirmando así la buena predisposición que tenía. Esto satisfizo mucho al Libertador, que de inmediato y como era su costumbre, lo comunicó por correspondencia a Quito y Bogotá.

Las conversaciones de paz, alarmaron a los colombianos y ecuatorianos, que integrando al ejército peruano luchaban contra Bolívar, y como bien sabemos había así una unidad militar completa que había conformado la III División Colombiana la misma que se sublevó primero en Lima y después en Guayaquil contra Bolívar.

Cerdeña aquietó los temores de los jefes, oficiales y soldados de esta división y les aseguró que serían de los primeros en ser evacuados al Perú. Como se verá mas tarde, esto se hizo así en efecto, y una gran cantidad de colombianos se quedaron en Piura y en Paita, cuando menos por algún tiempo.

ARRIBA

 

EL CONVENIO DE PIURA

 

El Libertador nombró al coronel José Antonio de la Guerra, para que viajara a Piura y ajustarse con el representante de Gamarra los términos de un armisticio como preliminar al tratado de paz definitivo.

De la Guerra había estado antes en Piura cuando siendo capitán llegó con el batallón Numancia, y también retornaría algunos años mas tarde cuando las luchas políticas de su patria lo obligaron abandonar definitivamente para vivir entre Paita y Lima, y convertirse en el tronco de la familia Miró Quesada de la Guerra. Con fecha 10 de julio, Gamarra nombró al tnte. coronel Juan Agustín Lira para que en nombre del gobierno peruano, ajustase con de la Guerra “un convenio de suspensión de armas, con el fín de entablar entre tanto públicas y francas comunicaciones se deben concluir con un tratado definitivo de paz decorosa para ambos estados”.

Gamarra incluía en la comunicación de nombramiento, un pliego de instrucciones sobre puntos básicos que podían ser convenidos.

Miguel Seminario Ojeda nos ha hecho llegar el texto del Convenio.

En el mismo día que Lira fue nombrado, se llegó a un acuerdo con De la Guerra y Gamarra rubricó el Convenio cuyo texto fue el siguiente:

En el cuartel general de Piura, a los diez días del mes de julio de mil ochocientos veintinueve, reunidos el señor coronel Antonio de la Guerra, comisionado por S.E. el Libertador de Colombia y el teniente coronel don Juan Agustín Lira, por parte del ilustrísimo señor Gran Mariscal, General en Jefe del Ejército de la República Peruana don Agustín Gamarra, con el objeto de celebrar un armisticio durante el cual puedan entenderse francamente los supremos gobiernos de ambas repúblicas, para arribar a un tratado definitivo de paz; dieron principio al desempeño de su comisión para manifestar y canjear sus credenciales; y en consecuencia procedieron a acortar, los artículos siguientes:

1.- Queda acordado y convenido de un formal armisticio, por el término de sesenta días, y suspendidas de hecho los hostilidades de mar y de tierra, desde el día de su ratificación.

2.- El departamento de Guayaquil y su plaza, se entregarán a disposición del gobierno de Colombia en el término de seis días que deben correr y contarse desde el instante que llegue este documento a poder del señor General, Comandante General de la División Peruana que la guarnece, ratificado que sea por S.E. el Libertador presidente de aquella república.

3.- El bloqueo de la costa meridional de Colombia queda suspenso desde el propio día de la ratificación y por el mismo tiempo del armisticio, durante el cual no podrán aumentarse las fuerzas de ambos ejércitos por mar ni por tierra; pero los buques de guerra de Colombia que están al llegar del Atlántico, podrán entrar en cualquiera de los puertos de su república en el Pacífico, con tal de que no sea en la ciudad de Guayaquil.

4.- Continuarán en depósito para entregar religiosamente a la nación colombiana, todos sus buques, lanchas, enseres y demás artículos de guerra, constantes de su respectivo inventario, tan luego como se haya ratificado el próximo tratado definitivo de paz, y por ningún caso se podrá hacer uso hostil de ellos.

5.- Una comisión diplomática, nombrada por ambos gobiernos se ocupará a la brevedad posible de concluir las negociaciones de paz, dentro del término previsto en el artículo 1°, el que podrá prorrogarse a indicación de ésta, por el más tiempo que le sea indispensable para la conclusión de sus trabajos.

6.- Se devolverán inmediatamente al ejército peruano, todos los enfermos que quedaron en los hospitales de Girón y se encuentren existentes enrolados en las filas de Colombia, reduciendo a un depósito todos los prisioneros de la jornada de Tarqui, a cuyo efecto pasara un oficial con las listas correspondientes a recoger aquellos y ver el cumplimiento del 2° extremo de este artículo.

7.- Habiéndose tocado por el señor comisionado del Perú, el punto de los monumentos que se mandaron a erigir a consecuencia del suceso de Portete de Tarqui, expuso el señor coronel comisionado de Colombia, estar fuera del círculo de su comisión, arreglar este asunto por considerarlo materia de la comisión diplomática de que se ha hablado en el artículo 5°, asegurándose, que su república y S.E. el Libertador presidente están animados de las mas cordiales sentimientos para con el Perú.

8.- Los presos que se hicieron por los buques de guerra o corsarios de ambas repúblicas, durante el tiempo del armisticio que deba correr para ellos desde el día de la ratificación, serán religiosamente devueltos a quienes pertenezcan.

9.- Las hostilidades marítimas no podrán romperse, hasta pasados cincuenta días en que se declare nuevamente la continuación de la guerra.

10.- Si su excelencia el Libertador presidente no tuviese a bien ratificar este convenio, empezarán nuevamente las hostilidades entre ambos ejércitos a los ocho días contados al de su ratificación.

11.- El ilustrísimo señor Gran Mariscal don Agustín Gamarra, que se halla presente en este cuartel general, será servido expedir su ratificación o disenso en el término de tres horas y S.E. el Libertador presidente en igual término, después que haya llegado a sus manos.

12.- Se sacarán cuatro ejemplares de este documento de los que cada parte, tomará dos igualmente ratificados o disentidos, canjeándolos en la plaza de Guayaquil si merecen la aprobación de S.E. Con lo cual, y habiendo quedado conformes en los artículos estipulados, firmaron a las cinco de la tarde del día de la fecha. Antonio de la Guerra.- Juan Agustín Lira.

Cuartel general de Piura, julio 10 de 1829.- Apruebo y ratifico solemnemente este tratado; y de conformidad con las indicaciones que me hace el señor secretario general de S.E. el Libertador Presidente de la República de Colombia en nota de veinticinco de junio último, se suspenden desde este momento las hostilidades marítimas y terrestres de las fuerzas de mi mando. Agustín Gamarra.- José Mouri de la Cuba.- secretario.

Como se puede apreciar, Gamarra de inmediato ratificó el convenio y adelantándose a la firma del mismo por Bolívar, decretó imprudentemente la cesación de las hostilidades.

Si el tratado de paz no hubiera llegado a ajustar y las hostilidades se hubieran reanudado, el Perú se habría encontrado en pésima situación, pues ya Guayaquil hubiera sido entregado a Colombia, y la escuadra peruana quedaba por 50 días imposibilitada de actuar, esperando mientras llegaban las dos corbetas enemigas que desde el Atlántico se dirigían al Pacífico por el Cabo de Hornos.

Pero para Bolívar la guerra era un problema muy grave por el tremendo gasto que significaba y además en el interior de la Gran Colombia había mucha tensión políticas y se estaba manifestando un franco sentimiento separatista en Venezuela y también en el Ecuador. Para colmo de males, el Libertador se sentía muy enfermo y no deseaba seguir en Guayaquil. La muerte rondaba cerca de los tres grandes protagonistas de esta guerra. La Mar, Sucre y Bolívar; y el año 1830 iba a ser trágico para ellos. Sólo Gamarra les sobreviviría.

Gamarra recibió con alborozo el acuerdo de Piura, y escribió una carta llena de halagos al coronel de la Guerra. De igual manera envió una comunicación al ministro de guerra y marina del Perú que estaba en Lima, haciéndose conocer su enorme satisfacción.

La prensa adicta a Gamarra, no tuvo términos para alabar al general. Así por ejemplo “El Liberal” de Lima del lunes 27 de julio de 1829 decía: “El 10 del corriente, a las 5 de la tarde fueron concluidos los tratados preliminares de paz en el cuartel general de Piura, y ratificadas en el mismo día por nuestro ilustre general en jefe, siendo una de las estipulaciones del convenio, la entrega del departamento de Guayaquil y su plaza. Ahora solo resta que nuestros sabios legisladores que están próximos a reunirse, concluyan la grande obra que comenzaron los hijos predilectos del norte. La grandeza del suelo en que vimos la luz primera, nos ofrece la próxima recuperación de lo perdido en una guerra escandalosa y la antigua Roma que tenía ojeriza con el mes de julio por que con él fueron muertos en Cramera de Toscana aquellos trescientos Fabios honor de ella, nos envidiarán, pues en él gozamos nosotros tantos beneficios”.

