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La Biblioteca de Babel

- Aquí no puede ocurrir. El nuevo espíritu del capitalismo -

Aquí no puede ocurrir - Joaquín Estefanía
  Título:"Aquí no puede ocurrir. El nuevo espíritu del capitalismo"
  Autora: Joaquín Estefanía
  Editorial: Taurus
  Páginas: 343


Olvídese del título -que no tiene nada que ver con el texto- y agárrase al subtítulo, que comunica el proyecto intelectual de un libro oportuno, documentado, apasionante y útil, sobre todo si tiene usted la intención de aventurarse en los circuitos bursátiles. Joaquín Estefanía -economista que escribe en los periódicos, más que periodista económico, como ya se ha dicho de él en otras ocasiones- nos invita a un recorrido planetario por el nuevo capitalismo, analizando empíricamente sus procesos de crecimiento y las circunstancias de sus crisis. Pues también este capitalismo tiene crisis, aunque la actual euforia económica tienda a olvidarse de ello. Y ése es el eje del libro de Estefanía: desvelar el porqué y el cómo de las crisis financieras y de algunas indeseables consecuencias sociales del nuevo capitalismo global. Tengo importantes divergencias, al tiempo que convergencias sustanciales, con el riguroso análisis presentado en este libro, en particular en lo que se refiere a la llamada "nueva economía" y al papel de la tecnología en la transformación de los procesos económicos. Pero no me gusta seguir la tónica generalizada de utilizar el espacio de la reseña de un libro para resumir el otro libro que le gustaría escribir al reseñante. De modo que, antes de entrar en el debate, quisiera dar una muestra del contenido del libro, con mi recomendación personal de que el lector juzgue por sí mismo: le garantizo que será un tiempo de lectura muy bien empleado. No sólo se encontrará dialogando con ideas importantes y argumentadas, sino que se ahorrará un considerable trabajo de documentación sobre temas fundamentales de nuestras economías, que Estefanía ha sintetizado y discutido de forma ordenada y ágil en este accesible volumen.

El acontecimiento en torno al que se construye este libro es la crisis financiera del Pacífico asiático, desatada por la devaluación del baht tailandés el 2 de julio de 1997. Efectivamente, la devastadora crisis que se propagó a la mayoría de las economías asiáticas, que no pudieron apoyarse en un Japón estancado durante toda la década, fueron una demostración de la vulnerabilidad de economías de alto crecimiento a los flujos impredecibles de un mercado financiero global conectado electrónicamente en tiempo real. La recuperación relativa de las economías asiáticas en estos momentos, sobre todo en Corea del Sur, no quita razón al análisis de Estefanía. No solamente la destrucción de activos y de personas es en buena parte irreversible, sino que el modelo económico sobre el que se sustentaba el "milagro del Pacífico asiático" ha sido puesto definitivamente en cuestión: el estado desarrollista no ha resistido la plena integración en una economía dominada por flujos financieros globales. Y la resistencia de la economía china a la crisis se debe precisamente a su protección relativa con respecto a dichos flujos. Estefanía recorre el rastro de la difusión de esa crisis en otras latitudes que no tenían conexión directa en términos de comercio, inversión o situación sociopolítica. Así, Rusia en agosto de 1998, o Brasil en enero de 1999, con efectos depresores en América Latina que aún estaba en proceso de recuperación del tequilazo mexicano de 1994. Estefanía reproduce el importante debate en torno al FMI y a su papel generalmente agravante de las crisis, como han señalado Sachs, Stiglitz y otros economistas relevantes. Elaborando en torno al tema del capitalismo especulativo, el libro dedica un excelente capítulo a la "economía burbuja" de Japón y al estancamiento en el que sumió en la última década a la segunda economía del mundo; recuerda la emergencia de una oligarquía cleptocrática en Rusia, como factor de parálisis y crisis de una de las economías más importantes; y acaba (con excesivo detalle en mi opinión) examinando las tesis prorregulación de Soros y contrastándolas a las prácticas especulativas de los hedge funds que el propio Soros contribuyó a expandir. Aunque el libro acaba sorpresivamente (supongo que el autor se cansó de tanto torbellino especulativo), prudentemente Estefanía escribió un excelente capítulo introductorio. Al final del cual puede usted encontrar las conclusiones de Estefanía sobre el capitalismo actual, sus ventajas, inconvenientes y vías posibles de corrección de sus excesos, en unos pocos y brillantes párrafos que puede usted encontrar en las páginas 123-128.

