Capítulo IX

 

 

C A P I T U L O      IX

 

 

LAS PRETENSIONES ECUATORIANAS

 

 

 

-         Se exceptúa a varios distritos del tributo

-         El coronel Angulo es fusilado en Paita

-         La muerte de Gamarra

-         Contribución piurana

-         Hercelles invade Piura

-         Ecuador pretende Tumbes, Jaén y Mainas

-         Ecuador da ultimátum

-         La anarquía

-         La escuadra se subleva en Paita

-         Rebelión de Hercelles

-         Golpe militar de Vivanco

-         Primer proyecto ferroviario

-         Romualdo Rodríguez conspira

-         Derrota de Vivanco

-         Interinato de Figuerola

-         La lealtad de Noel

-         Los restos de La Mar llegan a Piura

-         Trasladan restos de La Mar a Lima

 

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SE EXCEPTÚA A VARIOS DISTRITOS DE UN TRIBUTO

 

     Una contribución que debían de pagar los pueblos en el segundo semestre de 1840 que se denominaba Semestre  de Navidad, no se hizo efectivo en la mayoría de los distritos de la provincia litoral de Piura gracias a un decreto supremo de Gamarra. El documento sirve para probar que los pueblos mencionados, ya tenían categoría de distritos. El decreto aludido es:

 

“El ciudadano Agustín Gamarra.

 

Gran Mariscal Restaurador del Perú, Presidente de la República.

Para que tenga efecto la excepción de contribuir por el Semestre de Navidad próximo a los  

 pueblos de la provincia de Piura, que según lo resuelto el 24 de junio último deben

disfrutar de esta gracia:

 

DECRETO:

1° Son exceptuadas del pago de la contribución por el Semestre de Navidad del presente

   año, los distritos siguientes de la provincia litoral de Piura: Sechura, Catacaos, Piura,

Tambogrande, Salitral, Colán, Amotape,  La Huaca,  Sullana, Querecotillo y Huarmaca.

2° El gobernador  de  la  provincia  mandará que este decreto se fije en las puertas de las

iglesias, para noticias de todos y además expedirá las órdenes convenientes para que los

distritos  no  exceptuados  paguen  la  contribución con  la  puntualidad  y  la  exactitud

correspondiente  y  para que a  la  sombra  de la  gracia concedida  por  el  gobierno a los

distritos a que  se  contrae  el  artículo anterior, no se cometan fraudes en perjuicio de los

intereses del erario.

El Ministro de Estado en el despacho de Hacienda, dispondrá el cumplimiento de este

decreto y lo mandará a registrar y publicar.

Dado en la casa del Supremo Gobierno, en Lima a 8 de Octubre de 1840.

Agustín Gamarra – Ramón Castilla.”

 

La sequía se había prolongado en el departamento por varios años y había llevado a la ruina a los agricultores. Los campesinos emigraban al sur o al Ecuador y el ganado moría de sed.

En esos  cuatro años, hasta el mismo río Chira tenía en verano muy poco caudal. El Piura, el río  no llegaba a bajar y las poblaciones no tenían agua ni para las necesidades más apremiantes. Los pobladores cavaban pozos en el cauce.

Fue por tal razón, que en vista de la penuria general, el gobierno procedió a exonerar el pago de determinados tributos.

Fatalmente para los piuranos la situación se iba a prolongar por otros cuatro años más y así lo consigna don Víctor Eguiguren, en su estudio de las lluvias en el departamento, señala que del año 1833 hasta 1843 fueron años secos con la sola interrupción del año 1837.

Como era natural, la sequía produjo una situación acentuada de hambruna entre la población campesina. No había duda que los Cuatro Jinetes del Apocalipsis cabalgaban sobre Piura asolada por la guerra, la sequía, el hambre y también la peste que hizo su aparición.

Desde el 21 de junio de 1825 existían también por decreto supremo de Bolívar los distritos de Tumbes, Paita, Chalaco, Frías y Huancabamba.

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ANGULO INVADE PIURA Y ES FUSILADO

 

En 1840 el coronel Baltazar Caravedo es nombrado gobernador de Piura y el coronel Ildefonso Coloma pasó a servir a Lima. Eso sucedía casi al expirar el año. No había duda que Gamarra lo apreciaba mucho a Coloma y deseaba encomendarle misiones militarmente más importantes a su lado. Lo encargó de la comandancia militar del Callao.

Mientras tanto, Santa Cruz seguía intrigado al otro lado de la frontera, tanto contra el gobierno peruano, como contra él que presidía el general Velasco en Bolivia. Supo del levantamiento de Vivanco en Arequipa y pretendió aprovechar la oportunidad. Fue así como se le informó de la victoria que Vivanco había logrado sobre Castilla en Cochamarca el 25 de marzo de 1841 y consideró erróneamente que la derrotada era la principal fuerza del gobierno, decidiéndose actuar.

En Guayaquil y en el sur del Ecuador había una numerosa colonia de peruanos y no le fue difícil enganchar gente para una aventura militar. Parece que les pintó las cosas más fáciles de lo que normalmente podría suponerse, en base a que al llegar los revolucionarios a Piura, serían muchos los piuranos que se le plegarían por tener en la provincia muchos amigos.

Con la ayuda de las autoridades de Guayaquil, partió el coronel. Angulo por mar y llegó a la pequeña caleta de Talara el 7 de mayo de 1841 con 200 hombres. Rápidamente cubrieron la distancia que los separaba de Piura que tomó sin mayor resistencia por no contar con fuerzas suficientes.

En Lima se supo prontamente la noticia y de inmediato se remitió una fuerza a cuyo frente se puso el coronel Caravedo.

Los leales marcharon desde Paita pero Angulo puso una tenaz resistencia, luchándose en las calles de la ciudad siendo cercados en la plaza de armas los revoltosos, que hicieron su última resistencia en el atrio de la iglesia. Era el 28 de mayo de 1841. Angulo fue capturado y con 13 de los suyos fusilados en Paita el 2 de junio del mismo año según otra versión, tanto Angulo como los coroneles Guevara y Crespo, fueron fusilados en la plaza de armas de Piura.

Guevara era un antiguo montonero, que en esta oportunidad había formado una guerrilla en Amotape y recibido la misión de terminar con el gobernador Caravedo.

En las investigaciones que posteriormente se hicieron, surgió la sospecha que don José Lama y su mayordomo habían silenciado el desembarco de parte de las fuerzas de Angulo en Máncora, zona que pertenecía a las extensas tierras de Lama, el que había sido siempre un fervoroso partidario de Santa Cruz.

El año 1841 fue muy agitado para Piura. Al otro lado de la frontera y en condición de desterrado el general Santa Cruz, no desperdiciaba oportunidad para perturbar la provincia con incursiones de gente armada.

Antes que la aventura de Angulo, se produjo la incursión montonera de los hermanos Rojas.

Manuel Rojas incitado por Santa Cruz, armó a medio centenar de hombres en Zapotillo y a mediados de marzo de 1841 cruzó la frontera y avanzó hacia la Solana con intenciones de llegar a Querecotillo y Sullana, para lo cual creía contar con mucha gente que se le iría sumando a medida que avanzaba.

Rojas contaba en sus filas con dos hermanos suyos y otro más actuaba de enlace en Sullana, y demás poblaciones del valle, en donde no solo formaban ambiente favorable para la para la rebelión, sino también pedía contribuciones.

Los Rojas eran sullaneros y tenían contactos hasta Olmos y Motupe.

Seminario Ojeda, al referirse a esta montonera manifiesta que desde Querecotillo salió al encuentro de Manuel Rojas, el teniente Laureano Duarte con un destacamento de soldados encontrando a una facción del rebelde en el lugar denominado Capa de Sombrero en donde Rojas y su grupo se atrincheró en una casa luchando hasta ser muerto, con sus dos hermanos y un negro llamado Manuel Castro. De parte de las tropas del gobierno murió el teniente Laureano Duarte y varios resultaron heridos.

Los soldados solicitaron al gobernador de Querecotillo don Andrés Gallo el urgente envío de refuerzos, pero ya se habían puesto en movimiento un piquete de Húsares de la Frontera, que llegó en momentos en que los soldados estaban aplicando tormento a dos prisioneros a los que salvaron de morir en ese momento. Se trataba de Hilario Agurto y Manuel Miñán.