El teniente coronel Lira, en sus Memorias se refiere al Convenio de Piura en el que fue principal protagonista, de la siguiente manera:

El día 10 de julio de 1829, le di un día de gloria (a la nación) ¿pues qué, no será día de gloria en el que se consigue una paz honrosa y mucho mas placentero que aquel en que se gana una batalla, ¿para qué son las batallas si no es para conseguir la paz? Y el que contribuye con sus luces, con sus medios a la consecución de tan grandiosa adquisición ¿no da días de gloria?. Pues si no es así, no lo entiendo. Digo que le di días de gloria, mucho mas jubilosos, que los que da un general en jefe que gana una batalla, a quién su república o su autócrata le confía el mando de un ejército con ese objeto, y en que tal vez una casualidad o un granadero audaz, le da una victoria después de azares mil, así mismo que sin esa casualidad y sin que se derrame sangre, con solo su pluma y sus talentos, maneras o medios eficaces, consigue firmar un tratado cuyo objeto es el triunfo feliz de hacer cesar la cosecha de la muerte y de hacer que llegue el día de la paz, como bien tan inapreciable ¿Por qué pues no ha de decir que dio días de gloria? ¿Sus resultados no son tan inmensos y abundantísimos y su objeto no es el de gozar de los bienes que trae consigo la paz ¿ ¿y como no ha de llamarse dar días de gloria? ¡Ah! ya otra vez dije el por que, pues a pesar de esto digo, que el segundo día de gloria que le di a la nación (se refiere Lira al posterior tratado de Piquiza con Bolivia en el que también participó), fue el eco salido de mi voz, fue el que calló el horroroso estallido del cañón; y mi pluma la que abrió los surcos para que germinara la abundancia, así como mis esfuerzos y trabajo el rocío que los fecundara, y los frutos de estos, los dones preciosos que en ofrenda presenté a la madre patria, como el triunfo también que en muchas y repetidas veces le he pagado. Si compatriotas, los tratados de armisticio y suspensión de hostilidades celebrado en Piura en la fecha citada, con el plenipotenciario o comisionado por la república de Colombia y su Libertador; el coronel Antonio Rafael de la Guerra, fueron fruto de mi sufrimiento y moderación, arrancados de un joven guerrero, excesivamente fogoso y no muy a propósito para tratar asuntos que necesitan moderación y calma. Lo conseguí, se firmaron y ratificaron; y os dieron (se dirige a la nación) si no una aliada y buena amiga al momento mismo, hicieron terminar los horrores y males que sufristeis, que os infamaron y desgarraron las sensibles entrañas de la madre patria”.

A Bolívar no le gustó la cláusula del convenio según la cual el Perú retenía los barcos, cañones y armas de Guayaquil y refunfuñando firmó en un campamento de Buijó, hacienda que era propiedad de la familia de su enemigo La Mar.

Bolívar tras firmar, escribía a O´Leary: “Ayer llegó el coronel de la Guerra que fue comisionado por mí a Piura, cerca de Gamarra. Nos ha traído un armisticio de sesenta días y la devolución de Guayaquil, pero sólo del terreno y de las casas de la ciudad, por que además de retenernos los buques de guerra y la artillería, en depósito hasta la resolución del tratado de paz, nos están llevando hasta la última canoa en su evacuación”.

Pero ya Bolívar no estaba en situación de imponer condiciones. El Perú no era en realidad un país en derrota y los ejércitos de Bolívar en torno de Guayaquil estaban pasando por una situación desesperante.

José Manuel Restrepo, ministro de Bolívar, decía con relación a esta situación:

“Aún tenía graves dificultades que superar para la ocupación de aquella plaza, por lo anegadizo y malsano del país y por la multitud de ríos y caños que lo cortan, dominados en su mayor parte por los buques y fuerzas sutiles del enemigo. Motivos tan poderosos han hecho decir a los conocedores que el Libertador se equivocó enteramente al emprender esta campaña sobre Guayaquil, en una época del año en que nada o muy poco podía adelantar, por los obstáculos insuperables que oponía el país anegado, las fuerzas sutiles de los peruanos y lo insalubre del clima. Aseguran que cerca de 3,000 hombres perecieron, entonces víctimas desgraciadas de las fiebres y de otras enfermedades”.

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LA ENTREGA DE GUAYAQUIL

 

Bolívar ratificó el Convenio de Piura, el mismo día que lo recibió o sea el 16 de julio de 1829 y de inmediato lo envió así firmado al general Cerdeña con un oficial de estado mayor, el cual cumplió su misión el propio día por la noche. Como se ve, el Libertador puso celeridad en todo. Cuando Cerdeña recepcionó los documentos eran ya las 10 de la noche. De todos modos, convocó a una junta de guerra en forma urgente, y desde ese momento se principiaron a contar los seis días de plazo para la desocupación de la plaza.

El día 17 o sea al siguiente, principiaron los cuerpos militares peruanos a evacuar los cuarteles y dirigirse al embarcadero. En realidad ya se encontraban listos para hacerlo y sólo esperaban el momento oportuno.

Una vez más, fue Valle Riestra el encargado de llevar a Paita a los primeros contingentes de evacuados. Eran estos los batallones “Ayacucho” y “Callao”, así como las tropas de la III División colombiana, como toda la artillería. Se utilizaron la fragata “Monteagudo” y el bergantín “Primero de Febrero”.

En el puerto aún quedaban el regimiento Húsares y los Cazadores del Callao que se embarcarían mas tarde con el propio Cerdeña en la corbeta “Pichincha”. Una gran cantidad de barcos menores, salieron de las aguas territoriales de Colombia y otras se dirigieron a la Bahía de Paita.

Los colombianos evacuados eran los que obedecían las órdenes del coronel José Bustamante y pertenecían a la III División que se había sublevado. En realidad el cuerpo de tropa en su mayoría estaba conformado por peruanos y lo mismo, había pasado con otros cuerpos que habían actuado en la batalla de Ayacucho que no obstante figurar como batallones o regimientos colombianos, tenían muchos peruanos enrolados.

Bustamante se radicó en el Perú y se le reconoció su grado militar.

Los colombianos entraron a Guayaquil el día 21 de julio, es decir al cumplirse los seis días y Bolívar hizo su ingreso al puerto el día 22 con lo que sus penurias se dieron por terminadas. Sin embargo, su salud estaba ya muy resquebrajada.

Las tropas peruanas fueron despedidas con cariño por los guayaquileños y en algunos sectores con bastante temor ante posibles represalias de los colombianos por haber cooperado con los ocupantes. Sin embargo Bolívar trató de evitar estos problemas. Cuando los colombianos ingresaron al puerto, sus partidarios se volcaron regocijados a saludarlos. En casos así nunca falta gente para ambos bandos.

Paita se congestionó con el movimiento de los barcos y de las tropas que llegaban. Los rumores que circularon fueron muy diversos y contradictorios, para explicar la presencia de tanto soldado allí.

La guerra había terminado para Bolívar, pero Flores siempre intrigante, movilizó hacia la frontera del Perú, a las tropas que tenía en torno de Guayaquil. Aunque se suponía que no tomaría por propia decisión una iniciativa de invadir al Perú, la situación la aprovechó Gamarra, para hacer que el prefecto de Piura informase a La Fuente de que aún había peligro y necesidad de estar unidos, y sobre todo de que desde Lima se enviase dinero.

El tratado de paz se firmaría en setiembre en Guayaquil entre los representantes del Perú José Larrea y Loredo y el de Colombia, Pedro Gual.

El coronel Antonio de la Guerra, el firmante del armisticio de Piura, llegaría a general y se radicaría en el Perú, pasando un buen tiempo en Paita. Su hija Matilde se casaría en 1871 con don Antonio Miró Quesada de cuyo matrimonio nacieron varios hijos que descollaron en el periodismo, las letras y las ciencias.

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REUNIÓN DEL CONGRESO

 

El 21 de julio de 1829 se reunieron las juntas preparatorias en Lima bajo la presidencia del sacerdote Juan Manuel Nochato. Como en el congreso había una gran cantidad de partidarios de Luna y Pizarro, se tenía el temor de que siempre la facción liberal ejerciera su influencia, no obstante que su líder estaba deportado. Por tal motivo Gamarra partió por tierra de Piura y se dirigió a Lima para neutralizar toda acción que el congreso pudiera tomar en su contra. El general hizo el recorrido en pocos días y el 22 de agosto entraba muy de incógnito en la capital.

El 27 se instaló por separado la cámara de diputados teniendo como su presidente al diputado piurano Juan Antonio Távara Andrade. El 29 se instaló el senado en el palacio arzobispal bajo la presidencia de Andrés Reyes.

El congreso se volvió a reunir en forma conjunta para elegir presidente en reemplazo de La Mar. Constitucionalmente le debía suceder Salazar y Baquíjano, pero el general  Gutiérrez de la Fuente lo había obligado a renunciar cuando dio el golpe, por lo tanto estaban vacantes tanto la presidencia como la vicepresidencia. Fue propuesto entonces Reyes el presidente del senado, pero este renunció por miedo. Entonces Nochato tomó el control del debate y propuso a Gamarra para presidente y a Gutiérrez de la Fuente para vice-presidente, siendo elegidos por 54 votos y 39 respectivamente.

