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- Se exceptúa a varios distritos del tributo - El coronel Angulo es fusilado en Paita - Ecuador pretende Tumbes, Jaén y Mainas - La escuadra se subleva en Paita |
Una contribución que debían de pagar los pueblos en el segundo semestre de 1840 que se denominaba Semestre de Navidad, no se hizo efectivo en la mayoría de los distritos de la provincia litoral de Piura gracias a un decreto supremo de Gamarra. El documento sirve para probar que los pueblos mencionados, ya tenían categoría de distritos. El decreto aludido es:
“El ciudadano Agustín Gamarra.
Gran Mariscal Restaurador del Perú, Presidente de
Para que tenga efecto la excepción de contribuir por el Semestre de Navidad próximo a los
pueblos de la provincia de Piura, que según lo resuelto el 24 de junio último deben
disfrutar de esta gracia:
DECRETO:
1° Son exceptuadas del pago de la contribución por el Semestre de Navidad del presente
año, los distritos siguientes de la provincia litoral de Piura: Sechura, Catacaos, Piura,
Tambogrande,
Salitral, Colán, Amotape,
2° El gobernador de la provincia mandará que este decreto se fije en las puertas de las
iglesias, para noticias de todos y además expedirá las órdenes convenientes para que los
distritos no exceptuados paguen la contribución con la puntualidad y la exactitud
correspondiente y para que a la sombra de la gracia concedida por el gobierno a los
distritos a que se contrae el artículo anterior, no se cometan fraudes en perjuicio de los
intereses del erario.
El Ministro de Estado en el despacho de Hacienda, dispondrá el cumplimiento de este
decreto y lo mandará a registrar y publicar.
Dado en la casa del Supremo Gobierno, en Lima a 8 de Octubre de 1840.
Agustín Gamarra – Ramón Castilla.”
La sequía se había prolongado en el departamento por varios años y había llevado a la ruina a los agricultores. Los campesinos emigraban al sur o al Ecuador y el ganado moría de sed.
En esos cuatro años, hasta el mismo río Chira tenía en verano muy poco caudal. El Piura, el río no llegaba a bajar y las poblaciones no tenían agua ni para las necesidades más apremiantes. Los pobladores cavaban pozos en el cauce.
Fue por tal razón, que en vista de la penuria general, el gobierno procedió a exonerar el pago de determinados tributos.
Fatalmente para los piuranos la situación se iba a prolongar por otros cuatro años más y así lo consigna don Víctor Eguiguren, en su estudio de las lluvias en el departamento, señala que del año 1833 hasta 1843 fueron años secos con la sola interrupción del año 1837.
Como era natural, la sequía produjo una situación acentuada de hambruna entre la población campesina. No había duda que los Cuatro Jinetes del Apocalipsis cabalgaban sobre Piura asolada por la guerra, la sequía, el hambre y también la peste que hizo su aparición.
Desde el 21 de junio de 1825 existían también por decreto supremo de Bolívar los distritos de Tumbes, Paita, Chalaco, Frías y Huancabamba.
En 1840 el coronel Baltazar Caravedo es nombrado gobernador de Piura y el coronel Ildefonso Coloma pasó a servir a Lima. Eso sucedía casi al expirar el año. No había duda que Gamarra lo apreciaba mucho a Coloma y deseaba encomendarle misiones militarmente más importantes a su lado. Lo encargó de la comandancia militar del Callao.
Mientras tanto, Santa Cruz seguía intrigado al otro lado de la frontera, tanto contra el gobierno peruano, como contra él que presidía el general Velasco en Bolivia. Supo del levantamiento de Vivanco en Arequipa y pretendió aprovechar la oportunidad. Fue así como se le informó de la victoria que Vivanco había logrado sobre Castilla en Cochamarca el 25 de marzo de 1841 y consideró erróneamente que la derrotada era la principal fuerza del gobierno, decidiéndose actuar.
En Guayaquil y en el sur del Ecuador había una numerosa colonia de peruanos y no le fue difícil enganchar gente para una aventura militar. Parece que les pintó las cosas más fáciles de lo que normalmente podría suponerse, en base a que al llegar los revolucionarios a Piura, serían muchos los piuranos que se le plegarían por tener en la provincia muchos amigos.
Con la ayuda de las autoridades de Guayaquil, partió el coronel. Angulo por mar y llegó a la pequeña caleta de Talara el 7 de mayo de 1841 con 200 hombres. Rápidamente cubrieron la distancia que los separaba de Piura que tomó sin mayor resistencia por no contar con fuerzas suficientes.
En Lima se supo prontamente la noticia y de inmediato se remitió una fuerza a cuyo frente se puso el coronel Caravedo.
Los leales marcharon desde Paita pero Angulo puso una tenaz resistencia, luchándose en las calles de la ciudad siendo cercados en la plaza de armas los revoltosos, que hicieron su última resistencia en el atrio de la iglesia. Era el 28 de mayo de 1841. Angulo fue capturado y con 13 de los suyos fusilados en Paita el 2 de junio del mismo año según otra versión, tanto Angulo como los coroneles Guevara y Crespo, fueron fusilados en la plaza de armas de Piura.
Guevara era un antiguo montonero, que en esta oportunidad había formado una guerrilla en Amotape y recibido la misión de terminar con el gobernador Caravedo.
En las investigaciones que posteriormente se hicieron, surgió la sospecha que don José Lama y su mayordomo habían silenciado el desembarco de parte de las fuerzas de Angulo en Máncora, zona que pertenecía a las extensas tierras de Lama, el que había sido siempre un fervoroso partidario de Santa Cruz.
El año 1841 fue muy agitado para Piura. Al otro lado de la frontera y en condición de desterrado el general Santa Cruz, no desperdiciaba oportunidad para perturbar la provincia con incursiones de gente armada.
Antes que la aventura de Angulo, se produjo la incursión montonera de los hermanos Rojas.
Manuel Rojas
incitado por Santa Cruz, armó a medio centenar de hombres en Zapotillo y a
mediados de marzo de 1841 cruzó la frontera y avanzó hacia
Rojas contaba en sus filas con dos hermanos suyos y otro más actuaba de enlace en Sullana, y demás poblaciones del valle, en donde no solo formaban ambiente favorable para la para la rebelión, sino también pedía contribuciones.
Los Rojas eran sullaneros y tenían contactos hasta Olmos y Motupe.
Seminario Ojeda,
al referirse a esta montonera manifiesta que desde Querecotillo salió al
encuentro de Manuel Rojas, el teniente Laureano Duarte con un destacamento de
soldados encontrando a una facción del rebelde en el lugar denominado Capa de
Sombrero en donde Rojas y su grupo se atrincheró en una casa luchando hasta ser
muerto, con sus dos hermanos y un negro llamado
Manuel Castro. De parte de las tropas del gobierno murió el teniente Laureano
Duarte y varios resultaron heridos.
