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el verano y las carreteras españolas se convierten en un vertedero de perros.
Todavía muchos ven a las mascotas, especialmente si son cachorros, como juguetes para los niños. Pero cuando estos juguetes
crecen empiezan a incomodar a quienes no preveían las consecuencias
de tener un animal en casa. Cuando llegan las vacaciones el juguete ya no sólo molesta sino que se ha convertido en una carga insoportable que amenaza con fastidiar las vacaciones de la familia. Así, la comodidad aconseja deshacerse del animal incordiante.
Muchas veces son esos mismos energúmenos que maltratan a los pobres animales, que no recogen sus heces de la vía pública, que vuelcan sus carencias y frustraciones en los indefensos animales.
Esta gentuza sí que se merece el calificativo de auténticas bestias, a diferencia de sus pobres e indefensas mascotas. ¿De qué otra manera se puede calificar a quien abusa de un ser más débil, y que incluso depende afectivamente de ellos?
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