Gamarra de inmediato se juramentó, convocó a los colegios electorales y se embarcó otra vez rumbo al norte en la fragata “Pichincha” llevando a Pando como secretario.

No obstante el autocratismo de Gamarra, fue el primero que apeló al voto directo de los colegios electorales y no al congreso para la elección de presidente y vicepresidente.

Como era natural suponer como candidatos se presentaron Gamarra y La Fuente para los cargos, además de otras candidaturas sin mayor posibilidad de triunfo. Pero fue sin duda sorpresiva, la candidatura que para la vicepresidencia, se lanzó de José de la Riva Agüero que se encontraba en Chile desterrado. Los resultados fueron:

 

Para presidente: Gamarra

137 votos

Otros

  89   

Para vicepresidente: Riva Aguero

175 votos

La Fuente y otros

  49   

 

Esto demuestra que la popularidad de Gamarra, no había logrado el nivel de aceptación que mostraba Riva Agüero. Es posible que este último se haya visto favorecido por esa tendencia tan generosa del pueblo peruano de inclinarse por el perseguido.

Pero Riva Agüero tenía en suspenso sus derechos civiles, y su mayor enemigo era precisamente Gutiérrez de la Fuente, su capturador y desleal subordinado. Fue así que no obstante su abrumador triunfo, se anuló su designación.

El congreso mientras tanto había reiniciado sus actividades, siendo una de ellas la de nombrar nuevos titulares para el consejo de estado.

Los líderes de las cámaras, se acomodaron logrando designaciones dentro de ese consejo de estado y por eso vemos que lo integraban Andrés Reyes, Tomás Diéguez de la Florencia, Juan Manuel Nocheto, Juan Escobedo, Luciano María Cano, Manuel Tellería, José Freire. Braulio Campo Redondo y Angel Pacheco.

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EL TRATADO DE PAZ DE GUAYAQUIL

 

Tras de firmarse el Convenio de Piura, Gamarra trasladó a Chiclayo la sede del cuartel general, dejando a Blas Cerdeña en Piura al mando de la 1ra. División.

De inmediato Gamarra empezó a desmovilizar el ejército, en el que gastaba mucho dinero, con lo cual trató de aliviar los gastos presupuestarios.

Como ministro de Perú en Colombia nombró a Joaquín Loredo y Larrea, persona grata a Bolívar, el que se embarcó a fines de agosto para Guayaquil en el bergatín “Congreso” llegando al Guayas el 11 de setiembre.

Bolívar nombró como su representante a Pedro Gual para discutir con Loredo el tratado de paz definitivo. El 13 Bolívar recibió en forma oficial a Loredo y le brindó un suntuoso banquete.

El 16 se iniciaron las conversaciones entre Loredo y Gual, acordándose de inmediato prorrogar el armisticio en otros 60 días, pues estaba ya por vencer.

Todo se hizo muy rápidamente, pues el 22 de setiembre ya las conversaciones habían terminado y se había llegado a un acuerdo.

En el tratado de paz se vieron la cuestión de los territorios en disputa: Guayaquil, Tumbes, Jaén y Maynas. El asunto de los reemplazos de soldados. El problema de la deuda que se decía tenía el Perú a Colombia y otras cuestiones menores como la devolución de los buques colombianos, la abolición de la esclavitud y la revocatoria del decreto de Sucre sobre el monumento en la llanura de Tarqui, que el Perú consideraba agraviante.

Para solucionar la cuestión territorial, se tomó como base los territorios y límites que tenían los virreinatos de Nueva Granada y de Lima en 1809, pese a lo cual se precisó que Guayaquil quedaría para Colombia lo que no debía ser así.

Tal decisión se tomó cuando en forma imprecisa se expresó que los límites comenzarían desde el río Tumbes para tomar luego una diagonal hasta el Chinchipe y el Marañón, pero sin fijar en modo alguno una línea de frontera, debiéndose formar una comisión demarcadora, que iniciaría su tarea 40 días después de firmado el tratado. Lo que quedaba bien claro era que Guayaquil quedaría para Colombia, mientras que Tumbes, Maynas y Jaén seguirían perteneciendo al Perú en cuya posesión estaban.

Luego se trató el problema de los reemplazos. De acuerdo a lo expresado por el delegado peruano, se manifestó que Riva Agüero que suscribió el acuerdo para reemplazar las bajas colombianas con soldados peruanos, no estaba autorizado para tal cosa a lo que replicó que Agüero era presidente y en su período legal se tomó el acuerdo. Loredo manifestó que los reemplazos debían regir solo durante el tiempo que duró la campaña libertadora, pero que “no podía pretender que aún ahora se llenasen esas bajas”. A eso replicó Gual que el acuerdo aún tenía validez, Loredo manifestó que eso era esclavitud al condenar a la expatriación peruana a un crecido número de ciudadanos peruanos inocentes y Gual expresó que el contrato no iba contra las prácticas civilizadas. Luego dio a conocer cifras verdaderamente exageradas sobre bajas colombianas en la campaña libertadora, en la forma siguiente:

 

Soldados que llegaron al Perú

13,000

Soldados que regresaron a Colombia

  5,000

De la III división sublevada

  3,000

Bajas en campaña según Gual

  5,000

 

 Como se puede apreciar, había una tremenda exageración en cuanto al número de soldados colombianos llegados y las bajas. No se podía concebir que en poco tiempo iban a tener 5,000 muertos en dos combates (Junín y Ayacucho), más aún cuando se conocían perfectamente las bajas de los contendores en esas acciones, y que no solo la presencia peruana estaba dada por la división del ala derecha en Ayacucho que mandaba La Mar, sino que una gran cantidad de peruanos estaba ya integrando los batallones colombianos, no por bajas en ellos sino porque habían sido aumentados en sus efectivos. Eso lo habían reconocido siempre Bolívar y sus generales. La misma III División que se sublevó en Lima al mando del coronel Bustamante, tenía en sus filas un elevado número de peruanos y solo eso explica por que en la lucha de Guayaquil actuaron esos soldados con tanto ardor y mas tarde prefirieron retornar al Perú, cuando se desocupó el puerto. Gual no insistió en este punto, por haberlo dispuesto así Bolívar, pues este no quería nada, que pudieran entorpecer el buen resultado, ya que su único interés era Guayaquil.

Pero en Colombia y en Venezuela, quedaron una gran cantidad de soldados peruanos que en su oportunidad habían sido reemplazados. Tuvieron que pasar veinte años para que ellos retornaran al Perú en 1852 y 1857. ¡Un verdadero genocidio!

En cuanto a la deuda que el Perú tenía a Nueva Granada, el Perú expresó que en su oportunidad se hicieron adelantos, pues a O´Leary con autorización de Bolívar se le había entregado 319,429 pesos. También a los soldados colombianos y a los oficiales se les había atendido con sueldos, alimentos y vestuario. Como se recordará, Bolívar sacó hasta los ornamentos de plata y oro de las iglesias del norte del Perú para sostener la campaña y los templos de Piura fueron prácticamente saqueados. Una serie de contribuciones, que más tenían la forma de cupos fueron pagados y una gran cantidad de ganado tanto para la caballería, como para alimentación aportó Piura.

Es decir, que el ejército libertador, no se mantuvo con recursos económicos llegados de Nueva Granada, sino con los extraídos del país.

Por último, el Perú y sobre todo Piura habían contribuido a la independencia de Ecuador con la división que comandó Santa Cruz, gracias a la cual se logró la victoria de Pichincha y eso había significado también mucho gasto. Por último, la independencia del Perú, no solo favorecía a nuestro país sino también al resto de naciones sudamericanas, cuya independencia quedaba así consolidada.

Después de muchas deliberaciones, la deuda quedó establecida en 926,863 pesos, pero como en 1830 la república de Nueva Granada se disolvió en tres naciones, no se pudo cumplir con el pago sino en 1853 durante el gobierno de Echenique, fecha también en que se le pagó a los herederos de Bolívar, el millón de pesos acordados por el congreso al Libertador como obsequio,  después de la batalla de Ayacucho y que Bolívar no lo quiso cobrar, pero sí sus herederos. Es decir que a Bolívar se le pago por su contribución, lo que no se hizo con San Martín

Los peruanos reconocieron también las deudas que habían contraído en Ecuador durante el conflicto.

Para fijar los límites que se mencionan en el tratad, Colombia envió al Perú a sus diplomáticos Eugenio Tamariz, Agustín Gómez y Tomás Mosquera en forma sucesiva, sin que se llegase a culminar la misión, por que por ese tiempo se disolvió la Gran Colombia. Pero eso es cuestión aparte.

De esta forma concluye todo ese período  de la Historia Nacional que en forma errónea se ha llamado guerra con Colombia, cuando en realidad fue una guerra entre Bolívar y La Mar, o sea liberales y autócratas sudamericanos.