Los soldados solicitaron al gobernador de Querecotillo don
Andrés Gallo el urgente envío de refuerzos, pero ya se habían puesto en
movimiento un piquete de Húsares de
Manuel Rojas había estado meses antes en el valle del Chira soliviantando a los
campesinos, a los que incitaba a resistir las órdenes de enrolamiento. Ante esa
situación el gobernador de Piura coronel Baltazar Caravedo, dispuso su captura
vivo o muerto y los hacendados se dieron a la caza del montonero, que se vio
precisado a huir al Ecuador. En Sullana, dejó a su hermano Victorino, para que
fuera preparando el terreno para la rebelión.
En Ecuador, se conectó Rojas con los desterrados peruanos,
sobre todo con Orbegoso y Santa Cruz, el cual para entusiasmarlo lo nombró
general, y le proporcionó ayuda para que pudiera recolectar y armar gente.
Los Húsares de
Como defensor de los reos actuó el teniente coronel Higinio
Matiz, el que siendo teniente del rey por los años de 1820 complotaba a favor
de la cusa de la libertad de Piura.
El consejo de guerra condenó a penas de dos a cuatro años
de prisión por los delitos de sedición y contra la tranquilidad pública a José
Enríquez, Sebastián Farías, Pedro Pablo Oviedo, José Quevedo, José Vivanco y
Martín Miñán.
A la pena de muerte por fusilamiento se condenó a Hilario
Agurto y a Manuel Miñán. La dura sentencia se cumplió en la plaza de armas de
Piura, ante impresionante masa de público, el día 28 de marzo de
Al inglés Green, a Victoriano Rojas y a Antonio Chamorro,
como cómplices se les abrió juicio después.
De esa forma culminaba otro sangriento episodio de esa
conmovida época. Cabe preguntarse de los niños Miguel y Enrique Grau, serian
espectadores de tan trágicos sucesos.
Después de controlado el movimiento revolucionario de Vivanco en
Arequipa, retornó Gamarra a Lima, el 18 de junio de
1841 informando al congreso que en Bolivia reinaba la más completa anarquía y que
varios caudillos militares se habían pronunciado por el retorno de Santa Cruz
como presidente de ese país. Eso representaba sin duda un peligro para el Perú
y era también (eso lo dijo al congreso) lo que había decidido actuar primero en
Bolivia y no contra Ecuador.
El congreso lo autorizó hacer la guerra contra
Santa Cruz en Bolivia, según acuerdo del 6 de julio. Entonces Gamarra entregó
el mando supremo al Presidente del consejo de Estado Dr. Manuel Menéndez y
nombró ministro de guerra y marina a José María Raygada. Como su secretario
personal designó al coronel Ildefonso Coloma.
Retornó entonces
Gamarra al sur y se entrevistó con el general José Ballivián, que se encontraba
en el destierro. Con este jefe boliviano combinó un plan para atacar a los gobernantes
de Bolivia. Hasta llegó Ballivián a ofrecer la incorporación de
Los sucesos se produjeron rápidamente. En
octubre de 1841 estaba Gamarra y el ejército peruano en Puno y nombraba como
prefecto de ese departamento al coronel pìurano Miguel Medina. El 15 de octubre
había ingresado Gamarra en
Cuando todo esto pasaba, intentó Santa Cruz
desembarcar en el puerto boliviano de Cobija, pero la escuadra peruana lo estaba
bloqueando, viéndose precisado a regresar a Guayaquil.
Como ya Ballivián controlaba casi todo el país,
pues muchos a quienes combatía se le unieron para evitar la invasión peruana y
hacerle frente; consideró que ya no necesitaba la ayuda peruana y comunicó a
Gamarra que detuviera su penetración en territorio boliviano. Eso molestó al
presidente peruano que consideró no era cosa de niños comprometerlo en una
empresa de esa magnitud y luego despacharlo. Por tal motivo fue que de todos
modos tomó
Como la situación era insostenible en
Los soldados de Ballivián estaban equipados con
un nuevo rifle alemán que disparaba al mismo tiempo una bala y un balín. Esto
daba a los soldados doble capacidad de fuego de fuego que a los peruanos. El 18
de noviembre de
Destruído el ejército peruano en Ingavi, los bolivianos como un torrente ocuparon Puno, Moquegua y Tacna. Se aprestaban a tomar Cuzco y llegar hasta las márgenes del río Apurímac.
Gamarra pudo haber tenido muchos defectos y también muchos de sus actos como político y como militar, pudieron ser sumamente criticables, pero en su heroica muerte se redimió y así lo comprendió el Perú entero, que lleno de consternación se aprestó a vengar a su caudillo y defender el suelo patrio.
El 6 de enero de 1842, el mayor Juan Buendía recuperaba Tarapacá.
Las guerrillas amenazaron con cortar la retaguardia a los bolivianos de Arica,
que desocuparon el puerto el 19 de febrero y dos días mas tarde hacían lo mismo
con Tacna. El repliegue general de los bolivianos había comenzado y los sueños
de conquista se esfumaron. Las guerrillas actuaban contra los bolivianos en
Puno venciéndolos en acciones aisladas. El general Nieto y el coronel Manuel de
Mendiburo reorganizaban fuerzas en Moquegua y Tacna. En una de esas acciones
cayó prisionero el teniente . coronel
paiteño Francisco Alvarado Ortiz, que fue confinado en Santa Cruz de
El coronel ayabaquino Miguel Medina, y el coronel iqueño Fermín del Castillo con todas las fuerzas a su mando se plegaron a Nieto en la lucha contra los invasores.
En Piura causó gran indignación la invasión boliviana. Se promovieron colectas para financiar la defensa nacional y la gente de toda la provincia acudió en masa a prestar su contribución. Se produjeron casos excepcionales como los de Manuel Cortés y Manuel Rejón –este último comerciante acaudalado que varias veces había sido miembro del Cabildo de Piura- que ofrecieron toda su fortuna a la causa nacional y un gesto igual tuvieron los vecinos de Catacaos poniendo a disposición de la patria todo el caudal de sus instituciones.
Como había el peligro de que Ecuador iniciara con el general Flores una invasión por el norte, se envió a esta provincia como gobernador y jefe militar del norte al general Crisóstomo Torrico, que al conocer el desastre de Ingavi, regresó al país y se puso a disposición del gobierno del señor Menéndez.
En mayo se reunieron en el pueblecito puneño de Vilque a pedido
amistoso de Chile los representantes diplomáticos de Perú y Bolivia. Como no
llegaron a un acuerdo se logró una entrevista entre los generales
Mientras el Perú tenía problemas en el sur con Bolivia, la situación en el norte con el Ecuador y el general Juan José Flores en el poder, no era como para estar tranquilos.