El talón de Aquiles de este libro y, en realidad, del análisis económico actual (incluyendo el del autor preferido de Estefanía, el insoportable/brillante Krugman) queda revelado en el único capítulo flojo del libro, el capítulo 6, que trata de la economía estadounidense y que empieza con la constatación de que "la crisis financiera de 1997 afectó directamente a tres cuartas partes del planeta. La Europa comunitaria y, sobre todo, Estados Unidos permanecieron a salvo de sus efectos en lo fundamental" (página 273). Resulta que estas economías representan 2/3 de la economía mundial, de modo que la excepción se hace regla. No sólo no entraron en crisis, sino que despegaron, sobre todo Estados Unidos, que está creciendo al 5% anual con un crecimiento anualizado de productividad en estos momentos por encima del 6% -sin precedentes en los últimos cuarenta años. Algo está pasando y este algo no es sólo casualidad histórica o consecuencia de la política de Clinton-, que lo único que hizo fue liberalizar a ultranza, o sea quitarse de en medio. Cierto que hay desigualdad y pobreza crecientes en Estados Unidos y en el mundo y que las cárceles americanas están saturadas (por droga, esencialmente, o sea, por actividad productiva de la economía criminal global). No es cierto, en cambio, que los 30 millones de puestos de trabajo creados en ocho años en Estados Unidos sean en su mayoría de bajo nivel: en promedio, son de más alto nivel que los existentes. Y la economía Internet crea empleo, millones. Pero, en términos analíticos, lo esencial es el reconocimiento de la emergencia de una nueva economía basada en la productividad generada por la combinación de revolución tecnológica, ejemplificada por Internet, y transformación organizativa, el paso a la empresa red. El secreto de alto crecimiento sin inflación y con creación de empleo (incluso pleno empleo) e incremento de los salarios reales, sólo puede tener una explicación en economía: el incremento sustancial de productividad. Y aunque nuestras obsoletas estadísticas de la era industrial la miden mal, ha bastado que en Estados Unidos empezara a medir el gasto en software como inversión en lugar de como consumo (como se hacía hasta ahora) para que el incremento de productividad empiece a reflejarse en estadísticas aún muy aproximadas. La nueva economía no es la de las empresas Internet. Es la de las empresas que se estructuran en torno a la utilización de Internet, a la gestión de la información y al trabajo en red y flexible. Sean del sector que sean. Y esa nueva economía se está difundiendo con extrema rapidez no sólo en Estados Unidos, sino en Europa, cambiando los criterios de inversión y por tanto del cálculo económico. Por ejemplo, atrayendo la inversión basada en la expectativa del incremento de valoración de las acciones de las empresas y no de la tasa de ganancia, que pasa a ser un elemento, pero sólo uno de la valoración. ¿Especulación? No exactamente, no en el sentido de los hedge funds, cuyo carácter desestabilizante Estefanía analiza correctamente. Se trata de expectativa de ganancias de los inversores a partir de la confianza en la capacidad de innovación de empresas. Y como esas expectativas se concretan en incremento de capital, las empresas potencialmente innovadoras reciben el capital necesario para poder efectivamente convertirse en fuentes de innovación, generando un círculo virtuoso de innovación y capitalización. Ahora bien, junto a este efecto de incremento de productividad y creación de valor, la concentración de la creación de valor en los mercados financieros y su conexión electrónica global genera un alto nivel de volatilidad que suscita o puede suscitar crisis desestabilizantes como las que señala Estefanía. No, no estamos en 1929 y es harto improbable que haya crisis global del capitalismo, pero sí hay y puede haber crisis locales devastadoras y caídas en picado de valores bursátiles. Pero, a la vez, hay un extraordinario proceso de innovación, crecimiento de productividad y generación de riqueza (pésimamente distribuida). La articulación entre productividad e inversión y la regulación de la conexión entre especulación e inversión global son los dos mecanismos básicos para asegurar un crecimiento estable. Eso depende de acción política estratégica y de coordinación financiera internacional. Y ahí nos reencontramos con Estefanía.

por Manuel Castells   /   publicado en Tentaciones

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