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- Una extraña dictadura -

  Título:"Una extraña dictadura"
  Autora: Viviane Forrester
  Editorial: Anagrama
  Páginas:`179


A primera vista, el texto de Viviane Forrester, «Una Extraña Dictadura», evocaría una recreación donde la autora hace referencia a una obra de corte político; la sorpresa crece cuando descubrimos que al introducirnos en la lectura sus planteamientos van más allá. Pone en entredicho, aquella frase tan trillada en los últimos años en torno al secuestro de la política por la economía.

Su tesis central rebasa esa lucha entre disciplinas y acusa al ultraliberalismo de querer implantar una dictadura. Lo curioso de todo esto, es la idea que concibe de un mundo gobernado por un nuevo sistema totalitario. No bajo la óptica de los totalitarismos que conocimos durante todo el siglo XX, los del socialismo real. De manera extraña se impuso un nuevo esquema de dominación, sin forma, donde los ciudadanos del mundo, los gobiernos, las estructuras políticas, etc., sólo son actores manipulados. A veces pareciera que describe una novela de ficción política –al estilo del inglés George Orwell–, donde la imaginación da cabida a la existencia de intereses ocultos y perversos que dominan el mundo.

Forrester señala que este nuevo régimen planetario no tiene rostro, no se refiere a una estructura o una institución específica que se encarga de gobernar. De hecho las instancias y funciones políticas tradicionales estorban al nuevo régimen. Acusa al ultraliberalismo de ejercer el verdadero poder en el mundo, delegando en los gobiernos la aplicación de su ideología vacía de contenidos políticos. Los pueblos quedan sometidos a un simple mutismo; la característica de éstos es permanecer en silencio.

A la nueva dictadura, no le interesa organizarlos, su objetivo central está en diversos aspectos como: el gusto de acumular, la neurosis de lucro, el afán de la ganancia, del beneficio en estado puro, el acaparar territorios, el espacio en su totalidad, por encima de sus configuraciones geográficas.

Ante esta situación, la autora menciona que lo más inmediato para enfrentar a esta extraña dictadura es sacudirse la propaganda que trata de disimular los verdaderos problemas de la sociedad. Argumenta que la política del neoliberalismo a través de su propaganda trata de ofrecer soluciones a los mismos problemas provocados por ella, y esas soluciones son las las dictadas por la «extraña dictadura» . Así funciona su propaganda totalitaria.

A los dueños de la ganancia, que son los verdaderos instauradores del nuevo régimen, les interesa la perpetuidad. Para ello tratan de convencer a las masas anónimas que para mejorar sus condiciones de vida, es necesario que ellos tengan estabilidad y certidumbre. La competencia es un pretexto que se utiliza para justificar los abusos cometidos contra la humanidad. La población en general debe apoyar a la competitividad sin el menor cuestionamiento para que «se puedan crear fuentes de empleo».

Forrester conceptualiza a la competencia como un juego convenido entre quienes pretenden imponerla. Funciona como un club privado donde se logran acuerdos y no hay enfrentamientos. Los dueños de las ganancias manipulan a todos los actores y sólo quienes tienen membresía conocen los verdaderos objetivos y funcionamiento de la dominación. A los plebeyos que se atreven a cuestionarlos tratan de convencerlos de que es destino natural de la humanidad el fenómeno de la globalización y que no es culpa de ellos como evoluciona el mundo, sino consecuencia de la dinámica de la economía privada.

El sistema ultraliberal –nos dice la autora–, tiene una ideologia que no admite sino una lógica, la de la ganancia privada; en un esquema creado para dar la sensación de que no existe otra alternativa. El poder financiero difunde los valores de la «economía de mercado». No se admite discusión sobre los «valores virtuales» de la economía de mercado ya que es el modelo único de sociedad donde se combinan todos todas las libertades democráticas.

La nueva dictadura creó una opinión pública internacional que estrangula a aquellas élites políticas que tratan de convertirse en conciencia de la dignidad de los pueblos que representan. Quienes lo intentan, son aislados en su localidad, por pensar diferente.

En el texto se explican los mecanismos bajo los cuales la lógica de la ganancia y la especulación rebasaron a los problemas que tradicionalmente la economía padecía. Hoy los objetivos de las politicas financieras, en apariencia, deben centrarse en bondades para los trabajadores. Sin embargo, la verdadera esencia de éstas, radica en como acumular más ganancia, sin importar sus consecuencias sobre la población, el impacto en el ambiente, el desarrollo de la civilización, etc.

Al final del texto se propone que la prioridad en estos tiempos es rechazar «el horror económico» , salir de la trampa y a partir de ahí continuar. Se propone que lo urgente no es resolver los problemas falsos planteados por el adversario, sino en priorizar los verdaderos problemas y enfrentar aquello que los provoca.