El peligro en que quedó el Perú ante la invasión boliviana, sirvió
para que muchos peruanos olvidando antagonismos, se ofrecieran servir a la
patria y regresaron del destierro. Así lo hicieron Torrico y
Nieto, lo mismo que el capitán de navío Juan Iladoy el capitán de corbeta
Francisco Forcelledo. Este último cuando recién era teniente de marina había luchado junto con
Guise en la batalla de Las Cruces frente a Guayaquil
y habiendo sido herido pasó a convalecer a Paita. Con el correr del tiempo
llegaría a contralmirante.
Fatalmente no todos los peruanos en el destierro
tuvieron tan noble proceder y uno de ellos fue el coronel Juan Hercelles.
Este organizó una expedición invasora contra
Piura, desde Guayaquil. En su aprovisionamiento intervino el general Flores que
con tal fin viajó de Quito a Guayaquil. Los comisarios del barrio de Guayaquil
fueron los encargados de reclutar voluntarios entre la numerosa colonia peruana
del puerto. A muchos se les dijo que iban al Perú para oponerse a la invasión
boliviana, invocando para eso su patriotismo.
Los enganchados fueron acuartelados en el
convento de San Agustín de Guayaquil y las armas y municiones fueron
proporcionadas por el presidente Flores.
El 30 de diciembre de 1841 salieron públicamente
del muelle de Guayaquil los expedicionarios con 20 jefes y oficiales y 100
soldados. Los rebeldes desembarcaron en Tumbes y allí Hercelles lanzó un
manifiesto proclamándose jefe superior del norte y declarando anulada la
constitución de Huancayo y vigente la de 1834.
Avanzó rumbo a Paita. A Tumbes había llegado el
6 de enero de 1842 en momentos en que en el sur los peruanos luchaban contra
los invasores bolivianos. En la marcha fue levantando gente y al llegar al río
Chira a la altura de Amotape, el 16 de enero había duplicado el número de sus
hombres.
El 18 de enero, Torrico el prefecto de Piura,
reunió a una junta de jefes y se resolvió atacar. A las 2 de la tarde salió una
columna, que atravesó el arenal que divide a los valles del Piura y del Chira y
llegando al río avanzó por su margen izquierda hasta el punto llamado Macacará.
Los separaba de los invasores el río y cinco leguas de distancia. Los leales
contaban con 200 soldados.
En esos momentos se supo que el coronel Arrieta
desembarcaba en Paita con 750 soldados, procedentes de Lima. Estas fuerzas
avanzaron también por la margen izquierda del río Chira, con intención según
parecía de unirse a las de Piura y fue así que pasaron prácticamente frente a
las de Hercelles apostadas al otro lado del río.
Mientras tanto las fuerzas de Piura, cruzaron el
río y avanzaron sobre Querecotillo para evitar que Hercelles huyera hacia
Zapotillo, ante las superiores fuerzas de Arrieta. Estas habrían hecho la
travesía en 4 barcos de transporte y en el bergatín “Constitución”. Esta
encontró en la bahía de Paita al “Yungay”
de Hercelles con el que trabó combate.
Arrieta siguió avanzando hasta Sullana y allí lo
informaron que la columna de Piura había
pasado el río rumbo a Querecotillo. Trató por lo tanto de hacer lo mismo para
operar la unión de las dos fuerzas. Una vez al otro lado, supo que Hercelles
tenía pocas fuerzas y resolvió entonces ir tras de él, llegando el mismo día 19
de enero a Tangarará.
Hercelles consideró que no le convenía luchar con
fuerzas tan superiores. En la hacienda Cupusulá en proximidades de
Se trataba en realidad de una buena solución de
parte de Arrieta que el mismo 19 había llegado a Tangarará a las 8 de la noche
y en pocas horas logró la rendición de su contrario sin pérdida de vidas.
Torrico sin embargo no lo tomó así y desconociendo el pacto hizo someter a Arrieta
a un consejo de guerra del que salió absuelto.
Como veremos mas adelante, Hercelles no
escarmentó y se metió en nuevos problemas en los que perdió la vida.
Juan José Flores, que había retornado al poder en enero de 1839, volvió a crear problemas limítrofes tanto en el norte con Colombia de la que ambicionaba Pasto, como por el sur con el Perú.
En junio de 1840 Ecuador hizo conocer que la opinión publica de su país se había pronunciado por la fijación perentoria de sus límites septentrionales y meridionales.
Como el Perú no creía tener problema alguno de límites con el Ecuador, el ministerio de relaciones exteriores solicitó de la cancillería ecuatoriana una explicación.
El 16 de diciembre de 1840 el gobierno de Ecuador planteaba que se fijaran los límites en forma definitiva de acuerdo con el tratado de Guayaquil de 1829.
El gobierno peruano contestó que estaba vigente el tratado de 1832 aprobado por los gobiernos y congresos de ambos países.
Era la primera vez que Ecuador invocaba el tratado de 1829, que ese mismo país lo había considerado no vigente por el tratado del 18 de julio de 1832.
Flores aumentó su ejército así como los efectivos de las guarniciones en las fronteras con el Perú.
Gamarra cuando aun gobernaba, estuvo preocupado por la revolución de Vivanco en el sur y por los pronunciamientos militares de varios caudillos bolivianos a favor de Santa Cruz, en Bolivia; resolvió contemporizar y envió al Ecuador como ministro plenipotenciario a Don Matías León. Por su parte Ecuador nombró a Don José Félix Valdivieso, habiéndose celebrado la primera reunión en Quito el 3 de diciembre de 1840. Se partió del examen del tratado de amistad y comercio de 1832.
Ecuador pretendía casi la mitad del norte peruano.. Reclamaba Tumbes, Jaén y Maynas así como parte del departamento de Piura hasta llegar a los límites del río Quiroz. Por extravagantes que pudieran ser tan desmesurados pedidos, el representante peruano trató de ganar tiempo y siguió discutiendo. Cuando los ecuatorianos por medio de sus representantes se tornaron más exigentes, el ministro peruano León dijo no tener facultades y que iba hacer consultas. Se había pasado así todo el año 1841.
Conocido el desastre de Ingavi, el Ecuador creyó llegado el momento de actuar.
El 14 de Enero de 1842, el ministro ecuatoriano Valdivieso expresó que vano seria perder un tiempo tan precioso en negociaciones inútiles y que ocuparía los territorios que le pertenecían hasta los límites estipulados en articulo 5to. del tratado de 1829, y que en tal virtud declaraba:
1º- Que la ocupación del territorio que pertenece al Ecuador se hará pacíficamente y con toda la prudencia que es propia de un gobierno civilizado.
2º- Que si a pesar de tan cautelosas precauciones, se opusiera alguna resistencia por parte del gobierno del Perú. Será rechazada con la fuerza.
3º- Si el gobierno peruano se obstinare en
hostilizar indebidamente a las tropas ecuatorianas, la guerra será considera y
sostenida en el territorio del Ecuador contra invasiones del gobierno peruano.