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DERRUMBAMIENTO DE LA OBRA DE BOLÍVAR

 

Después de la batalla de Ayacucho, Bolívar llegó al apogeo de su gloria y poder.. Le estaban sometidos lo que ahora son Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Era dictador y presidente vitalicio, pero los pueblos desconfiaban de su ambición  y en su misma patria Venezuela se produjeron intentos separatistas, e iguales intenciones tenía en cuanto a Nueva Granada, el general Santander, encargado del poder en Bogotá. Por eso tuvo Bolívar que dejar precipitadamente el Perú y retornar a Bogotá. Allí encontró Bolívar mucha agitación en su contra y la acusación de que quería declararse  Emperador de la Federación de los Andes, y hasta se asaltó su domicilio con la intención de asesinarlo y solo lo salvó la presencia de ánimo de Manuela Sáenz.

La ambición sin límites de Bolívar,  originó la sublevación del general Obando en Pasto.

En esos momentos por la intriga del general Juan José Flores (venezolano), que estaba en el Ecuador, se produce la guerra contra el Mariscal La Mar  y el Perú. En setiembre de 1829 Bolívar desesperadamente quería la paz, por que el general José María Córdova, ( el héroe de Ayacucho), se había sublevado en Medellín.

 En Venezuela, el general José Antonio Páez contra la idea de Bolívar de mantener la Gran Colombia; en noviembre de 1829 toma la decisión de separara Venezuela.

 

Bolívar había convocado a un Congreso Constituyente en Bogotá, que el 1º de setiembre  se reunió bajo la presidencia del general Sucre, su mas incondicional aliado. Ante ese congreso, renuncia Bolívar todos sus poderes en un dramático acto y aún cuando se insiste en darle la presidencia de la Gran Colombia, no acepta y se retira a la vida privada. Por entonces la tuberculosis había hecho estragos en su salud. El congreso elije entonces a Joaquín Mosquera y empieza a derrumbarse la Gan Colombia.

 

El 10 de enero, Páez convoca a un congreso venezolano y envía tropas a vigilar la frontera con Nueva Granada.  El 6 de mayo se reúne el congreso y declara la separación de la República de Venezuela , disponiendo el destierro de Bolívar (es decir que no podía regresar a su patria),  lo declara fuera de ley y elige como presidente al general Páez.

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MUERTE DE SUCRE

 

. Ante los sucesos de Colombia y Ecuador, el  general Sucre se pone de inmediato en camino  hacia Quito donde tenía familia, pero también con el evidente propósito de tomar parte en los asuntos político, que se estaban desarrollando, pues se le haba ofrecido el gobierno constitucional del nuevo estado, que por entonces tenía al general Flores como administrador ( Estado Sur de Colombia.)

 

Sucre fue emboscado el viernes 4 de junio de 1830 a la altura de Berrecuos (Colombia) por dos comandantes, un capitán y dos soldados, que lo asesinaron  Por mucho tiempo se insistió que el autor intelectual de ese crimen había sido el general Flores.

Otro sospechoso fue el general  José Maria Obando que se encontraba sublevad en Pasto contra Bolívar. Se suponía que ante la renuncia de Bolívar el llamado a sucederle era el General Sucre. En un intento de cortarle el paso, se trato de establecer como edad para ser presidente 40 años, por que Sucre solo tenía 35 años.

Posteriormente se logró establecer que los asesinos fueron  Apolinar Murillo, venezolano; Andrés Rodríguez, peruano; Juan Cruz, peruano y Joaquín Gregorio Rodríguez, colombiano.

Para poderlo identificar y  no caer en error, los asesinos cuando pasó el pequeño grupo que iba con Sucre, gritaron. ¡ General Sucre¡. Este detuvo su caballo y volteó. De inmediato se produjeron los disparos.

La trágica nueva impactó tremendamente en Bolívar, que dijo: “ Se ha derramado, Dios mío, la sangre del inocente Abel”.. Luego comentó : “Lo han matado por que era mi sucesor”.

 El 14 de agosto se reúne en la ciudad de Riobamba una asamblea constituyente, que aprueba una constitución, disponiendo la creación del Estado del Ecuador. La misma asamblea nombra a Flores como Presidente Constitucional  

Mientras tanto, en Costa Rica, el mariscal La Mar, tuvo conocimiento del derrumbe de la Gran Colombia,  de la gravedad de Bolívar y de la muerte de Sucre. También la salud de La Mar había empeorado mucho y el 12 de octubre de 1830 fallece de hidropesía y de una afección hepática.

Dos  meses mas tarde, el 17 de diciembre de 1830, fallecía en su destierro  de Magdalena el Libertador, minado por la tisis y los desengaños. Dijo antes de morir: he arado en el mar.

Fue así como en un mismo año, desaparecieron los hombres  que fueron los principales protagonistas de la guerra de 1829

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MUERTE DE BOLÍVAR

 

El 8 de mayo, Bolívar abandona Bogotá, se impone un voluntario confinamiento y renuncia los sueldos y honores que le ofrece el congreso de Nueva Granada (Colombia). El gran hombre estaba muy resentido y desengañado. Por la mañana de ese día se despide de Manuela Sáenz. El Libertador parte al puerto Cartagena para de allí embarcarse a Europa en busca de salud. Hace una penosa travesía por el río Magdalena.

 

El 1º de julio en Cartagena, recibe la noticia, del asesinato de Sucre, lo que lo afectó mucho.

De allí pasó a Santa Marta donde  arribó el 1º de diciembre en el bergatín “Manuel”. Se encontraba ya muy extenuado y desembarca en una silla, dado su estado de debilidad. Los acoten cimientos se precipitan. En realidad estaba en el estado terminal de una tuberculosis pulmonar.

. Muy enflaquecido, con brazos y piernas descarnadas, rostro muy enjuto, pómulos salientes, voz ronca, voz ronca, mucha tos, esputos purulentos, Pocos días mas tarde se traslada a  la hacienda San Pedro Alejandrino. Durante todo el trayecto intercambian cartas con su amante Manuela. Al ser esta informada de que Bolívar reencuentra muy grave, parte  en su búsqueda. Al llegar al pueblo  Guaduas, recibe la noticia de la muerte del Libertador. Intenta suicidarse haciéndose morder por una serpiente venenosa. Las gentes del lugar logran salvarla. El 10 de diciembre hace su testamento ante un puñado de fieles amigos.

Dejó sus bienes a sus hermanos, sobrinos y servidores. No menciona en el testamento a Manuela Sáenz. Contó con los auxilios espirituales de un sacerdote, y el 17 de diciembre a la 1 y 3 minutos de la tarde, expira. Sus restos fueron depositados en el altar mayor de la Catedral de Santa Marte y cumpliendo su última voluntad serían llevados a Caracas, su ciudad natal, doce años mas tarde.

En 1832, Nueva Granada da una nueva Constitución y elije presidente al general  Santander, archí enemigote Bolívar.

Hasta 1886 siguió llamándose Nueva Granada y a partir de esa fecha tomó el nombre de Colombia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA INDEPENDENCIA DE ECUADOR

 

El 13 de mayo.  Ecuador que  como parte integrante de la Gran Colombia, (se llamaba Estado  del Sur), también se separa  por instigación del general Juan José Flores, otro ambicioso que de esa forma paga mal a Bolívar.. La primera constitución de Ecuador, decía que el territorio de la república estaba formado por los departamentos de Quito, Guayaquil y Cuenca. No mencionaba a Maynas.

Poco antes., desde Popayán, el Mariscal Sucre, escribía  a su amigo el general Vicente Aguirre y le decía que siendo ya inevitable la separación de Ecuador, que cuando menos debía que se convirtiese en  un estado federal  dentro de la  Gran Colombia, para salvar la obra de Bolívar.. El 30 de junio Sucre era asesinado.

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EL FALSO PROTOCOLO PEDEMONTE-MOSQUERA

 

Tomás Cipriano  Mosquera, llegó a Lima en diciembre de 1829 como ministro plenipotenciario de Bolívar para tratar too lo referente a los límites. También habían sido nombrados como demarcadores por parte de Colombia Eugenio Tamariz y Agustín Gómez, mientras que por parte del Perú se designó al coronel José Félix Castro. Los demarcadores debían de empezar su labor por Tumbes

Había sin embargo un problema, y era el total desconocimiento de la zona de Chinchipe y del Huancabamba, por cuyo motivo se comisionó al coronel peruano Althaus para que se constituyera a la provincia de Piura e hiciera un levantamiento cartográfico de la zona.

Mosquera había recibido recomendaciones estrictas de Bolívar, sobre lo que debía pedir y en tal sentido le planteó al ministro peruano José María del Pando, que los límites no fueran el río Chinchipe sino el río Huancabamba. En caso de que el Perú se negase a eso, se le pondría como alternativa, aceptar la línea demarcatoria del Chinchipe, pero siempre que por el norte el límite fuera el Quiroz en lugar del Macará. Ambas cosas eran inaceptables. Si se hubiera permitido el primer planteamiento, ahora la mitad de la provincia de Huancabamba y todo el norte del departamento de Cajamarca serían del Ecuador. De haberse aceptado el segundo planteamiento, toda la provincia actual de Ayabaca le pertenecería al país vecino.

El coronel Althaus terminó su labor en febrero de 1830 y una copia del mapa le fue entregado a Mosquera.

