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La Pluma Rebelde
- Chapuceros, Inc. -
Es
público y notorio que FBI y CIA tenían indicios de que algo se estaba preparando antes del 11-S.
Lamentablemente, no fueron capaces de desenmascar las redes terroristas y evitar los atentados. Tan sorprendente
como lo anterior es que sus máximos responsables no sólo se mantienen en sus puestos sino que tampoco nadie
les ha reclamado la menor responsabilidad por su negligencia.
En la misma línea de ese incomprensible error, a los culpables
del mismo se le pide ahora que capturen o maten a Osama bin Laden. Algo que, por cierto, figura en la agenda
del FBI desde hace unos cuantos años sin el menor resultado. Todo apunta a que la campaña militar en Afganistán
tampoco rendirá los frutos que desean los dirigentes de EE.UU. Siguiendo con la eficacia demostrada hasta el
momento, la opinión pública norteamericana muestra su pánico tanto por los ataques por antrax como por la
falta de respuestas y soluciones aportadas por las agencias de seguridad y su gobierno: ni saben a ciencia
cierta de dónde proviene el ataque ni como atajarlo. Parece que tanto sus ciudadanos como sus enemigos les
están perdiendo el respeto.
Sostenella y no enmendalla, reza el viejo refrán castellano.
Como los modernos espías norteamericanos, trabajando duramente desde sus cómodos despachos de 9 a 17 horas,
son incapaces de detener al Gran Satán Terrorista, ahora el gobierno de EE.UU. intenta compensarlo entregando
1.000 millones de dólares a la CIA para solucionar sus carencias. Una cifra de escándalo. Para no ser
tachado de demagogo excuso decir la cantidad de población que podría ser alimentada o educada, por ejemplo,
con esa fortuna. Y todo porque los espías de hoy en día, nos dicen, son incapaces de empuñar un arma y mucho
menos asesinar a alguien. Para ello hay que contratar a mercenarios. Adios a la imagen glamurosa de James
Bond. Ahora se lleva el estilo perros de la guerra.
Esto suena a terrorismo de estado, ¿no? Lo que antes era una práctica
abominable de repente se convierte en aceptable; ya ni siquiera lo enmascaran bajo la etiqueta de mal
menor. Así, una vez más las reglas del juego se cambian en función de las necesidades de EE.UU.
Parece evidente que el uso de asesinos a sueldo por parte de EE.UU. no
legitima el uso del terrorismo de estado por parte de ningún país. Será curioso oír a Bush criticar a Sharon
con la boca pequeña ante los asesinatos selectivos de Israel, sólo para contentar a los aliados árabes
cuando él está dispuesto a seguir sus pasos. Mucho me temo que más de un país se frota las manos viéndose
amaparado en la actual actitud norteamericana para justificar el uso de la fuerza con el fin de solventar
disidencias al margen de cualquier garantía democrática, garantías que deben prevalecer en todo estado de
derecho que se precie de serlo. Qué esperar, por tanto, de todos aquellas naciones donde la democracia es
poco más que maquillaje o en estados autoritarios sin más ante el ejemplo de EE.UU.
¿Es esto un ejemplo de democracia? Más bien supone un retroceso a los
siglos de la piratería, cuando algunos gobiernos concedían patentes de corso a militares, aventureros y
delincuentes para que atacaran, saquearan y desestabilizaran a sus enemigos. Nos guste o no, en el legítimo
afán por erradicar el terrorismo no caben atajos. Por más que nos vendan que estamos ante una guerra entre
el Bien y el Mal, ¿cómo es posible que el Bien utilice las mismas armas que el Mal? ¿Que tipo de Bien
es ése?
© Jaume Bach-Ramón Miravitllas, por la ilustración
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