4º- Que en tan duro caso, el Ecuador después de
haber defendido su propio territorio, podrá tomar la ofensiva, si así conviniere para
vindicar la
ofensa que hubiera recibido y también
por la salud de su ejército y el bien de los pueblos.
5º- Que sin embargo de que la nación ecuatoriana
tiene el sentimiento de sus propias fuerzas para defender su honor y sus
intereses, llamará en su auxilio a las naciones aliadas para que cooperen a su
defensa.
6º- En fin, habiendo transcurrido doce años sin
que se hubiera cumplido por parte del Perú el tratado hecho en Guayaquil el año
1829, no obstante que fueron oportunamente canjeadas las ratificaciones; el
gobierno del Perú y no del Ecuador, será el responsable de los resultados y de
los males, que se originen por consecuencia de un rompimiento, al que no da
lugar el Ecuador y que el presidente trataba evitar.
A don Matías León no le quedó mas remedio que
pedir su pasaporte y retornar a Lima.
Los mismos historiadores ecuatorianos están de
acuerdo en reconocer que el general Flores se encontraba envanecido por los
éxitos que resientes había logrado en Pasto con el ejército ecuatoriano,
intervenido en las luchas civiles de Nueva Granada. El mencionado ejército
tenía 2,500 hombres bien equipados pero que indudablemente no podía llevar adelante
una guerra con el Perú.
Como parte del plan de Flores, estaba en
utilizar a los mismos desterrados peruanos para lanzarlos contra Piura, así como complotar con Santa Cruz para que este lograse llegar a la
presidencia de Bolivia y entre los dos países atacar
al Perú.
Por eso la acción del coronel Hercelles fue
totalmente irresponsable y hasta traidora.
Pero el espíritu inquieto a Flores, lo llevó a
intervenir una vez más en las guerras civiles de Nueva Granada y al igual que
en 1841, se fue a guerrear a Pasto en 1842, tratando debelar una rebelión. Su
participación fue agradecida por el gobierno de Bogotá que le reembolso todo
los gastos.
El ultimátum quedó por lo tanto en nada y en
marzo de 1842, en propio gobierno de Ecuador envió a Lima como ministro plenipotenciario
al general de división Bernardo Daste, el cual, planteó como cuestión previa la
entrega de Jaén y Maynas, lo que le fue rotundamente negado. El 19 de abril de
1842 pidió su pasaporte y salió de Lima.
Por esos meses, ya el Perú ya estaba controlando
la situación en el sur y el ejército boliviano se estaba replegando en todos
los frentes. Mientras tanto la escuadra había sido puesta nuevamente en pie de
guerra y los ejércitos del norte y del sur se habían incrementado. El Perú
podía nuevamente dar pelea.
Flores había estado tentando a Chile de unirse
para desmembrar al Perú, que le decían que era un peligro. Ecuador tomaría una
parte del norte y el resto se dividiría en dos partes. No hay duda que en estos
había sugestión de Santa Cruz. Chile rechazó tan alocados planes.
Con la firma del tratado de paz entre Perú y
Bolivia, las esperanzas de Flores se esfumaron. De todos modos, Piura quedó en
estado de alerta.
Resueltos los problemas internacionales, las ambiciones de los caudillos militares volvieron a reaparecer. Muchos pretendían ocupar el lugar dejado vacante por Gamarra.
Como encargado de la presidente estaba Menéndez
hombre muy honrado y pacífico que convocó a elecciones.
Torrico dejó Piura y se trasladó a Lima como
jefe del ejército del norte,
No fue del mismo parecer el
general San Román, que con sus tropas avanzó hasta el departamento de Ayacucho con el fin de alcanzar Lima, según decía para apoyar al
gobierno legalmente constituido de Menéndez, pero lo cierto era que ya se había
entendido con Torrico.
De
Mientras tanto en Lima, el 6 de agosto, Torrico
depuso a Menéndez y se proclamó jefe de la nación. Las fuerzas de Torrico y de
San Ramón se unieron.
Durante el gobierno de Manuel Menéndez, habrá actuado como ministro de
guerra y marina el general sullanero J. María Raygada. Torrico nombró como
ministro de guerra a Manuel de Mendiburu y como comandante general del Callao y
de Lima al piurano coronel J. Félix
Jaramillo.
El litoral piurano se veía frecuentemente asolado por muchas graves epidemias, que traían personas o animales enfermos en los barcos que tocaban Paita.
Uno de esos terribles males era la fiebre amarilla, que en repetidas veces hizo su aparición en el departamento, pero sobre todo en los puertos piuranos.
En 1842 el mal se presento en forma muy violenta en la zona de Istmo de Panamá. Lo cierto era que en tal región la
fiebre amarilla se había tornado endémica a causa de los pantanos, pero en esa
época se desconocía cual era el agente transmisor
Bien pronto la peste se propagó a Guayaquil que
también tenia condiciones propicias y causó grandes estragos.
Las autoridades piuranas prohibieron los viajes
de los pescadores y balseros de Sechura y Colán hacia Guayaquil, pero el
control era difícil.
Se optó entonces por cerrar la frontera en forma
total por mar y por tierra. Las autoridades piuranas comunicaron a las de Loja
que todo intercambio comercial quedaba suspendido.
Mosquito transmisor
Se tendió un
riguroso cordón sanitario desde Tumbes hasta
Tuvo que iniciarse el nuevo ciclo, pare recién conocer que el zancudo llamado stegomia, era el agente transmisor.
El 28 de julio de 1842, el capitán de fragata Francisco Forcelledo que estaba en el Cusco, proclamó encargado del mando supremo al general Francisco Vidal. Este lo ascendió a capitán de navío en agosto de ese año. Forcelledo encargó al general José Félix Iguain, que lograra convencer a los capitanes de los barcos de guerra anclado en Paita se pronunciaran a favor de Vidal.
El 2 de setiembre estaban en
Paita la corbeta “Yungay” y la barca de
guerra “
Torrico tenía en el Callao a las goletas “Libertad” y “Alerta” y al pailebot “Vigilante” que eran barcos débiles que no podían enfrentar a los contrarios.
Las fuerzas de Vidal y de Nieto estaban en Ica, de tal manera que
los barcos al mando de Villar se trasladaron a Pisco. Esto hizo suponer a
Torrico que las tropas de Vidal trataban de embarcase para el Callao, y se
precipitó sobre Ica para impedir ese embarque, movimiento esperado por Vidal y
Nieto. El 17 de octubre se encontraron las dos fuerzas en Agua Santa y no obstante
que las fuerzas de Torrico y San Román era mas disciplinadas y numerosas,
fueron derrotadas debido a una carga a
En Ancash se había pronunciado también a favor del general Vidal, el coronel Justo Hercelles, que recién había llegado del Ecuador. Eso ocurría el 25 de octubre, es decir después de la acción de Agua Santa, en que triunfaron Nieto y Vidal.
Uno de los primeros actos de Vidal fue convocar a elecciones. También nombro prefecto de Huaraz al coronel Hercelles, pero este se sublevó el 18 de diciembre.