Mientras tanto los demarcadores colombianos Gómez y Támariz esperaron en Tumbes durante varias semanas a los delegados peruanos, y terminaron por marcharse. Los demarcadores peruanos José F. Castro y modesto de la Vega fueron nombrados demasiado tarde y cuando llegaron a Tumbes ya no encontraron a los colombianos.

                                                                        

Estando Pando en posesión del mapa levantado por Althaus, planteó a Mosquera la fijación de los límites a partir no del río Tumbes sino del Zarumilla, luego seguir por el Macará y de allí al Chinchipe. El Perú estaba ejercitando de hecho, actos de soberanía en el territorio comprendido entre la margen derecha del río Tumbes y el río Zarumilla.

Mosquera había llegado como representante de Nueva Granada y de Bolívar, pero se había producido grandes acontecimientos. Venezuela se había separado y formado una república independiente y lo mismo había hecho Ecuador el 13 de mayo de 1830 por instigación del general Flores, que de ese modo pagaba a Bolívar.

En realidad Mosquera, ya no podía representar a ningún país, pues Nueva Granada había dejado de existir.

El 8 del mismo mes de mayo, Bolívar había dejado Bogotá rumbo al confinamiento que él mismo se había impuesto. Enfermo de cuerpo y alma, moriría antes de terminar el año. Poco tiempo antes, Sucre es asesinado en un camino. En realidad Mosquera ya no representaba a nadie.

Como Pando pasó a ocupar el cargo de ministro de hacienda, Gamarra nombró a monseñor Carlos Pedemonte como ministro de relaciones exteriores, y el 4 de agosto se hizo cargo del puesto. Por ese entonces, Mosquera ya había solicitado al gobierno peruano autorización para retirarse a su país, porque comprendió que el asunto limítrofe debía de ventilarse directamente entre Perú y Ecuador al que él no representaba.

El 9 de agosto, Mosquera se embarcaba en la goleta “Guayaquileña”, la que abandonaba el puerto del Callao al día siguiente.

Esas fechas son necesarias puntualizarlas, porque, años mas tarde en 1870 estando Mosquera residiendo en Lima, hizo conocer que tenía un Protocolo que aseguraba había sido firmado por él y por Pedemonte el 11 de agosto. De ese documento nadie tiene conocimiento sino él y en la cancillería peruana no se tenía ni noticia de él. Se trataba por lo tanto de un documento burdamente fraguado, pues el 11 de agosto de 1830, Mosquera no estaba en Lima sino en alta mar viajando rumbo a Colombia. Por otra parte, él no representaba a nadie, y los tratados son ratificados por los respectivos parlamentos, y del mismo no se tenía ninguna noticia ni en Ecuador ni en el Perú. No se sabe con que inconfesables propósitos inventó Mosquera tal patraña, pero ese supuesto protocolo Pedemonte-Mosquera, sirvió mas tarde a Ecuador para hacer reclamaciones sobre Tumbes, Jaén y Maynas.

Era por otra parte inconcebible, que si Mosquera no había logrado adelantar nada con Pando a pesar de varios meses de conversaciones, no iba a llegar a un acuerdo tan delicado, cuando recién Pedemonte se había hecho cargo del ministerio.

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CREACIÓN DEL ESTADO DEL ECUADOR

Cuando Bolívar dejó Guayaquil para retornar a Bogotá, tras de lograr la paz con el Perú, encontró que la Gran Colombia era presa de grandes tensiones políticas y que Páez en Venezuela alentaba un movimiento separatista, que el 6 de mayo de 1830 desembocó en la separación definitiva, para convertirse en estado independiente.

Ecuador por ese tiempo como “Distrito del Sur” formaba parte también de la Gran Colombia, y al igual que en Venezuela, desde la iniciación del año 1829 aspiraba a la independencia total.

Bolívar, completamente enfermo de cuerpo y de espíritu, dejó el poder y se retiró a la vida privada.

En mayo de 1830 don Ramón Miño, procurador general de la ciudad de Quito, ante la situación de crisis que pasaba la Gran Colombia sin Bolívar en el mando, convocó a una asamblea en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, la misma que se realizó el 13 de ese mes con asistencia de los elementos representativos y aún del clero. El principal argumento para la separación fue la de “salvarse de los horrores de la anarquía y organizar el gobierno más análogo a sus costumbres, circunstancias y necesidades”.

La declaración suscrita constaba de siete puntos, y en el 1° decía: Que en ejercicio de su soberanía se pronuncia por constituir un estado libre e independiente, con los pueblos comprendidos en el Distrito del Sur y los más que quieran incorporarse, mediante las relaciones de naturaleza y de recíproca convivencia”.

En el punto 2° encargaban en forma transitoria del mando político y militar al general Juan José Flores, que era el hombre (venezolano de nacimiento) que dominaba toda la escena en la región. En los puntos siguientes se daba potestad a Flores para nombrar funcionarios, se disponía que en el término no mayor de 15 días se convocase a un Congreso Constituyente y se reconocían los eminentes servicios que a la causa de la libertad había prestado Bolívar.

Después se dio un reglamento electoral, y se fijó a la ciudad de Riobamba para la sede del primer Congreso Constituyente a reunirse el 14 de agosto, formado por 21 representantes, correspondiendo a 7 por cada una de las provincias de Quito, Azuay y Guayaquil que constituían los tres estados de la nueva república.

Es decir que por propia voluntad del pueblo ecuatoriano, solo esos tres estados y ningún otro territorio, constituían la naciente nación.

En Riobamba se dio la primera constitución de la República del Ecuador y en su artículo N° 1 decía: “Los departamentos de Azuay, Guayas y Quito quedan reunidos entre si formando un solo cuerpo independiente con el nombre de Estado del Ecuador”.

Luego se tenía:

Artículo 2°.- El territorio del estado comprende los tres departamentos del Ecuador en los límites del antiguo reino de Quito.

Es decir que los convencionales ecuatorianos de 1830 por reacción posiblemente contraria a todo lo español, no se refirieron a los límites ni de la Audiencia de Quito, ni a los del Virreinato de Nueva Granada; sino a los antiquísimos e imprecisos límites del Reino de los Sciris, que por el sur no llegaban hasta Tumbes, pues ellos al igual que los Tallanes de Piura primero fueron sometidos por los Chimús y más tarde por los Incas y jamás fueron vasallos de los reyes de Quito. Tampoco comprendían los territorios de la selva Amazónica ni siquiera en los territorios que pretendía  el Ecuador por cuanto los reyes de Quito no atravesaron la cordillera y fueron los Incas los que sometieron a los Moyobambas y  a los Chachapoyas.

Siempre se han lamentado los ecuatorianos de estos dos artículos de su primera constitución pero es ese el documento que significó su partida de nacimiento como nación independiente.

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EL COLEGIO DEL CARMEN REINICIA SU FUNCIONAMIENTO

 

Ya hemos visto como en 1783 el obispo de Trujillo Baltazar Jaime Martínez  Compañón, fundó en Piura el Seminario del Salvador en el Convento del Carmen el que con el correr del tiempo se llamó Colegio del Carmen.

El colegio tuvo vida muy accidentada y en 1821 lo hemos visto convertido en cuartel de las tropas que obedecían a Casariego, y que luego fueron ganadas a la causa de la libertad.

En mayo de 1827, Santa Cruz que apreciaba a los piuranos, dispuso la reapertura del colegio y meses mas tarde cuando La Mar llegó al poder, le asignó las rentas del Convento de la Merced que había sido suprimido. Todo esto ya lo hemos relatado.

Pero el conflicto entre La Mar y Bolívar, que convirtió a la región en un gran campamento militar, hizo nuevamente del colegio, lo que siempre antes había sido es decir un cuartel.

Cuando Gamarra estuvo en Piura, los vecinos le pidieron la reapertura del colegio y cuando en 1829 el congreso reinició sus sesiones, el diputado Juan Antonio Távara hace valer sus influencias y se da una ley, que dispone la “erección” del colegio, que ya había estado funcionando. Pero el cúmplase demoró más de año y medio, es decir que se promulgó recién el 7 de setiembre de 1831.

La ley en mención es la siguiente:

Ley del Congreso.

El ciudadano Andrés Reyes, Presidente del Senado,

 encargado del Poder Ejecutivo de la República.

Por cuanto,

El Congreso ha dado la Ley siguiente,

Considerando:

1.- Que en la ciudad de Piura existe una casa con el Título

 de Colegio del Carmen, para cuyo fin se construyó mas,

 ha 40 años.

2.- Que el Consejo de Gobierno ordenó su planificación, asignándole las rentas del extinguido Convento de la Merced en dicha ciudad, las de la capilla del mismo Colegio y las capellanías de que es patrono su Municipalidad.

Ha dado la Ley siguiente:

Artículo Único.- Se aprueba en su totalidad la erección del Colegio del Carmen de Piura ordenada por el Consejo de Gobierno, aplicándole las rentas de los conventos supresos de la provincia.

Comuníquese al Poder Ejecutivo para que disponga lo necesario a su cumplimiento mandándolo a imprimir, publicar y circular.- Lima, Diciembre 20 de 1829.- Nicolás Araníbar Vicepresidente del Senado.- Juan Antonio Távara, Presidente de la Cámara de Diputados.- José Freyre Senador Secretario.- Pedro Astete, Diputado Secretario.