Manuel Rojas había estado meses antes  en el valle del Chira soliviantando a los campesinos, a los que incitaba a resistir las órdenes de enrolamiento. Ante esa situación el gobernador de Piura coronel Baltazar Caravedo, dispuso su captura vivo o muerto y los hacendados se dieron a la caza del montonero, que se vio precisado a huir al Ecuador. En Sullana, dejó a su hermano Victorino, para que fuera preparando el terreno para la rebelión.

En Ecuador, se conectó Rojas con los desterrados peruanos, sobre todo con Orbegoso y Santa Cruz, el cual para entusiasmarlo lo nombró general, y le proporcionó ayuda para que pudiera recolectar y armar gente.

Los Húsares de la Frontera llevaron a cabo acciones de limpieza de la zona y luego retornaron a Sullana con ocho prisioneros los que fueron en Piura sometidos a Consejo de Guerra. En el curso de las audiencias, se reveló que el gobernador de Sullana Juan José Agurto había mantenido correspondencia con los Rojas y que un vecino Antonio Chamorro y un inglés estaban también comprometidos.

Como defensor de los reos actuó el teniente coronel Higinio Matiz, el que siendo teniente del rey por los años de 1820 complotaba a favor de la cusa de la libertad de Piura.

El consejo de guerra condenó a penas de dos a cuatro años de prisión por los delitos de sedición y contra la tranquilidad pública a José Enríquez, Sebastián Farías, Pedro Pablo Oviedo, José Quevedo, José Vivanco y Martín Miñán.

A la pena de muerte por fusilamiento se condenó a Hilario Agurto y a Manuel Miñán. La dura sentencia se cumplió en la plaza de armas de Piura, ante impresionante masa de público, el día 28 de marzo de 1842 a las 11 de la mañana.

Al inglés Green, a Victoriano Rojas y a Antonio Chamorro, como cómplices se les abrió juicio después.

De esa forma culminaba otro sangriento episodio de esa conmovida época. Cabe preguntarse de los niños Miguel y Enrique Grau, serian espectadores de tan trágicos sucesos.

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LA MUERTE DE GAMARRA

 

Después de controlado el movimiento revolucionario de Vivanco en Arequipa, retornó Gamarra a Lima, el 18 de junio de 1841 informando al congreso que en Bolivia reinaba la más completa anarquía y que varios caudillos militares se habían pronunciado por el retorno de Santa Cruz como presidente de ese país. Eso representaba sin duda un peligro para el Perú y era también (eso lo dijo al congreso) lo que había decidido actuar primero en Bolivia y no contra Ecuador.

El congreso lo autorizó hacer la guerra contra Santa Cruz en Bolivia, según acuerdo del 6 de julio. Entonces Gamarra entregó el mando supremo al Presidente del consejo de Estado Dr. Manuel Menéndez y nombró ministro de guerra y marina a José María Raygada. Como su secretario personal designó al coronel Ildefonso Coloma.

Retornó entonces Gamarra al sur y se entrevistó con el general José Ballivián, que se encontraba en el destierro. Con este jefe boliviano combinó un plan para atacar a los gobernantes de Bolivia. Hasta llegó Ballivián a ofrecer la incorporación de La Paz al Perú.

Los sucesos se produjeron rápidamente. En octubre de 1841 estaba Gamarra y el ejército peruano en Puno y nombraba como prefecto de ese departamento al coronel pìurano Miguel Medina. El 15 de octubre había ingresado Gamarra en La Paz, mientras que por otro lado había penetrado profundamente Ballivián.

Cuando todo esto pasaba, intentó Santa Cruz desembarcar en el puerto boliviano de Cobija, pero la escuadra peruana lo estaba bloqueando, viéndose precisado a regresar a Guayaquil.

Como ya Ballivián controlaba casi todo el país, pues muchos a quienes combatía se le unieron para evitar la invasión peruana y hacerle frente; consideró que ya no necesitaba la ayuda peruana y comunicó a Gamarra que detuviera su penetración en territorio boliviano. Eso molestó al presidente peruano que consideró no era cosa de niños comprometerlo en una empresa de esa magnitud y luego despacharlo. Por tal motivo fue que de todos modos tomó La Paz. Entonces que se rompieron las hostilidades entre Gamarra y Ballivián, los antiguos aliados,  disponiendo este último que se atacara y hostilizara por todos los medios a los peruanos.

Como la situación era insostenible en La Paz, el ejército peruano fue apostado en Viacha.

Los soldados de Ballivián estaban equipados con un nuevo rifle alemán que disparaba al mismo tiempo una bala y un balín. Esto daba a los soldados doble capacidad de fuego de fuego que a los peruanos. El 18 de noviembre de 1841 a las 8 de la mañana los bolivianos atacaron, sobre todo en el lugar que estaba el propio Gamarra. Se asegura que el general San Román que mandaba la caballería entendió mal una indicación y se retiró con sus tropas, lo cual decidió prontamente la acción a favor de los bolivianos. El general Gamarra tenía a su lado al coronel Coloma. El presidente luchó desesperadamente y le mataron varios caballos. Conoció que ya la acción estaba perdida y exclamó “Es preciso morir”. Un tiro lo desmontó y mortalmente herido exhaló su último suspiro en brazos de su fiel ayudante el coronel Coloma. Este, desesperado al ver morir a su jefe se lanzó con rabia a la lucha en forma verdaderamente suicida. Recibió varias cuchilladas y casi examine fue capturado. Lo mismo ocurrió con Castilla que tras de pelear con valentía, cayó prisionero y fue vejado de obra, recibiendo trato indigno. Eso motivó una enemistad irreconciliable entre Castilla y Ballivián.

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LA RESISTENCIA

 

Destruído el ejército peruano en Ingavi, los bolivianos como un torrente ocuparon Puno, Moquegua y Tacna. Se aprestaban a tomar Cuzco y llegar hasta las márgenes del río Apurímac.

Gamarra pudo haber tenido muchos defectos y también muchos de sus actos como político y como militar, pudieron ser sumamente criticables, pero en su heroica muerte se redimió y así lo comprendió el Perú entero, que lleno de consternación se aprestó a vengar a su caudillo y defender el suelo patrio.

El 6 de enero de 1842, el mayor Juan Buendía recuperaba Tarapacá. Las guerrillas amenazaron con cortar la retaguardia a los bolivianos de Arica, que desocuparon el puerto el 19 de febrero y dos días mas tarde hacían lo mismo con Tacna. El repliegue general de los bolivianos había comenzado y los sueños de conquista se esfumaron. Las guerrillas actuaban contra los bolivianos en Puno venciéndolos en acciones aisladas. El general Nieto y el coronel Manuel de Mendiburo reorganizaban fuerzas en Moquegua y Tacna. En una de esas acciones cayó prisionero el teniente . coronel paiteño Francisco Alvarado Ortiz, que fue confinado en Santa Cruz de la Sierra hasta el término de la guerra.

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CONTRIBUCIÓN PIURANA

El  coronel ayabaquino Miguel Medina, y el coronel iqueño Fermín del Castillo con todas las fuerzas a su mando se plegaron a Nieto en la lucha contra los invasores.

En Piura causó gran indignación la invasión boliviana. Se promovieron colectas para financiar la defensa nacional y la gente de toda la provincia acudió en masa a prestar su contribución. Se produjeron casos excepcionales como los de Manuel Cortés y Manuel Rejón –este último comerciante acaudalado que varias veces había sido miembro del Cabildo de Piura- que ofrecieron toda su fortuna a la causa nacional y un gesto igual tuvieron los vecinos de Catacaos poniendo a disposición de la patria todo el caudal de sus instituciones.

Como había el peligro de que Ecuador iniciara con el general Flores una invasión por el norte, se envió a esta provincia como gobernador y jefe militar del norte al general Crisóstomo Torrico, que al conocer el desastre de Ingavi, regresó al país y se puso a disposición del gobierno del señor Menéndez.

En mayo se reunieron en el pueblecito puneño de Vilque a pedido amistoso de Chile los representantes diplomáticos de Perú y Bolivia. Como no llegaron a un acuerdo se logró una entrevista entre los generales La Fuente por el Perú y Ballivián por Bolivia. La reunión fue el 5 de junio en la localidad de Acora y allí prometió el general boliviano devolver el cadáver de Gamarra y evacuar el territorio peruano en ocho días. Los presos serían libertados y no habría reclamaciones económicas. En buena cuenta fue un gran éxito diplomático del general La Fuente, pues Bolivia no se benefició en nada.

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EL CORONEL HERCELLES INVADE PIURA

Mientras el Perú tenía problemas en el sur con Bolivia, la situación en el norte con el Ecuador y el general  Juan José Flores en el poder, no era como para estar tranquilos.