Hercelles y su segundo
, el coronel Juan Manuel Céspedes iniciaron una implacable leva para formar un ejercito. Eso les concitó antipatías. En un motín popular en su contra, Céspedes fue atacado y a duras penas salvo la vida saliendo gravemente herido.
El general Vidal, mandó contra el rebelde al coronel Ildefonso
Coloma, sullanero, que había retornado de Bolivia en donde había estado
prisionero de Ballivián.
Coloma
derrotó a Justo Hercelles y lo tomo
prisionero. Vidal ordeno su fusilamiento así como varios de sus seguidores.
Hercelles y Céspedes fueron fusilados los días 22 y 23 de enero de 1843 en el
trayecto de Ancash a Lima a la altura de Chancay. Parece que se dio orden de
precipitar los acontecimiento para evitar que se
interpusieran influencias a su favor. En efecto, el general Echenique en sus
memorias asegura que al tener conocimiento que se quería fucilar a Hercelles se
dirigió a palacio a pedirle perdón a Vidal, pero allí estaba
Mucho se comentó y la misma Manuelita Sáenz lo aseguró, que fue el coronel Hercelles el que mandó asesinar al doctor Thorne el esposo de Manuelita, porque tanto el militar como el médico, se disputaban la propiedad de una hacienda en las cercanías de Lima. Como se recordará, el Dr. Thorne había instituido heredera de sus bienes a la refugiada de Paita, pero todo hace presumir que los trámites judiciales que inicio, no lograron éxito. Por otra parte, Hercelles murió antes que Thorne. De todos modos. Hercelles era un atrabiliario.
Unos cuantos meses duro el gobierno de Vidal, por que en esa época no se conocía ni la lealtad ni el desprendimiento de los altos jefes militares. Todos eran unos ambiciosos y se creían con derechos suficientes como para llegar a regir los destinos de la nación. Por eso el mariscal Nieto al conocer el nuevo pronunciamiento exclamó: “Ha llegado ya la inmoralidad militar a tal estado que me avergüenzo de llevar la casaca y estoy tentado de retirarme por siempre”.
La insubordinación del general Vivanco fue casi un proceso que abarcó varios días del mes de febrero de 1843 hasta que se proclamó Regenerador del Perú.
En la noche del 3 de marzo, los barcos “Yungay” y “Limeña” que estaban en la rada del Callao, la abandonaron al sur a ponerse a las órdenes de Vivanco. Mientras tanto el ejército del centro a órdenes del general Juan Pezet también se pronunciaba por el regenerador. Una división del ejército procedente de la sierra se acercaba a marchas forzadas al mando del coronel Francisco Alvarado Ortiz, paiteño y se estacionaba en Lurín. Nadie sabía sus intenciones.
Ante esta situación, Vidal entregó el mando al vicepresidente Figuerola, y se retiro. Su intención era expatriarse voluntariamente pero no tenía dinero y para lograrlo tuvo que empeñar las joyas de su esposa.- Figuerola, era el primer vicepresidente desde el gobierno de Gamarra y le correspondía el mando de forma legítima. Como jefe militar de Lima se nombró al general Ramón Castilla, el que concentró fuerzas en la plaza de armas de Lima para defender palacio; pero Echenique (así lo cuenta en sus memorias) se infiltró y logró ganárselas. Luego celebró un cabildo abierto en el que se proclamó a Vivanco y a Echenique se le nombró como prefecto de Lima.
Vidal, encargo la dirección de la escuela de San Fernando al medico cataquense Cayetano Heredia ya había sido rector del colegio de la independencia, pero la política que en todo se metía y nada respetaba motivó su separación de esos claustros, habiendo sido el ministro de Vidal el Dr. Benito Lazo, el que los restauró en el cargo, que mas tarde el presidente Vivanco, que sabia apreciar la cultura y la inteligencia, lo confirmó.
EL GOBIERNO DE VIVANCOEl rubio y el culto caudillo militar que era Ignacio de Vivanco, hizo un triunfal recorrido de Arequipa a Lima, siendo recibido en forma apoteósica en Lima. Una vez mas quedaba demostrada la inconstancia de la gente limeña que un día encumbra un personaje y en otra oportunidad se llena de rencor con él. Parece en realidad que nunca sabe lo que quiere. Precisamente por ese tiempo ocurrió un hecho insólito. Estaba encargado de la presidencia don Justo Figuerola en su condición de 1er vicepresidente. El encargado era un hombre anciano y con achaques, por cuya razón se retiraba temprano a su domicilio. Un día que guardaba cama se acercó a su casa una multitud vociferante que daba voces contra Vidal y habla de revolución. Don Justo llamó a su hija Juana y le dijo que sacara de un ropero la banda presidencial y que por el balcón la tirase a la multitud. Suponía que como la banda era símbolo del poder, ese era lo que deseaban. La turba rugió de alegría y con la banda presidencial recorrió durante varias horas las calles, y al fin cansados, regresaron por la noche y devolvieron la banda. Con mucha filosofía el Dr. Figuerola se concretó a disponer que volviera la prenda al lugar donde había estado antes.
Tras de la llegada de Vivanco a Lima, el general Echenique ordenó a Francisco Alvarado Ortiz que se replegara a la sierra ye este obedeció, quedando de esa forma conjurado un posible peligro.
En la revolución no se había producido ni un muerto, ni un solo herido, cosa que antes no había pasado. Vivanco tomó el titulo de Supremo Director.
El 7 de abril 1843 ingresaba Vivanco a Lima y al día siguiente daba un absurdo decreto supremo que con el tiempo seria la causa de su derrocamiento. Disponía que todos los funcionaria civiles y jefes, oficiales y soldados, jurasen lealtad y reconocimiento al gobierno de la restauración. El 19 de abril los peruanos suscribían actas en favor de Vivanco.
Castilla, Nieto, Bermúdez, Mendiburo, Joaquín Torrico y otros más se negaron hacerlo y se retiraron de Lima. EL contralmirante Forcelledo pidió su baja. Entonces Vivanco decretó que los que no jurasen debían de ser desterrados y los que desobedecieran la orden, ser fusilados.
El 17 mayo del mismo año, los generales Nieto y Pedro Bermúdez se reunieron en Tacna con numerosos jefes y acordaron declarar a Vivanco usurpador y reconocer como presidente legítimo a don Justo Figuerola. El mariscal Nieto fue proclamado jefe político y militar del territorio libre. El 2 de junio, el general Ramón Castilla que estaba en Moquegua, lo reconoció. El 7 de junio en Piura juraban obediencia a Vivanco.
Los sublevados del sur formaron una junta provisional de gobierno que la presidían Nieto y Castilla. Tacna, Moquegua y Arica estaban en poder de los rebeldes. En este último puerto el jefe militar era el coronel Iguain.
