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La Pluma Rebelde

- Aznar I, El Grande -

Aznar en la Plaza de Oriente

Ni desempleo, ni terrorismo o inseguridad ciudadana. El mayor problema que existe en España consiste en determinar el sucesor de Aznar. Tras la promesa de no presentarse a una nueva reelección, sólo él sabe si acabará cumpliendo su palabra o se desdecirá "por nuestro propio bien". De momento, el nombramiento del posible delfín se parece mucho al dedazo mexicano que utilizaban los presidentes de aquel país durante las siete décadas de gobiernos del PRI.

Encarrilada la derrota de los talibanes, la excusa de ser necesario en tiempos de guerra se desvanece. La victoriosa EE.UU. parece no necesitar al imprescindible Aznar, campeón de la estabilidad española y mundial, y confesor de Bush en la intimidad. Pero el peligro de faltar a su palabra sigue ahí: aún queda la posibilidad de que causas internas de fuerza mayor le "obliguen" a salvarnos durante cuatro años más, pues todo el mundo da por sentada una nueva victoria del PP.

El aznarismo, ese culto desmedido a la figura de Aznar en algunos círculos del gobierno y del PP se asemejan demasiado a las adhesiones inquebrantables al Generalísimo. A estas alturas del siglo XXI, los próceres aznaristas deberían saber que nadie, ni siquiera el Gran Aznar, es imprescindible. El planeta seguirá girando y España, mejor o peor -quién sabe-, seguirá adelante. El "después de mí, el diluvio", es un intento infantiloide de manipular a los ciudadanos. Sólo los más fanatizados seguidores del presidente pueden creerse tamaña tontería.

Esperemos que el gobierno español se centre en su trabajo y deje de enfrascarse en batallas de salón por colocarse para la sucesión de Aznar. ¿Pasaría algo si el presidente rompiera su promesa? No seamos ilusos, ni sería la primera vez ni tampoco será la última.

Aznar I, El Grande
Aznar y Gescartera
Aznarismo total

© Jaume Bach-Ramón Miravitllas, José Luis Martín, Forges y Jaume Collell-Toni Coromina por las ilustraciones

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