El peligro en que quedó el Perú ante la invasión boliviana, sirvió para que muchos peruanos olvidando antagonismos, se ofrecieran servir a la patria y regresaron  del destierro. Así lo hicieron Torrico y Nieto, lo mismo que el capitán de navío Juan Iladoy el capitán de corbeta Francisco Forcelledo. Este último cuando  recién era  teniente de marina había luchado junto con Guise en la batalla de Las Cruces frente a Guayaquil y habiendo sido herido pasó a convalecer a Paita. Con el correr del tiempo llegaría a contralmirante.

Fatalmente no todos los peruanos en el destierro tuvieron tan noble proceder y uno de ellos fue el coronel Juan Hercelles.

Este organizó una expedición invasora contra Piura, desde Guayaquil. En su aprovisionamiento intervino el general Flores que con tal fin viajó de Quito a Guayaquil. Los comisarios del barrio de Guayaquil fueron los encargados de reclutar voluntarios entre la numerosa colonia peruana del puerto. A muchos se les dijo que iban al Perú para oponerse a la invasión boliviana, invocando para eso su patriotismo.

Los enganchados fueron acuartelados en el convento de San Agustín de Guayaquil y las armas y municiones fueron proporcionadas por el presidente Flores.

El 30 de diciembre de 1841 salieron públicamente del muelle de Guayaquil los expedicionarios con 20 jefes y oficiales y 100 soldados. Los rebeldes desembarcaron en Tumbes y allí Hercelles lanzó un manifiesto proclamándose jefe superior del norte y declarando anulada la constitución de Huancayo y vigente la de 1834.

Avanzó rumbo a Paita. A Tumbes había llegado el 6 de enero de 1842 en momentos en que en el sur los peruanos luchaban contra los invasores bolivianos. En la marcha fue levantando gente y al llegar al río Chira a la altura de Amotape, el 16 de enero había duplicado el número de sus hombres.

El 18 de enero, Torrico el prefecto de Piura, reunió a una junta de jefes y se resolvió atacar. A las 2 de la tarde salió una columna, que atravesó el arenal que divide a los valles del Piura y del Chira y llegando al río avanzó por su margen izquierda hasta el punto llamado Macacará. Los separaba de los invasores el río y cinco leguas de distancia. Los leales contaban con 200 soldados.

En esos momentos se supo que el coronel Arrieta desembarcaba en Paita con 750 soldados, procedentes de Lima. Estas fuerzas avanzaron también por la margen izquierda del río Chira, con intención según parecía de unirse a las de Piura y fue así que pasaron prácticamente frente a las de Hercelles apostadas al otro lado del río.

Mientras tanto las fuerzas de Piura, cruzaron el río y avanzaron sobre Querecotillo para evitar que Hercelles huyera hacia Zapotillo, ante las superiores fuerzas de Arrieta. Estas habrían hecho la travesía en 4 barcos de transporte y en el bergatín “Constitución”. Esta encontró en la bahía de Paita al “Yungay”  de Hercelles con el que trabó combate.

Arrieta siguió avanzando hasta Sullana y allí lo informaron  que la columna de Piura había pasado el río rumbo a Querecotillo. Trató por lo tanto de hacer lo mismo para operar la unión de las dos fuerzas. Una vez al otro lado, supo que Hercelles tenía pocas fuerzas y resolvió entonces ir tras de él, llegando el mismo día 19 de enero a Tangarará.

Hercelles consideró que no le convenía luchar con fuerzas tan superiores. En la hacienda Cupusulá en proximidades de La Huaca, se reunieron los delegados de las dos fuerzas y resolvieron evitar la pérdida de sangre. Los soldados y los jefes que lo quisieran pasarían a engrosar las fuerzas del gobierno estacionándose desarmados en Colán. Arrieta compraría 900 fusiles, municiones y arreos por la suma de 19,000 pesos, permitiéndose a Hercelles y los oficiales que lo quisieran retirarse a Guayaquil. El acuerdo se firmó el 20 de enero.

Se trataba en realidad de una buena solución de parte de Arrieta que el mismo 19 había llegado a Tangarará a las 8 de la noche y en pocas horas logró la rendición de su contrario sin pérdida de vidas. Torrico sin embargo no lo tomó así y desconociendo el pacto hizo someter a Arrieta a un consejo de guerra del que salió absuelto.

Como veremos mas adelante, Hercelles no escarmentó y se metió en nuevos problemas en los que perdió la vida.

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ECUADOR PRETENDE TUMBES, PIURA, JAÉN Y MAYNAS

 

Juan José Flores, que había retornado al poder en enero de 1839, volvió a crear problemas limítrofes tanto en el norte con Colombia de la que ambicionaba Pasto, como por el sur con el Perú.

En junio de 1840 Ecuador hizo conocer que la opinión publica de su país se había pronunciado por la fijación perentoria de sus límites septentrionales y meridionales.

Como el Perú no creía tener problema alguno de límites con el Ecuador, el ministerio de relaciones exteriores solicitó de la cancillería ecuatoriana una explicación.

El 16 de diciembre de 1840 el gobierno de Ecuador planteaba que se fijaran los límites en forma definitiva de acuerdo con el tratado de Guayaquil de 1829.

El gobierno peruano contestó  que estaba vigente el tratado de 1832 aprobado por los gobiernos y congresos de ambos países.

Era la primera vez que Ecuador invocaba el tratado de 1829, que ese mismo país lo había considerado no vigente por el tratado del 18 de julio de 1832.

Flores aumentó su ejército así como los efectivos de las guarniciones en las fronteras con el Perú.

Gamarra cuando aun gobernaba, estuvo  preocupado por la revolución de Vivanco en el sur y por los pronunciamientos militares de varios caudillos bolivianos a favor de Santa Cruz, en Bolivia; resolvió contemporizar y envió al Ecuador como ministro plenipotenciario a Don Matías León. Por su parte Ecuador nombró a Don José Félix Valdivieso, habiéndose celebrado la primera reunión en Quito el 3 de diciembre de 1840. Se partió del examen del tratado de amistad y comercio de 1832.

Ecuador pretendía casi la mitad del norte peruano.. Reclamaba Tumbes, Jaén y Maynas así como parte del departamento de Piura hasta llegar a los límites  del río Quiroz. Por extravagantes que pudieran ser tan desmesurados pedidos, el representante peruano trató de ganar tiempo y siguió discutiendo. Cuando los ecuatorianos por medio de sus representantes se tornaron más exigentes, el ministro peruano León dijo no tener facultades y que iba hacer consultas. Se había pasado así todo el año 1841.

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ECUADOR DA ULTIMÁTUM

 

Conocido el desastre de Ingavi, el Ecuador creyó llegado el momento de actuar.

El 14 de Enero de 1842, el ministro ecuatoriano Valdivieso expresó que vano seria perder un tiempo tan precioso en negociaciones inútiles y que ocuparía los territorios que le pertenecían hasta los límites estipulados en articulo 5to. del tratado de 1829, y que en tal virtud declaraba:

1º- Que la ocupación del territorio que pertenece al Ecuador se hará pacíficamente y con toda la prudencia que es propia de un gobierno civilizado.

2º- Que si a pesar de tan cautelosas precauciones, se opusiera alguna resistencia por parte del gobierno del Perú. Será rechazada con la fuerza.

3º- Si el gobierno peruano se obstinare en hostilizar indebidamente a las tropas ecuatorianas, la guerra será considera y sostenida en el territorio del Ecuador contra invasiones del gobierno peruano.

4º- Que en tan duro caso, el Ecuador después de haber defendido su propio territorio, podrá tomar la ofensiva, si así conviniere para vindicar la ofensa que hubiera recibido y  también por la salud de su ejército y el bien de los pueblos.

5º- Que sin embargo de que la nación ecuatoriana tiene el sentimiento de sus propias fuerzas para defender su honor y sus intereses, llamará en su auxilio a las naciones aliadas para que cooperen a su defensa.

6º- En fin, habiendo transcurrido doce años sin que se hubiera cumplido por parte del Perú el tratado hecho en Guayaquil el año 1829, no obstante que fueron oportunamente canjeadas las ratificaciones; el gobierno del Perú y no del Ecuador, será el responsable de los resultados y de los males, que se originen por consecuencia de un rompimiento, al que no da lugar el Ecuador y que el presidente trataba evitar.

 

A don Matías León no le quedó mas remedio que pedir su pasaporte y retornar a Lima.