El 8 de abril de 1843, la goleta “Libertad” al mando de capitán de corbeta Juan Noel y Lastra paiteño, inició el bloqueo del puerto. Contaba con 18 hombre a bordo y con bandera de parlamento despacho un bote a tierra pero en esos momentos no estaba Iguain en Arica. Por la noche se trató de desembarcar gente, pero fueron rechazados por los defensores. Al día siguiente desde Arica dispararon a la “Libertad” 6 cañonazos por cuyo motivo se retiró el barco fuera del alcance de los tiros.
El 15 se sumó al bloqueo “
En su parte de guerra, Ortiz de Zevallos pondera el valor de Noel y de los guardias marinas José Vascones y Ángel Rodríguez. Luego se destacó a Noel para que con la “Libertad” pusiera bloqueo a Iquique.
El 6 de agosto los generales San Román y Torrico que habían ingresado por Bolivia fueron copados en Zepita por el general Fermín del Castillo, pro Vivanco, teniendo que retornar a Bolivia. Esta actitud de Del Castillo fue duramente criticada por Vivanco que dijo, debiera haber sido fusilados los dos generales exilados.
Mas tarde Nieto y Castilla lograron en el sur las victorias de Pachía y de San Antonio, esta última el 28 de octubre en las que salieron derrotados los generales Manuel Guarda y Fermín del Castillo, que también quedaron prisioneros. Con eso, Vivanco perdió todo el sur. Había empezado a declinar la estrella de Vivanco.
Hasta la primera del siglo pasado la comunicación por tierra y el transporte de personas y cosas giraba en torno del caballo, ya sea que se le utilizaba en forma directa o que los empleaba para tirar coches. Por siglos había sido igual en el mundo, pero al descubrirse por James Watt la fuerza expansiva del vapor de agua, nuevos horizontes se abrieron para el progreso del mundo, sobre todo en lo referente a las comunicaciones.
Fue el ingles Richard Trevithick el primero que inventó en 1804 una máquina para acarrear carbón en las minas de Gales del Sur. Ya el camino de rieles o ferrocarriles se había utilizado antes cuando los cochecitos carboneros eran tirados por caballos.
Otros hicieron diseños de locomotoras, pero fue recién hasta 1814 cuando el ingeniero de la mina de carbón de killingworth, Jorfe Stephenson, construyó la primera maquina de una serie a la cual llamo “Blucher” posiblemente en homenaje al general alemán que contribuyo a la derrota de Napoleón. Las locomotoras construidas por este ingeniero sirvieron para correr sobre la línea férrea tendida entre Stockton y Darlington (Inglaterra), en la que originalmente se pensó utilizar tracción animal, al igual que los tranvías que hasta las tres primeras décadas de este siglo existieran en Paita y Piura.
La utilización de la locomotora en Darlington en 1823 fue un éxito y despertó entusiasmo.
En 1829 en octubre se efectuó un concurso
de locomotoras en Inglaterra, y Stephenson se presentó con un nuevo modelo
llamado “Rocket” que logró
Los norteamericanos que estaban impulsando
su desarrollo, se interesaron en el nuevo invento y la compañía del Canal
Delaware y Hudson importó una para utilizarla en Pensilvania en una vía de
La primera locomotora para el arrastre de
tres coches para pasajeros se construyó en 1831 y fue
Pero hasta 1850, los ferrocarriles solo cubrían distancias cortas. Siempre eran la diligencia la que continuaba como el vehículo insustituible para las grandes distancias y fue así como los norteamericanos iniciaron la conquista del Far West empleando las carretas y solo muchos años después, ya bien entrado el siglo, el Ferrocarril Transpacífico; consolidó la epopeya.
Por eso llama la atención que un paiteño haya concebido en 1843 un proyecto que en ese año pudo parecer a muchos una tremenda locura como lo era el ferrocarril de Paita al Marañón. La idea era de Rudesindo Garrido un paiteño de origen ayabaquino.
Se trataba de cubrir una distancia en
verdad enorme ya que excedía los
Por todas esas razones la concepción de Rudesindo Garrido era sencillamente genial y se adelantaba a la época por muchas décadas. Fue sin duda un gran conocedor de la región para haber presentado un plan con tanta minuciosidad como lo hizo, pues en 1872 el ingeniero Alfredo Duval que estudiaba un ambicioso proyecto de irrigación en Piura confirmó la factibilidad técnica del proyecto.
Desde entonces los piuranos han venido reclamando la ejecución de esta gran obra habiéndose efectuado estudios y gestiones diversas. Después de casi siglo y medio la idea genial de Garrido sigue constituyendo una aspiración de todos los piuranos y una esperanza para el Perú.
Con el auge de la construcción de carreteras, se ha sustituido el año 2000 el antiguo proyecto ferroviario, por una gran carretera de Paita a Yurimaguas.. Pero no se ha descartado la construcción de un ferrocarril.
En su oportunidad nos ocuparemos de todos esos intentos para hacer realidad el ferrocarril de Paita al Marañón.
Con malos síntomas se presentó el año 1844 para el gobierno de Vivanco. Como siempre, el otro lado de la frontera era un hervidero de conspiradores y las autoridades piuranas tenían que estar alertas para evitar nuevas aventuras como las de Ángulo y Hercelles.
En enero de 1844, el coronel Romualdo Rodríguez intentó ingresar por Macará con una fuerte partida de desterrados. En la población fronteriza de Macará, los revolucionarios establecieron su cuartel general y tras de breves días de preparación cruzaron el río ingresando a suelo piurano. Las tropas leales a Vivanco le salieron al encuentro y le hicieron prisionero. Este hecho se conoció pronto en Lima y creó la natural preocupación. Junto con Rodríguez fueron capturados los mayores José Franco, José Campuzano y el capitán José Lino Colona, todos los cuales fueron enviados a Trujillo.
Se dispuso entonces que parte de la armada que estaba en Islay, se trasladase a Paita, para bloquear cualquier intentona por mar. El capitán de corbeta Juan Noel con la goleta “Libertad” fue encargado de tal misión. En junio ya estaba Noel frente a Paita, y consideró prudente hacer un patrullaje por las costas pues se había producido serios disturbios en Trujillo. Estando anclado frente a Huanchaco el 23 de julio, los rebeldes lo invitaron a plagársele a lo que se negó. No sabía Noel que ya Vivanco acababa de ser derrotado en Carmen Alto. Por ignorar esa situación, Noel retornaba a Paita con su barco. Trujillo estaba por Elías, que se había rebelado en Lima.
Al saber Vivanco de la derrota de sus fuerzas del sur, resolvió ir personalmente a combatir a Castilla con tropa fresca de Lima. Salió de la capital el 30 de noviembre de 1843, y por la sierra central se dirigió con dirección al Cuzco estableciéndose en Chincheros en donde perdió mucho tiempo.
