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En
el Punto de Mira
- Los niños y la guerra -
El
Perú es un país sorprendente, en algunas horas es posible transitar del pacífico y su desierto a la más verde de las selvas, atravesando las más altas montañas de América y todo lo que entre ellas admita, que por cierto es mucho. Con el paisaje varía también la gente y mágicamente los modos de relacionarse con ella, de la paranoia concomitante de los limeños a la ingenuidad y calidez natal de los andinos, miradas curiosas se suceden una tras otra ante mi estúpida "urbanidad" me hace buscar malicia en esas sonrisas cándidas. Arribar a estos parajes donde la lluvia, sólo si no es de hielo, azota horizontal y los camélidos fisgonean levantando su cabeza con una elegancia sacada quien sabe de dónde, es para algunos una gesta penitente. El niño al lado mío le ha pedido a su madre una bolsita para mareo, con horror veo que ella (que ha ido virando al amarillo verdoso) extrae tres de su bolso y pide más al sobrecargo, éste pasa una vez tras otra repartiendo caramelitos de limón, mate de coca y trocitos de algodón humedecidos en alcohol; Instigado por lo blanco del paisaje le pregunto por la altura a un señor que luce sabedor, casi nada: 4 600 m. Ayacucho Tras diez horas de bus, en un valle escondido en medio de los andes esta pequeña ciudad mestiza no tan grande para ser urbe y no muy chica para pueblo es célebre además de por su historia contemporánea, por su folklore genuinamente melancólico, su música, artesanía, y en general conducta social cultiva una actitud lamentosa, los ayacuchanos gustan llamarse "pajarillos huérfanos" en una suerte de autoconmiseración fatalista que para los desinformados suena a chiste argentino. Entre los '60s y '70s la Universidad local: San Cristóbal de Huamanga (UNSCH) y en particular sus facultad de letras, reunió algunos de los más lúcidos cerebros peruanos, bullían de discusiones donde contendían las más intrincadas vertientes de pensamiento y acción, el foco?: la reforma social. Nombres como Morote, Kawata, Tapia, Guzmán, entre otros estarían destinados a notoriedad. Por el luminoso sendero De éstos conflictos dialécticos, "contradicciones" como gustaban llamar los teóricos a sus diferencias, surgió el movimiento guerrillero maoísta Sendero Luminoso (SL), que en 1980 -concordante a las primeras elecciones democráticas en 17 años- inicia la "Lucha Armada" que tras 20 años habría de convertirse en la guerra civil más dolorosa del Perú en su historia contemporánea. Fue Ayacucho precisamente el centro de operaciones elegido por Sendero, inicialmente con acciones de apología y adoctrinamiento rural y luego medidas de boicot que provocaran el caos y colapso social urbano -pues su estrategia se fundaba en la estrangulación de las ciudades-, buscando el "Equilibrio Estratégico" que permitiera renunciar a la "guerra de guerrillas" y pasar a la guerra abierta. Es bueno recordar que los Andes son un sitio especialmente fértil para éstas acciones, durante la Guerra del Pacífico (Bolivia, Chile y el Perú a fines del XIX), la ocupación chilena se vio fuertemente mermada por un general "guerrilero" peruano, quien a propósito le apodaron de brujo. Sendero crecía fertilizado por la inconformidad social y la efervescencia universitaria y sindical, y con ello sus acciones. Los gobiernos de turno pasaron del menosprecio al pánico, y sus respuestas de indiferentes a represivas. La "repre" Hasta el '98 la quinta parte del territorio peruano estaba declarada "en emergencia", en estos sitios el poder civil fue cedido a los militares y las libertades personales restringidas. Términos como terrorismo, toque de queda, detención preventiva, ejecución extrajudicial, terrorismo agravado, fosas comunes, cortes militares, juicio popular, se hicieron profanos. Los ayacuchanos aprendieron a vivir entre las 6:00 am y 6:00 pm, a no transitar por la calle fuera de este horario, a pedir permiso para reunirse, a hablar en susurros y desconfiar del que más, a reírse de chistes negros como "que hace Ud. vivo a las 10 pm?". Las fuerzas policiales y militares obtenían confesiones y autoinculpados vía