Los mismos historiadores ecuatorianos están de acuerdo en reconocer que el general Flores se encontraba envanecido por los éxitos que resientes había logrado en Pasto con el ejército ecuatoriano, intervenido en las luchas civiles de Nueva Granada. El mencionado ejército tenía 2,500 hombres bien equipados pero que indudablemente no podía llevar adelante una guerra con el Perú.

Como parte del plan de Flores, estaba en utilizar a los mismos desterrados peruanos para lanzarlos contra Piura, así como complotar con Santa Cruz para que este lograse llegar a la presidencia de Bolivia y entre los dos países atacar al Perú.

Por eso la acción del coronel Hercelles fue totalmente irresponsable y hasta traidora.

Pero el espíritu inquieto a Flores, lo llevó a intervenir una vez más en las guerras civiles de Nueva Granada y al igual que en 1841, se fue a guerrear a Pasto en 1842, tratando debelar una rebelión. Su participación fue agradecida por el gobierno de Bogotá que le reembolso todo los gastos.

El ultimátum quedó por lo tanto en nada y en marzo de 1842, en propio gobierno de Ecuador envió a Lima como ministro plenipotenciario al general de división Bernardo Daste, el cual, planteó como cuestión previa la entrega de Jaén y Maynas, lo que le fue rotundamente negado. El 19 de abril de 1842 pidió su pasaporte y salió de Lima.

Por esos meses, ya el Perú ya estaba controlando la situación en el sur y el ejército boliviano se estaba replegando en todos los frentes. Mientras tanto la escuadra había sido puesta nuevamente en pie de guerra y los ejércitos del norte y del sur se habían incrementado. El Perú podía nuevamente dar pelea.

Flores había estado tentando a Chile de unirse para desmembrar al Perú, que le decían que era un peligro. Ecuador tomaría una parte del norte y el resto se dividiría en dos partes. No hay duda que en estos había sugestión de Santa Cruz. Chile rechazó tan alocados planes.

Con la firma del tratado de paz entre Perú y Bolivia, las esperanzas de Flores se esfumaron. De todos modos, Piura quedó en estado de alerta.

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LA ANARQUÍA

 

Resueltos los problemas internacionales, las ambiciones de los caudillos militares volvieron a reaparecer. Muchos pretendían ocupar el lugar dejado vacante por Gamarra.

Como encargado de la presidente estaba Menéndez hombre muy honrado y pacífico que convocó a elecciones.

Torrico dejó Piura y se trasladó a Lima como jefe del ejército del norte, La Fuente con Vidal y Nieto estaban en el Cuzco mientras que Vivanco volvió a pretender el mando desde Arequipa.

La Fuente consideró que Manuel Menéndez no tenía libertad y era dominado por Torrico en Lima y que estando enfermo el 1er. Vicepresidente Figuerola, le tocaba el derecho al general Francisco Vidal. que era el 2do. Vicepresidente. El constitucionalista Nieto era del mismo parecer. El 28 de julio de 1842 una junta de jefes eligió a Vidal presidente provisional

 No fue del mismo parecer el general San Román, que con sus tropas avanzó hasta el departamento de Ayacucho con el fin de alcanzar Lima, según decía para apoyar al gobierno legalmente constituido de Menéndez, pero lo cierto era que ya se había entendido con Torrico.

De La Fuente ordenó al coronel Mendiburu que pusiera a sus órdenes las tropas que tenía en Tacna y marchó hacia ese lugar, pero Mendiburu acatando una orden anterior de Menéndez, de enviar las tropas a Lima tan pronto terminasen las hostilidades, las embarcó. Desde Lima, el presidente Menéndez destituyó a La Fuente.

Mientras tanto en Lima, el 6 de agosto, Torrico depuso a Menéndez y se proclamó jefe de la nación. Las fuerzas de Torrico y de San Ramón se unieron.

Durante el gobierno de Manuel  Menéndez, habrá actuado como ministro de guerra y marina el general sullanero J. María Raygada. Torrico nombró como ministro de guerra a Manuel de Mendiburu y como comandante general del Callao y de Lima al  piurano coronel J. Félix Jaramillo.

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LA FIEBRE AMARILLA

 

El litoral piurano se veía frecuentemente asolado por muchas graves epidemias, que traían personas o animales enfermos en los barcos que tocaban Paita.

Uno de esos terribles males era la fiebre amarilla, que en repetidas veces hizo su aparición en el departamento, pero sobre todo en los puertos piuranos.

En 1842 el mal se presento en forma muy violenta en la zona de Istmo de Panamá. Lo cierto era que en tal región la fiebre amarilla se había tornado endémica a causa de los pantanos, pero en esa época se desconocía cual era el agente transmisor

Bien pronto la peste se propagó a Guayaquil que también tenia condiciones propicias y causó grandes estragos.

Las autoridades piuranas prohibieron los viajes de los pescadores y balseros de Sechura y Colán hacia Guayaquil, pero el control era difícil.

Se optó entonces por cerrar la frontera en forma total por mar y por tierra. Las autoridades piuranas comunicaron a las de Loja que todo intercambio comercial quedaba suspendido.

Mosquito transmisor

 
Se tendió un riguroso cordón sanitario desde Tumbes hasta La Tina y se crearon Juntas de Sanidad. En diciembre de 1842, se creyó haber detectado un caso en la ciudad de Piura y cundió el pánico. El gobernador Cipriano Delgado comunicó el hecho a Lima y dispuso el aislamiento del enfermo y su traslado fuera de la población, pero todo no pasó de una falsa alarma. El año 1849 hace la epidemia su aparición en Tumbes y también en Paita. En Guayaquil desaparecía y aparecía en el curso de los años 1843 y 1844. En Paita hubo varios muertos y la manifestación de los síntomas, sobre todo el vómito negro y las hemorragias intestinales causaban terror.

Tuvo que iniciarse el nuevo ciclo, pare recién conocer que el zancudo llamado stegomia, era el agente transmisor.

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LA ESCUADRA SE SUBLEVA EN PAITA

El 28 de julio de 1842, el capitán de fragata Francisco Forcelledo que estaba en el Cusco, proclamó encargado del mando supremo al general Francisco Vidal. Este lo ascendió a capitán de navío en agosto de ese año. Forcelledo encargó al general José Félix Iguain, que lograra convencer a los capitanes de los barcos de guerra anclado en Paita se pronunciaran a favor de Vidal.

 El 2 de setiembre estaban en Paita la corbeta “Yungay”  y la barca de guerra “La Limeña”. Accedieron el capitán de corbeta Manuel Villar, y los tenientes segundos, Juan Noel de Paita, Joaquín Guerra, José Ortiz de Zevallos y otros. Iguain no pudo convencer al comandante de la “Yungay” capitán de corbeta también paiteño, José de la Haza y al teniente 1ro. Pedro Carreño. Por lo tanto aprovechando que de la Haza estaba en su casa, fue capturado en la noche del mismo día 2 y en la madrugada elaboraron un acta plegándose a Vidal. El 3 zarpaban rumbo a Islay, la “Yungay” bajo el mando de Villar y la “Limeña” con Noel al puerto de Islay, llegaron el 3 de octubre y allí encontraron bloqueándolos al bergatín “Constitución” al mando del paiteño teniente 1ro. Diego de la Haza, que obedecía ordenes del general Torrico. Como no accedió a plegarse a Vidal, fue abordado y de la Haza fue desembarcado. Vivanco que mandaba en Arequipa, los felicitó y los premió por su acción, tratando de ganarlos por su propia causa, pues no obstante que reconocían a Vidal, actuaba con bastante independencia.

Torrico tenía en el Callao a las goletas “Libertad” y “Alerta” y al pailebot “Vigilante” que eran barcos débiles que no podían enfrentar a los contrarios.

Las fuerzas de Vidal y de Nieto estaban en Ica, de tal manera que los barcos al mando de Villar se trasladaron a Pisco. Esto hizo suponer a Torrico que las tropas de Vidal trataban de embarcase para el Callao, y se precipitó sobre Ica para impedir ese embarque, movimiento esperado por Vidal y Nieto. El 17 de octubre se encontraron las dos fuerzas en Agua Santa y no obstante que las fuerzas de Torrico y San Román era mas disciplinadas y numerosas, fueron derrotadas debido a una carga a la Bayoneta ejecutada por el coronel Fermín del Castillo y por la actuación brillante del coronel José Bustamante. El general Vidal que se creía derrotado, ascendió a general al coronel Bustamante que era el mismo jefe colombiano que en 1826 se sublevó n Lima contra Bolívar al mando de la III división. Nieto fue ascendido a mariscal y del Castillo a general de brigada.

