El reloj me mira desesperadamente
De pronto siento asco sin saber por qué
Quizá me reconozca en él quizá sienta en mis ojos
La estúpida mirada de la vida
Ese torpe destino
Que no es otra cosa que el sinsentido
La náusea abundante tumultuosa como el mar rompiente
Esa es la verdadera tempestad del alma cuando está vencida
Dolorida por una odiosa impotencia
Ese invencible no poder que ahora siento
¡Oh cómo desearía matar a ese imbécil que pasea su estupidez
por los confines de la tierra, que en este instante son los
míos los de mi dolor mi odio y mi maldita impotencia!
¡Sí! Sé que jamás podré acabar con él
ni hacer de su ruina la de sus descendientes.
Eso también me lo dice mi silente amigo mi heraldo del tiempo
Cosificado hecho fetiche muñeco o fantasía de un mal sueño
Ese mismo que hoy brota de mí
Igual que un suspiro o un latido o cualquier otra emoción
Que se apodera de mi entraña
¡Ah! Tengo la cabeza ardiendo con pensamientos excesivamente humanos
con una razón demasiado vehemente
por eso quisiera saborear hoy la muerte
ver agitarse a esos ridículos peleles que tanto odio
como títeres decapitados
y así con exactitud criminal afirmar que ya no son humanos
que no son como yo de mi estirpe ellos los no hombres los esperpentos
¡Ah! Y al fin poder reír con una gran risotada con la alegría
propia de quien desprecia en grado superlativo porque ya no
precisa odiar ni amar ni siquiera huir de los enanos
y al final de este sueño, bendito sueño
¿qué quedará sino un corazón ebrio de soledad jugando con las horas con el tiempo
con los segundos que me marca mi severo compañero, esa cosa mecánica que me habla de mí mismo, de mis recuerdos que son amores
en pasado, historia fugaz como yo, ese jugador que un día apostó por amar lo que hoy tanto desprecia, lo que antaño fueron sus juguetes favoritos
todas esas cosas devastadas por el tiempo.
¡Dime inhumano amigo, cuéntame tus secretos! Para así poder descifrar lo más profundo de mis sentimientos
los que sólo tú conoces porque nacen de manantiales demasiado recónditos
casi sobrehumanos enigmáticos para sí mismo
Mira he ahí mi permanente asco y mi gran risotada
¡Oh tu cosa de corazón dialogante con qué poderosas razones me hablas!
Por eso pienso en ti cada vez que busco razones en mi entraña
Y siento en lo más hondo el golpe de mi omnímoda libertad.