El Síndrome de Aladino
Como
cualquier enfermedad, "el síndrome de Aladino" puede afectar a todas
las personas, pero ataca más a los trabajadores/as de grandes empresas con
empleo estable. El síndrome de Aladino tiene la misma raíz que el "síndrome
del tapón", ambos se gestan y se desarrollan tras un proceso de alienación,
aunque son inversos. El primero surge tras la pérdida de la propia identidad
ante una situación que no se comprende o que no se supera. El segundo, se
debe a una malformación mental congénita, evidenciándose y actuando sólo en
situaciones específicas, dadas por detentar cierto grado de poder. La
autoridad sería pues, el interruptor que desencadena el "síndrome del tapón".
Génesis del Síndrome de Aladino
1. El virus "nueva cultura empresarial", que actúa en simbiosis con
"incremento de productividad" se instala directamente en las meninges e
induce a los trabajadores/as a hacer las cosas que la empresa quiere que
hagan sin necesidad de capataz y sin necesidad de reglamento. Intenta
imbuirlos de que han de realizar las cosas de una determinada manera.
2. Desarrollo de la enfermedad: se instalan nuevas máquinas en lo que
llaman introducción de nuevas tecnologías. El trabajador/a se siente atraído
por su potencia, versatilidad y belleza externa, desentendiéndose
progresivamente de sus compañeros/as. Se diría que vive embelesado ante la
máquina. Pero no es tal: la máquina le exige total dedicación al tiempo que
borra de su conciencia esta situación de dependencia y le hace sentir cierto
temor.
El paso siguiente es organizar el trabajo de una nueva manera. Se le han
dado diferentes nombres, pues cambia de apariencia y de forma. Tiene una
actuación, en este aspecto, parecida al virus del SIDA. Así, se le nombró
"círculos de calidad", "grupos semiautónomos de trabajo", "organizaciones
aprendientes", etc. Pero todos actúan sobre el trabajador/a apretándole las
tuercas para rebajar costes de producción y tener contento al cliente, al
tiempo que el trabajador/a debe sentirse feliz.
Las meninges del trabajador/a suelen rechazar a este huésped. En este
caso se emplea un complejo de antídotos, 100% eficaz. Se llaman
"competitividad de la empresa" y "mantener el empleo". Actúa eliminando la
resistencia y multiplicando los glóbulos "espíritu de subsistencia", que se
caracterizan por acaparar todo el trabajo posible, ansias de formación que
por lo mismo suele ser inadecuada para el desarrollo del individuo
trabajador/a, alto grado de competencia con el compañero, individualismo,
etc. Y, por tanto, destrucción de las redes de apoyo (grupos en los que se
integran los trabajadores/as por coincidencia de intereses, gustos, etc., y
que se prestan cierta ayuda).
La enfermedad
3. Síntomas de la enfermedad: un primer síntoma, difícil de apreciar
por el facultativo, es la pérdida de identidad. El trabajador/a pierde la
noción de quién es, qué significado tiene su vida, no comprende el entorno y
lo que sucede en él. Tras un período de tiempo, relativamente corto, aparece
la pérdida de la ilusión. Se siente desolado. Actúa por inercia.
4. Fase terminal: el virus se vuelve loco y organiza un virulento
ataque contra el trabajador/a a partir de los cuarenta y cinco años, aunque
se han dado excepciones. El trabajador/a es relegado en el trabajo, tiene
poca actividad laboral y nulas posibilidades de ascenso o realización
personal a través del trabajo. Pasa las ocho horas en su puesto, sin
encontrarle sentido a lo que hace, pierde la autoestima, la valorización
personal, se rompe su status laboral y social, desaparecen las referencias
personales. Se ve así mismo como persona fracasada.
En esta fase es destruida, por el virus, la mayor parte de la materia
gris del trabajador/a con el resultado de desequilibrio y desestructuración
mental.
La última agresión del virus es la jubilación prematura. El enfermo
entra en un estado de semi-inconciencia. Pasado un tiempo, recupera la
conciencia: no le falta dinero, tiene una pensión aceptable, pero ya no
queda nada de aquel artesano del trabajo, creador de valor y valorado. En
este momento se desliza por el cuello de la botella y se encierra en ella.
Rompe los lazos con el mundo.
Opinión de los expertos
La comunidad científica está divida ante este fenómeno. Unos mantienen que
es incurable y sólo el azar o un milagro -según las creencias-, haría salir
a algunos de la botella. Otros afirman que es un signo de los tiempos y
desaparecerá con el cambio de hábitos y costumbres sociales que traerá el
progreso en el que estamos inmersos. Por último, un tercer grupo de
especialistas todavía está convencido de poder encontrar el medio de
eliminar para siempre este virus.
Avances de última hora
Parece ser que tres trabajadores han encontrado una enzima mientras
realizaban trabajos de ingeniería genética, bautizándola "participación".
Según han confirmado, esta enzima no sólo impide el desarrollo de la
enfermedad, sino que también la elimina por avanzada que esté. Actúa
permitiendo al trabajador/a intervenir en todo el proceso de trabajo, desde
el diseño hasta el desarrollo, pasando por la gestión. Los experimentos
realizados parece ser que confirman cuotas de productividad nunca alcanzadas
y un alto grado de satisfacción. Además, el uso continuado de esta enzima
aumenta la potencia, capacidad y creatividad del trabajador/a con los años,
especialmente cuando ya se han superado los cincuenta y dos.
En mi modesto parecer, creo que ya podemos afirmar para quién/es será el
Nobel de comienzos del milenio. Esta enzima dará mucho que hablar.
Por Gabriel Moreno
Federación de Comunicación y Transporte de CC.OO.
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