 

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REBELIÓN DEL CORONEL HERCELLES

En Ancash se había pronunciado también a favor del general Vidal, el coronel Justo Hercelles, que recién había llegado del Ecuador. Eso ocurría el 25 de octubre, es decir después de la acción de Agua Santa, en que triunfaron Nieto y Vidal.

Uno de los primeros actos de Vidal fue convocar a elecciones. También nombro prefecto de Huaraz al coronel Hercelles, pero este se sublevó el 18 de diciembre.

Hercelles y su segundo

, el coronel Juan Manuel Céspedes iniciaron una implacable leva para formar un ejercito. Eso les concitó antipatías. En un motín popular en su contra, Céspedes fue atacado y a duras penas salvo la vida saliendo gravemente herido.

El general Vidal, mandó contra el rebelde al coronel Ildefonso Coloma, sullanero, que había retornado de Bolivia en donde había estado prisionero de Ballivián.

Coloma derrotó a Justo  Hercelles y lo tomo prisionero. Vidal ordeno su fusilamiento así como varios de sus seguidores. Hercelles y Céspedes fueron fusilados los días 22 y 23 de enero de 1843 en el trayecto de Ancash a Lima a la altura de Chancay. Parece que se dio orden de precipitar los acontecimiento para evitar que se interpusieran influencias a su favor. En efecto, el general Echenique en sus memorias asegura que al tener conocimiento que se quería fucilar a Hercelles se dirigió a palacio a pedirle perdón a Vidal, pero allí estaba La Fuente que era presumiblemente el que había dado la orden y se mostraba irreducible. Mas tarde se entrevistó con el general Vidal, pero éste se mostró igual de inflexible, ante lo cual planeó organizar un grupo montonero de 25 hombres para que rescatara al coronel, pero eso no se pudo hacer porque el Dr. Lazo, ministro de Vidal, había dispuesto no solo el inmediato fusilamiento, sino que también le cortasen la cabeza y fuera exhibida en Huaraz. La lucha tomaba así características de extrema crueldad, retrocediéndose a los métodos de las guerras civiles de la Conquista.

     Mucho se comentó y la misma Manuelita Sáenz lo aseguró, que fue el coronel Hercelles el que mandó asesinar al doctor Thorne el esposo de Manuelita, porque tanto el militar como el médico, se disputaban la propiedad de una hacienda en las cercanías de Lima. Como se recordará, el Dr. Thorne había instituido heredera de sus bienes a la refugiada de Paita, pero todo hace presumir que los trámites judiciales que inicio, no lograron éxito. Por otra parte, Hercelles murió antes que Thorne. De todos modos. Hercelles era un atrabiliario.

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GOLPE MILITAR DE VIVANCO

 

Unos cuantos meses duro el gobierno de Vidal, por que en esa época no se conocía ni la lealtad ni el desprendimiento de los altos jefes militares. Todos eran unos ambiciosos y se creían con derechos suficientes como para llegar a regir los destinos de la nación. Por eso el mariscal Nieto al conocer el nuevo pronunciamiento exclamó: “Ha llegado ya la inmoralidad militar a tal estado que me avergüenzo de llevar la casaca y  estoy tentado de retirarme por siempre”.

La insubordinación del general Vivanco fue casi un proceso que abarcó varios días del mes de febrero de 1843 hasta que se proclamó Regenerador del Perú.

En la noche del 3 de marzo, los barcos “Yungay” y “Limeña” que estaban en la rada del Callao, la abandonaron al sur a ponerse a las órdenes de Vivanco. Mientras tanto el ejército del centro a órdenes del general Juan Pezet también se pronunciaba por el regenerador. Una división del ejército procedente de la sierra se acercaba a marchas forzadas al mando del coronel Francisco Alvarado Ortiz, paiteño y se estacionaba en Lurín. Nadie sabía sus intenciones.

Ante esta situación, Vidal entregó el mando al vicepresidente Figuerola, y se retiro. Su intención era expatriarse voluntariamente pero no tenía dinero y para lograrlo tuvo que empeñar las joyas de su esposa.-  Figuerola, era el primer vicepresidente desde el gobierno de Gamarra y le correspondía el mando de forma legítima. Como jefe militar de Lima se nombró al general Ramón Castilla, el que concentró fuerzas en la plaza de armas de Lima para defender palacio; pero Echenique (así lo cuenta en sus memorias) se infiltró y logró ganárselas. Luego celebró un cabildo abierto en el que se proclamó a Vivanco y a Echenique se le nombró como prefecto de Lima.

Vidal, encargo la dirección de la escuela de San Fernando al medico cataquense Cayetano Heredia ya había sido rector del colegio de la independencia, pero la política que en todo se metía y nada respetaba motivó su separación de esos claustros, habiendo sido el ministro de Vidal el Dr. Benito Lazo, el que los restauró en el cargo, que mas tarde el presidente Vivanco, que sabia apreciar la cultura y la inteligencia, lo confirmó.

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EL GOBIERNO DE VIVANCO

El rubio y el culto caudillo militar que era Ignacio de  Vivanco, hizo un triunfal recorrido de Arequipa a Lima,  siendo recibido en forma apoteósica en Lima. Una vez mas quedaba demostrada  la inconstancia de la gente limeña que un día encumbra un personaje y en otra oportunidad se llena de rencor con él. Parece en realidad que nunca sabe lo que quiere. Precisamente por ese tiempo ocurrió un hecho insólito. Estaba encargado de la presidencia don Justo Figuerola en su condición de 1er vicepresidente. El encargado era un hombre anciano y con achaques, por cuya razón se retiraba temprano a su domicilio. Un día que guardaba cama se acercó a su casa una multitud vociferante que daba voces contra Vidal y habla de revolución. Don Justo llamó a su hija Juana y le dijo que sacara de un ropero la banda presidencial y que por el balcón la tirase a la multitud. Suponía que como la banda era símbolo del poder, ese era lo que deseaban. La turba rugió de alegría y con la banda presidencial recorrió durante varias horas las calles, y al fin cansados, regresaron por la noche y devolvieron la banda. Con mucha filosofía el Dr. Figuerola se concretó a disponer que volviera la prenda al lugar donde había estado antes.

Tras de la llegada de Vivanco a Lima, el general Echenique ordenó a Francisco Alvarado Ortiz que se replegara a la sierra ye este obedeció, quedando de esa forma conjurado un posible peligro.

En la revolución no se había producido ni un muerto, ni un solo herido, cosa que antes no había pasado. Vivanco tomó el titulo de Supremo Director.

El 7 de abril 1843 ingresaba Vivanco a Lima y al día siguiente daba un absurdo decreto supremo que con el tiempo seria la causa de su  derrocamiento. Disponía que todos los funcionaria civiles y jefes, oficiales y soldados, jurasen lealtad y reconocimiento al gobierno de la restauración. El 19 de abril los peruanos suscribían actas en favor de Vivanco.

Castilla, Nieto, Bermúdez, Mendiburo, Joaquín Torrico y otros más se negaron hacerlo y se retiraron de Lima. EL contralmirante Forcelledo pidió su baja. Entonces Vivanco decretó que los que no jurasen debían de ser desterrados y los que desobedecieran la orden, ser fusilados.

El 17 mayo del mismo año, los generales Nieto y Pedro Bermúdez se reunieron en Tacna  con numerosos jefes y acordaron declarar a Vivanco usurpador y reconocer como presidente legítimo a don Justo Figuerola. El mariscal Nieto fue  proclamado jefe político y militar del territorio libre. El 2 de junio, el general Ramón Castilla que estaba en Moquegua, lo reconoció. El 7 de junio en Piura juraban obediencia a Vivanco.

Los sublevados del sur formaron una junta provisional de gobierno que la presidían  Nieto y Castilla. Tacna, Moquegua y Arica estaban en poder de los rebeldes. En este último puerto el jefe militar era el coronel Iguain.

El 8 de abril de 1843, la goleta “Libertad” al mando de capitán de corbeta Juan Noel y Lastra paiteño, inició el bloqueo del puerto. Contaba con 18 hombre a bordo y con bandera de parlamento despacho un bote a tierra pero en esos momentos no estaba Iguain en Arica. Por la noche se trató de desembarcar gente, pero fueron rechazados por los defensores. Al día siguiente desde Arica dispararon a la “Libertad” 6 cañonazos por cuyo motivo se retiró el barco fuera del alcance de los tiros.