En Lima había dejado como prefecto y jefe político, a don Domingo
Elías, rico hacendado de Ica y como jefe militar a Rufino Echenique, con orden
de que no aumentara la fuerza que tenía en su mando. general Echenique en
sus Memorias reconoce que Vivanco hacía todo eso por desconfianza, asegurando
que en ningún momento había pasado por su mente complotar contra el Supremo
Director.
Las relaciones entre Elías y Echenique no marcharon bien. Por otra parte los constitucionalistas (como se llamaban los sublevados), estaban dominando los departamentos de la sierra central lo que era una amenaza para Lima. Por lo tanto resolvió Echenique incursionar en esa zona, llevando como su segundo a Francisco Alvarado Ortiz, al cual ordenó que se le adelantaran llegando a recapturar Ayacucho. Tras de eso se ubicó en Tarma.
Mientras tanto en Lima, Domingo Elías
congregaba a las autoridades y personas notables y ante ellas se declaraba el
18 de julio de 1844 Jefe Político y Militar de
Lima, como era su costumbre respaldó al
nuevo mandatario y hasta las autoridades y miembros de
Mientras eso pasaba en Lima, Vivanco avanzó sobre Arequipa que una vez mas
lo recibió jubilosamente. Castilla y San Román que se había unido, le pusieron cerco durante 16
días a Arequipa y el 22 de julio a las
afueras de la ciudad, en el sitio llamado Carmen Alto se produjo la batalla que
perdió Vivanco. Este pudo seguir combatiendo pues su ejército no había sido
destruido, pero prefirió dirigirse a Islay para tomar la escuadra y dirigirse
al norte del país. Los pareceres en la escuadra estaban divididos. El capitán
de navío y jefe de la escuadra Juan José Panizo, estaba de acuerdo lo mismo que
los capitanes de corbeta José Ortiz de Zevallos, Joaquín Guerra y Antonio Valle
Riestra. El resto con el capitán de corbeta Francisco Carrasco eran de otro
parecer. El 24 de julio se realizó una junta de jefes y se tomó el criterio que
la escuadra era una propiedad nacional y no individual se desconoció la
autoridad de Panizo, se le reemplazó por Carrasco y se dieron facilidades para
que Vivanco, sus jefes, y a los jefes de la escuadra que simpatizaban con él,
que pasaran al vapor “Perú” que salía rumbo a
Callao.
La escuadra se plegó entonces a Castilla.
Era Francisco Carrasco el mismo marino
que en 1840 había sido director de
Vivanco llegó al Callao en la noche del 27 de julio y Elías dispuso que fuera transbordado al barco “Agustina” y deportado al Ecuador con varios de sus jefes adeptos. Una vez más Ecuador recibía a los exilados.
Por acta celebrada el 4 de julio en la hacienda Condoray, el brigadier Francisco Alvarado Ortiz, entregó a sus fuerzas al contralmirante Forcelledo, representante del general Francisco Vidal nombrado por Castilla comandante general del norte, cargo que luego pasaría Medina.
Elías envió al general Pedro Bermúdez para intentar que Echenique
con sus tropas se le plegaran para enfrentar a Castilla, pero no logró éxito.
Bien sabia Echenique que o tenía ninguna posibilidad de éxito contra Castilla
de tal manera trató de moldearse a la situación. Sabiendo que el coronel Miguel
Medina se encontraba en Ayacucho y marchaba sobre Junín, resolvió salirle al encuentro
completamente solo. El encuentro de esos viejos amigos fue cordial y Echenique
puso a disposición de Medina todas sus fuerzas y juntos se encaminaron hacia la
capital, para recibir allí a Castilla, al mismo tiempo que sorteaban a San
Román que trataba de coparlos. Medina había sido nombrado jefe militar del
norte por Castilla, pero no ocupó el cargo.
Viéndose solo Elías, convocó entonces una reunión en el palacio el 10 de agosto y ante ella renunció, dejando el poder en mando de don Manuel Menéndez, el presidente del consejo de estado de Gamarra, en que en realidad era el que debió terminar el periodo de gobierno a la muerte del mariscal muerto en Ingavi. Por 52 días y motivos de salud, a su vez Menéndez delegó el poder en manos del 1er. Vicepresidente Justo Figuerola.
Días antes había enviado Elías varios comisionados ante Castilla para proponerle que como jefe militar y político del norte se reconociera a él Elías y por el sur al propio Castilla mientras se celebraban elecciones.
La respuesta fue que no podía haber un gobierno bicéfalo. Mas bien se le reconocía como prefecto de Lima. Castilla siguió en Arequipa en actitud vigilante, pero haciendo honor a su posición constitucionalista reconoció la legitimidad del gobierno de Justo Figuerola.
Cuando Noel con
“
En Paita
supieron la derrota de Vivanco y en acto que honró mucho al marino paiteño
porque lo usual era el oportunismo y al deslealtad, el capitán Juan Noel,
renunció el cargo de comandante de la goleta “
El “Vigilante”
zarpó el 04 de agosto de Paita y llegó al Callao el 23; mientras que la “
El 13 de septiembre, llegaba al Callao en el barco mercante “Caupolicán”, el capitán Noel, un oficial de marina, un guardia marina y un pilotín, en calidad de pasajeros civiles. Todos habían seguido a su capitán. EL encargado de la presidencia Dr. Figuerola, dispuso que sus pasajes los pagara el fisco.
La “Libertad” y el “Vigilante” era los únicos barcos que podía disponer el Perú en esos momentos, pues con el resto de la flota anclada en Islay, se habían producido unos incidentes con la escuadra inglesa anclada en ese puerto, y estaban inmovilizados.
Repuesto de su salud, asumió el poder el 7 de octubre de 1844 don Manuel Menéndez en su condición de presidente de consejo de estado. Continuó hasta el 15 de abril de 1845 en que entregó el mando al presidente elegido.
Castilla lo reconoció como gobernante legítimo y cuando recién, el
10 de diciembre ingresó a Lima, pasó revista al ejército en su compañía.
El ministerio designado por Menéndez fue el siguiente: Como ministro de guerra al general José María Raygada, al cual reemplazó meses más tarde su paisano Miguel Medina. En gobierno y relaciones exteriores el Dr. Matías León. En el ministerio de justicia el Dr. Manuel Cuadros y en hacienda al general Manuel Mendiburu.
Convocó a elecciones y no persiguió a nadie.
Dictó disposiciones para evitar que moneda de Ecuador circulara en la provincia litoral de Piura desplazando a la moneda peruana. Eso era una muestra sin duda del intenso intercambio entre las zonas fronterizas.
El coronel sullanero José Félix Jaramillo que era prefecto de Ancash había lanzado su candidatura a la presidencia de la república, pero el general Ramón Castillo adquirido mucha popularidad.
