|
La Pluma Rebelde
- Ricos y pobres -

Por desgracia, ahora mismo el sueño de acabar con la pobreza, las desigualdades y todo lo que lastra el hoy y el mañana de la mayoría de la humanidad no es más que eso, un sueño.
De momento no se vislumbra un final para el largo tunel de la desesperación. Y más nos alejaremos de la salida en tanto el FMI y el Banco Mundial se pleguen a las directrices del G-7, marcadas para mayor beneficio de las empresas de estos países. Sus teorías y planes para ayudar a los desfavorecidos no son más que un espejismo.
Liberalicemos el mercado. Que las transnacionales se instalen libremente en países desfavorecidos, sí, que se conviertan en un poder en la sombra, que sobornen para hacer lo que quieran, que mantengan dictaduras flexibles a sus necesidades. Que den empleo, sí, con condiciones laborales precarias, sin respeto medioambiental, generando beneficios que apenas revierten en las sociedades que los generan.
Hay quien dirá que eso es mejor que nada. Falso. La neocolonización económica no es la solución para esos países. Si los estandartes de la mundialización económica, las multinacionales, sólo quieren engordar su cuenta de resultados a costa de lo que sea, ¿qué no harán en un mundo desregulado? ¿De qué serán capaces en esos países necesitados de empleo, de inversión, de todo?
La rapiña ha comenzado. ¿Podremos detenerla?
Opina sobre este tema
Arriba
|