El 15 se sumó al bloqueo “La Limeña” asumiendo el comando e la flotilla el capitán de corbeta José Ortiz de Zevallos, el cual logró tener una  entrevista con Iguain, para hacer un bloqueo pacífico y sin enfrentamientos. Sin embargo el 17,  dos lancha lograron desembarcar gente obligando a Iguain a retirarse, pero como en el camino recibió refuerzos, regresó y volvió a tomar el puerto.

En su parte de guerra, Ortiz de Zevallos pondera el valor de Noel y de los guardias marinas José Vascones y Ángel Rodríguez. Luego se destacó a Noel para que con la “Libertad” pusiera bloqueo a Iquique.

El 6 de agosto los generales San Román y Torrico que habían ingresado por Bolivia fueron copados en Zepita por el general Fermín del Castillo, pro Vivanco,  teniendo que retornar a Bolivia. Esta actitud de Del Castillo fue duramente criticada por Vivanco que dijo, debiera haber sido  fusilados los dos generales exilados.

Mas tarde Nieto y Castilla lograron en el sur las victorias de Pachía y de San Antonio, esta última el 28 de octubre en las que salieron derrotados los generales Manuel Guarda y Fermín del Castillo, que también quedaron prisioneros. Con eso, Vivanco perdió todo el sur. Había  empezado a declinar la estrella de Vivanco.

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PRIMER PROYECTO FERROVIARIO

Hasta la primera del siglo pasado la comunicación por tierra y el transporte de personas y cosas giraba en torno del caballo, ya sea que se le utilizaba en forma directa o que los empleaba para tirar coches. Por siglos había sido igual en el mundo, pero al descubrirse por James  Watt la fuerza expansiva del vapor de agua, nuevos horizontes se abrieron para el progreso del mundo, sobre todo en lo referente a las comunicaciones.

Fue el ingles Richard Trevithick el primero que inventó en 1804 una máquina para acarrear carbón en las minas de Gales del Sur. Ya el camino de rieles o ferrocarriles se había utilizado antes cuando los cochecitos carboneros eran tirados por caballos.

Otros hicieron  diseños de locomotoras, pero fue recién hasta 1814 cuando el ingeniero de la mina de carbón de killingworth, Jorfe Stephenson, construyó la primera maquina de una serie a la cual llamo “Blucher” posiblemente en homenaje al general alemán que contribuyo a la derrota de Napoleón. Las locomotoras construidas por este ingeniero sirvieron para correr sobre la línea férrea tendida entre Stockton  y Darlington (Inglaterra), en la que originalmente se pensó utilizar tracción animal, al igual que los tranvías que hasta las tres primeras décadas de este siglo existieran en Paita y Piura.

La utilización de la locomotora en Darlington en 1823 fue un  éxito y despertó entusiasmo.

En 1829 en octubre se efectuó un concurso de locomotoras en Inglaterra, y Stephenson se presentó con un nuevo modelo llamado “Rocket” que logró 50 kilómetros por hora, transportando 13 toneladas de peso.

Los norteamericanos que estaban impulsando su desarrollo, se interesaron en el nuevo invento y la compañía del Canal Delaware y Hudson importó una para utilizarla en Pensilvania en una vía de 25 kilómetros.

La primera locomotora para el arrastre de tres coches para pasajeros se construyó en 1831 y fue la Witt Clinton.  

Pero hasta 1850, los ferrocarriles solo cubrían distancias cortas. Siempre eran la diligencia la que continuaba como el vehículo insustituible para las grandes distancias y fue así como los norteamericanos iniciaron la conquista del Far West empleando las carretas y solo muchos años después, ya bien entrado el siglo, el Ferrocarril Transpacífico;  consolidó la epopeya.

Por eso llama la atención que un paiteño haya concebido en 1843 un proyecto que en ese año pudo parecer a muchos una tremenda locura como lo era el ferrocarril de Paita al Marañón. La idea era de Rudesindo Garrido un paiteño de origen ayabaquino.

Se trataba de cubrir una distancia en verdad enorme ya que excedía los 400 kilómetros, y sobre un terreno muy difícil pues había que vencerla cordillera de los Andes y los luego penetrar en la selva tupida y con ríos caudalosos. Además, en esos años las locomotoras como lo acabamos de decir aun no habían alcanzado el grado de desarrollo que lograrían 30 años mas tarde y ni en EE.UU. se pensaba en un ferrocarril para cubrir la gran pradera que era un terreno completamente plano.

Por todas esas razones la concepción de Rudesindo Garrido era sencillamente genial y se adelantaba a la época por muchas décadas. Fue sin duda un gran conocedor de la región para haber presentado un plan  con tanta minuciosidad como lo hizo, pues en 1872 el ingeniero Alfredo Duval  que estudiaba un ambicioso proyecto de irrigación en Piura confirmó la factibilidad técnica del proyecto.

Desde entonces los piuranos han venido reclamando la ejecución de esta gran obra habiéndose efectuado estudios y gestiones diversas. Después de casi siglo y medio la idea genial de Garrido sigue constituyendo una aspiración de todos los piuranos y una esperanza para el Perú.

Con el auge de la construcción de carreteras, se ha sustituido el año 2000 el antiguo proyecto ferroviario, por una gran carretera de Paita a Yurimaguas.. Pero no se ha descartado la construcción  de un ferrocarril.

En su oportunidad nos ocuparemos de todos esos intentos para hacer realidad el  ferrocarril de Paita al Marañón.

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CONSPIRACIÓN DE ROMUALDO RODRÍGUEZ

 

  Con malos síntomas se presentó el año 1844 para el gobierno de Vivanco. Como siempre, el otro lado de la frontera era un hervidero de conspiradores y las  autoridades piuranas tenían que estar alertas para evitar nuevas aventuras como las de Ángulo y Hercelles.

En enero de 1844, el coronel Romualdo Rodríguez intentó ingresar por Macará con una fuerte partida de desterrados. En la población fronteriza de Macará, los revolucionarios establecieron su cuartel general y tras de breves días de preparación cruzaron el río ingresando a suelo piurano. Las tropas leales a Vivanco le salieron al encuentro y le hicieron prisionero. Este hecho se conoció pronto en Lima y creó la natural preocupación. Junto con Rodríguez fueron  capturados  los mayores José Franco, José Campuzano y el capitán José Lino Colona, todos los cuales fueron  enviados a Trujillo.

Se dispuso entonces que parte de la armada que estaba en Islay, se trasladase a Paita, para bloquear cualquier intentona por mar. El capitán de corbeta Juan Noel con la goleta “Libertad” fue encargado de tal misión. En junio ya estaba Noel frente a Paita, y consideró prudente hacer un patrullaje por las costas pues se había producido serios disturbios en Trujillo. Estando anclado frente a Huanchaco el 23 de julio, los rebeldes lo invitaron a plagársele a lo que se negó. No sabía Noel que ya Vivanco acababa de ser derrotado en Carmen Alto. Por ignorar esa situación, Noel retornaba a Paita con su barco. Trujillo estaba por Elías, que se había rebelado en Lima.

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LA DERROTA DE VIVANCO

Al saber Vivanco de la derrota de sus fuerzas del sur, resolvió ir personalmente a combatir a Castilla con tropa fresca de Lima. Salió de la capital el 30 de noviembre de 1843, y por la sierra central se dirigió con dirección al Cuzco estableciéndose en Chincheros en donde perdió mucho tiempo.

En Lima había dejado como prefecto y jefe político, a don Domingo Elías, rico hacendado de Ica y como jefe militar a Rufino Echenique, con orden de que no aumentara la fuerza que tenía en su mando.  general Echenique en sus Memorias reconoce que Vivanco hacía todo eso por desconfianza, asegurando que en ningún momento había pasado por su mente complotar contra el Supremo Director.

Las relaciones entre Elías y Echenique no marcharon bien. Por otra parte los constitucionalistas (como se llamaban los sublevados), estaban dominando los departamentos de la sierra central lo que era una amenaza para Lima. Por lo tanto resolvió Echenique incursionar en esa zona, llevando como su segundo a Francisco Alvarado Ortiz, al cual ordenó que se le adelantaran llegando a recapturar Ayacucho. Tras de eso se ubicó en Tarma.

Mientras tanto en Lima, Domingo Elías congregaba a las autoridades y personas notables y ante ellas se declaraba el 18 de julio de 1844 Jefe Político y Militar de la República. Era el primer civil que daba un golpe de estado.