Cuando tratamos
de la llegada del general
El presidente
Orbegoso proyecto repatriar los restos de
Don Jorge
Basadre sobre las gestiones que realizó doña Francisca Otoya, expresa lo
siguiente: “Gracias a las gestiones de doña Francisca Otoya vecina de Paita y
esposa de un alemán avecindado en Costa Rica salieron los restos de
El padre Rubén Vargas Ugarte asegura a su vez lo siguiente: “Intervino mas tarde doña Francisca Otoya de Piura y ésta, amiga de Morazán, le pidió que autorizase la entrega de los restos del Mariscal. En 1843 le fue concedido y a nombre de dicha señora los recibió el marino alemán Eduardo Wallerstein, el cual los condujo a Piura”.
Al cumplir con
tanto éxito el encargo que le diera Francisca Otoya, le escribe Wallerstein, lo
siguiente: “los sentimientos de gratitud que me animan hacia Ud. por la
hospitalidad generosa que tuvo la bondad de dispensarme por muchos años, me
hicieron empeñarme en dar a Ud. una prueba de ellos, empeñándome en satisfacer
uno de los deseos de su corazón: Ud. deseaba recoger y trasladar a su patria
las reliquias del señor general don José de
Todo hace
suponer que Wallerstein era el marino con quien a los 15 años se casó Francisca
en Paita. Como alemán, de espíritu amplio y liberado de prejuicios, no titubeó
en cumplir el encargo de la que había sido si esposa, en reconocimiento por los
años de felicidad que dice vivieron juntos. Cuando Francisca conoció a
Francisca se casó en Paita y también vivió muchos años en el puerto, precisamente cuando también Manuelita Sáenz estaba radicada allí. Quiso la suerte unir a dos mujeres que habían sido grandes amores de dos militares brillantes pero enemigos.
Los restos de
En 1845 Francisca enviaba a Lima la siguiente comunicación.
República Peruana.- Piura 8 de mayo de 1845.
Señor Ministro de Gobierno.
Señor.
En el “Redactor”
Nº 12, tomo I del sábado 1º de marzo de 1843 se registra una petición del
Supremo Poder Ejecutivo, en que solicitó de
Las revoluciones
que han sucedido con tanta precipitación en nuestra desgraciada patria, no han
permitido que se llene el precioso objeto de la demanda, pero no han faltado
personas que con diligencia hayan procurado allanar algunos de los tropiezos
que creaba el genio de la discordia. Los restos del ilustrísimo gran mariscal
don José de
Ahora que se
halla al frente de los destinos del Perú un veterano de la independencia, amigo
del general
Al dirigirme a U.S. con el fin de que se avise a S.E. el Presidente para que disponga lo más conveniente, siendo a más viva emoción con los recuerdos de tan recomendable ciudadano que hizo las delicias de sus amigos y dio gloria a su patria.- Dios guarde a U.S.- Francisca Otoya.
Gran sorpresa se
llevaría el ministro al recibir esta comunicación y saber que los restos de
Por esos azares
del destino, en Costa Rica el desterrado general
El 16 de septiembre el congreso dispuso que sin demora se trasladasen los restos a Lima y nombró una comisión que integraron el ya general de brigada Ildefonso Coloma, el Dr. Manuel Asensio Cuadros y el prefecto de Ayacucho Manuel Angulo.
El 3 de diciembre
del mismo año 1845, el presidente Castilla escribía a Francisca para
agradecerle el noble comedimiento y celo patriótico que había tenido para
trasladar desde Centro América los restos del general
El 23 de diciembre de 1846 dispuso que saliera el bergantín “Guise” hacia Paita al mando del capitán de corbeta José M. Silva Rodríguez.
Es decir que entre el nombramiento de la comisión y de la
designación del barco había trascurrido nada menos que un año. La comisión original
en realidad fue otra y dos de sus
miembros el coronel Luis
Fue así como
doña Francisca fue visitada en Paita por el general Antonio Elizalde cuñado de
Olmedo y Elizalde tuvieron oportunidad en Paita de visitar a Manuela Sáenz y de invitarla a trasladarse al Ecuador, pero la famosa exilada tampoco aceptó. Deseaba vivir en el tranquilo aislamiento del pequeño puerto, que la había acogido con cordialidad.
Por fin, el 27 de diciembre de 1846 ancló el “Guise” frente a Paita. Como intermediario de la señora Otoya y las autoridades de Lima, actuó el senador Santiago Távara Andrade.
En
La urna con los restos fue conducida a Paita en donde el pueblo exigió rendirle también multitudinario y cálido homenaje, en el que intervino la marinería y los barcos surtos en la bahía que dispararon los salvas de reglamento.
En todos estos
actos se pasó el mes de enero de 1847, pues recién a fines de febrero llegaba
el Guise al Callao. El barco había partido de Paita el 29 de enero y antes de
ingresar en la bahía estuvo varios días en la isla San Lorenzo, mientras se
preparaba el programa de recepción. Por el 1ro. De marzo a las 2 de la tarde el
Guise ingresaba lentamente, lanzando una salva de 22 cañonazos, que contestaron
todos los barcos surtos en la bahía, cuyas tripulaciones formaron en la
toldilla. Las banderas de los barcos se pusieron a media asta e izaron
grímpolas negras. Cada cuarto de hora las baterías de tierras disparaban un
cañonazo. Las banderas de los edificios públicos del Callao estaban igualmente
a media asta. Al desembarcar la urna de la falúa al muelle, el coronel Manuel
Angulo y cuatro guardias marinas la colocaron en el gran carro funerario (había
costado 4,500 pesos, suma muy alta para la época). En la iglesia del Callao se
le tributaron solemnes honras fúnebres, fue toda una procesión cívica el
recorrido del muelle a
El general Alejandro Deustua, gobernador de la provincia litoral de Piura, envió a Francisca Otoya, la siguiente comunicación, que el periodista paiteño José Miguel Godos, la hizo publicar en el diario Correo.
Gobierno
Político de
Piura, 31 de diciembre de 1846.
A la señora Francisca Gonzáles Otoya.
Por
comunicaciones oficiales que e recibido con esta fecha, la gobernación sabe que
ha zarpado ya del puerto del Callao, el bergatín nacional de guerra “Guise” que
está destinado a transportar de ésta, a la capital, los restos mortales del
gran mariscal
Como la gobernación tiene noticias de que Ud. se halla próxima ausentarse de esta ciudad, le participa este acontecimiento, para que en caso de que no pueda suspender su viaje, para hacer personalmente la entrega de los expresados restos y sus respectivos documentos de identidad, deje comisionado para ello a una persona de su confianza y que se servirá decir a la gobernación quienes Dios guarde a Ud. Alejandro Deustua.
Por lo visto, Doña Francisca no estuvo en el memorable acto de entrega, pues encomendó la labor al senador Santiago Távara.
La familia Gonzáles Otoya, residía en Paita y es así como vemos que en el sonado caso del Pailebot “Sacramento” capturado por los hermanos Cárcamo, era juez de marina don Manuel Gonzáles Otoya.
El apellido completo de doña Francisca era pues Gonzáles Otoya Navarrete.