Por lo tanto mando se imprima, publique y circule y se le de el debido cumplimiento. Dado en la Casa de Gobierno de Lima a 7 de Setiembre de 1831.- Andrés Reyes por orden de Su Excelencia.- Matías León.

 

El presidente de entonces era el general Gamarra. Al iniciarse el año 1830, era capellán de la iglesia del Carmen el presbítero don Manuel Norberto Reyes, que fue un experto en gramática latina.

El 3 de febrero del año 1830, el vice-presidente general Gutiérrez de la Fuente, encargado de la presidencia, nombró a Reyes maestro de latinidad, por cuyo motivo resolvió abrir aula pública, lo cual comunicó al cabildo y a sub-prefectura que con gran suceso lo hizo saber al vecindario por medio de bando.

El local donde debía de funcionar el colegio de latinidad, era el Carmen, pero en ese momento seguía ocupado por las tropas. Por tal motivo el presbítero Reyes resolvió tomar la casa ubicada frente a la iglesia, para usarla como colegio.

La ciudad de Piura contaba por entonces con varias escuelas primarias o de primeras letras que eran sostenidas por la municipalidad, por cuyo motivo, ésta dispuso una visita de inspección que se realizó el 29 de marzo de 1830, habiendo conformado la comisión, José Garrido, Pablo Seminario, Manuel Palomino y el secretario del cabildo Manuel Revolledo.

Por aquel entonces fue nombrado profesor de la Escuela Lancasteriana don Manuel José Vega, pero el cabildo se negó a pagarle el sueldo. Alegando no disponer de fondos.

Meses más tarde, don Manuel Norberto Reyes que había sido elegido diputado, tuvo que dejar el colegio del Carmen en manos de otro religioso.

En 1830 y antes, había en el Perú varios conventos en casi  estado de abandono, pues  muy pocos religiosos habitaban  en ellos. El gobierno dispuso que el hospicio, convento e iglesia que los mercedarios tenían en Paita, y que la iglesia y convento que tenían en la ciudad de Piura, pasaran a poder del Estado, con todas sus rentas y capellanías.

En el caso de Piura, tales rentas fueron a formar parte de los ingresos destinados al sostenimiento del Colegio del Carmen.

Pero los mercedarios, como veremos después, no se resignaron a entregar pacíficamente sus pertenencias y fray León Fajardo que estaba a cargo del convento de Piura lo cerró y resistió la orden.

En Trujillo estaba de prefecto el coronel Pablo Diéguez, emparentado con los Diéguez de la Florencia residentes en Piura y que habían tenido destacada actuación en la proclamación de la independencia de Piura. Este prefecto, logró que el gobierno destinase el antiguo convento de la Merced para cuartel y así continuó hasta el pasado siglo y en la década del 40 todavía era llamado el cuartel de la Merced en donde se alojaba, un grupo de artillería. Todo ese terreno pasó mas tarde a servir de base para construir el palacio arzobispal.

Para suceder a Reyes, se designó al cura de Olmos José Domingo Arméstar, pero estando José de Lama ocasionalmente en Trujillo a donde iba en frecuentes viajes de negocios, conversó, del problema del colegio con el prefecto Diéguez, perteneciente a una familia a la que conocía, y se comprometió ante él aceptar la dirección del colegio. Fue así como en setiembre de 1831 lo propuso para el cargo ante el ministro de educación y dado que era persona muy conocida e influyente, Lama de inmediato fue nombrado, al mismo tiempo que también se dotaba al colegio de un vice-director en la persona de don Francisco García Carrasco.

Era éste, hijo de don Nazario García Coronel y de doña Isidora Carrasco y Merino que con don José de Lama, habían sido los primeros alcaldes de Piura independiente.

Francisco García Carrasco, fue padre de los coroneles Francisco e Ignacio García León, personas que gravitaron mucho en la vida política de Piura y tuvieron destacada participación en el conflicto contra Chile.

Don José Lama, se abocó a reparar y reconstruir el local del colegio que las tropas habían malogrado y demandó como veremos mas tarde, que el municipio entregase, todo lo que había percibido por rentas que pertenecían al colegio.

Pero Lama solo pudo estar 14 meses al frente del colegio pues era un hombre muy ocupado y su tiempo lo embargaban los negocios de alto nivel, como lo vamos a ver en breve. Fue pues por tal motivo que en diciembre de 1832 estaba renunciando y dejando el cargo al sub-director Francisco García Carrasco.

El año 1833 el colegio es dirigido por su sub-director y por el cura Arméstar, hasta que en 1834 la dirección es asumida por don Pedro Vargas Machuca, en cuyo tiempo el colegio toma el nombre de San Miguel, se inaugura con gran solemnidad el 30 de agosto de 1835 e inicia sus clases el 3 de setiembre del mismo año.

El padre Arméstar era un hombre muy culto y de buenas familias. Había nacido en Piura el 4 de agosto de 1790 siendo su padre el alférez real Miguel Arméstar y su madre doña Mercedes Espinoza de las Montero. Salió del Seminario de Trujillo en 1817 y sirvió en parroquias de Lambayeque hasta 1832 en que estuvo de párroco de Huancabamba. Fue diputado por Piura en 1849-1853. En 1851 volvió a ser director del colegio San Miguel. Luego chantre de la Escuela Diocesana de Trujillo, posteriormente rector del Seminario de San Carlos y San Marcelo y de la Universidad de Trujillo, y en 1875 obispo de Trujillo, muriendo en 1881. Fue doctor en teología.

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LOS MERCEDARIOS ENTREGAN IGLESIAS DE PAITA Y DE PIURA

El 28 de marzo de 1821, Fray Martín de Robira, tenía a su cargo la iglesia y hospicio de la Merced de Paita. Fue uno de los sacerdotes que acatando la orden de Torre Tagle, hizo el juramento de fidelidad a la patria. En 1830 seguía el religioso en el mismo cargo. Fue entonces que el gobierno dispuso que el templo y el hospicio pasaran a poder del Estado, para lo cual se coordinó con el obispo de Trujillo y con el prefecto del mismo lugar, coronel Diéguez.

La recepción de ambos inmuebles debía de hacerse por intermedio del cura de Paita y Colán presbítero Dr. José María Arrunátegui.

Las cosas no pudieron llevarse a cabo en las fechas previstas por haber surgido problemas y resistencias, lo cual motivó una queja del prefecto del departamento de Trujillo, ante el propio obispo, como ante el ministro de gobierno y de relaciones exteriores y culto, el que se comunicó nuevamente con el obispo, que se vio precisado a impartir órdenes terminantes al vicario de Piura.

El 26 de marzo de 1830 se efectuó la entrega oficial de la iglesia de la Merced de Paita y del hospicio, pero parece que eso no gusto a muchos feligreses, pues el domingo 28 de marzo, tras de la misa que celebró en la iglesia de la Merced, por el párroco de Sechura que estaba de visita, se produjo un verdadero motín de parte de los feligreses indios, que en forma tumultuosa y profiriendo gritos se dirigieron a la sacristía.

Tuvieron que pasar varios días y actuar las autoridades con mucha cordura para que al final, los ánimos se aquietasen.

No pasó mucho tiempo para que se dispusiera una entrega similar con la iglesia y convento de la Merced de Piura, a cuyo frente estaba Fray León Fajardo.

Se le había ordenado a éste que las rentas del convento fueran destinadas al funcionamiento de un colegio cuyo director sería el presbítero don José Domingo Alméstar, cura de Huancabamba.

Fray León Fajardo resistió la orden, lo cual obligó a nueva intervención del ministro, del prefecto y del obispo.

De acuerdo a las disposiciones terminantes que se dieron; el colegio debía de sostenerse con las rentas del convento de la Merced de Piura, y la iglesia de ese nombre, sería entregada con las formalidades del caso, al cura de la matriz.

Se ordenaba así mismo que Fray León Fajardo se constituyera a Trujillo en el término de ocho días para recogerse en su convento (hoy corte superior de Trujillo) para terminar de estar haciendo oposición y creando problemas. Como alternativa podía ir a Chachapoyas.

Se disponía que el rector se hiciera cargo a la brevedad del colegio y se le asignaban rentas fiscales bajo la forma de una pensión a la iglesia de la Merced.

El 22 de setiembre de 1833, el vicario de Piura, y ex diputado Dr. José Santos Vargas Machuca, se hizo cargo de la iglesia y del convento.

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JOSÉ LAMA LOGRA APROPIARSE DE LA HACIENDA MÁNCORA

 

En 1831, el convento hospital de Belén era propietario de varias haciendas entre las que se encontraban las de Máncora, Pariñas y Huápalas.

La hacienda Huápalas se encontraba arrendada al ex-alcalde don Vicente León que se había atrasado en el pago de la merced conductiva, por cuyo motivo el convento por intermedio del representante del mismo Fray Benito  del Carmen demandó el pago por vía judicial, lo que se logró, quedando depositadas esas sumas en el fondo de común cuyo tesorero era don Valentín Guerrero.