Lima, como era su costumbre respaldó al nuevo mandatario y hasta las autoridades y miembros de la Corte Suprema se prestaron  a la payasada de hacer servicio de turno en la guardia urbana.

Mientras eso pasaba en Lima,  Vivanco avanzó sobre Arequipa que una vez mas lo recibió jubilosamente. Castilla y San Román que se  había unido, le pusieron cerco durante 16 días a Arequipa  y el 22 de julio a las afueras de la ciudad, en el sitio llamado Carmen Alto se produjo la batalla que perdió Vivanco. Este pudo seguir combatiendo pues su ejército no había sido destruido, pero prefirió dirigirse a Islay para tomar la escuadra y dirigirse al norte del país. Los pareceres en la escuadra estaban divididos. El capitán de navío y jefe de la escuadra Juan José Panizo, estaba de acuerdo lo mismo que los capitanes de corbeta José Ortiz de Zevallos, Joaquín Guerra y Antonio Valle Riestra. El resto con el capitán de corbeta Francisco Carrasco eran de otro parecer. El 24 de julio se realizó una junta de jefes y se tomó el criterio que la escuadra era una propiedad nacional y no individual se desconoció la autoridad de Panizo, se le reemplazó por Carrasco y se dieron facilidades para que Vivanco, sus jefes, y a los jefes de la escuadra que simpatizaban con él, que pasaran al vapor “Perú” que salía rumbo a Callao.

La escuadra se plegó entonces a Castilla. Era Francisco Carrasco el mismo marino  que en 1840 había sido director de la Escuela Náutica de Paita.

Vivanco llegó al Callao en la noche del 27 de julio y Elías dispuso que fuera transbordado al barco “Agustina” y deportado al Ecuador con varios de sus jefes adeptos. Una vez más Ecuador recibía a los exilados.

Por acta celebrada el 4 de julio en la hacienda Condoray, el brigadier Francisco Alvarado Ortiz, entregó a sus fuerzas al contralmirante Forcelledo, representante del general Francisco Vidal nombrado por Castilla comandante general del norte, cargo que luego pasaría Medina.

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INTERINATO DE FIGUEROLA

Elías envió al general Pedro Bermúdez para intentar que Echenique con sus tropas se le plegaran para enfrentar a Castilla, pero no logró éxito. Bien sabia Echenique que o tenía ninguna posibilidad de éxito contra Castilla de tal manera trató de moldearse a la situación. Sabiendo que el coronel Miguel Medina se encontraba en Ayacucho y marchaba sobre Junín, resolvió salirle al encuentro completamente solo. El encuentro de esos viejos amigos fue cordial y Echenique puso a disposición de Medina todas sus fuerzas y juntos se encaminaron hacia la capital, para recibir allí a Castilla, al mismo tiempo que sorteaban a San Román que trataba de coparlos. Medina había sido nombrado jefe militar del norte por Castilla, pero no ocupó el cargo.

Viéndose solo Elías, convocó entonces una reunión en el palacio el 10 de agosto y ante ella renunció, dejando el poder en mando de don Manuel Menéndez, el presidente del consejo de estado de Gamarra, en que en realidad era el que debió terminar el periodo de gobierno a la muerte del mariscal muerto en Ingavi. Por 52 días y motivos de salud, a su vez Menéndez delegó el poder en manos del 1er. Vicepresidente Justo Figuerola.

Días antes había enviado Elías varios comisionados ante Castilla para proponerle que como jefe militar y político del norte se reconociera a él Elías y por el sur al propio Castilla mientras se celebraban elecciones.

La respuesta fue que no podía haber un gobierno bicéfalo. Mas bien se le reconocía como prefecto de Lima. Castilla siguió en Arequipa en actitud vigilante, pero haciendo honor a su posición constitucionalista reconoció la legitimidad del gobierno de Justo Figuerola.

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LA LEALTAD DE NOEL

Cuando Noel con “La Libertad” dejó Huanchaco, se reunió en Paita con el pailebot “Vigilante” que tenía como comandante al capitán de fragata Diego Haza.

En Paita supieron la derrota de Vivanco y en acto que honró mucho al marino paiteño porque lo usual era el oportunismo y al deslealtad, el capitán Juan Noel, renunció el cargo de comandante de la goleta “La Libertad” la entregó a su segundo de a bordo y desembarco en Paita reintegrándose a su hogar.

El “Vigilante” zarpó el 04 de agosto de Paita y llegó al Callao el 23; mientras que la “La Libertad” ingresaba a la rada el 30 demorado 22 días.

El 13 de septiembre, llegaba al Callao en el barco mercante “Caupolicán”, el capitán Noel, un oficial de marina, un guardia marina y un pilotín, en calidad de pasajeros civiles. Todos habían seguido a su capitán. EL encargado de la presidencia Dr. Figuerola, dispuso que sus pasajes los pagara el fisco.

 La “Libertad” y el “Vigilante” era los únicos barcos que podía disponer el Perú en esos momentos, pues con el resto de la flota anclada en Islay, se habían producido unos incidentes con la escuadra inglesa anclada en ese puerto, y estaban inmovilizados.

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EL GOBIERNO DE MENÉNDEZ

Repuesto de su salud, asumió el poder el 7 de octubre de 1844 don Manuel Menéndez en su condición de presidente de consejo de estado. Continuó hasta el 15 de abril de 1845 en que entregó el mando al presidente elegido.

Castilla lo reconoció como gobernante legítimo y cuando recién, el 10 de diciembre ingresó a Lima, pasó revista al ejército en su compañía.

El ministerio designado por Menéndez fue el siguiente: Como ministro de guerra al general José María Raygada, al cual reemplazó meses más tarde su paisano Miguel Medina. En gobierno y relaciones exteriores el Dr. Matías León. En el ministerio de justicia el Dr. Manuel Cuadros y en hacienda al general Manuel Mendiburu.

 Convocó a elecciones y no persiguió a nadie. 

Dictó disposiciones para evitar que moneda de Ecuador circulara en la provincia litoral de Piura desplazando a la moneda peruana. Eso era una muestra sin duda del intenso intercambio entre las zonas fronterizas.

El coronel sullanero José Félix Jaramillo que era prefecto de Ancash había lanzado su candidatura a la presidencia de la república, pero el general Ramón Castillo adquirido mucha popularidad.

 

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LOS RESTOS DE LA MAR LLEGAN A PIURA

Cuando tratamos de la llegada del general La Mar a Piura, referimos a los amores breves pero intensos que tuvo con la dama piurana Francisca Otoya Navarrete.

El presidente Orbegoso proyecto repatriar los restos de La Mar que estaban en Costa Rica, pero las luchas políticas le distrajeron la atención.

Don Jorge Basadre sobre las gestiones que realizó doña Francisca Otoya, expresa lo siguiente: “Gracias a las gestiones de doña Francisca Otoya vecina de Paita y esposa de un alemán avecindado en Costa Rica salieron los restos de La Mar, de esa república en abril de 1844”.

El padre Rubén Vargas Ugarte asegura a su vez lo siguiente: “Intervino mas tarde doña Francisca Otoya de Piura y ésta, amiga de Morazán, le pidió que autorizase la entrega de los restos del Mariscal. En 1843 le fue concedido y a nombre de dicha señora los recibió el marino alemán Eduardo Wallerstein, el cual los condujo a Piura”.

Al cumplir con tanto éxito el encargo que le diera Francisca Otoya, le escribe Wallerstein, lo siguiente: “los sentimientos de gratitud que me animan hacia Ud. por la hospitalidad generosa que tuvo la bondad de dispensarme por muchos años, me hicieron empeñarme en dar a Ud. una prueba de ellos, empeñándome en satisfacer uno de los deseos de su corazón: Ud. deseaba recoger y trasladar a su patria las reliquias del señor general don José de La Mar”.

Todo hace suponer que Wallerstein era el marino con quien a los 15 años se casó Francisca en Paita. Como alemán, de espíritu amplio y liberado de prejuicios, no titubeó en cumplir el encargo de la que había sido si esposa, en reconocimiento por los años de felicidad que dice vivieron juntos. Cuando Francisca conoció a La Mar ya hacía algún tiempo que se había separado del marido, estimándose que hayan hecho vida común unos cinco años.

Francisca se casó en Paita y también vivió muchos años en el puerto, precisamente cuando también Manuelita Sáenz estaba radicada allí. Quiso la suerte unir a dos mujeres que habían sido grandes amores de dos militares brillantes pero enemigos.