Forrester recomienda a sus lectores que no se trata únicamente de rechazar todo. Es necesario darse cuenta del entorno, comprender donde estamos y analizar hacia donde puede conducirnos esta «nueva realidad» impuesta por la propaganda del ultraliberalismo. La misión para enfrentar a la «extraña dictadura» es rescatar la dignidad humana: no puede ser la prioridad el lucro ante el conjunto de los seres humanos.

por Miguel Ángel Maggi Aguilera, Coordinador Académico del Icadep Nacional

 

Extracto:
En esta época de política única, globalizada, ¿sabemos bajo cuál régimen vivimos? ¿Advertimos que se trata de un régimen político y cuál es su política? ¿Nos preguntamos qué función puede tener la pluralidad de formaciones diversas, indispensables para la democracia, ahora que reina de manera cada vez más abierta la afirmación, que sería blasfemo rechazar, de que la economía de mercado representa el único modelo posible de sociedad?

“No hay alternativa a la economía de mercado”: pretender que existe un solo modelo de sociedad, sin alternativa, no sólo es absurdo sino directamente estalinista. Y esto es así, cualquiera que fuese el modelo propuesto. Es un discurso dictatorial que sin embargo define el espacio en el cual nos encontramos confinados. Un espacio que en apariencia no depende de ningún régimen. Pero la economía no ha triunfado sobre la política. Lo contrario es verdad.

No asistimos a la primacía de lo económico sobre lo político sino, por el contrario, a la relegación del concepto mismo de economía, que cierta política trata de sustituir por los dictados de una ideología: el ultraliberalismo.

La globalización parece estar generalizada y asociada con la economía y no con la política, pero en realidad no se trata de la economía sino del mundo de los negocios, el business, que hoy está entregado a la especulación. Y a su vez es una cierta política, la del ultraliberalismo, la que intenta –por ahora con éxito– liberarse de toda preocupación económica, desviar el sentido mismo del término “economía”, antes vinculado con la vida de la gente y ahora reducido a la mera carrera por las ganancias.

Un ejemplo del ostracismo de la economía verdadera y la ineficacia arrogante es el triunfal “milagro asiático”, tan festejado, exhibido como prueba indiscutible de los fundamentos ultraliberales. Y su derrota. La conversión brutal del “milagro” en un fiasco preocupante. Ésta es una situación que se ha vuelto clásica: en función de las ganancias, se pretende exportar un sistema económico sin tener en cuenta la población. De ahí la implantación brutal, colonialista, en regiones incompatibles, de mercados ávidos de mano de obra con salarios de hambre, sin garantías laborales ni leyes de protección social, que son consideradas “arcaicas”. Estos mercados están ávidos de la “libertad” pregonada por los exegetas del liberalismo; una “libertad” que permite suprimir la de los demás al otorgar a unos pocos todos los derechos sobre la gran mayoría. Una “libertad” que permite en ciertas regiones del globo aquello que prohíben en otros los progresos sociales tachados de “arcaicos”.

Como resultado, se obtienen ganancias alucinantes en tiempo record y, en el mismo lapso, la derrota absoluta, el derrumbe lamentable de la apoteosis asiática, modelo ejemplar del sueño liberal. Quedan de ello las gigantescas megalópolis, soberbias y desiertas, incongruentes en esos lugares, y la miseria agravada de los pueblos. Mientras los campeones de esta epopeya, incapaces de controlar o siquiera comprender el desastre, indiferentes a los pueblos sacrificados, sólo se interesan por remendar unos mercados financieros cuyos caprichos resisten cualquier intento de manejarlos. Y de huir o adquirir por monedas los restos de esos países en liquidación. Una vez más, el ultraliberalismo pretendió hacer economía y sólo hizo negocios. Pretendió hacer negocios y sólo hizo especulación.

A partir de estas confusiones y engaños se despliega, de manera inadvertida, una política destructora de las demás, que después de anularlas y sustituirlas puede pretender que no queda ninguna política, ni siquiera la que ella misma encarna y que reina, única y disimulada, sin temer oposición alguna.

Semejante neutralización de la política proviene evidentemente de una resolución extrema que sólo mediante una acción y propaganda exacerbadas puede lograr su objetivo, el de un régimen político único, vale decir totalitario, que reina sobre un vacío. Es un régimen autoritario capaz deimponer las coerciones reclamadas y otorgadas por su poder financiero sin poner de manifiesto el menor aparato, el menor elemento que deje traslucir la existencia del sistema despótico instaurado para implantar su ideología imperiosa. Esta política se pretende “realista” a la vez que impone una indiferencia asombrosa respecto de la realidad.

Es una política única, dispuesta a divorciarse de la democracia, pero por ahora lo suficientemente poderosa para no interesarse en hacerlo. “Una política”, digamos mejor un nuevo régimen, oculto detrás de hechos económicos supuestamente ineluctables, tanto menos advertidos por la sociedad por cuanto ésta respira y circula en una puesta en escena y una estructura democráticas. Lo cual no carece de importancia; lejos de ello, debemos conservarlas a toda costa mientras aún haya tiempo para liberarnos de este régimen, de esta extraña dictadura que cree poder darse el lujo, mientras sea poderosa, de mantener el marco democrático.

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