|
En
el Punto de Mira
- El próximo paso -
Saben,
resulta difícil en medio de tanta tristeza e incertidumbre
encontrar un argumento sustancioso y nutritivo que llene de sentido -sobre todo humano-
a nuestra visión de futuro. No hay lugar en el mundo que
funcione bien. No hay país que no se queje por algo, no hay persona
-responsable- que no este razonablemente preocupada por el futuro de su país
y por el propio. El desasosiego empieza a amenazar hasta a las naciones más
poderosas. Algunos mas que otros pero todos estamos nerviosos, intranquilos.
Quizás nuestros abuelos fueron ignorantes o pecaron de ingenuos al
desconocer su presente y ocuparse solo del futuro, para quienes el porvenir,
era una dimensión más auspiciosa. Pero no podemos dejar de admitir que era
envidiable su compromiso y abnegación al trabajo, tanto como su inagotable
creatividad para superarse. Me animo a creer que eran pocos los que
pensaban mas en sí mismo que en sus hijos, nietos o en su comunidad.
Admitamos que hemos progresado. Basta comparar el promedio de vida
de hace 150 años - no mucho mas que dos generaciones - para ver que sin
darnos cuenta estamos viviendo un promedio de 25 años más que ellos. Alegra
saber como van perdiendo fuerza las enfermedades que antes diezmaban a tanta
gente. La medicina se reparte con mas justicia que antes. La producción de
alimentos aumenta considerablemente y llega a cada vez mas personas. Es
auspicioso que disminuyan los presupuestos militares y en armas. El temor
generalizado de suponer que el mundo puede volver a ser un nuevo campo de
batalla pierde fuerza y los argumentos de quienes los pregonan son mas
intencionales que sólidos. Nos vamos civilizando mas, por lo que finalmente
mucha más gente va comprendiendo que dentro de un marco de entendimiento se
consiguen - unque más lentamente- más beneficios para más países con lo
que el temor de una guerra se esfuma a diario. También son más los países
que comienzan a democratizar su vida institucional, mientras que otros
colaboran en esta sana transición. La movilidad y migración social, junto
con el desarrollo de ciertas tecnologías van haciendo que cada vez mas
naciones se acepten entre sí, inclusive que compartan un destino
enriquesiendose mutuamente. Se va perdiendo el sentido de "nacionalidad"
para potenciar el de "nación". Millones de personas se van sumando al
ejercito de gente que día a día opta por la prosperidad y la paz. Ya nadie
quiere enviar a sus hijos a la guerra. Los países se van entrelazando en
pactos y compromisos cada vez más sólidos. El entusiasmo con que se
auspiciaba en la década del 80 la "Unión Europea" a través de una moneda
común se va desdibujando. Es que es difícil perder una identidad cultural
forjada en tantos años de civilización. ¿Cómo dejar de ser Francés o
Español para ser Europeo? Nadie esta dispuesto a perder tanto. El costo por
los beneficios económicos no parecen ser más gratos que los beneficios de
conservar una cultura. Nos sentimos más seguros "entre nosotros" que entre
una moneda extraña. Es tan mentira que los Argentinos podemos triunfar con
el modelo del ejemplo Japonés o Alemán como que no podemos ser tan prósperos
como lo fueron ellos sin perder nuestra singularidad.
El concepto ecológico, los ecosistemas, el cuidado del medio
ambiente comienzan a perfilar una nueva idea del progreso. Ya no estamos tan
seguros de progresar si al caminar vamos destruyendo otros ámbitos. La
ciencia ha hecho grandes progresos en este sentido, sobre todo al confirmar
nuestro humilde origen, la fragilidad de nuestra vida y la importancia de su
cuidado. Hemos domesticado el misterio del cielo, el paraíso no esta ahí. La
luna es un planeta y no es a ella a quien hay que pedirle por la abundancia
o la alegría. Conocemos el nombre de estrellas y galaxias, nos son tan
familiares como las rosas y las gaviotas. La ciencia, a la vez que nos
asusta, nos va haciendo más y más responsables de su uso. Manipular la vida
no es para irresponsables. El científico Stephen W. Hawking declaró
recientemente que la humanidad no verá el próximo milenio, ya que descubrirá
un virus que pondrá en peligro la vida en la tierra y no tendrá, ni sabrá,
cómo controlarlo; deberá entonces colonizar otros planetas por lo que
tendremos que mutar para adaptarnos. Más allá de su prestigio las
predicciones son sólo eso: "predicciones". La humanidad siempre nos ha
sorprendido en la manera como soluciona sus problemas.
El nuevo pregón de " El choque de las civilizaciones" es mas
cínico y tendencioso, ya que también se desdibuja. Para algunos el próspero
crecimiento de algunos países asiáticos es una amenaza para Occidente, para
otros, entre quienes me encuentro, no es más que la confirmación de que
muchas culturas han empezado a curiosear a otras y a adoptar y adaptar su
ejemplo a su propia identidad, de esta manera van saliendo del atraso en que
estaban y retoman la ubicación que muchas tenían antes de la era
capitalista. Lo que nuevamente manifiesta la profunda necesidad humana de
civilización. Las civilizaciones no chocan, los pueblos bárbaros son los que
chocan. Ni el occidente capitalista muere ni el oriente místico irrumpe, las
civilizaciones se fusionan. Se adaptan en la medida en que se van aceptando.
Después de todo la humanidad ha venido haciendo esto desde su origen.
En definitiva, volvamos a admitir que la humanidad a mejorado, pero
esta optimista definición es conformista. El conformismo es el mejor amigo
del destino, y el destino siempre nos traicionó.
¿A que se debe entonces tanta tristeza? ¿Cómo recuperar la
sensatez? ¿Cómo vencer el "milagro" de la globalizacion?... Admitamos que
oriente a aprendido algo de nosotros, al menos lo que le interesa y le
sirve. Corresponde, para ser justos, saber que también tienen mucho para
enseñarnos. Y si algo que los orientales y los asiáticos no entienden de
nosotros es nuestra obsesión por nosotros mismos. Que el espejo sólo nos
refleje a nosotros. Lo que los orientales saben y nosotros negamos es que
somos parte de un todo y como tales nuestra importancia se reduce a esa
parte que somos. Lo que ellos saben y que los occidentales negamos es que el
ser humano para vivir "tranquilamente" necesita burlar lo que ya sabe,
mentirse a sí mismo, para negar la mayor tragedia de su existencia: La
inevitabilidad de su muerte, la finitud de su vida. Ante las dificultades y
complicaciones niega la realidad y busca un nuevo argumento, una ilusión
para eludir su propio trance. Tal vez esto explique el optimismo y alegría
del rostro de muchos de nuestros dirigentes. Su optimismo es proporcional a
su desazón. Y entonces los orientales nos enseñan que cuando se pierde el
valor de una creencia colectiva el individuo, solo y aislado de sus pares,
se torna intolerable, miedoso y asustado busca una ilusión que reemplace su
tristeza y se convierte en un esclavo del destino. Alegre, sí, pero esclavo.
La historia nos enseña que el individuo es tan fuerte como lo es su
comunidad. La comunidad, en definitiva la Nación, aspira al largo plazo,
mientras que la persona - sola, sin su nación- no puede pensar mas que en
mañana.
Y terminemos así: Las hormigas son todas iguales, pero las rojas
son distintas que las negras y todos sabemos distinguir una colonia de otra.
por Ricardo A. Kleine Samson
Neuquén, 16 de diciembre de 2001
Opina sobre este artículo
Arriba
|
|