Los restos de La Mar estuvieron sin duda en la casa de la calle Libertad en donde funcionaba el año 2000 el Instituto Tecnológico Superior Cosmos. Allí recibieron la diaria veneración de la mujer que lo amó más allá de la muerte, hasta que en enero de 1847 salieron rumbo a L ima, para recibir el homenaje de los pueblos.

En 1845 Francisca enviaba a Lima la siguiente comunicación.

República Peruana.- Piura 8 de mayo de 1845.

Señor Ministro de Gobierno.

Señor.

En el “Redactor” Nº 12, tomo I del sábado 1º de marzo de 1843 se registra una petición del Supremo Poder Ejecutivo, en que solicitó de la Representación Nacional, se le autorice para hacer el gasto extraordinario que le demandaba la traslación a esta capital de las apreciables reliquias del justo, del virtuoso e ilustre general Don José de La Mar que yacía en tierra extranjera, donde exhaló el último suspiro, dando las mas relevantes pruebas de su decidido amor a esta nación, a quien hizo tantos y tan señalados servicios. La Convención resolvió el 19 de febrero del mismo año que se precediera a verificar la traslación, con la posible decencia y por cuenta del erario nacional, para satisfacer los votos del pueblo peruano y tributar dignamente un homenaje a la memoria del hombre justo que presidió alguna vez los destinos del Perú.

Las revoluciones que han sucedido con tanta precipitación en nuestra desgraciada patria, no han permitido que se llene el precioso objeto de la demanda, pero no han faltado personas que con diligencia hayan procurado allanar algunos de los tropiezos que creaba el genio de la discordia. Los restos del ilustrísimo gran mariscal don José de La Mar, los tengo en mi casa, mandados a entregar por las autoridades de Costa Rica que han cedido a mis suplicas y a mis relaciones en aquel país. Los documentos que exhibiré oportunamente, garantizarán la identidad y la realidad del depósito.

Ahora que se halla al frente de los destinos del Perú un veterano de la independencia, amigo del general La Mar, que sintió y experimentó de cerca sus relevantes prendas y supo admirarlas y apreciarlas, es el tiempo oportuno de hacer la denuncia y revelación de tan precioso depósito.

   Al dirigirme a U.S. con el fin de que se avise a S.E. el Presidente para que disponga lo más conveniente, siendo a más viva emoción con los recuerdos de tan recomendable ciudadano que hizo las delicias de sus amigos y dio gloria a su patria.- Dios guarde a U.S.- Francisca Otoya.

Gran sorpresa se llevaría el ministro al recibir esta comunicación y saber que los restos de La Mar estaban en suelo patrio y no en lejanas tierras extranjeras. Y había sido el amor de una mujer lo que había vencido todos los obstáculos en una tarea que para ser financiada el propio Poder Ejecutivo del Perú necesitaba de autorización especial.

Por esos azares del destino, en Costa Rica el desterrado general La Mar había conocido al marino alemán esposo de Francisca, que fue el mismo que con mucha comprensión, ayudó a la repartición de los restos del amante de la propia esposa.

El 16 de septiembre  el congreso dispuso que sin demora se trasladasen los restos a Lima y nombró una comisión que integraron  el ya general de brigada Ildefonso Coloma, el Dr. Manuel Asensio Cuadros y el prefecto de Ayacucho Manuel Angulo.

El 3 de diciembre del mismo año 1845, el presidente Castilla escribía a Francisca para agradecerle el noble comedimiento y celo patriótico que había tenido para trasladar desde Centro América los restos del general La Mar.

El 23 de diciembre de 1846 dispuso que saliera el bergantín “Guise” hacia Paita al mando del capitán de corbeta José M. Silva Rodríguez.

Es decir que entre el nombramiento de la comisión y de la designación del barco había trascurrido nada menos que un año. La comisión original en realidad fue otra  y dos de sus miembros el coronel Luis La Puerta y el Dr. Saravia habían renunciado. Todo eso dio lugar a que Ecuador en forma amistosa solicitase tener en su patria los restos de La Mar invocando su condición de cuencano.

Fue así como doña Francisca fue visitada en Paita por el general Antonio Elizalde cuñado de La Mar, pues estando el mariscal en el destierro se casó por poder con su sobrina Ángela Elizalde que se encontraba en Ecuador. Jamás los esposos tuvieron oportunidad de reunirse. Junto con el general Elizalde llegó a Paita en la misma comisión don Joaquín Olmedo. Tanto el Perú, como doña Francisca con toda amabilidad rehusaron el pedido. Ya Flores no estaba en el poder, pero el nuevo mandatario de Ecuador se mostraba cordial con el Perú.

Olmedo  y Elizalde tuvieron oportunidad en Paita de visitar a Manuela Sáenz y de invitarla a trasladarse al Ecuador, pero la famosa exilada tampoco aceptó. Deseaba vivir en el tranquilo aislamiento del pequeño puerto, que la había acogido con cordialidad.

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 EL TRASLADO DE LOS RESTOS DE LA MAR A LIMA

 

Por fin, el 27 de diciembre de 1846  ancló el “Guise” frente a Paita. Como intermediario de la señora Otoya  y las autoridades de Lima, actuó el senador Santiago Távara Andrade.

En la Iglesia Matriz de Piura, se celebraron solemnes honras fúnebres, habiendo corrido el acto religioso a cargo del cura de Catacaos Fermín Seminario Del Castillo, tío de Grau. La tropa formó al mando del capitán  Tomas Arellano.

La urna con los restos fue conducida  a Paita  en donde el pueblo exigió rendirle también multitudinario y cálido homenaje, en el que intervino la marinería y los barcos surtos en la bahía que dispararon los salvas de reglamento.

En todos estos actos se pasó el mes de enero de 1847, pues recién a fines de febrero llegaba el Guise al Callao. El barco había partido de Paita el 29 de enero y antes de ingresar en la bahía estuvo varios días en la isla San Lorenzo, mientras se preparaba el programa de recepción. Por el 1ro. De marzo a las 2 de la tarde el Guise ingresaba lentamente, lanzando una salva de 22 cañonazos, que contestaron todos los barcos surtos en la bahía, cuyas tripulaciones formaron en la toldilla. Las banderas de los barcos se pusieron a media asta e izaron grímpolas negras. Cada cuarto de hora las baterías de tierras disparaban un cañonazo. Las banderas de los edificios públicos del Callao estaban igualmente a media asta. Al desembarcar la urna de la falúa al muelle, el coronel Manuel Angulo y cuatro guardias marinas la colocaron en el gran carro funerario (había costado 4,500 pesos, suma muy alta para la época). En la iglesia del Callao se le tributaron solemnes honras fúnebres, fue toda una procesión cívica el recorrido del muelle a la Iglesia de la Merced. El mismo día se trasladaron los restos a la Capilla de San Bartolomé de la catedral de Lima, y el día 4 de marzo se celebraron solemnes honras fúnebres con asistencia de Castilla. En la catedral permanecieron los restos hasta marzo de 1847 en que pasaron al mausoleo en el cementerio Presbítero Maestro.

El general Alejandro Deustua, gobernador de la provincia litoral de Piura, envió a Francisca Otoya, la siguiente comunicación, que el periodista paiteño José Miguel Godos, la hizo publicar en el diario Correo.

Gobierno Político de la Provincia Litoral.

Piura, 31 de diciembre de 1846.

A la señora Francisca Gonzáles Otoya.

Por comunicaciones oficiales que e recibido con esta fecha, la gobernación sabe que ha zarpado ya del puerto del Callao, el bergatín nacional de guerra “Guise” que está destinado a transportar de ésta, a la capital, los restos mortales del gran mariscal La Mar que existen en poder de Ud.

Como la gobernación tiene noticias de que Ud. se halla próxima ausentarse de esta ciudad, le participa este acontecimiento, para que en caso de que no pueda suspender su viaje, para hacer personalmente la entrega de los expresados restos y sus respectivos documentos de identidad, deje comisionado para ello a una persona de su confianza y que se servirá decir a la gobernación quienes Dios guarde a Ud. Alejandro Deustua.

Por lo visto, Doña Francisca no estuvo en el memorable acto de entrega, pues encomendó la labor al senador Santiago Távara.

La familia Gonzáles Otoya, residía en Paita y es así como vemos que en el sonado caso del Pailebot “Sacramento” capturado por los hermanos Cárcamo, era juez de marina don Manuel Gonzáles Otoya.

El apellido completo de doña Francisca era pues Gonzáles Otoya Navarrete.

 

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