En agosto de 1831, el cabildo recibió una comunicación sin firma fechada en Lima pero claramente procedente de Trujillo, en la que se alertaba a los cabildantes de la venta que pretendía hacer el gobierno, de la hacienda de Máncora. No obstante el carácter anónimo de la denuncia los regidores decidieron solicitar al diputado don Juan Antonio Távara Andrade, para que se opusiera a tal venta, para cuyo efecto se le envió la comunicación recibida.

Don Juan Benito de las Heras, en testamento otorgado el 3 de enero de 1705 ante el escribano público don Antonio Rodríguez de las Varillas, legó al convento hospital Santa Ana regentado por la congregación Betlehemitas, sus haciendas de Máncora y de Pariñas.

Doña María Ramírez de Arellano, esposa de don Benito, aceptó en todo la voluntad de éste.

La hacienda Máncora era un enorme fundo que por el norte limitaba con los llamados corrales de Tumbes y la hacienda Plateros, en el valle del río Tumbes, lo mismo que con Cazaderos y Sapallal en la frontera con Ecuador, siguiendo la línea demarcatoria por el este, hasta Jaguay Negro, Pazul y Tangarará y por el sur con la quebrada de Pariñas, abarcando 360 leguas cuadradas o su equivalente de 10,800 km2., es decir, más del doble de la actual provincia de Sullana. A partir de la quebrada de Pariñas y hasta del valle del Chira, se extendía la hacienda Pariñas.

El 13 de diciembre de 1815, logra don José de Lama por un contrato enfitéutico de 150 años de duración, el dominio útil del fundo Máncora; pero al otorgar la fianza y recibo de inventario, Lama con mucha astucia, incluyó también los bienes y capitales del fundo Pariñas. El contrato como se puede apreciar se debió de referir solo a la explotación del suelo.

Por otra parte, el 22 de setiembre de 1826, el gobierno vendió a don Juan Antonio de Quintana una mina de brea ubicada en Amotape. Decía el decreto de adjudicación: “Visto, se adjudica a don Juan Antonio de Quintana la mina de Brea, cita en cerro Prieto, en el departamento de La Libertad”. Se agregaba que la mina era conocida como de Amotape y pertenecía al estado. De esta forma el estado pagó a Quintana la deuda que le tenía.

El que la palabra brea se hubiera puesto con B mayúscula, sirvió mas tarde, para que el nuevo adquiriente de la mina (por venta de Quintana a José Lama) poniendo una vez mas en acción su astucia, se convirtiera en propietario del subsuelo no de una mina cuya área no era mayor de tres hectáreas, sino de lo que se dio en denominar hacienda La Brea.

En base a las conexiones y amistad que Lama logró conquistar durante la estadía de tanto militar en Piura y sobre todo con Gamarra, pudo llevar adelante sus planes de convertirse en propietario de una extensión de terreno que se encontraba ubicado entre el río Tumbes por el norte y el chira por el sur. Los cerros de Amotape por el este y el mar por el oeste.

La alerta que daba el anónimo al cabildo tenía amplio fundamento.

Agustín Gamarra, dispuso mediante decreto que se entregara a José Lama Sedamanos el dominio directo del fundo de Máncora por 43,926 pesos, lo que motivó una vehemente protesta de parte de los religiosos del hospital de Belén, sin que se pudiera hacer nada contra tamaño atropello. El estado, a manera de compensación reconoció a la beneficencia el pago a perpetuidad de 2,070 pesos anuales que estuvo pagando hasta hace unos veinte años. Junto con el fundo Máncora, Lama logró que de “yapa” se le diera también el fundo Pariñas, maniobra que había preparado desde 1815.

Toda esta adquisición fue irregular y dolosa. El gobierno no tenía derecho alguno para disponer como lo hizo de los bienes particulares, pero el atropello en base al autoritarismo de Gamarra se llevó a cabo de todos modos.

Lama, era un hombre muy despierto y sus actividades habían sido múltiples. Se había dedicado a la industria del jabón y de otros pues era propietario del famoso caserón de La Tina, en donde López Albújar ubica su drama Matalaché. También se había enriquecido con el arrieraje, pues hasta logro sacar el contrato de proporcionar mulas para que el ejército de La Mar pudiera trasladar todo su equipo de campaña. Logró conocer a muchos oficiales que luego serían presidentes de la república y hasta llegó a ser director del Colegio del Carmen en 1831.( después se llamó San Miguel).  Los 43,926 pesos que pagó por Máncora eran sin duda una suma fabulosa, pero más fabulosa fue la adquisición de tierras que hizo, pues casi lo convirtió en un señor feudal. El extenso feudo del que se tornó propietario comprendía la mayor parte del actual departamento de Tumbes, toda la provincia de Talara y parte de las provincias de Paita y Sullana. ¡No era poca cosa! Esas tierras fueron siempre motivo de conflictos y posteriormente dio nacimiento al famoso problema de la Brea y Pariñas, que comprometió la soberanía nacional y que tanto gravitó en los destinos del país.

La cuestión de la Brea y Pariñas, en realidad se generó desde 1815 cuando Lama adquiere el dominio temporal de esas extensas áreas de tierras, actuando en forma maliciosa y con ventaja. El 23 de octubre de 1830 el ministro de hacienda reclamaba a Lama 7,000 pesos que aún debía.

Lama había pretendido ser diputado por Piura en el Primer Congreso Constituyente, pero el pueblo no lo eligió. Ni de diputado suplente pudo salir, lo cual muestra que no era muy querido en el vecindario.

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“EL PADRE DE LOS POBRES”

 

En diciembre de 1830, durante el primer gobierno de Gamarra, don José  Lama había logrado que mediante, Decreto supremo, se le  adjudicaran las propiedades  de las haciendas Pariñas y Máncora, que era propiedad del Hospital de Belén.

La transacción fue por 43.926 pesos, pero como la Beneficencia reclamó, se le acordó una renta perpetua  de 2.700 pesos anuales.

 

El Dr. Héctor Lama Lama, uno de los descendientes, nos manifestó en 1988, que su antepasado se comprometió  a entregar semanalmente un “camarico” al hospital de Belén,  y que don José cumplió con ese ofrecimiento por intermedio  de su mayordomo Pedro Sandoval  que en realidad era un hijo natural suyo al que puso el apellido de la madre.

 

Sandoval murió en Sullana, el 29 de Agosto de 1894 y sus restos reposan en una tumba, hecha de un túmulo de adobes, a la entrada del cementerio de dicha localidad.

Contaba el Dr. Lama que a don José, las monjitas de Belén le pusieron el halagador  sobre nombre de “El Padre de los Pobres”, por eso del camarico, cuando se olvidó con el tiempo las razones que habían impulsado a proporcionar esa dádiva.

Hay sin embargo un documento, de acuerdo al cual, el precio pactado por la hacienda Máncora, no fe por 43.926 pesos, sino simplemente 20.000. Ese documento es el siguiente:

 

 Casa de Gobierno de Lima a 23 de Octubre de 1830

Señor Ministro de Estado en el despacho de Guerra..

Señor Ministro.

 

Con esta fecha digo al señor prefecto del Departamento de La Libertad, lo que sigue:

“ Señor Prefecto.- Habiendo  puesto a disposición del Gobierno, don Juan José Vega Bazán , a nombre de don José de Lama, una letra de trece mil pesos, girada contra don Juan Távara del comercio de esta ciudad, cuyo pago ha sido aceptado por éste, cuatro mil pesos  a los 15 días de la fecha y el resto en fin  del entrante  noviembre, en reintegro a los veinte mil  que debe entregar por el valor del  directo de la Hacienda Máncora, y cuya cantidad se previno a V.S en orden del 8 del corriente, dispusiese su cobro a la mayor brevedad, se ha dispuesto por Decreto de este día, que la referida orden del 8, solo se entienda por los  siete mil pesos restantes

Tengo el honor de transcribir a V.S. para su conocimiento y demás efectos

Dios guarde a Ud.

José Maria de Pando

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LEPROSOS EN PIURA

 

En 1830 hubo en la ciudad de Piura gran alarma ante el rumor de que procedentes del Ecuador había varios leprosos. En agosto se ocupó del asunto el Concejo, y se sacó en claro que desde 1824 con la marejada de la llegada de soldados colombianos, venían también enfermos del terrible mal. En esos momentos, es decir en agosto de 1830 se podía precisar que había tres conocidos leprosos en Piura. Uno se encontraba en el hospital de Belén, otro escondido y el tercero era un ecuatoriano Vicente Galecio, que practicaba el intercambio comercial y que ya en 1824 había sido expulsado. El alcalde hizo conocer que por intermedio del síndico procurador había comunicado a Galecio que aún estaba vigente la orden de expulsión, pero que el aludido se había negado acatarla y más bien había lanzado improperios contra la autoridad municipal. El cabildo decidió respaldar al alcalde y darle facilidades para que hiciera cumplir el acuerdo de expulsión.

Posteriormente, el regidor José Miguel Arellano salió en defensa de Galecio, asegurando que éste tenía certificados de médicos del ejército peruano, en los que aseguraba que no padecía lepra.