tortura, disfrazados de senderistas masacraban indígenas para provocar temor en ellos y achacárselas en los diarios, fosas comunes conteniendo decenas de cadáveres se descubren y se siguen descubriendo, pretextando represalias el gobierno asignó jueces "sin rostro" para administrar justicia, militares parciales y desinformados jugaban con las vidas y destinos de inculpados, la sospecha llegó a ser una causal de punición y hasta ejecución. En la otra esquina, Sendero "volaba" torres de electricidad, dinamitaba puestos policiales, alcaldías y prefecturas, declaraba "zonas liberadas" sometiendo a las autoridades políticas a juicios populares donde si el veredicto les condenaba eran ejecutadas "ipso facto", lo mismo que no afectos, interceptaban buses con civiles y emboscaban camiones con soldados, declaraba paros que la ciudadanía debía acatar como estrategia de supervivencia. La colaboración con Sendero era "drásticamente" castigada por el Ejército y la colaboración con el Ejército "ejemplarmente" castigada por Sendero. Las comunidades campesinas andinas habitantes de los espacios en conflicto, se situaron entre la espada y la espada, y a la larga fueron quienes pagaron la factura. Tras golpes... Fujimori gustaba decir que la guerra contra la subversión le había costado al país 25 000 muertos, claro, achacados toditos a SL y el MRTA, pero sus medidas "legales" hacen ver que la guerra sucia no sólo se circunscribió a acciones en campo. Para encubrir los excesos militares, en el '98 emitió la ley 23479 que amnistió a los responsables de violación de los derechos humanos entre 1 980 y 1 995, retiró la figura legal del "hábeas corpus" y para prever cualquier cuestionamiento diluyó el Tribunal de Garantías Constitucionales. Los informes de organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana sobre Derechos Humanos, estimaban en 5 000 el número de personas desaparecidas y/o ejecutadas, que la guerra sucia no era mito y la justicia e imparcialidad eran fábula. Peor que peor, cualquier observación se tomaban como intromisiones a la potestad del gobierno y sus medidas de "pacificación". Como fuere, con la captura de su líder Abimael Guzmán en el '93, SL entró en una fase de franco repliegue. Consecuencia y los hijos de la guerra Los sociólogos explican como producto de la guerra y la lumpenización de la justicia, el resquebrajamiento de la estructura moral de la sociedad peruana y la proliferación de la delincuencia civil, insufladas además por la crisis coyuntural financiera. Los miles de muertos de la guerra, dejaron también miles de huérfanos, niños que los programas de asistencia malpudieron o no lograron cobijar. Hoy, éstos niños han dejado de serlo y se les responsabiliza de la mayor oleada criminal en la historia de esta ciudad. Hasta hace una par de años, los pandilleros habían desatado un verdadero terrorismo urbano, asesinatos de transeúntes, pleitos callejeros, grescas entre bandas, alcanzaron un ensañamiento extremo, peor aún, se hicieron cotidianos. Aún hoy se respira un ambiente de guerra fría que asusta, muchachos de entre 12 y 18 años bebiendo alcohol en la calles y plazas y policías intimidantes en grupos de 2 y 3 por esquina; la "mejor" discoteca no es tal por su ambiente, sino más bien por su seguridad comparable a la de un bunker. Es difícil ver en estos chicos sin catalogarles, temerles, aborrecerles, maltratarles, excomuniarles o lo que sea, pero olvidamos que ellos pagan una deuda, una deuda de desesperanza, exclusión, marginación y pobreza que no adquirieron y que de un modo bizarro son también víctimas. No olvidar Pareciera ésta una crónica de barrios bajos de Bogotá, Lima o Santiago, pero para nada. Se trata de una ciudad chiquita (menos de 80 000 habitantes), semi-rural, algo turística y olvidada cuando no es semana santa. Ayacucho, la segunda ciudad peruana en presencia de pandillas juveniles, la número uno en proporción de niños huérfanos y la que tiene más iglesias en su casco urbano: trentaitrés! Dicen que en las guerras nadie gana. Es cierto. Ahora sólo quiero ir a ver a mi mamá.
por Daniel Callo-Concha dancacon@hotmail.com
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