El alcalde interino Manuel Silva, aseguró que los certificados habían sido dados a favor por el cirujano del ejército Norberto Vega, en base a una piedad mal entendida y a pedido del teniente administrador de la aduana don José María Ramos, en cuya casa se hizo el reconocimiento. Aseguraba el alcalde que el mismo cirujano Vega había revelado a Ramos que Galecio estaba completamente leproso y elefantiásico.

En base a lo cual el cabildo llevó adelante el acuerdo de expulsión.

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DISCREPANCIAS DEL CABILDO CON EL SUBPREFECTO

 

En el siglo pasado, la forma oficial de informar al pueblo sobre ordenanzas o disposiciones dadas por el cabildo o por el gobierno, eran los bandos y pregones.

El pago del pregonero y demás gastos corría por cuenta del cabildo. Parece que la autoridad política de la época que lo era el sub-prefecto, enviaba muchos textos de disposiciones para ser pregonados, lo cual cansó al cabildo, acordándose enviar al subprefecto una comunicación en la que se le advertía que dada la falencia de la caja municipal, ya en adelante no haría pregonar sus bandos.

El subprefecto contestó en forma bastante descortés diciendo que era ridículo que el cabildo perdiera su tiempo en cosas tan pequeñas, mas aún cuando el gasto del pregonero llegaba a la suma despreciable de dos reales, recordándole al municipio que por ley debía de correr de su cuenta en hacer efectivos los pregones.

Esto como era natural ofendió a los regidores, los cuales analizaron la cuestión y llegaron a la conclusión de que si bien lo pagado por cada bando era poco, en cambio eran tantos, que se convertía en suma no desdeñable y que por otra parte el cabildo no tenía facultades para disponer de un solo maravedí de sus fondos de los que tenía que responder ante la junta departamental.

En la respuesta que se dio al subprefecto, firmaron todos los regidores presentes.

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EL COLEGIO DEL CARMEN RECLAMA AL MUNICIPIO

En diciembre de 1831, siendo director del colegio El Carmen don José Lama, se dirigió oficialmente al cabildo para manifestarle que en los archivos del colegio no existía copia del margesí de bienes, en lo referente a las capellanías que constituían rentas del colegio, que el cabildo administraba.

Aseguraba Lama, que desde 1814 hasta la fecha debían existir acumulados 60,000 pesos, pues en el citado año se le entregaron al municipio fuertes sumas y los archivos; al secretario de entonces don José María León y que de ello debería responder el secretario que estaba en funciones en 1831 o sea Manuel Revolledo. También advertía que presentaría queja ante el supremo gobierno del poco interés que el cabildo había mostrado por la formación del colegio, pues se había desatendido siempre de las indicaciones que con anterioridad le habían sido formuladas al honorable cuerpo edil.

En esta oportunidad, el cabildo no reaccionó ante las quejas y amenazas como lo había hecho con el subprefecto. Posiblemente sabiendo el valimiento que tenía Lama ante Gamarra. Más bien se investigaron los cargos y se sacó en claro, el secretario José María León entregó el puesto en 1816 a don Antonio del Solar, sin que se pudiera asegurar si lo transfirió todo el archivo o solo parte. Aseguró también Revolledo de que todo el archivo quedó en los armarios de la antigua sala municipal la misma que fue ocupada por el ejército durante el conflicto con Colombia, y que cuando la tropa desocupó el local encontró el armario deschapado y toda la documentación falta y en desorden. Que por lo tanto no podía responsabilizarse de los documentos que faltaban y a los que alude el director Lama.

Lo cierto es que Revolledo no sabía decir si los documentos del margesí de bienes referentes, a las capellanías estaban o no en el armario al momento de la llegada de los soldados, pero encontró el cómodo expediente de decir que todo había desaparecido con la ocupación y ese argumento fue aceptado por el cabildo. En cuanto a la falta de interés, se recordó de que el cabildo había nombrado una comisión para planificar y organizar el colegio cuando partió su anterior director Norberto Reyes a Lima, y que el documento presentado fue enviado a la subprefectura, ignorándose el destino dado.

Desde 1749 se había querido fundar un colegio en Piura en base a un legado de don Angel Diez Arias, el cual dejó como albaceas a dos religiosos, uno de los cuales se ausentó a Panamá y el otro se olvidó del encargo.

En 1763 los jesuitas de Quito enviaron a Piura al padre Manuel Talledo, con la finalidad de que se conectara con personas notables para intentar fundar un colegio en Piura, y entonces llegó a su conocimiento lo del legado, por cuyo motivo el jesuita Talledo reclamó ante el Vicario General de Piura, para que el presbítero Cárcamo que aún vivía rindiera cuenta de su albaceazgo, pues no se tenía conocimiento de eso.

No se conoce el resultado de ese reclamo que al transcurrir su primer año aún andaba a fojas cero.

En 1783, siendo corregidor de Piura don José Vicente de Zavala, visitó estas tierras el obispo de Trujillo don Baltazar Jaime Martínez  Compañón y Bujanda, y al igual que en otros lugares se preocupó grandemente por dar a Piura un seminario. Para tal fin y deseando que la creación del mismo fuera obra de todos sin distinción de clases sociales, se convocó de orden del corregidor a un cabildo abierto, al cual se invitó a todo Piura. Era la primera vez que sucedía tal cosa, pues al mismo no sólo podían asistir hasta la masa del pueblo, sino también los esclavos. Se trató por lo tanto de una reunión auténticamente popular.

En la asamblea se acordó la fundación del Seminario del Salvador en tierras de la iglesia y convento del Carmen que ocupaba una extensa área entre las calles Nal (después Real y Libertad) y la calle El Playón (mas tarde Arequipa). Como por otra parte no se había terminado con la idea de la fundación del colegio del Carmen, la congregación puso a disposición del obispo una parte de su convento. De esa forma el comité presidido por don Joaquín de Adrianzén y Palacios pudo cumplir con su cometido.

En 1797 ya existían el seminario o Colegio del Salvador o del Carmen, conforme se lo denominaba indistintamente, pues eso queda comprobado con el diferendo que se presentó entre la autoridad eclesiástica y el cabildo, por la ocupación de una pieza del colegio para sala capitular provisional.

Los documentos en referencia que obran en el Archivo Departamental de Piura, son:

“Vista Fiscal. Señor Previsor y Vicario Capitular.- El Promotor Fiscal, Defensor General de Obras Pías de este Obispado; respondiendo al traslado que se ha dado de las diligencias remitidas por el Vicario de la Provincia de Piura, sobre la determinación tomada por el Ayuntamiento de dicha ciudad de destinar, para Sala Capitular una de las piezas de la Casa del Salvador; dice:

Que la Resolución tomada por aquel Ayuntamiento aunque calificada su necesidad, y la de no tener otro lugar acomodado para socorrerla, no tiene inconveniente para que se le provea de la expresada pieza, especialmente si no tiene uso relativo al servicio y culto de la Iglesia, pero que habiéndose procedido por dicho ayuntamiento a mandar de plano se desembarace la pieza que ocupa el Ministro reputado al servicio de la Iglesia del Carmen, siendo dicho Colegio y toda su fábrica bienes eclesiásticos y sujeta su enajenación precaria o perpetua a los jueces de la Iglesia; es manifiesto que ha atentando el dicho Ayuntamiento y comprendido su exceso en las penas o canónicas establecidas en el Capítulo 16 Libro 2° de las Decretales, que prohíbe el que los Jueces Legos, tomen mano en los bienes y personas de los clérigos; y mucho mas sin haber de antemano pedido como era debido; licencia US, pues aún con el consentimiento y permiso del Vicario, dado de haberlo prestado, no sería bastante sin aprobación de US como Juez Superior en esta Diócesis, y porque la tolerancia y disimulo de iguales sucesos, resulta al que se autorice por los legos la violación del fuero, amenazando por otra parte el perjuicio que se sigue al Colegio, según indica el Vicario, con la estudiosa resolución de aquel Ayuntamiento, podrá VS mandar que el Vicario, con las conminaciones necesarias, resista al allanar y el entregar la pieza; que en aquel Colegio por su arbitrio y voluntad, sin acuerdo y licencia de este Juzgado, ha resuelto tomar aquel Ayuntamiento, y el que califica su necesidad, debe ocurrir a el a solicitarla, y en cuyo tiempo con las seguridades necesarias se tomará la resolución conveniente. Usía sobre todo, determinará lo que le pareciera más justo. Trujillo Setiembre dieciséis del noventa y siete. Doctor Espinoza.

Auto: Trujillo, setiembre veintiséis de mil setecientos noventa y siete visto este expediente y respuesta del Promotor Fiscal que antecede, Emítase copia de ella y de este Decreto al Vicario de la Provincia de Piura, para que de ningún modo consienta, ni permita la ocupación de la pieza que el ilustre Cabildo Secular de aquella ciudad quiera, a la casa contigua de la Capilla del Carmen, y destinada al Colegio del Salvador, hasta que por este Juzgado, otra cosa se ordene, y que a efecto del que dicho Cabildo use en él, y represente cuales quiera derecho, que lo asista, le pase oficio con dicha copia. Doctor Gamboa. José Luis de la Vega Bazán.”

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